Lista de Poemas

No esperemos a ser buenos y cordiales. Apresurémonos ya desde ahora a alegrar el corazón de nuestros compañeros durante la corta travesía de la vida
1
Tu cuerpo es templo de la Naturaleza y del espíritu divino. Consérvalo sano. Respétalo, estúdialo, concédele sus derechos
2
Cuando mi amigo está infeliz, voy a su encuentro. Cuando está feliz, espero que me encuentre
2
Mil cosas avanzan. Novecientas noventa y nueve retroceden. Esto es el progreso
2
Las mujeres desean ser amadas no porque sean bonitas, o buenas o bien educadas o graciosas o inteligentes, sino por ser ellas mismas
3
Los grandes hombres son los verdaderos hombres. Los hombres en los cuales la Naturaleza ha llegado a su pleno logro
2
Lo bello es superior a lo sublime, porque es permanente y no sacia. Mientras que lo sublime es relativo, pasajero y violento
2
¿Qué es un espíritu cultivado? Es el que puede mirar las cosas desde muchos puntos de vista
1
No niego los derechos de la democracia. Pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo
2
La vida es un aprendizaje de renunciamiento progresivo, de continua limitación de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestra fuerza, de nuestra libertad
2

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Henri-Frédéric Amiel (1821-1881) fue un intelectual suizo cuya obra principal, el "Diario Íntimo", publicada póstumamente, reveló un profundo explorador de la condición humana. Nacido en Ginebra, en una familia de hugonotes, Amiel demostró desde temprano una inteligencia aguda y una naturaleza introspectiva. Tras completar sus estudios en filosofía y derecho en Suiza y Alemania, regresó a Ginebra, donde se convirtió en profesor de estética y literatura francesa en la Universidad. Su "Diario Íntimo" es una obra monumental, con más de 18.000 páginas, escrita a lo largo de más de cuarenta años. A través de él, Amiel exploró sus dudas existenciales, sus aspiraciones artísticas y filosóficas, y su dificultad para conciliar la vida interior con el mundo exterior. La obra, aunque fragmentaria y nunca destinada a la publicación por el autor, ganó fama internacional y es admirada por su honestidad brutal y por su análisis penetrante del alma humana. Amiel luchó con la inacción y la búsqueda incesante de la perfección, lo que le impidió producir obras publicadas significativas durante su vida. Su legado reside, por lo tanto, en su capacidad para articular las complejidades de la conciencia y la experiencia humana, convirtiéndolo en una figura singular en la literatura y la filosofía del siglo XIX.