Lista de Poemas
Puedo imaginar que las ceremonias del Primero de Mayo [en Moscú] habrán sido maravillosas. Pero ya sabes que contemplo con preocupación estas exhibiciones exageradas de patriotismo. Siempre intento convencer a todo el mundo de la importancia de una forma de pensar cosmopolita, razonable y justa.
Si ama a madame Curie y ella lo ama a él, no tienen necesidad de huir juntos, porque tienen muchas oportunidades para encontrarse en París. Pero no tengo la impresión de que esté ocurriendo nada especial entre los dos; más bien me pareció que los tres están unidos por una relación placentera e inocente.
La gente vive ahora [después de la guerra] como lo hacía antes […] y está claro que no han aprendido nada de los horrores que han tenido que superar. Las pequeñas intrigas con las que se complicaban la vida antes vuelven a ocupar la mayor parte de sus pensamientos. Somos una especie muy extraña.
Con los mejores deseos y besos, si te llega esta carta. Que el diablo se lleve a cualquiera que la intercepte.
A causa de tu gran amor por tu patria, lo más probable es que con el tiempo hubieras acabado amargada si no hubieras dado este paso [el regreso a Rusia]. Porque, a diferencia de mí, tú tienes por delante décadas de vida y trabajo activo, mientras que para mí todo indica […] que mis días habrán llegado a su fin antes de que pase mucho tiempo. Pienso en ti con frecuencia.
Hace poco me he lavado personalmente la cabeza, pero no he tenido demasiado éxito; no soy tan cuidadoso como tú. Pero todo lo que hay aquí me recuerda a ti: […] los diccionarios, la pipa maravillosa que creíamos que se había perdido, y todas las demás cositas en mi celda de ermitaño; y también mi nido vacío.
No permitió que la pobreza ni la incomprensión de sus contemporáneos, que gobernaron su vida y su obra, lo entorpecieran o desanimaran.
Ahí encontramos a una persona extremadamente sensible y dedicada con pasión a la búsqueda de una visión más profunda de la esencia de los acontecimientos naturales, que, a pesar de las dificultades internas y externas, alcanzó su elevada meta.
[Kepler] perteneció a esos pocos que no tienen más remedio que reconocer abiertamente sus convicciones sobre cualquier tema. […] La obra de su vida no fue posible hasta que pudo liberarse en gran parte de la tradición espiritual en la que había nacido. […] Él no habla de ello, pero la lucha interior se refleja en sus cartas.
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