NIÑO


A Reinaldo Pérez Só

Inmóviles mujeres vegetales

en torno al lecho

mueven sus grandes abanicos.

El niño mira el mapa

del muro empapelado,

cuenta una y otra vez las vigas

hasta confundirse,

hasta perderse y quedarse dormido

entre las húmedas sábanas de su fiebre.

Hojas flabeladas, laciniadas.

Seis palmeras para el juego

y las enfermedades

suscitan presencias

de vainas caídas, canoas

para las aventuras marítimas;

esbeltos talles anillados,

altas serpientes

erguidas en la selva.

Oleaje del patio bajo las palmas,

mar de baldosas hasta donde llega

el olor de fiera y hormiguero

de las selvas nubladas.

La desaparecida casa resurge, entera,

en cualquier parte del recuerdo.


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