Flores De Éter

Flores de éter

A la memoria de Luis II de Baviera


Rey solitario como la aurora,

Rey misterioso como la nieve,

¿En qué mundo tu espíritu mora?

¿Sobre qué cimas sus alas mueve?

¿Vive con diosas en una estrella

Como guerrero con sus cautivas,

O está en la tumba —blanca doncella—

Bajo coronas de siemprevivas?...


Aún eras niño, cuando sentías,

Como legado de tus mayores,

Esas tempranas melancolías

De los espíritus soñadores,

Y huyendo lejos de los palacios

Donde veías morir tu infancia,

Te remontabas a los espacios

En que esparcíase la fragancia

De los sueños que, hora tras hora,

Minado fueron tu vida breve,

Rey solitario como la aurora,

Rey misterioso como la nieve.


Si así tu alma gozar quería

Y a otras regiones arrebatarte,

En bajel tuvo: la Fantasía,

Y un mar espléndido: el mar del Arte.

¡Cómo veías sobre sus ondas

Temblar las luces de nuevos astros

Que te guiaban a las Golcondas

Donde no hallabas del hombre rastros;

Y allí sintiendo raros deleites

Tu alma encontraba deliquios santos,

Como en los tintes de los afeites

Las cortesanas frescos encantos!

Por eso mi alma la tuya adora

Y recordándola se conmueve,

Rey solitario como la aurora,

Rey misterioso como la nieve.


Colas abiertas de pavos reales,

Róseos flamencos en la arboleda,

Fríos crepúsculos matinales,

Áureos dragones en roja seda,

Verdes luciérnagas en las lilas,

Plumas de cisnes alabastrinos,

Sonidos vagos de las esquilas,

Sobre hombros blancos encajes finos,

Vapor de lago dormido en calma,

Mirtos fragantes, nupciales tules,

Nada más bello fue que tu alma

Hecha de vagas nieblas azules

Y que a la mía sólo enamora

De las del siglo décimo nueve,

Rey solitario como la aurora,

Rey misterioso como la nieve.


Aunque sentiste sobre tu cuna

Caer los dones de la existencia,

Tú no gozaste de dicha alguna

Más que en los brazos de la Demencia.

Halo llevabas de poesía

Y más que el brillo de tu corona

A los extraños les atraía

Lo misterioso de tu persona

Que apasionaba nobles mancebos,

Porque ostentabas en formas bellas

La gallardía de los efebos

Con el recato de las doncellas.


Tedio profundo de la existencia,

Sed de lo extraño que nos tortura,

De viejas razas mortal herencia,

De realidades afrenta impura,

Visión sangrienta de la neurosis,

Deliscuescencia de las pasiones,

Entre fulgores de apoteosis

Tu alma llevaron a otras regiones

Donde gloriosa ciérnese ahora

Y eterna dicha sobre ella llueve,

Rey solitario como la aurora,

Rey misterioso como la nieve.

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