
José Antonio Ramos Sucre
José Antonio Ramos Sucre fue un poeta venezolano cuya obra se enmarca en la corriente del modernismo y la poesía vanguardista de principios del siglo XX. Su producción literaria, aunque breve, es de una profunda calidad lírica y reflexiva, explorando temas como la fugacidad del tiempo, la melancolía, la muerte y la búsqueda de la trascendencia. Su estilo se caracteriza por un lenguaje cuidado, una musicalidad sutil y una imaginería evocadora, que lo sitúan como una de las voces más importantes de la poesía hispanoamericana de su tiempo, a pesar de su temprana desaparición.
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La Plaga
LA PLAGA
Mi compañero, inspirado de una curiosidad
equívoca y de una simpatía vehemente por los seres
abatidos y réprobos, andaba de brazo con una joven extraviada.
Intenté disuadirlo de semejante
compañía, alegando el porte censurable de la mujer,
afectada por la memoria de un hermano vesánico, autor de su
propia muerte.
Nos separamos una noche memorable. Las fortunas se
hacían y deshacían en el garito de mayor estruendo. Los
reverberos derramaban una luz clorótica y aguzaban la
fisonomía de los tahúres. La angustia electrizaba el aire
del recinto y reprimía el aplauso y la risa de las mujeres
livianas.
Una muchedumbre de insectos alados, cayó, el
día siguiente, sobre la ciudad y difundió una peste
contagiosa. Sus larvas se domiciliaban en los cabellos de los hombres y
desde allí penetraban a devorar el encéfalo, socorridas
de un mecanismo agudo. Arrojaban de sí mismas un estuche fibroso
para defenderse de alguna loción medicinal. Herían, de
modo irreparable, los resortes del pensamiento y de la voluntad. Los
infectados corrían por las calles dando alaridos.
Mi compañero se resistió a mi consejo
de huir y vino a perecer, sin noticia de nadie, en su vivienda del
suburbio.
Los naturales del reino se abstenían de pisar
el contorno de la ciudad precita. Los agentes del orden, asentados en
lugares oportunos, impedían la visita de los rateros y
circunscribían la zona del mal.
Yo arrostré la prohibición y
conseguí descubrir la suerte de mi amigo.
Abrí, después de algún
forcejeo, la puerta de su casa y lo vi tendido en el suelo, mostrando
haberse revolcado.
Unas arañas, de ojos fosforescentes y de
patas blandas y trémulas, saltaban ágilmente sobre su
cadáver. La nueva ralea había despoblado la ciudad,
corriendo en pos de los supervivientes.
Mi compañero, inspirado de una curiosidad
equívoca y de una simpatía vehemente por los seres
abatidos y réprobos, andaba de brazo con una joven extraviada.
Intenté disuadirlo de semejante
compañía, alegando el porte censurable de la mujer,
afectada por la memoria de un hermano vesánico, autor de su
propia muerte.
Nos separamos una noche memorable. Las fortunas se
hacían y deshacían en el garito de mayor estruendo. Los
reverberos derramaban una luz clorótica y aguzaban la
fisonomía de los tahúres. La angustia electrizaba el aire
del recinto y reprimía el aplauso y la risa de las mujeres
livianas.
Una muchedumbre de insectos alados, cayó, el
día siguiente, sobre la ciudad y difundió una peste
contagiosa. Sus larvas se domiciliaban en los cabellos de los hombres y
desde allí penetraban a devorar el encéfalo, socorridas
de un mecanismo agudo. Arrojaban de sí mismas un estuche fibroso
para defenderse de alguna loción medicinal. Herían, de
modo irreparable, los resortes del pensamiento y de la voluntad. Los
infectados corrían por las calles dando alaridos.
Mi compañero se resistió a mi consejo
de huir y vino a perecer, sin noticia de nadie, en su vivienda del
suburbio.
Los naturales del reino se abstenían de pisar
el contorno de la ciudad precita. Los agentes del orden, asentados en
lugares oportunos, impedían la visita de los rateros y
circunscribían la zona del mal.
Yo arrostré la prohibición y
conseguí descubrir la suerte de mi amigo.
Abrí, después de algún
forcejeo, la puerta de su casa y lo vi tendido en el suelo, mostrando
haberse revolcado.
Unas arañas, de ojos fosforescentes y de
patas blandas y trémulas, saltaban ágilmente sobre su
cadáver. La nueva ralea había despoblado la ciudad,
corriendo en pos de los supervivientes.
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