Lista de Poemas

El presagio de América

Según Aliaco, hay los que comen peces crudos y sólo beben agua de mar, y hay los que aúllan como perros en vez de articular palabras; hay Cíclopes, hay Amazonas; hay los que tienen un solo pie que, cuando se acuestan, les sirve desombrilla; hay hombres acéfalos y otros con los ojos en la nuca; y hay los dulces ribereños del Ganges que mueren al más leve olor repugnante y se nutren con el aroma de las frutas.
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El Verdugo Secreto

Vives en mí, pero te soy ajeno,
recóndito ladrón que nunca sacio,
a quien suelo ceder, aunque reacio,
cuanto suele pedir tu desenfreno.

Me quise sobrio, me fingí sereno,
me dictaba sus máximas Horacio,
dormí velando, festiné despacio,
ni muy celeste fui, ni muy terreno.

Poco me aprovechó vivir alerta,
si del engreimiento vanidoso
hallaste tú la cicatriz abierta.

Hoy quiero rechazarte, y nunca oso.
¡Válgame la que a todos nos liberta,
y al orden me devuelve y al reposo!
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Mariano, Así Nació La Poesía

Mariano, así nació la poesía:
humo de sangre que la vida exhala
y luego se depura todavía
y asume voz al retomar el ala.

Sus raudos hijos la palabra cría,
risas y llantos en el trino iguala,
siendo victoría, vive de agonía
y se agota de austera siendo gala.

Dureza blanda, eternidad, ansiosa,
tesoro esquivo pero nunca vano,
fugitivo cristal, perenne rosa.

Tú lo sabes de sobra; tú, Mariano,
que suele suspender la mariposa
con el encantamiento de su mano.
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Ausencias

De los amigos que yo más quería
y en breve trecho me han abandonado,
se deslizan las sombras a mi lado,
escaso alivio a mi melancolía.

Se confunden sus voces con la mía
y me veo suspenso y desvelado
en el empeño de cruzar el vado
que me separa de su compañía.

Cedo a la invitación embriagadora,
y discurro que el tiempo se convierte
y acendra un infinito cada hora.

Y desbordo los límites, de suerte
que mi sentir la inmensidad explora
y me familiarizo con la muerte.
574

La Señal Funesta

Si te dicen que voy envejeciendo
porque me da fatiga la lectura
o me cansa la pluma, o tengo hartura
de las filosofías que no entiendo;

si otro juzga que cobro el dividendo
del tesoro invertido, y asegura
que vivo de mi propia sinecura
y sólo de mis hábitos dependo,

cítalos a la nueva primavera
que ha de traer retoños, de manera
que a los frutos de ayer pongan olvido;

pero si sabes que cerré los ojos
al desafío de unos labios rojos,
entonces puedes darme por perdido.
732

Lailye

Lailye ¿cuándo vuelves a México y me buscas,
ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?
Juntos recordaríamos aquellas cosas bruscas
del asno, el indio, el loro, la araña, el alacrán . . .

A ti que te sorprendes —aunque jamás te ofuscas—
con nuestros usos y nuestra agua y nuestro pan
¿qué te parecería si vuelves y me buscas,
ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?

¿Te acuerdas? Era entonces tu ser surco en amagos,
flor de capullo, germen de amores y pasiones.
Y ahora que te abriste al triunfo y los halagos

—¡oh suma de los pueblos, compendio de naciones!—,
dime: ¿a qué te sabría volver por estos pagos,
estrella de los rumbos y de las tentaciones?
594

El Llanto

Al declinar la tarde, se acercan los amigos;
pero la vocecita no deja de llorar.
Cerramos las ventanas, las puertas, los postigos,
pero sigue cayendo la gota de pesar.

No sabemos de donde viene la vocecita;
registramos la granja, el establo, el pajar.
El campo en la tibieza del blando sol dormita,
pero la vocecita no deja de llorar.

—¡La noria que chirría!— dicen los más agudos—
Pero ¡si aquí no hay norias! ¡Que cosa tan singular!
Se contemplan atónitos, se van quedando mudos
porque la vocecita no deja de llorar.

Ya es franca desazón lo que antes era risa
y se adueña de todos un vago malestar,
y todos se despiden y se escapan de prisa,
porque la vocecita no deja de llorar.

Cuando llega la noche, ya el cielo es un sollozo
y hasta finge un sollozo la leña del hogar.
A solas, sin hablarnos, lloramos un embozo,
pero la vocecita no deja de llorar.
1.004

Consejo Poético

La cifra propongo; y ya
casi tengo el artificio,
cuando se abre el precipicio
de la palabra vulgar.
Las sirtes del bien y el mal,
la torpe melancolía,
toda la guardarropía
de la vida personal,
aléjalas, si procuras
atrapar las formas puras.

¿La emoción? Pídela al número
que mueve y gobierna al mundo.
Templa el sagrado instrumento
más allá del sentimiento.
Deja al sordo, deja al mudo,
al solícito y al rudo.
Nada temas, al contrario,
si en el rayo de una estrella
logras calcinar la huella
de tu sueño solitario.
682

Quédate Callado

Quédate callado y solo:
casi todo sobra y huelga.
De la rama el fruto cuelga
y la rosa del peciolo,
no a efectos del querer sólo,
sino a la inerte ceguera
que la visión exagera
en alcance y en sentido;
y lo que cantas dormido
es tu canción verdadera.

Quédate solo y callado:
casi todo huelga y sobra.
Ningún gasto se recobra,
ni vale el oro cambiado
la moneda que has pagado
por montones de vellón.
Que a hurtos da el corazón
los latidos que aprovechas,
y aunque imaginas que pechas,
lo debes al panteón.
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¡a Cuernavaca!

A Cuernavaca voy, dulce retiro,
cuando, por veleidad o desaliento,
cedo al afán de interrumpir el cuento
y dar a mi relato algún respiro.

A Cuernavaca voy, que sólo aspiro
a disfrutar sus auras un momento:
pausa de libertad y esparcimiento
a la breve distancia de un suspiro.

Ni campo ni ciudad, cima ni hondura;
beata soledad, quietud que aplaca
o mansa compañía sin hartura.

Tibieza vegetal donde se hamaca
el ser en filosófica mesura...
¡A Cuernavaca voy, a Cuernavaca!
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Identificación y contexto básico

Alfonso Reyes Ochoa fue un escritor, ensayista, crítico literario y diplomático mexicano, reconocido como uno de los intelectuales más influyentes de la literatura hispanoamericana del siglo XX. Nació en Monterrey, Nuevo León, y es considerado el "regiomontano universal".

Infancia y formación

Proveniente de una familia de intelectuales y políticos, Reyes recibió una educación esmerada. Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria y posteriormente en la Escuela de Jurisprudencia de la UNAM. Desde joven mostró una gran curiosidad intelectual y una prodigiosa capacidad de aprendizaje.

Trayectoria literaria

Su carrera literaria se inició en la Ciudad de México, donde fundó el "Grupo de los Siete Sabios", un círculo de intelectuales que buscaba renovar la cultura mexicana. Su obra es extensa y abarca diversos géneros: ensayo, poesía, crítica literaria, crónica y traducción. Ejerció también una importante labor diplomática, lo que le permitió viajar y conocer diversas culturas.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Reyes se distingue por su erudición, su estilo claro, elegante y preciso, y su profunda reflexión sobre la cultura. Abordó temas como la historia de México, la literatura universal, la filosofía y el arte. Entre sus obras más destacadas se encuentran "Visión de Anáhuac", "El deslinde" y "Cuestiones estéticas". Su poesía, aunque menos prolífica, revela una gran sensibilidad y dominio del lenguaje.

Contexto cultural e histórico

Reyes vivió un periodo crucial en la historia de México y del mundo, marcado por la Revolución Mexicana, las guerras mundiales y la consolidación de la modernidad. Fue testigo y partícipe de importantes debates intelectuales y culturales de su tiempo, y su obra refleja una profunda comprensión del devenir histórico y cultural.

Vida personal

Su vida estuvo marcada por una profunda vocación intelectual y una vida dedicada al estudio y la escritura. Fue un hombre de gran cultura y sensibilidad, con una amplia red de contactos intelectuales tanto en México como en el extranjero. Mantuvo una estrecha relación con su familia y amigos, y su labor diplomática le permitió conocer de cerca diversas realidades.

Reconocimiento y recepción

Alfonso Reyes fue ampliamente reconocido en vida y póstumamente por su vasta obra y su contribución a la cultura hispanoamericana. Recibió numerosos honores y distinciones, y su figura es fundamental en el estudio de la literatura y el pensamiento mexicano y latinoamericano.

Influencias y legado

Fue influenciado por la tradición clásica grecolatina, la literatura española del Siglo de Oro y los grandes pensadores universales. Su legado es inmenso, destacando su papel como constructor de puentes entre culturas, su defensa de la erudición y su estilo literario ejemplar. Ha influenciado a generaciones de escritores y pensadores en Hispanoamérica.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Reyes ha sido objeto de numerosos estudios críticos que destacan su polifacetismo, su capacidad para integrar diversas tradiciones culturales y su visión humanista del conocimiento. Se le considera un "clásico de la modernidad" por su habilidad para dialogar con la tradición sin renunciar a las exigencias del presente.

Infancia y formación

Reyes fue un gran aficionado al ajedrez. Su vasta correspondencia es un testimonio valioso de su vida intelectual y de sus relaciones con otras figuras de la época. Tuvo una notable habilidad para la observación y la síntesis.

Muerte y memoria

Falleció en la Ciudad de México, dejando un legado literario y cultural de incalculable valor. Su obra sigue siendo estudiada y admirada, y su figura es un referente indispensable para comprender la cultura mexicana y latinoamericana del siglo XX.