Lista de Poemas
Mi camino directo hacia la teoría especial de la relatividad estuvo determinado en gran parte por la convicción de que la fuerza electromotora inducida en un conductor que se mueve en un campo magnético no es nada más que un campo eléctrico.
Pasaron cinco o seis semanas desde la concepción de la idea de la teoría especial de la relatividad y la finalización de la destacada publicación.
La teoría especial de la relatividad debe sus orígenes a las ecuaciones del campo magnético de Maxwell. Y a la inversa, estas sólo se pueden comprender formalmente de una manera satisfactoria mediante la teoría especial de la relatividad.
Que la teoría especial de la relatividad sólo era el primer paso de un desarrollo necesario sólo me quedó completamente claro con mis esfuerzos para representar la gravitación en el marco de esta teoría.
Para mí siempre ha sido incomprensible por qué la teoría de la relatividad, cuyos conceptos y problemas están tan alejados de la vida cotidiana, ha podido encontrar un eco tan vivo e incluso apasionado en los círculos más amplios de la población durante tanto tiempo.
Me desesperé ante la posibilidad de descubrir las verdaderas leyes a través de los esfuerzos constructivos basados en los hechos conocidos. Cuanto más desesperadamente lo intentaba a lo largo del tiempo, más convencido estaba de que sólo el descubrimiento de un principio formal universal podía conducirnos a unos resultados seguros. El ejemplo que veía delante de mí era la termodinámica.
¿Qué ocurriría si tuviéramos que correr detrás de un rayo de luz? […] ¿Qué ocurriría si fuéramos montados sobre el rayo? […] Si alguien pudiera correr lo suficientemente rápido, ¿dejaría de moverse? […] ¿Qué es la «velocidad de la luz»? Si está en relación con algo, este valor no mantiene ninguna relación con algo que también está en movimiento.
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