Lista de Poemas

Mujeres

Oh, blancura. ¿Quién puso en nuestras vidas
de frenéticas bestias abismales
este claror de luces siderales estas nieves, con sueño enardecidas?

Oh dulces bestezuelas perseguidas.
Oh terso roce. Oh signos cenitales.
Oh músicas. Oh llamas. Oh cristales.
Oh velas altas, de la mar surgidas.

Ay, tímidos fulgores, orto puro,
quién os trajo a este pecho de hombre duro,
a este negro fragor de odio y olvido?

Dulces espectros, nubes, flores vanas...
¡Oh tiernas sombras, vagamente humanas,
tristes mujeres, de aire o de gemido!
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Destrucción Inminente

DESTRUCCIÓN INMINENTE

A una rama de avellano


¿Te quebraré, varita de avellano,

te quebraré quizás? ¡Oh tierna vida,

ciega pasión en verde hervor nacida,

tú, frágil ser que oprimo con mi mano!


Un chispazo fugaz, sólo un liviano

crujir en dulce pulpa estremecida,

y aprenderás, oh rama desvalida,

cuánto pudo la muerte en un verano.


Mas, no; te dejaré... Juega en el viento,

hasta que pierdas, al otoño agudo,

tu verde frenesí, hoja tras hoja.


Dame otoño también, Señor, que siento

no sé qué hondo crujir, qué espanto mudo.

Detén, oh Dios, tu llamarada roja.

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Cancioncilla

Otros querrán mausoleos
donde cuelguen los trofeos,
donde nadie ha de llorar,

y yo no los quiero, no
(que lo digo en un cantar)
porque yo

morir quisiera en el viento,
como la gente de mar
en el mar.

Me podrían enterrar
en la ancha fosa del viento.

Oh, qué dulce
descansar
ir sepultado en el viento
como un capitán del
viento
como un capitán del
mar,
muerto en medio de la mar.
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Amor

¡Primavera feroz! Va mi ternura
por las más hondas venas derramada,
fresco hontanar, y furia desvelada,
que a extenuante pasmo se apresura.

¡Oh qué acezar, qué hervir, oh, qué premura
de hallar, en la colina clausurada,
la llaga roja de la cueva helada,
y su cura más dulce, en la locura!

¡Monstruo fugaz, espanto de mi vida,
rayo sin luz, oh tú, mi primavera,
mi alimaña feroz, mi arcángel fuerte!

¿Hacia qué hondón sombrío me convida,
desplegada y astral, tu cabellera?
¡Amor. amor, principio de la muerte!
543

Insomnio

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en
el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como
un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una
gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole
por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres
en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente
en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
623

Gota Pequeña, Mi Dolor

Gota pequeña, mi dolor.
La tiré al mar.

Al hondo mar.
Luego me dije: ¡A tu sabor
ya puedes navegar!

Más me perdió la poca fe...

La poca fe
de mi cantar.
Entre onda y cielo naufragué.

Y era un dolor inmenso el mar.
1.077

Madrigal De Las Once

Desnudas han caído
las once campanadas.

Picotean la sombra de los árboles
las gallinas pintadas
y un enjambre de abejas
va rezumbando encima.


La mañana
ha roto su collar desde la torre.

En los troncos, se rascan las cigarras.

Por detrás de la verja del jardín,
resbala,
quieta,

tu sombrilla blanca.
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Calle Del Arrabal

Se me quedó en lo hondo
una visión tan clara,
que tengo que entornar los ojos cuando
intento recordarla.

A un lado, hay un calvero de solares
en frente, están las casas alineadas
porque esperan que de un momento a otro
la Primavera pasará.

Las sábanas,
aún goteantes, penden
de todas las ventanas,
el viento juega con el sol en ellas
y ellas ríen del juego y de la gracia.

Y hay las niñas bonitas
que se peinan al aire 1ibre.

Cantan
los chicos de una escuela la lección.
Las once dan.

Por el arroyo pasa
un viejo cojitranco
que empuja su carrito de naranjas.
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Identificación y contexto básico

Dámaso Alonso y Martínez fue un destacado poeta, filólogo y crítico literario español. Nacido en Madrid, su obra se sitúa en un periodo de gran convulsión histórica y cultural, marcado por la Guerra Civil Española y la posterior dictadura. Fue miembro de la Real Academia Española y uno de los intelectuales más influyentes de su tiempo.

Infancia y formación

Cursó estudios en Madrid, donde se licenció en Derecho y, posteriormente, en Filosofía y Letras, especializándose en Filología Románica. Su formación académica fue rigurosa y sentó las bases de su posterior labor como investigador y crítico literario. La influencia de figuras como Ramón Menéndez Pidal fue crucial en su desarrollo intelectual.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Dámaso Alonso es doble: por un lado, como poeta, y por otro, como impulsor y crítico de la literatura española. Como poeta, su obra cumbre es "Hijos de la ira" (1944), un poemario que marcó un hito en la poesía de posguerra por su tono desgarrado y existencial. Como filólogo, su trabajo sobre el Siglo de Oro español, especialmente Góngora, fue revolucionario. Fue director de la Real Academia Española y jugó un papel crucial en la promoción de la cultura.

Obra, estilo y características literarias

La poesía de Dámaso Alonso se caracteriza por una honda preocupación existencial, la angustia ante la condición humana, la muerte y el paso del tiempo. "Hijos de la ira" es el paradigma de la "poesía desarraigada", con un lenguaje directo, a veces brutal, y un tono de queja y desesperación. Su obra se aleja del esteticismo y busca una expresión más cruda de la realidad interior. Como filólogo, su análisis de Góngora y de otros autores del Siglo de Oro aportó nuevas claves interpretativas, destacando su rigor metodológico y su profunda erudición.

Contexto cultural e histórico

Su vida y obra están indisolublemente ligadas a la historia de España en el siglo XX. La Guerra Civil y sus consecuencias marcaron profundamente su visión del mundo y su producción poética. Como intelectual comprometido, Dámaso Alonso se erigió en una voz crítica y reflexiva en un periodo de profunda crisis moral e intelectual. Perteneció a la Generación del 27, aunque su obra posterior se desmarcó de las corrientes esteticistas para abordar temas más graves y urgentes.

Vida personal

Dámaso Alonso mantuvo una vida dedicada al estudio y la creación. Su pasión por la literatura y la lengua española fue el motor de su existencia. Su compromiso con la cultura y la defensa de la lengua española fueron constantes a lo largo de su vida.

Reconocimiento y recepción

Fue una figura de enorme prestigio en el ámbito académico y literario. Miembro de la Real Academia Española, dirigió la institución durante muchos años. Su obra poética, especialmente "Hijos de la ira", tuvo una gran repercusión y se convirtió en un referente para muchas generaciones de poetas. Sus estudios filológicos son considerados fundamentales para la comprensión de la literatura española clásica.

Influencias y legado

Alonso bebió de la tradición literaria española, desde los místicos hasta los poetas del Siglo de Oro. Su propia obra influyó decisivamente en la poesía de posguerra, sentando las bases de una lírica más comprometida con la realidad social y existencial. Su labor filológica renovó los estudios sobre la literatura clásica y su magisterio fue seguido por numerosos discípulos.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Alonso ha sido analizada desde múltiples perspectivas, destacando su profunda humanidad y su capacidad para expresar la angustia del hombre moderno. Sus poemas son un reflejo de la España de su tiempo, pero trascienden la anécdota histórica para plantear interrogantes universales sobre la existencia.

Infancia y formación

Durante la Guerra Civil, Dámaso Alonso, a pesar de sus ideas, tuvo que seguir ejerciendo su magisterio, viviendo momentos de gran tensión. Su figura representa la del intelectual que, a pesar de las adversidades, mantiene un compromiso inquebrantable con la cultura y la verdad.

Muerte y memoria

Dámaso Alonso falleció en Madrid. Su legado perdura tanto en el ámbito de la poesía como en el de la filología española, siendo recordado como uno de los pilares fundamentales de la cultura del siglo XX en España.