Lista de Poemas

Elegía A Carlos De Rokha

No hubo dolor en el momento justo
de oír sobre tu muerte. Fue como si tú mismo la hubieras
anunciado en uno de esos absurdos llamados telefónicos que
solías hacer a tus amigos:
una broma sangrienta.
Y la inocencia que, a esas horas, se volvía irritante, la
cigarra de una voz chirriando
en la paja seca del día. No hubo dolor
pero sí, Carlos, la inmediata certeza
de que contigo se eclipsaba la noche
sobre el desierto de un día estable y es como si cayera
un poco de ceniza del cielo sobre tierras eriáceas.

Me he llamado a lo real. Pero qué peso insoportable
tendría ahora un guijarro sobre la palma de la mano. Todas,
todas estas pobres historias
diurnas no son sino desgarradoras. Aquí, también, esta
visión confusa y demasiado nítida de caras conocidas.
Si la vida no es más que una locura
lo que importan son los sueños y aún el delirio, la
mentira piadosa
de las palabras en libertad arrojadas
al millar de los vientos nocturnos,
como en tu poesía: la oscuridad vidente:
palabras como brasas, balbuceos del fuego.
930

La Musiquilla De Las Pobres Esferas

Puede que sea cosa de ir tocando
la musiquilla de las pobres esferas.
Me cae mal esa Alquimia del Verbo,
poesía, volvamos a la tierra.
Aquí en París se vive de silencio
lo que tú dices claro es cosa muerta.
Bien si hablas por hablar, “a lo divino”,
mal si no pasas todas las fronteras.

Digan, al fin y al cabo, lo que quieran:
en la profundidad de la ignorancia
suena una musiquilla verdadera;
sus auditores fueron en Babel
los que escaparon a la confusión de las lenguas,
gente anodina de los pisos bajos
con un poco de todo en la cabeza;
y el poeta más loco que sagrado
pero con una locura con su cuerda
capaz de darle cuerda a la alegría,
capaz de darle cuerda a la tristeza.

No se dirige a nadie el corazón
pero la que habla sola es la cabeza;
no se habla de la vida desde un púlpito
ni se hace poesía en bibliotecas.

Después de todo, ¿para qué leernos?
La musiquilla de las pobres esferas
suena por donde sopla el viento amargo
que nos devuelve, poco a poco, a la tierra,
el mismo que nos puso un día en pie
pero bien al alcance de la huesa.
Y en ningún caso en lo alto del coro,
Bizancio fue: no hay vuelta.

Puede que sea cosa de ir pensando
en escuchar la musiquilla eterna.
794

Caleta

En esta aldea blanca de oscuros pescadores
el amor vive a dos pasos del odio
y la ternura, muerta, se refugia en el sueño
que agranda la mirada del loco del villorrio.

Amanecer: el mar se duerme bajo el sol
como un gigante ebrio después de una batalla;
alguien perdió la vida, anoche, entre sus manos
enguantadas de blanco, más crueles que la nieve.
Pero los compañeros del caído volvieron
en sus valvas ahítas de sangrienta semilla
y extienden en la arena sus trofeos agónicos.

Mediodía: a la mesa se sientan los tatuados
y sus mujeres les guardan las espaldas
atentas al peligro de sus gestos que ordenan
otro vaso de vino
más loco cada vez.
Luego, la guerra a vida entre los eexos
y los gañanes bajan a la playa
como a una amante más que escarnecieran
a remar en un sueño furioso de borrachos.
Varadero del sol herido a cielo
en la linea de fuego de las olas.

Es hora de ir al mar a capturar sus pájaros
si una riña de hombres, de perros o de gallos
no retiene en la orilla la jauría de barcas.

La noche trae un poco de alma a la caleta:
un poco de agua dulce que en los ojos del loco
se enturbia en el olvido de sí misma.
Alguien que no he podido olvidar se me agranda
corno la ola a un mar preso de luna
y golpea mi cara por dentro hasta cegarme.
886

Mayor

El hijo único sería el mayor de sus hermanos
y en su orfandad algo tiene de eso
que se entiende por la palabra mayor. Como si también ellos
hubieran muerto
sus imposibles hermanos menores.
Mucho más riguroso que el luto repartido
es el suyo: la muerte lo cortó a su medida,
lo cosió, lenta, con extrema finura
mientras el padre se iba transfundiendo en el hijo,
lo envejecía a fuerza de crearlo a su imagen
-niño otra vez el hombre, hombre otra vez el niño--
en noches tan oscuras como el luto que llevan.

Y el hijo tiene algo de un hermano mayor
como si lo rodeáramos, nonatos, mientras él nace por
segunda vez
a una vida más grave que la nuestra.
Alguien se mira en él con los ojos cerrados,
gravita su silencio
sobre nuestras palabras sin objeto.
728

Jonás

Todo lo podría condenar igualmente, no se me pregunte en nombre
de qué.
En nombre de Isaías, el profeta, pero con el grotesco gesto
inconcluso de su colega Jonás
que nunca llegó a cumplir su pequeña comisión
sujeto a los altos y bajos
del bien y del mal, a las variables circunstancias históricas
que lo hundieron en la incertidumbre de un vientre de ballena.
Como Jonás, el bufón del cielo, siempre obstinado en
cumplir su pequeña comisión, el porta-documentos
incendiario bajo la axila sudorosa, el paraguas raido a modo de
pararrayos.
Y la incertidumbre de Jehová sobre él, indeciso entre el
perdón y la cólera, tomándolo y
arrojándolo, a ese viejo instrumento de utilidad dudosa
caído, por fin, en definitivo desuso.

Yo también terminaré mis días bajo un árbol
pero como esos viejos vagabundos ebrios que abominan de todo por igual,
no me pregunten
nada, yo sólo sé que seremos destruidos.
Veo a ciegas la mano del señor cuyo nombre no recuerdo,
los frágiles dedos torpemente crispados. Otra cosa, de nuevo,
que nada tiene que ver. Recuerdo algo así como.. .
no, no era más que eso. Una ocurrencia, lo mismo da. Ya no
sé a dónde voy otra vez.
Asísteme señor en tu abandono.
933

Destiempo

Nuestro entusiasmo alentaba a estos dias que corren
entre la multitud de la igualdad de los días.
Nuestra debilidad cifraba en ellos
nuestra última esperanza.
Pensábamos y el tiempo que no tendría precio
se nos iba pasando pobremente
y estos son, pues, los años venideros.

Todo lo íbamos a resolver ahora.
Teníamos la vida por delante.
Lo mejor era no precipitarse.
1.309

Barro

Barro, rencor inagotable. Toda otra fuente termina por ceder
a la presión de esta materia original.
Los días del agua están contados, pero no así los
días del barro
que sustituye al agua cuando ciegan el pozo.
No así los días del barro que nos remontan al
séptimo día.
De niños jugábamos con él, nada tiene de
extraño que juegue con nosotros,
los creados a imagen y semejanza suya.
1.031

Gallo

Este gallo que viene de tan lejos en su canto,
iluminado por el primero de los rayos del sol;
este rey que se plasma en mi ventana con su corona viva, odiosamente,
no pregunta ni responde, grita en la Sala del Banquete
como si no existieran sus invitados, las gárgolas
y estuviera más solo que su grito.

Grita de piedra, de antigüedad, de nada,
lucha contra mi sueño pero ignora que lucha;
sus esposas no cuentan para él ni el maíz que en la tarde
lo hará besar el polvo.
Se limita a aullar como un hereje en la hoguera de sus plumas.
Y es el cuerno gigante
que sopla la negrura al caer al infierno.
979

Elegía A Gabriela Mistral

Dirán que se ha dormido para siempre, dirán
que un ala color fuego y otra color ceniza
el ángel de su voz baja por ella
lleno de un Cristo único: impaciente en la espera;
que esperezándose de su vida profunda
nunca bien conciliada como sueño de exilio
con ojos que sus ojos de polvo le cegaron
todo lo ve en su Dios que lo ve todo.
Y cae allí donde estuvo su pecho
desenredado el nudo que la hizo cantar;
silencio ahora guarda, feliz, como de niño.
Dirán que está en la Gloria.

Dirán que está en la Gloria y que se encuentra en ella
una a una sus pérdidas como en un arenal
donde acampara el reino del que fue reina.
Su madre se le ofrece nuevamente en la jarra
en que le bebe el rostro con el suyo mil años.
Se yergue y he ahí los niños que no tuvo;
su amor luce en el cielo carne y hueso divinos.
Jóvenes de otra edad, fantasmas vivos
callan para que hable y es en Elqui, su valle
a un paso de países que le dan alegría.
Dirán que es suyo el seno de los suyos.

“Son palabras, palabras” creo oírle a la tierra
que, como siempre tiene la razón, coge y muele
su presa en un silencio que desvela a las víboras.

Palabras, sí. Pero algo suena en ellas
como en un verso mío un verso suyo
de vivo y cierto y creo y se abre el cielo
bajo la sombra que le da mi mano
No hay secreto ninguno en el azul
que no sea el azul de su secreto
y si otro mundo existe el sol lo abrazaría.
Enero corre incrédulo, apegado a sus días
hombre y buey a la vez, perro salvaje...

Y un absurdo solemne se prepara:
una misa solemne.
No me muevo de aquí, no bajo a la ciudad,
viene en su lugar otra que era apenas su sierva.
La tierra apoderada del cuerpo de Gabriela
bailará al paso lento del cortejo en las calles
y el Cristo mendicante que amó como mendiga
será sólo una cruz de una pieza, dorada
esplendorosa y fría como treinta monedas.
Niñas de blanco, en blanco, demasiado inocentes
bostezarán el sol hasta que entre en escena
seguido del ejército su primo, el gran soldado.

No me muevo de aquí donde está ella,
en su libro, en su voz que le leemos
toda una noche de cerrada vigilia.
Agua que se bebió vuelve a embriagarnos
de una sed, maravilla de las aguas.
Compañía nos hace el pan, su hermano
y la sal que aprendieron, poco a poco, sus sienes.

Envejecemos con sus criaturas
en el desierto que las guarda vivas
para un día feliz no venidero;
y muere, ante nosotros, la extranjera
en una soledad que nos ahoga.

Cabe en un redondel de luz la América
que un corazón contuvo en un gesto de amor.
La vida innominada no vive en nuestra vida
y cuando es justa como lo es su palabra
parece que las cosas sólo existen
para corroborarla desde lejos.
Al sol del Trópico lo alumbra Gabriela
la que levanta a signos toda una cordillera;
y el maíz tiene ojos que ella mira y la miran
innumerablemente como a madre giganta
como el verde amarillo de agradecimiento.
Mil años esperaron que naciera, sus hijos.

Y no ha nacido el día de los días para ella
cuerpo sólo es ahora que se encarna en la tierra,
ola que pierde espumas de su nombre
en la fosa común del mar del fondo.
Por mi parte yo nada le deseo,
busco su dicha allí donde encontró su dicha;
el canto, cuando es bello, cura el dolor que mienta
y le sobra belleza para el dolor más ancho.
Creo verla poner a su desgracia
el rostro grave y dulce que espejea en su verbo.
Escuchémosla hablar, roto el silencio
no atinaremos a llamarla ausente.
1.023

Episodio

No me resolví nunca a abandonar la casa en el momento oportuno.
Del otro lado del cerco se me hicieron las señales convenidas.
La trepidación de un viejo automóvil, el graznido de las
gaviotas
y se abstuvieron ya de razonar y de advertir
hundiéndose en el polvo victorioso, con la cabeza pesada.
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Identificación y contexto básico

Enrique Roberto Lihn Carrasco fue un destacado poeta, ensayista, crítico literario y profesor chileno. Nació el 1 de marzo de 1931 en Santiago de Chile y falleció en la misma ciudad el 1 de julio de 1988. Proveniente de una familia de clase media, su contexto cultural estuvo marcado por la efervescencia intelectual y las tensiones políticas de Chile durante la segunda mitad del siglo XX. Su nacionalidad era chilena y su lengua de escritura el español. Vivió un periodo histórico convulso, incluyendo la Guerra Fría, la Unidad Popular y la dictadura militar.

Infancia y formación

La infancia de Lihn estuvo marcada por la enfermedad (tuberculosis) y un entorno familiar que fomentó la lectura. Se formó en el Instituto Superior de Pedagogía de la Universidad de Chile, donde estudió castellano y filosofía. Fue autodidacta en muchos aspectos de su desarrollo intelectual y literario, absorbiendo influencias de la literatura universal, la filosofía existencialista y las vanguardias artísticas. La muerte de su padre fue un acontecimiento significativo en su juventud.

Trayectoria literaria

Lihn comenzó a escribir poesía en su adolescencia. Su trayectoria literaria se puede dividir en varias etapas, desde sus inicios más influenciados por el surrealismo y el existencialismo, hasta una poesía más madura, reflexiva y crítica. Fue una figura clave del llamado "Grupo Surrealista de Chile" y posteriormente de la "Generación del 50". Colaboró activamente en revistas literarias como "Orfeo", "Ercilla" y "Hispanoamérica", y participó en numerosas antologías. Ejerció también como crítico literario y profesor universitario, dejando una huella profunda en la formación de nuevas generaciones de escritores.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras más importantes incluyen "La pieza oscura" (1965), "Escrito en Chile" (1967), "Faroles en la oscuridad" (1970), "Palindromos" (1972), "Estación desolación" (1973), "Antes de la infame luz" (1977), "La cerveza de la victoria" (1981), "El paseo y otros poemas" (1982), "Primavera de cuchillos" (1983) y "Mapas de Bort" (1986). Sus temas dominantes son la condición humana, la muerte, el tiempo, la memoria, la identidad, la historia, la política, el amor y la propia poesía. Su estilo es complejo, a menudo irónico, escéptico y reflexivo. Utilizó tanto el verso libre como formas más tradicionales, experimentando con la estructura y el lenguaje para reflejar la fragmentación de la realidad. Su voz poética es indagatoria, crítica y profundamente personal, pero a la vez universal. El lenguaje de Lihn es denso, lleno de referencias culturales, juegos de palabras y una gran capacidad para la metáfora y la imagen. Innovó en la exploración de la interrelación entre la poesía y la historia, la política y la vida cotidiana. Su obra dialoga constantemente con la tradición literaria y la modernidad, cuestionando las certezas y las formas establecidas. Se le asocia con el surrealismo, el existencialismo y una poética de posguerra.

Contexto cultural e histórico

Lihn vivió y escribió en un Chile profundamente marcado por la polarización política, la Unidad Popular y la posterior dictadura militar de Pinochet. Esta coyuntura histórica influyó de manera decisiva en su obra, impregnándola de una crítica social y política lacerante. Perteneció a la "Generación del 50", un grupo de escritores que buscó renovar la literatura chilena. Su posición crítica y su compromiso con la realidad social se reflejaron en su escritura, a menudo en tensión con el poder establecido.

Vida personal

La vida personal de Lihn estuvo marcada por relaciones afectivas intensas, amistades literarias significativas y una profunda conciencia de la fragilidad humana, exacerbada por sus problemas de salud. Ejerció como profesor universitario, profesión que compartió con su vocación poética. Sus creencias filosóficas se inclinaban hacia el existencialismo y un profundo cuestionamiento de las verdades absolutas. Su postura política fue crítica y comprometida, manifestándose a través de su obra.

Reconocimiento y recepción

Enrique Lihn es considerado uno de los poetas más importantes de Chile y de América Latina. Recibió varios premios, entre ellos el Premio Pablo Neruda (1970). Su recepción crítica ha sido muy favorable, destacando la complejidad y profundidad de su obra. Aunque no siempre gozó de una popularidad masiva, su reconocimiento académico y literario es inmenso.

Influencias y legado

Fue influenciado por autores como Pablo Neruda, Nicanor Parra, César Vallejo, T.S. Eliot y los surrealistas. Su legado es inmenso; influyó notablemente en generaciones posteriores de poetas chilenos y latinoamericanos por su rigor formal, su audacia temática y su honestidad intelectual. Su obra ha ingresado en el canon literario y sus poemas son objeto de estudio constante. Ha sido traducido a varios idiomas.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Lihn permite múltiples interpretaciones, abordando temas filosóficos y existenciales como la finitud, el absurdo de la existencia, la memoria colectiva y la búsqueda de sentido en un mundo caótico. Ha sido objeto de debates críticos sobre su relación con la política y su estilo hermético.

Infancia y formación

Lihn era conocido por su agudo sentido del humor, su ironía y su inteligencia deslumbrante. A pesar de su rigor intelectual, mantenía una relación compleja con la vida cotidiana. Su poesía a menudo desafiaba las convenciones, mostrando contradicciones entre su lucidez y la fragilidad de su existencia. Sus hábitos de escritura eran metódicos, aunque su proceso creativo era intenso y a menudo tormentoso.

Muerte y memoria

Enrique Lihn falleció a causa de un cáncer a los 57 años. Su muerte dejó un vacío en la literatura chilena y latinoamericana. Su memoria se mantiene viva a través de la reedición constante de sus obras, los estudios académicos y el recuerdo de su profunda e influyente voz poética.