Lista de Poemas

El Equipaje Abierto

De todo comienza a hacer bastante tiempo.

Y en una habitación cerrada
hay un niño que aún juega con cristales y agujas
bajo la mortandad hipnótica de la tarde.

Comienza a hacer de todo muchos años.

Y la noche, sobrecogida de sí misma,
abre ya su navaja de alta estrella
ante la densa rosa carnal de la memoria.

Comienza a ser el tiempo un lugar arrasado
del que vamos cerrando las fronteras
para cumplir las leyes
de esa cosa inexacta que llamamos olvido.

Y llega la propia vida hasta su orilla
como lleva el azar la maleta de un náufrago
a la playa en que alguien la abre con extrañeza
—y esa ridiculez de disfraz desamparado
que adquieren los vestidos de la gente al morir.

Lejano y codiciable,
el tiempo es territorio del que sólo
regresa, sin sentido y demente,
el viento sepulcral de la memoria,
devuelto como un eco.

Como devuelve el mar su podredumbre.

Todas nuestras maletas
reflejan la ordenación desvanecida

de un viaje
que siempre ha sucedido en el pasado.

Y las abrimos
con la perplejidad de quien se encuentra
una maleta absurda
en esa soledad de centinela
que parecen tener las playas en invierno.
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Casa De Veracruz

Entré en la casa blanca con mi incierta
llave de cristal frío,
la memoria.

Se mecía
el toldo sobre el patio
como un jirón de niebla. Se mecía
el caballo —qué roto— de cartón
en el cuarto de juego.

Y nada era
nítido allí ni vago, pues los ojos
miran con lente propia los dominios
del cadáver del tiempo,
y nada para el ojo es tan real como la nada,
esa nada que vuela
como un ave enjaulada por la casa vacía,
llena de eternidad agonizante.

La vida que allí estuvo no parece
sino una densidad de desamparo
ante la mano helada del tiempo, engalanada
con anillos que arrojan
el veneno veloz de la melancolía
en la copa que estamos apurando.
Esa mano que pasa
por los juguetes rotos y los muebles,
por el globo terráqueo de marfil
y por los trajes de los muertos,
hieráticos y huecos como estatuas de nadie.

Extraño en ese mundo clausurado,
oí el tiempo moverse.
Su paso de reptil en los espejos.
Y fui abriendo las puertas,
palpando oscuridades ostentosas
exhibidas allí como un resplandor negro,
y supe que era el huésped
de una rancia tiniebla
oculta en mi memoria como un borrón de espanto.

Y andaban por la casa mis vampiros,
rugían por la casa mis monstruos siderales,
velaban como arañas de ceniza
las brujas de los cuentos,

los licántropos
mostraban sus colmillos como puntas de estrella.

Y andaban por allí, vacías sus miradas, los difuntos
con rostros congelados en el hielo
de las fotografías.

Y supe que era el dueño de la niebla.
Y tomé posesión de mi memoria.

Cerré la casa blanca con mi llave
—tan fría— de cristal, y ahora no tengo
un lugar en que pueda morir
rodeado de aquellos que me tienden sus manos
desde la orilla turbia que empiezo a divisar.
560

La Condena

El que posee el oro añora el barro.
El dueño de la luz forja tinieblas.
El que adora a su dios teme a su dios.
El que no tiene dios tiembla en la noche.

Quien encontró el amor no lo buscaba.
Quien lo busca se encuentra con su sombra.
Quien trazó laberintos pide una rosa blanca.
El dueño de la rosa sueña con laberintos.

Aquel que halló el lugar piensa en marcharse.
El que no lo halló nunca
es un desdichado.
Aquel que cifró el mundo con palabras
desprecia las palabras.
Quien busca las palabras lo cifren
halla sólo palabras.

Nunca la posesión está cumplida.
Errático el deseo, el pensamiento.
Todo lo que se tiene es una niebla
y las vidas ajenas son la vida.

Nuestros tesoros son tesoros falsos.
Y somos los ladrones de tesoros.
504

La Edad De Oro

Lo que el tiempo se lleve
que sea tanto
como aquello que el tiempo nos dio,
regalo inmerecido,
dejando la memoria en la inocencia
de la vida cumplida, porque nada
hiere más y más hondo que el recuerdo:
mientras dure una noche en la memoria,
esa noche es la Noche
y esa intensa memoria la Memoria.

Llévese el tiempo todo
lo que quiera llevarse,
porque todo fue suyo desde siempre.

Que desvanezca el tiempo
el oro delincuente del amor
y la imagen hermética de aquello
que llamabas pasado

—y era apenas
ayer: la fugitiva
edad de no tener
edad para el pasado.

Edad de Baudelaire y de muchachas
que adquirían nociones de la vida
en las últimas filas de los cines
y en esos viejos cines de posguerra
convertidos
en locales de baile que cerraban
cuando el cielo quería amanecer.
Amaneceres de domingo,
volviendo a casa con
un vaso aún en la mano
y con tabaco extraño en el bolsillo,
a esa hora en que abrían los cafés
y las damas de caridad montaban mesas
con carteles de niños moribundos.

Y era la muerta luz que amanecía
la metáfora helada y la exacta ilusión de estar quemando
las naves de la eterna juventud.

Pero en su coche fúnebre
el tiempo iba admitiendo pasajeros.

Y las naves quemadas son ceniza,
y muy poco de eterna
tuvo la juventud.

Así que arrastre todo, que se lleve
en su vértigo el tiempo la memoria,

dejando
un vacío perfecto en el pasado.

Porque todo recuerdo
se acaba corrompiendo en el presente.
Y este presente ya
de poco va a servirnos.

De poco va a servirnos
el saber que hubo un tiempo en que la vida
valía su peso en oro.

Porque la vida pone
su casa en el pasado.

Y esta casa sombría no parece la nuestra.
669

Infancia

El viento golpea la puerta
del cuarto siempre cerrado.

El viento llama a la puerta.

El viento quiere abrir
la puerta en que detiene su camino
ese caballo blanco con ojos de cristal.

El viento araña
la puerta con su garra de dragón errabundo.

Los sioux y comanches
van tensando sus arcos.

La paloma mecánica
mueve sus alas frías.

Pero el viento
derriba al fin la puerta.


Y deja ver
la habitación de sombra y amargura.
542

Valor Del Pasado

Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.

Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.


Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.
590

El Dibujo En El Agua

Bien sabes que estos años pasarán,
que todo acabará en literatura:
la imagen de las noches, la leyenda
de la triunfante juventud y las ciudades
vividas como cuerpos.


Que estos años
pasarán ya lo sabes, pues son tuyos
como una posesión de nieve y niebla,
como es del mar la bruma o es del aire
el color de la tarde fugitivo:
pertenencias de nadie y de la nada
surgidas, que hacia la nada van:
ni el mismo mar, ni el aire, ni esa bruma,
ni un crepúsculo igual verán tus ojos.

Un dibujo en el agua es la memoria,
y en sus ondas se expresa el cadáver del tiempo.

Tú harás ese dibujo.


Y de repente
tendrás la sombra muerta
del tiempo junto a ti.
551

El Soneto Nocturno

La luna era ese párpado cerrado
que flotaba en el circo de la nada
—y el niño retenía la mirada
su hipnótico vagar de astro cegado.

La noche es un jardín narcotizado
con esencias de alquimia y sombra helada
—y tu infancia una estrella disecada
en el taller de niebla del pasado.

La luna vive ahora en los relojes
que lanzan sus saetas venenosas
sobre la esfera blanca de este sueño.

De este sueño sin fin del que recoges
la ceniza dorada de esas cosas
de las cuales un día fuiste dueño.
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Identificación y contexto básico

Felipe Benítez Reyes es un poeta y ensayista español. Nacido en Chipiona, Cádiz, España, su obra se enmarca en la literatura contemporánea. Su producción literaria se caracteriza por una profunda exploración de la identidad, la memoria y la temporalidad, con un lenguaje lírico y reflexivo.

Infancia y formación

Su formación se ha desarrollado en un ambiente que valora la cultura y la literatura, nutriéndose tanto de la tradición literaria española como de las corrientes contemporáneas. Es conocido por su erudición y su profunda lectura de los clásicos y de la poesía moderna.

Trayectoria literaria

Benítez Reyes inició su carrera literaria con una notable vocación poética, publicando poemarios que pronto le ganaron reconocimiento. A lo largo de su trayectoria, ha expandido su obra al ensayo, demostrando una versatilidad que le ha permitido abordar temas literarios y filosóficos con agudeza. Ha sido incluido en antologías importantes de poesía española contemporánea.

Obra, estilo y características literarias

Su obra poética principal incluye títulos como "El tiempo y la memoria" y "La sed de Belkis", entre otros. En ellos, explora temas recurrentes como la fugacidad del tiempo, la nostalgia, la búsqueda de la identidad y la presencia constante de la muerte. Su estilo se caracteriza por un lenguaje depurado, de gran musicalidad y densidad metafórica. Utiliza tanto el verso libre como formas más tradicionales, adaptando la estructura a la emoción y al pensamiento que desea expresar. Su tono es a menudo elegíaco, reflexivo y cargado de una honda humanidad. Benítez Reyes dialoga constantemente con la tradición literaria, reinterpretándola desde una perspectiva moderna y personal.

Contexto cultural e histórico

Ha desarrollado su obra en el contexto de la España democrática posterior a la dictadura franquista, un periodo de efervescencia cultural y literaria. Ha interactuado con otros poetas y críticos de su generación, participando en debates sobre el estado de la poesía y la literatura en España.

Vida personal

Si bien los detalles íntimos de su vida personal no son el foco principal de su reconocimiento público, se sabe que su entorno y sus experiencias vitales han sido fuente de inspiración para su obra, especialmente en lo referente a la memoria y la reflexión sobre el paso del tiempo.

Reconocimiento y recepción

Felipe Benítez Reyes ha obtenido importantes premios literarios en España, que avalan la calidad y el impacto de su obra. Su poesía es objeto de estudio académico y es considerada una de las voces más representativas de la lírica española contemporánea.

Influencias y legado

Su obra se nutre de la tradición lírica española, desde Garcilaso de la Vega hasta poetas del siglo XX como Cernuda o Aleixandre. Su legado reside en su capacidad para renovar la expresión poética, abordando temas existenciales con una profundidad y una maestría estilística que lo convierten en un referente para las nuevas generaciones de poetas.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Benítez Reyes es objeto de análisis por su tratamiento de la memoria, el paso del tiempo y la búsqueda de sentido en la existencia humana. Los críticos destacan su habilidad para crear atmósferas líricas y su profundidad filosófica.

Infancia y formación

Aspectos menos conocidos de su obra podrían incluir su faceta como crítico literario o sus colaboraciones en publicaciones especializadas, que revelan su profundo conocimiento del panorama literario.

Muerte y memoria

La información sobre su muerte y memoria no está detallada en las fuentes consultadas, dado que es un autor contemporáneo y activo.