Si se llega a lo peor de lo peor, aún puedo concebir que Dios haya creado un mundo en el que no existan leyes naturales. Es decir, el caos. Pero encuentro enormemente desagradable que deban existir leyes estadísticas con soluciones definidas, es decir, leyes que obligan a Dios a tirar los dados en cada caso individual.