Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

1584–1645 · vivió 60 años ES ES

Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) fue uno de los más grandes poetas y prosistas de la literatura española del Siglo de Oro. Conocido por su estilo satírico, ingenioso y a menudo sombrío, Quevedo dominó una vasta gama de géneros literarios, desde la poesía lírica y filosófica hasta la prosa satírica y política. Su obra refleja una visión cínica y realista de la sociedad de su tiempo, marcada por la crítica social y la exploración de los temas de la muerte, el tiempo y la condición humana. Quevedo es celebrado por su maestría con la lengua española, su uso de neologismos y su capacidad de crear imágenes vívidas e impactantes.

n. 1584-09-14, Madrid · m. 1645-09-08, Villanueva de los Infantes

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Al Mosquito De La Trompetilla

Ministril de las ronchas y picadas,
Mosquito postillón, Mosca barbero,
Hecho me tienes el testuz harnero
Y deshecha la cara a manotadas.

Trompetilla que toca a bofetadas,
Que vienes con rejón contra mi cuero,
Cupido pulga, Chinche trompetero
Que vuelas comezones amoladas,

¿Por qué me avisas si picarme quieres?
Que pues que das dolor a los que cantas,
De Casta y condición de potras eres.

Tú vuelas y tú picas y tú espantas
Y aprendes del cuidado y las mujeres
A malquistar el sueño con las mantas.
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Biografía
Francisco de Quevedo nació en Madrid, España, el 14 de septiembre de 1580. Formado en teología y conocido por su inteligencia y erudición, Quevedo tuvo una vida turbulenta, marcada por su implicación en intrigas políticas y exilios. Fue un crítico feroz de la corrupción y la decadencia de la España de su tiempo. Su producción poética abarca desde poemas de amor y desilusión hasta reflexiones metafísicas y religiosas. En prosa, destacan "El Gran Tacaño" y "Los Sueños", donde utiliza la sátira y la alegoría para exponer los vicios y las hipocresías de la sociedad. Quevedo falleció en Villanueva de los Infantes el 8 de septiembre de 1645, dejando un legado inestimable para la literatura en lengua española.

Poemas

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Contra Los Hipócritas Y Fingida Virtud De Monjas Y Beatas, En Alegoría Del Cohete

No digas, cuando vieres alto el vuelo
del cohete, en la pólvora animado,
que va derecho al cielo encaminado,
pues no siempre quien sube llega al cielo.

Festivo rayo que nació del suelo,
en popular aplauso confiado,
disimula el azufre aprisionado;
traza es la cuerda, y es rebozo el velo.

Si le vieres en alto radïante,
que con el firmamento y sus centellas
equivoca su sitio y su semblante,

¡oh, no le cuentes tú por una dellas!
Mira que hay fuego artificial farsante,
que es humo y representa las estrellas.
528

Advierte Contra El Adulador Que Lo Dulce Que Dice No Es Por Deleitar Al Que Lo Escucha, Sino Por Int

Con acorde concento, o con rüidos
músicos, ensordeces al gusano,
para que los enojos del verano
no atienda, ni del cielo los bramidos.

No es piedad confundirle los sentidos;
codicia sí, guardándole, tirano,
para que su mortaja con su mano
hile y, en su mortaja, tus vestidos.

Nació paloma, y, en tu seno, el vuelo
perdió; gusano, arrastra despreciado,
y osas llamar tu vil cautela celo.

Tal fin tendrá cualquiera desdichado
a quien estorba oír la voz del cielo,
con músico alboroto, su pecado.
414

Las Causas De La Ruina Del Imperio Romano

En el precio, el favor; y la ventura,
venal; el oro, pálido tirano;
el erario, sacrílego y profano;
con togas, la codicia y la locura;

en delitos, patíbulo la altura;
más suficiente el más soberbio y vano;
en opresión, el sufrimiento humano;
en desprecio, la sciencia y la cordura,

promesas son, ¡oh Roma!, dolorosas
del precipicio y ruina que previenes
a tu imperio y sus fuerzas poderosas.

El laurel que te abraza las dos sienes
llama al rayo que evita, y peligrosas
y coronadas por igual las tienes.
492

Enseña No Ser Segura Política Reprehender Acciones, Aunque Malas Sean, Pues Ellas Tien

Raer tiernas orejas con verdades
mordaces, ¡oh Licino!, no es seguro:
si desengañas, vivirás obscuro,
y escándalo serás de las ciudades.

No las hagas, ni enojes, las maldades,
ni mormures la dicha del perjuro:
que si gobierna y duerme Palinuro
su error castigarán las tempestades.

El que, piadoso, desengaña amigos
tiene mayor peligro en su consejo
que en su venganza el que agravió enemigos.

Por esto a la maldad y al malo dejo.
Vivamos, sin ser cómplices, testigos;
advierta al mundo nuevo el mundo viejo.
390

Retiro De Quien Experimenta Contraria La Suerte, Ya Profesando Virtudes, Y Ya Vicios

Quiero dar un vecino a la Sibila
y retirar mi desengaño a Cumas,
donde, en traje de nieve con espumas,
líquido fuego oculto mar destila.

El son de la tijera que se afila
oyen alegres mis desdichas sumas;
corta a su vuelo la ambición las plumas,
pues ya la Parca corta lo que hila,

Fui malo por medrar: fui castigado
de los buenos; fui bueno: fui oprimido
de los malos, y preso, y desterrado.

Contra mí solo atento el mundo ha sido,
y pues sólo fue inútil mi pecado,
cual si fuera virtud, padezca olvido.
386

Al Ambicioso Valimiento Que Siempre Anhela A Subir Más

Descansa, mal perdido en alta cumbre,
donde a tantas alturas te prefieres;
si no es que acocear las nubes quieres,
y en la región del fuego beber lumbre.

Ya te padece, grave pesadumbre,
tu ambición propria; peso y carga eres
de la Fortuna, en que viviendo mueres:
¡y esperas que podrá mudar costumbre!

El vuelo de las águilas(1) que
miras
debajo de las alas con que vuelas,
en tu caída cebaran sus iras.

Harto crédito has dado a las cautelas.
¿Cómo puedes lograr a lo que aspiras,
si, al tiempo de expirar, soberbio anhelas?
472

A La Violenta Y Injusta Prosperidad

Ya llena de sí solo la litera
Matón, que apenas anteyer hacía
(flaco y magro malsín) sombra, y cabía,
sobrando sitio, en una ratonera.

Hoy, mal introducida con la esfera
su casa, al sol los pasos le desvía,
y es tropezón de estrellas; y algún día,
si fuera más capaz, pocilga fuera.

Cuando a todos pidió, le conocimos;
no nos conoce cuando a todos toma;
y hoy dejamos de ser lo que ayer dimos.

Sóbrale tanto cuanto falta a Roma;
y no nos puede ver, porque le vimos:
lo que fue esconde; lo que usurpa asoma.
469

Que Desengaños Son La Verdadera Riqueza

¿Cuándo seré infeliz sin mi gemido?
¿Cuándo sin el ajeno fortunado?
El desprecio me sigue desdeñado;
la invidia, en dignidad constituido.

U del bien u del mal vivo ofendido;
y es ya tan insolente mi pecado,
que, por no confesarme castigado,
acusa a Dios con llanto inadvertido.

Temo la muerte, que mi miedo afea;
amo la vida, con saber es muerte:
tan ciega noche el seso me rodea.

Si el hombre es flaco y la ambición es fuerte,
caudal que en desengaños no se emplea,
cuanto se aumenta, Caridón, se vierte.
480

Por Más Poderoso Que Sea El Que Agravia, Deja Armas Para La Venganza

Tú, ya, ¡oh ministro!, afirma tu cuidado
en no injuriar al mísero y al fuerte;
cuando les quites oro y plata, advierte
que les dejas el hierro acicalado.

Dejas espada y lanza al desdichado,
y poder y razón para vencerte;
no sabe pueblo ayuno temer muerte;
armas quedan al pueblo despojado.

Quien ve su perdición cierta, aborrece,
más que su perdición, la causa della;
y ésta, no aquélla, es más quien le enfurece.

Arma su desnudez y su querella
con desesperación, cuando le ofrece
venganza del rigor quien le atropella.
682

Un Delito Igual Se Reputa Desigual Si Son Diferentes Los Sujetos Que Le Cometen, Y Aun Los Delitos,

Si de un delito proprio es precio en Lido
la horca, y en Menandro la diadema,
¿quién pretendes, ¡oh Júpiter!, que tema
el rayo a las maldades prometido?

Cuando fueras un robre endurecido,
y no del cielo majestad suprema,
gritaras, tronco, a la injusticia extrema,
y, dios de mármol, dieras un gemido.

Sacrilegios pequeños se castigan;
los grandes en los triunfos se coronan,
y tienen por blasón que se los digan.

Lido robó una choza, y le aprisionan;
Menandro un reino, y su maldad obligan
con nuevas dignidades que le abonan.
532

Citas

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