Antonio Machado Ruiz fue uno de los poetas más importantes de la Generación del 98 en España. Su obra, profundamente arraigada en la tierra y la historia de Castilla, reflexiona sobre el tiempo, la memoria, la identidad y la condición humana. A lo largo de su carrera, Machado evolucionó desde un Modernismo intimista hacia una poesía más reflexiva y social, marcada por la austeridad formal y la profundidad filosófica. Es considerado un pilar de la poesía española contemporánea, cuya voz lírica sigue resonando por su autenticidad y su compromiso con la verdad interior.
n. 1875-07-26, Sevilha·m. 1939-02-22, Collioure
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Parábolas
Era un niño que soñaba un caballo de cartón. Abrió los ojos el niño y el caballito no vio. Con un caballito blanco el niño volvió a soñar; y por la crin lo cogía... ¡Ahora no te escaparás! Apenas lo hubo cogido, el niño se despertó. Tenía el puño cerrado. ¡El caballito voló! Quedóse el niño muy serio pensando que no es verdad un caballito soñado. Y ya no volvió a soñar. Pero el niño se hizo mozo y el mozo tuvo un amor, y a su amada le decía: ¿Tú eres de verdad o no? Cuando el mozo se hizo viejo pensaba: Todo es soñar, el caballito soñado y el caballo de verdad. Y cuando vino la muerte, el viejo a su corazón preguntaba: ¿Tú eres sueño? ¡Quién sabe si despertó!
Antonio Cipriano José Machado Ruiz fue un destacado poeta español, considerado una figura central de la Generación del 98. Nació en Sevilla y desarrolló la mayor parte de su carrera literaria en Soria y Baeza.
Infancia y formación
Su infancia transcurrió en un ambiente intelectualmente estimulante, rodeado de familiares amantes de la cultura. Realizó sus estudios en Madrid, donde entró en contacto con figuras literarias de la época y se formó en la Institución Libre de Enseñanza, un centro educativo de vanguardia.
Trayectoria literaria
Machado inició su andadura literaria dentro del Modernismo, pero su obra evolucionó hacia una poesía más reflexiva y comprometida con la realidad española. Sus primeras publicaciones, como "Soledades", exploran el mundo interior y la melancolía. Posteriormente, con "Campos de Castilla", su poesía adquiere un tono más épico y social, abordando temas como la tierra, el pueblo y la historia de España. Su producción se puede dividir en varias etapas, cada una reflejando su madurez artística y sus preocupaciones vitales.
Obra, estilo y características literarias
La obra de Machado se caracteriza por la profundidad filosófica, la conexión con la tierra castellana y la reflexión sobre el paso del tiempo, la memoria y la identidad. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales, adaptando la forma a la expresión de sus sentimientos. Su estilo evolucionó de un Modernismo preciosista a una mayor austeridad y sobriedad, buscando la esencialidad y la verdad. Temas recurrentes son el paisaje, la soledad, el amor, la muerte, la infancia perdida y el destino de España. Destacan "Soledades, galerías y otros poemas", "Campos de Castilla" y "Nuevas canciones".
Contexto cultural e histórico
Machado vivió y escribió en un periodo convulso de la historia de España, marcado por la crisis del 98, la pérdida de las colonias y la inestabilidad política. Perteneció a la Generación del 98, un grupo de intelectuales y escritores que buscaron analizar y regenerar España a través de sus obras.
Vida personal
Su vida estuvo marcada por la pérdida de seres queridos, especialmente su esposa Leonor Izquierdo, cuya muerte tuvo un profundo impacto en su obra. Pasó gran parte de su vida dedicado a la enseñanza y a la escritura, manteniendo una postura de compromiso cívico y reflexión ética.
Reconocimiento y recepción
Aunque su reconocimiento no fue inmediato, Machado es hoy considerado uno de los poetas cumbre de la literatura española del siglo XX. Su obra ha sido objeto de numerosos estudios y su figura es objeto de gran admiración y respeto académico.
Influencias y legado
Influenciado por Verlaine, Bergson y Unamuno, Machado a su vez ha influido en incontables poetas posteriores. Su legado reside en su capacidad para aunar lirismo y reflexión, creando una poesía de alcance universal a partir de la experiencia personal y el paisaje español.
Interpretación y análisis crítico
La obra de Machado ha sido objeto de análisis desde múltiples perspectivas, destacando su profunda meditación sobre el tiempo, la condición humana y la identidad nacional.
Infancia y formación
Machado era un hombre de profunda sabiduría y sencillez, conocido por su compromiso con la República y sus ideas progresistas.
Muerte y memoria
Falleció en el exilio en Colliure, Francia, en 1939, poco después del fin de la Guerra Civil Española. Su memoria perdura como símbolo de la España republicana y de la profunda poesía que supo legar.
Poemas
205
A Orillas Del Duero
Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía, buscando los recodos de sombra, lentamente. A trechos me paraba para enjugar mi frente y dar algún respiro al pecho jadeante; o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante y hacia la mano diestra vencido y apoyado en un bastón, a guisa de pastoril cayado, trepaba por los cerros que habitan las rapaces aves de altura, hollando las hierbas montaraces de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—. Sobre los agrios campos caía un sol de fuego. Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo cruzaba solitario el puro azul del cielo. Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo, y una redonda loma cual recamado escudo, y cárdenos alcores sobre la parda tierra —harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—, las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero para formar la corva ballesta de un arquero en torno a Soria. —Soria es una barbacana, hacia Aragón, que tiene la torre castellana—. Veía el horizonte cerrado por colinas oscuras, coronadas de robles y de encinas; desnudos peñascales, algún humilde prado donde el merino pace y el toro, arrodillado sobre la hierba, rumia; las márgenes de río lucir sus verdes álamos al claro sol de estío, y, silenciosamente, lejanos pasajeros, ¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—, cruzar el largo puente, y bajo las arcadas de piedra ensombrecerse las aguas plateadas del Duero. El Duero cruza el corazón de roble de Iberia y de Castilla. ¡Oh, tierra triste y noble, la de los altos llanos y yermos y roquedas, de campos sin arados, regatos ni arboledas; decrépitas ciudades, caminos sin mesones, y atónitos palurdos sin danzas ni canciones que aún van, abandonando el mortecino hogar, como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar! Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora. ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada? Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira; cambian la mar y el monte y el ojo que los mira. ¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerta de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra. La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes. Castilla no es aquella tan generosa un día, cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía, ufano de su nueva fortuna, y su opulencia, a regalar a Alfonso los huertos de Valencia; o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, pedía la conquista de los inmensos ríos indianos a la corte, la madre de soldados, guerreros y adalides que han de tornar, cargados de plata y oro, a España, en regios galeones, para la presa cuervos, para la lid leones. Filósofos nutridos de sopa de convento contemplan impasibles el amplio firmamento; y si les llega en sueños, como un rumor distante, clamor de mercaderes de muelles de Levante, no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa? Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa. Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora. El sol va declinando. De la ciudad lejana me llega un armonioso tañido de campana —ya irán a su rosario las enlutadas viejas—. De entre las peñas salen dos lindas comadrejas; me miran y se alejan, huyendo, y aparecen de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen. Hacia el camino blanco está el mesón abierto al campo ensombrecido y al pedregal desierto.
Ramón López Velarde
990
Sol De Invierno
Es mediodía. Un parque. Invierno. Blancas sendas; simétricos montículos y ramas esqueléticas. Bajo el invernadero, naranjos en maceta, y en su tonel, pintado de verde, la palmera. Un viejecillo dice, para su capa vieja: «¡El sol, esta hermosura de sol!...» Los niños juegan. El agua de la fuente resbala, corre y sueña lamiendo, casi muda, la verdinosa piedra.
Ramón López Velarde
847
Retrato
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero; mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido —ya conocéis mi torpe aliño indumentario—, más recibí la flecha que me asignó Cupido, y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; mas no amo los afeites de la actual cosmética, ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera mi verso, como deja el capitán su espada: famosa por la mano viril que la blandiera, no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo —quien habla solo espera hablar a Dios un día—; mi soliloquio es plática con ese buen amigo que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. A mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar.
Ramón López Velarde
590
En Medio De La Plaza Y Sobre Tosca Piedra,
En medio de la plaza y sobre tosca piedra, el agua brota y brota. En el cercano huerto eleva, tras el muro ceñido por la hiedra, alto ciprés la mancha de su ramaje yerto.
La tarde está cayendo frente a los caserones de la ancha plaza, en sueños. Relucen las vidrieras con ecos mortecinos de sol. En los balcones hay formas que parecen confusas calaveras.
La calma es infinita en la desierta plaza, donde pasea el alma su traza de alma en pena. El agua brota y brota en la marmórea taza. En todo el aire en sombra no más que el agua suena.
Ramón López Velarde
678
Coplas Mundanas
Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado.
Sin placer y sin fortuna, pasó como una quimera mi juventud, la primera... la sola, no hay más que una: la de dentro es la de fuera.
Pasó como un torbellino, bohemia y aborrascada, harta de coplas y vino, mi juventud bien amada.
Y hoy miro a las galerías del recuerdo, para hacer aleluyas de elegías desconsoladas de ayer.
¡Adiós, lágrimas cantoras, lágrimas que alegremente brotabais, como en la fuente las limpias aguas sonoras!
¡Buenas lágrimas vertidas por un amor juvenil, cual frescas lluvias caídas sobre los campos de abril!
No canta ya el ruiseñor de cierta noche serena; sanamos del mal de amor que sabe llorar sin pena.
Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado.
Ramón López Velarde
641
Deletreos De Armonía
Deletreos de armonía que ensaya inexperta mano.
Hastío. Cacofonía del sempiterno piano que yo de niño escuchaba soñando... no sé con qué, con algo que no llegaba, todo lo que ya se fue.
Ramón López Velarde
681
Pegasos, Lindos Pegasos,
Tournez, tournez, chevaux de bois VERLAINE
Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera. ........................................................
Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.
En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.
¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!
654
Húmedo Está, Bajo El Laurel, El Banco
Húmedo está, bajo el laurel, el banco de verdinosa piedra; lavó la lluvia, sobre el muro blanco, las empolvadas hojas de la hiedra. Del viento del otoño el tibio aliento los céspedes undula, y la alameda conversa con el viento... ¡el viento de la tarde en la arboleda! Mientras el sol en el ocaso esplende que los racimos de la vid orea, y el buen burgués, en su balcón enciende la estoica pipa en que el tabaco humea, voy recordando versos juveniles... ¿Qué fue de aquel mi corazón sonoro? ¿Será cierto que os vais, sombras gentiles, huyendo entre los árboles de oro?
Ramón López Velarde
834
Los árboles Conservan
Los árboles conservan verdes aún las copas, pero del verde mustio de las marchitas frondas.
El agua de la fuente, sobre la piedra tosca y de verdín cubierta, resbala silenciosa.
Arrastra el viento algunas amarillentas hojas.
¡El viento de la tarde sobre la tierra en sombra!
Ramón López Velarde
698
Y Podrás Conocerte Recordando
Y podrás conocerte recordando del pasado soñar los turbios lienzos, en este día triste en que caminas con los ojos abiertos.
De toda la memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños.