Todos tenemos una fuerte inclinación a considerar lo legal como legítimo. Hasta tal punto que son muchos los que falsamente dan por sentado que toda justicia emana de la ley. Basta, pues, que la ley ordene y consagre la expoliación, para que ésta parezca justa y sagrada para muchas conciencias. La esclavitud, la restricción, el monopolio, encuentran defensores no solamente entre los que de ello aprovechan, sino aún entre los que por ello sufren