Alfonso Reyes
Alfonso Reyes fue un polígrafo, ensayista, crítico literario y diplomático mexicano, considerado una de las figuras intelectuales más importantes de Hispanoamérica en el siglo XX. Su vasta obra abarca la literatura, la historia, la filosofía y la crítica de arte, destacando por su erudición, su estilo elegante y su vocación de puente entre las culturas. Reyes fue un defensor de la cultura clásica y de la tradición literaria universal, a la vez que un visionario de la modernidad. Su pensamiento se caracterizó por la búsqueda de la sabiduría, la armonía y el equilibrio, y por su profunda comprensión de la cultura como un tejido de relaciones y diálogos.
n. 1889-05-17, México · m. 1959-12-27, Cidade do México
Biografía
Identificación y contexto básico
Alfonso Reyes Ochoa fue un escritor, ensayista, crítico literario y diplomático mexicano, reconocido como uno de los intelectuales más influyentes de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Nació en Monterrey, Nuevo León, y es considerado el "regiomontano universal".Infancia y formación
Proveniente de una familia de intelectuales y políticos, Reyes recibió una educación esmerada. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente en la Escuela de Jurisprudencia de la UNAM. Desde joven mostró una gran curiosidad intelectual y una prodigiosa capacidad de aprendizaje.Trayectoria literaria
Su carrera literaria se inició en la Ciudad de México, donde fundó el "Grupo de los Siete Sabios", un círculo de intelectuales que buscaba renovar la cultura mexicana. Su obra es extensa y abarca diversos géneros: ensayo, poesía, crítica literaria, crónica y traducción. Ejerció también una importante labor diplomática, lo que le permitió viajar y conocer diversas culturas.Obra, estilo y características literarias
La obra de Reyes se distingue por su erudición, su estilo claro, elegante y preciso, y su profunda reflexión sobre la cultura. Abordó temas como la historia de México, la literatura universal, la filosofía y el arte. Entre sus obras más destacadas se encuentran "Visión de Anáhuac", "El deslinde" y "Cuestiones estéticas". Su poesía, aunque menos prolífica, revela una gran sensibilidad y dominio del lenguaje.Contexto cultural e histórico
Reyes vivió un periodo crucial en la historia de México y del mundo, marcado por la Revolución Mexicana, las guerras mundiales y la consolidación de la modernidad. Fue testigo y partícipe de importantes debates intelectuales y culturales de su tiempo, y su obra refleja una profunda comprensión del devenir histórico y cultural.Vida personal
Su vida estuvo marcada por una profunda vocación intelectual y una vida dedicada al estudio y la escritura. Fue un hombre de gran cultura y sensibilidad, con una amplia red de contactos intelectuales tanto en México como en el extranjero. Mantuvo una estrecha relación con su familia y amigos, y su labor diplomática le permitió conocer de cerca diversas realidades.Reconocimiento y recepción
Alfonso Reyes fue ampliamente reconocido en vida y póstumamente por su vasta obra y su contribución a la cultura hispanoamericana. Recibió numerosos honores y distinciones, y su figura es fundamental en el estudio de la literatura y el pensamiento mexicano y latinoamericano.Influencias y legado
Fue influenciado por la tradición clásica grecolatina, la literatura española del Siglo de Oro y los grandes pensadores universales. Su legado es inmenso, destacando su papel como constructor de puentes entre culturas, su defensa de la erudición y su estilo literario ejemplar. Ha influenciado a generaciones de escritores y pensadores en Hispanoamérica.Interpretación y análisis crítico
La obra de Reyes ha sido objeto de numerosos estudios críticos que destacan su polifacetismo, su capacidad para integrar diversas tradiciones culturales y su visión humanista del conocimiento. Se le considera un "clásico de la modernidad" por su habilidad para dialogar con la tradición sin renunciar a las exigencias del presente.Infancia y formación
Reyes fue un gran aficionado al ajedrez. Su vasta correspondencia es un testimonio valioso de su vida intelectual y de sus relaciones con otras figuras de la época. Tuvo una notable habilidad para la observación y la síntesis.Muerte y memoria
Falleció en la Ciudad de México, dejando un legado literario y cultural de incalculable valor. Su obra sigue siendo estudiada y admirada, y su figura es un referente indispensable para comprender la cultura mexicana y latinoamericana del siglo XX.Poemas
31Golfo De México, Veracruz
Basta saber que nos guardan las espaldas,
Que hay una ventana inmensa y verde
Por donde echarse a nado.
La Habana
No es Cuba —que nunca vio Gaugin,
Que nunca vio Picasso—,
Donde negros vestidos de amarillo y de guinda
Rondan el malecón, entre dos luces,
Y los ojos vencidos
No disimulan ya los pensamientos.
No es Cuba — la que oyó a Stravisnsky
Concertar sones de marimbas y güiros
En el entierro del Papá Montero,
Ñañigo de bastón y canalla rumbero.
No es Cuba — donde el yanqui colonial
Se cura del bochorno sorbiendo "granizados"
De brisa, en las terrazas del reparto;
Donde la policía desinfecta
El aguijón de los mosquitos últimos
Que zumban todavía en español.
No es Cuba — donde el mar se transparenta
Para que no se pierdan los despojos del Maine,
Y un contratista revolucionario
Tiñe de blanco el aire de la tarde,
Abanicando, con sonrisa veterana,
Desde su mecedora, la fragancia
De los cocos y mangos aduaneros.
Caricia Ajena
—a no perturbar un temblor—
por iluminar si desvelas,
por dormir si enciendes amor.
Desde el hombro donde reposas,
caricia ajena, ¿cómo puedes
regar todavía mercedes
en complacencias azarosas?
Tu fidelidad sobrenada
en vaga espuma de rubor,
y te vuelves toda entregada
y regalas, desperdiciada,
los ojos cargados de amor.
El Mal Confitero
Para sola una noche del año,
Sus vides domésticas
Dan un vino claro.
Un vinillo que el gusto arrebola
Del epónimo mazapán,
Y que predispone muy plácidamente
Para recibir hasta el alma del aroma Canonical
De las uvas negras en aguardiente.
Y es que la Iglesia
Consiente la gula:
Para cada antojo hay una licencia;
Para cada confite, una bula.
Y cándida azúcar chorrea
Por el transparente de la Catedral;
Y en sus brazos arrulla la Virgen
Al pequeño dios comestible,
Rosado y salmón;
Y ¡oh, que famosas tajadas de Alcázar
Si, como es granito, fuera turrón!
Y es que la Iglesia consciente la gula;
Y monja sé yo que toda es azúcar.
Y que tiene vicioso al cielo
De la miel hilada al pelo,
Y sabe hacer unos letuarios de nueces,
Y otros de zanahorias raheces,
Y el diacitrón, codonate y roseta,
Y la cominada de Alejandría,
Y otras cosas tantas que no acabaría.
¿Pero aquel confitero que había,
que en azúcar y almendra y canela
los santos misterios hacía?
La Pentecostés y la Trinidad,
Y el Corpus y la Ascensión,
Y un Jesús casi de verdad
Con una almendrita en el corazón.
Pero tiene sus reglas el arte,
Y a cada figura, su parte.
Y también había un Luzbel
Con una cara ácida y larga,
Y le ponía en el corazón
Una insólita almendra amarga.
¡Terror de las madres: muerte solapada
en las golosinas!
¡Sazón a mansalva,
con el cardenillo de las cocinas!
Bien se yo que tiene sus reglas el arte,
Y a cada figura le toca su parte.
Mas ¿garapiñar almendras amargas,
Así sean las del corazón?
Caridades escusadas,
A fe mía, son.
¿Disfrazar un Luzbel con maña,
que se lo confunda con un Salvador?
Caridades excusadas,
A fe mía, son.
¡Oh, buen hacedor!
Hay arte mejor:
No me vendas rencor en almíbar,
Si he de hallar acíbar
En el corazón.
El Descastado
alma mía que no tuviste a quien heredar;
En vano buscamos, necios, en ondas del mismo Leteo,
Reflejos que nos pinten las estrellas que nunca vimos.
Como el perro callejero, en quien unas a otras se borran
Las marcas de los atavismos, O como el canalla civilizado
—heredera de todos, alma mía, mestiza irredenta, no
tuviste a quien heredar.
Y el hombre sólo quiere oír lo que sus abuelos contaban;
Y los narradores de historias
buscan el Arte Poética en los labios de la nodriza.
Pudo seducirnos la brevedad simple, la claridad elegante,
La palabra única que salta de la idea como bota el
Luchador sobre el pie descalzo...
Mientras el misterio lo consentía, mientras el misterio
Lo consentía.
La Tonada De La Sierva Enemiga
desafinada canción;
canción trinada en sordina
y a hurtos de la labor,
a espaldas de la señora;
a paciencia del señor;
cancioncita sorda, triste,
canción de esclava, canción
canción de esclava niña que siente
que el recuerdo le es traidor;
canción de limar cadenas
debajo de su rumor;
canción de los desahogos
ahogados en temor;
canción de esclava que sabe
a fruto de prohibición:
—toda te me representas
en dos ojos y una voz.
Entre dientes, mal se oyen
palabras de rebelión:
"¡Guerra a la ventura ajena
guerra al ajeno dolor!
Bárreles la casa, viento,
que no he de barrerla yo.
Hílales el copo, araña,
que no he de hilarlo yo.
San Telmo encienda las velas,
San Pascual cuide el fogón.
Que hoy me ha pinchado la aguja
y el huso se me rompió;
y es tanta la tiranía
de esta disimulación,
que aunque de raros anhelos
se me hincha el corazón,
tengo miradas de reto
y voz de resignación".
Fieros tenía los ojos
y ronca y mansa la voz;
finas imaginaciones
y plebeyo corazón.
Su madre, como sencilla,
no la supo casar, no.
Testigo de ajenas vidas,
el ánimo le es traidor.
Cancioncita sorda, triste,
canción de esclava, canción:
—toda te me representas
en dos ojos y una voz.
A Eugenio Florit
y vuelca Flora el azafate henchido,
y la naturaleza en cada nido
lanza un temblor y hace la vista gorda,
¿Qué pasa entonces, cuando el viento asorda
y el campo es todo asombro y todo ruido,
y aun el más recatado y retraído
toma el alma y la echa por la borda?
¿Qué arcaico rito o gresca dionisíaca,
que endiablada, o mejor, paradisiaca
celebración de las celebraciones?
Es que el poeta cumple el mandamiento:
hacer razones con el sentimiento
y dar en sentimiento las razones.
La Amenaza De La Flor
engáñame y no me quieras.
¡Cuánto el aroma exageras,
cuánto extremas tu arrebol,
flor que te pintas ojeras
y exhalas el alma al sol!
Flor de las adormideras.
Una se te parecía
en el rubor con que engañas,
y también porque tenía,
como tú, negras pestañas.
Flor de las adormideras.
Una se te parecía...
Y tiemblo sólo de ver
tu mano puesta en la mía:
¡Tiemblo no amanezca un día
en que te vuelvas mujer!
Visitación
que tan estrechamente me cercara,
al punto de volcarme por la cara
su turbadora vaharada fría.
Ya no intento eludir su compañía:
mis pasos sigue, transparente y clara
y desde entonces no me desampara
ni me deja de noche ni de día.
—¡Y pensar —confesé—, que de mil modos
quise disimularte con apodos,
entre miedos y errores confundida!
«Más tienes de caricia que de pena».
Eras alivio y te llamé cadena.
Eras la muerte y te llamé la vida.
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