Contra Los Hipócritas Y Fingida Virtud De Monjas Y Beatas, En Alegoría Del Cohete
No digas, cuando vieres alto el vuelo
del cohete, en la pólvora animado,
que va derecho al cielo encaminado,
pues no siempre quien sube llega al cielo.
Festivo rayo que nació del suelo,
en popular aplauso confiado,
disimula el azufre aprisionado;
traza es la cuerda, y es rebozo el velo.
Si le vieres en alto radïante,
que con el firmamento y sus centellas
equivoca su sitio y su semblante,
¡oh, no le cuentes tú por una dellas!
Mira que hay fuego artificial farsante,
que es humo y representa las estrellas.
Advierte Contra El Adulador Que Lo Dulce Que Dice No Es Por Deleitar Al Que Lo Escucha, Sino Por Int
Con acorde concento, o con rüidos
músicos, ensordeces al gusano,
para que los enojos del verano
no atienda, ni del cielo los bramidos.
No es piedad confundirle los sentidos;
codicia sí, guardándole, tirano,
para que su mortaja con su mano
hile y, en su mortaja, tus vestidos.
Nació paloma, y, en tu seno, el vuelo
perdió; gusano, arrastra despreciado,
y osas llamar tu vil cautela celo.
Tal fin tendrá cualquiera desdichado
a quien estorba oír la voz del cielo,
con músico alboroto, su pecado.
Las Causas De La Ruina Del Imperio Romano
En el precio, el favor; y la ventura,
venal; el oro, pálido tirano;
el erario, sacrílego y profano;
con togas, la codicia y la locura;
en delitos, patíbulo la altura;
más suficiente el más soberbio y vano;
en opresión, el sufrimiento humano;
en desprecio, la sciencia y la cordura,
promesas son, ¡oh Roma!, dolorosas
del precipicio y ruina que previenes
a tu imperio y sus fuerzas poderosas.
El laurel que te abraza las dos sienes
llama al rayo que evita, y peligrosas
y coronadas por igual las tienes.
Enseña No Ser Segura Política Reprehender Acciones, Aunque Malas Sean, Pues Ellas Tien
Raer tiernas orejas con verdades
mordaces, ¡oh Licino!, no es seguro:
si desengañas, vivirás obscuro,
y escándalo serás de las ciudades.
No las hagas, ni enojes, las maldades,
ni mormures la dicha del perjuro:
que si gobierna y duerme Palinuro
su error castigarán las tempestades.
El que, piadoso, desengaña amigos
tiene mayor peligro en su consejo
que en su venganza el que agravió enemigos.
Por esto a la maldad y al malo dejo.
Vivamos, sin ser cómplices, testigos;
advierta al mundo nuevo el mundo viejo.
Retiro De Quien Experimenta Contraria La Suerte, Ya Profesando Virtudes, Y Ya Vicios
Quiero dar un vecino a la Sibila
y retirar mi desengaño a Cumas,
donde, en traje de nieve con espumas,
líquido fuego oculto mar destila.
El son de la tijera que se afila
oyen alegres mis desdichas sumas;
corta a su vuelo la ambición las plumas,
pues ya la Parca corta lo que hila,
Fui malo por medrar: fui castigado
de los buenos; fui bueno: fui oprimido
de los malos, y preso, y desterrado.
Contra mí solo atento el mundo ha sido,
y pues sólo fue inútil mi pecado,
cual si fuera virtud, padezca olvido.
Al Ambicioso Valimiento Que Siempre Anhela A Subir Más
Descansa, mal perdido en alta cumbre,
donde a tantas alturas te prefieres;
si no es que acocear las nubes quieres,
y en la región del fuego beber lumbre.
Ya te padece, grave pesadumbre,
tu ambición propria; peso y carga eres
de la Fortuna, en que viviendo mueres:
¡y esperas que podrá mudar costumbre!
El vuelo de las águilas(1) que
miras
debajo de las alas con que vuelas,
en tu caída cebaran sus iras.
Harto crédito has dado a las cautelas.
¿Cómo puedes lograr a lo que aspiras,
si, al tiempo de expirar, soberbio anhelas?
A La Violenta Y Injusta Prosperidad
Ya llena de sí solo la litera
Matón, que apenas anteyer hacía
(flaco y magro malsín) sombra, y cabía,
sobrando sitio, en una ratonera.
Hoy, mal introducida con la esfera
su casa, al sol los pasos le desvía,
y es tropezón de estrellas; y algún día,
si fuera más capaz, pocilga fuera.
Cuando a todos pidió, le conocimos;
no nos conoce cuando a todos toma;
y hoy dejamos de ser lo que ayer dimos.
Sóbrale tanto cuanto falta a Roma;
y no nos puede ver, porque le vimos:
lo que fue esconde; lo que usurpa asoma.
Que Desengaños Son La Verdadera Riqueza
¿Cuándo seré infeliz sin mi gemido?
¿Cuándo sin el ajeno fortunado?
El desprecio me sigue desdeñado;
la invidia, en dignidad constituido.
U del bien u del mal vivo ofendido;
y es ya tan insolente mi pecado,
que, por no confesarme castigado,
acusa a Dios con llanto inadvertido.
Temo la muerte, que mi miedo afea;
amo la vida, con saber es muerte:
tan ciega noche el seso me rodea.
Si el hombre es flaco y la ambición es fuerte,
caudal que en desengaños no se emplea,
cuanto se aumenta, Caridón, se vierte.
Por Más Poderoso Que Sea El Que Agravia, Deja Armas Para La Venganza
Tú, ya, ¡oh ministro!, afirma tu cuidado
en no injuriar al mísero y al fuerte;
cuando les quites oro y plata, advierte
que les dejas el hierro acicalado.
Dejas espada y lanza al desdichado,
y poder y razón para vencerte;
no sabe pueblo ayuno temer muerte;
armas quedan al pueblo despojado.
Quien ve su perdición cierta, aborrece,
más que su perdición, la causa della;
y ésta, no aquélla, es más quien le enfurece.
Arma su desnudez y su querella
con desesperación, cuando le ofrece
venganza del rigor quien le atropella.
Un Delito Igual Se Reputa Desigual Si Son Diferentes Los Sujetos Que Le Cometen, Y Aun Los Delitos,
Si de un delito proprio es precio en Lido
la horca, y en Menandro la diadema,
¿quién pretendes, ¡oh Júpiter!, que tema
el rayo a las maldades prometido?
Cuando fueras un robre endurecido,
y no del cielo majestad suprema,
gritaras, tronco, a la injusticia extrema,
y, dios de mármol, dieras un gemido.
Sacrilegios pequeños se castigan;
los grandes en los triunfos se coronan,
y tienen por blasón que se los digan.
Lido robó una choza, y le aprisionan;
Menandro un reino, y su maldad obligan
con nuevas dignidades que le abonan.