

Gustavo Adolfo Bécquer
Gustavo Adolfo Bécquer fue un poeta y escritor español, figura clave del Romanticismo tardío. Su obra, marcada por la melancolía, la idealización del amor y la fugacidad de la vida, ejerce una profunda influencia en la poesía española posterior. Conocido principalmente por sus "Rimas" y "Leyendas", Bécquer logró crear un universo lírico íntimo y sugerente, caracterizado por la musicalidad del verso y la sencillez aparente que esconde una gran profundidad emocional. Su estilo, a caballo entre la tradición y la modernidad, sentó las bases para el desarrollo de la lírica contemporánea en lengua española.
1836-02-17 Sevilha, Espanha
1870-12-22 Madrid, Espanha
151742
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33
Rima Lxxi
No dormía: vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.
Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.
De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.
En este punto resonó en mi oído
un rumor semejante al que en el templo
vaga confuso al terminar los fieles
con un Amén sus rezos.
Y oí como una voz delgada y triste
que por mi nombre me llamó a lo lejos,
¡y sentí olor de cirios apagados,
de humedad y de incienso!
Entró la noche y del olvido en brazos
caí cual piedra en su profundo seno.
Dormí y al despertar exclamé: ¡Alguno
que yo quería ha muerto!
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.
Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.
De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.
En este punto resonó en mi oído
un rumor semejante al que en el templo
vaga confuso al terminar los fieles
con un Amén sus rezos.
Y oí como una voz delgada y triste
que por mi nombre me llamó a lo lejos,
¡y sentí olor de cirios apagados,
de humedad y de incienso!
Entró la noche y del olvido en brazos
caí cual piedra en su profundo seno.
Dormí y al despertar exclamé: ¡Alguno
que yo quería ha muerto!
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