Alguien que hable mucho y deprisa decae extraordin — Friedrich Nietzsche
Alguien que hable mucho y deprisa decae extraordinariamente en nuestro aprecio tras un trato brevísimo, aunque hable razonablemente; no sólo en la medida en que resulta fastidioso, sino en una medida mucho más profunda. Pues adivinamos que ya se ha hecho fastidioso a muchas otras personas, y al malestar que él produce agregamos el desprecio que suponemos tienen otros por él.
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