Lista de Poemas

(a La Mudanza De La Fortuna) - La Tempestad Y La Calma

Yo vi del rojo sol la luz serena
turbarse, y que en un punto desaparece
su alegre faz, y en torno se oscurece
el cielo, con tiniebla de horror llena.

El Austro proceloso airado suena,
crece su furia, y la tormenta crece,
y en los hombros de Atlante se estremece
el alto Olimpo, y con espanto truena;

Mas luego vi romperse el negro velo
deshecho en agua, y a su luz primera
restituirse alegre el claro día,

Y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?
364

A Julio César Mirando La Cabeza De Pompeyo

Prepara ufano a César victorioso
el tirano de Menfis inclemente
la temida cabeza que al Oriente
tuvo al son de sus armas temeroso.

No pudo dar el corazón piadoso
enjutos ojos ni serena frente
al don funesto; mas gimió impaciente
de tal crueldad, y repitió lloroso;

«Tú, gran Pompeyo, en la fatal caída
serás ejemplo de la humana gloria
y cierto aviso de su fin incierto.

»¡Cuánto se debe a tu virtud crecida!
¡Cuán costosa en tu muerte es mi victoria!
Vivo te aborrecí, y te lloro muerto».
369

A Curcio

La horrible sima con espanto mira
en su gran plaza Roma, y el dudoso
portento, grave al pueblo victorïoso,
no enseñado a temer, suspenso admira.

En tanta confusión turbado aspira
a buscar el remedio, y presuroso
consulta si de Jove poderoso
se pudiese aplacar la justa ira.

Asegura el oráculo invocado
al pueblo de temor si a la gran cueva
lo más ilustre ofrece de su gloria.

Curcio, de acero y de valor armado,
se arroja dentro, y deja con tal prueba
libre su patria, eterna su memoria.
479

A Julio César

Del gran Pompeyo el enemigo fuerte
llega en oscura noche al pobre techo,
do Amiclas con seguro y libre pecho
ni teme daño ni recela muerte.

Ya que llamar segunda vez advierte,
rogado deja el mal compuesto lecho,
y en frágil barca el peligroso estrecho
rompe, presagio de siniestra suerte.

Brama furioso el mar sintiendo el peso
que sostiene, y al tímido piloto
César anima, y dice: «Rema amigo,

»Rema; no temas infeliz suceso
por más que te contrasten Euro y Noto;
la fortuna de César va contigo».
544

A Dido Oyendo A Eneas

De la fenisa reina importunado
el teucro huésped le contaba el duro
estrago que asoló el troyano muro
y echó por tierra el Ilión sagrado.

Contaba la traición y no esperado
engaño de Sinón falso y perjuro,
el demarrado fuego, el humo oscuro,
y Anquises en sus hombros reservado.

Contó la tempestad qu'embravecida
causó a sus naves lamentable daño,
y de Juno el rigor no satisfecho.

Y mientras Dido escucha enternecida
las griegas armas y el incendio extraño,
otro nuevo y mayor le abrasa el pecho.
621

A Rómulo, Que Mató A Su Hermano Remo

Las armas tomó aprisa el esforzado
Quirino de su hermano mal seguro,
y en la nueva ciudad el primer muro
con la sangre fraterna fue manchado.

Primero dividido que fundado,
sintió el pueblo de Marte el hierro duro,
presagio cierto del rigor futuro
que amenazaba el disponer del hado.

No consintió a sus ojos ver presente
algún igual el ánimo ambicioso,
ni sufrió compañero la corona.

Al natural amor venció impaciente
el amor de reinar más poderoso,
que aun a su misma sangre no perdona.
411

(a Ganímedes)

No temas, o bellísimo troyano,
viendo que arrebatado en nuevo vuelo
con corvas uñas te levanta al cielo
la feroz ave por el aire vano.

¿Nunca has oído el nombre soberano
del alto Olimpo, la piedad y el celo
de Júpiter, que da la pluvia al suelo
y arma con rayos la tonante mano;

A cuyas sacras aras humillado
gruesos toros ofrece el Teucro en Ida,
implorando remedio a sus querellas?

El mismo soy. No al'águila eres dado
en despojo; mi amor te trae. Olvida
tu amada Troya y sube a las estrellas.
445

Psique A Cupido

A tu divina frente ¡oh poderoso
Niño! una venda con trabajo y arte
tejí de oro y colores, donde parte
retraté de tu triunfo glorioso.

En ella se ve atado al victorioso
carro el gran Febo, que la luz reparte,
preso Mercurio, encadenado Marte,
y Vulcano con muestras de celoso.

No se pudo librar con las reales
insignias Jove; mal pudiera Psique
resistir, si a éstos rinde tu fiereza.

Agravan mi prisión mayores males,
pues es fuerza que a un niño sacrifique
mi firme amor, y a un ciego mi belleza.
459

A Narciso

Crece el insano ardor, crece el engaño
del que en las aguas vio su imagen bella;
y él, sola causa en su mortal querella,
busca el remedio y acrecienta el daño.

Vuelve a verse en la fuente ¡caso extraño!:
del'agua sale el fuego; mas en ella
templarlo piensa, y la enemiga estrella
sus ojos cierra al fácil desengaño.

Fallecieron las fuerzas y el sentido
al ciego amante amado, que a su suerte
la costosa beldad cayó rendida.

Y ahora, en flor purpúrea convertido,
l'agua, que fue principio de su muerte,
hace que crezca, y prueba a darle vida.
473

A Ulises

El griego vencedor que tantos años
vio contra sí constante la fortuna;
el que pudo, sagaz, de la importuna
Circe vencer los mágicos engaños;

El que en nuevas regiones y en extraños
mares temer no supo vez alguna;
el que bajando a la infernal laguna
libre volvió de los eternos daños,

Los ojos cubre y cierra los oídos
de las Sirenas a la vista y canto
y se manda ligar a un mástil duro.

Y negando al objeto los sentidos,
la engañosa belleza y fuerte encanto
huyendo vence, y corta el mar seguro.
441

Comentarios (0)

ShareOn Facebook WhatsApp X
Iniciar sesión para publicar un comentario.

NoComments

Identificación y contexto básico

Juan de Arguijo fue un poeta español cuyo nombre completo se asocia con la lírica del Siglo de Oro español. No se le conocen seudónimos o heterónimos significativos. Nació y murió en Sevilla, aunque las fechas exactas de su nacimiento y fallecimiento no son ampliamente documentadas en fuentes primarias, situándose su actividad literaria en la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII. Pertenecía a una familia hidalga de Sevilla, lo que le proporcionó una buena posición social y acceso a la educación, aunque no se le considera parte de la alta nobleza. Su nacionalidad era española, y su lengua de escritura el castellano. Vivió en un periodo de transición entre el Renacimiento tardío y el incipiente Barroco, una época de esplendor cultural pero también de tensiones políticas y religiosas en España.

Infancia y formación

Los detalles sobre su infancia y formación son escasos, pero se presume que, dada su procedencia familiar, recibió una educación humanística propia de su clase social, probablemente en Sevilla, centro neurálgico de la cultura andaluza. Es probable que tuviera acceso a una formación universitaria o, al menos, a una educación privada de calidad que le permitiera dominar las letras clásicas y la retórica. Las influencias iniciales de su lectura se centrarían en los poetas italianos del Renacimiento, como Petrarca, y en los autores españoles que introdujeron el humanismo y las nuevas formas poéticas, como Garcilaso de la Vega. Es posible que asimilara los ideales estéticos del Renacimiento, que valoraban la armonía, la medida y la perfección formal, y que empezara a perfilar su estilo lírico en este marco.

Trayectoria literaria

El inicio de la escritura de Juan de Arguijo se sitúa en el contexto de la efervescencia poética del Siglo de Oro. Su trayectoria literaria parece haberse desarrollado de manera discreta, sin grandes alardes o manifiestos. Su obra conocida se concentra principalmente en el soneto, demostrando una notable maestría en el manejo de esta forma poética. No se tienen noticias de colaboraciones extensas en revistas o periódicos de la época, siendo su producción más bien limitada y recogida, a menudo, en antologías o manuscritos. No se le conoce actividad destacada como crítico, traductor o editor, enfocándose principalmente en su propia creación lírica.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Juan de Arguijo es limitada pero valiosa. Sus composiciones más conocidas son sonetos que abordan temas recurrentes en la poesía de su tiempo: el amor, la belleza femenina, la fugacidad del tiempo (tempus fugit), la muerte y la reflexión sobre la condición humana. En cuanto a la forma, Arguijo demostró una gran habilidad en el soneto, utilizando con maestría la métrica y la rima. Su estilo se caracteriza por la elegancia, la claridad y una cuidada elaboración formal. El tono de su poesía es predominantemente lírico y reflexivo, a menudo con un matiz melancólico o de desengaño propio del paso del tiempo. El lenguaje es culto y selecto, pero sin caer en la oscuridad. Se le asocia con la poesía renacentista tardía y los inicios del Barroco, mostrando una conexión con la tradición pero también una sensibilidad que anticipa algunos de los temas y tonos del siglo XVII. No introdujo innovaciones formales radicales, pero sí demostró una gran perfección en las formas heredadas. No se destacan obras menos conocidas o inéditas de gran relevancia, dada la escasez de su producción conservada.

Contexto cultural e histórico

Juan de Arguijo vivió en la España de finales del siglo XVI y principios del XVII, un periodo marcado por la consolidación del Imperio español, pero también por crisis económicas y sociales, y por la pujanza del arte y la literatura del Siglo de Oro. Perteneció a una generación de poetas que convivieron con las corrientes del Renacimiento y la transición hacia el Barroco. Su producción poética se enmarca en un contexto de gran producción literaria, donde convivían autores de gran renombre. No se le asocia con un posicionamiento político o filosófico explícito en su obra, siendo su enfoque más bien introspectivo y estético. La sociedad y la cultura de su tiempo, con su fuerte religiosidad y su interés por las artes, sin duda influyeron en su sensibilidad y en los temas que trató.

Vida personal

Los detalles sobre la vida personal de Juan de Arguijo son escasos. No se conocen relaciones afectivas o familiares significativas que hayan moldeado explícitamente su obra. Sus amistades y rivalidades literarias tampoco han trascendido de manera notoria. No se registran experiencias o crisis personales, enfermedades o conflictos de gran relevancia que hayan impactado directamente su producción poética. Se presume que tuvo una vida acomodada, propia de su condición social, y no se tiene constancia de que ejerciera profesiones paralelas a la literatura, asumiendo que pudo vivir de sus rentas o de algún oficio no especificado. Sus creencias religiosas o filosóficas, y sus posturas políticas o cívicas, no son elementos prominentes en su obra ni en su biografía conocida.

Reconocimiento y recepción

El reconocimiento de Juan de Arguijo en su época fue moderado. Si bien su habilidad métrica y su corrección formal fueron apreciadas por algunos contemporáneos, no alcanzó la fama de otros poetas de su tiempo. No se le conocen premios o distinciones institucionales de gran relevancia. La recepción crítica de su obra se limitó, en general, a su inclusión en antologías y a la valoración de su destreza formal por parte de conocedores de la poesía. Su popularidad fue limitada, y su reconocimiento académico, aunque presente en estudios sobre el Siglo de Oro, no ha sido objeto de una atención exhaustiva en comparación con figuras de mayor calado.

Influencias y legado

Juan de Arguijo recibió la influencia clara de Garcilaso de la Vega y de los poetas italianos del Renacimiento. Su obra, a su vez, influyó de manera sutil en poetas posteriores que buscaron la perfección formal y la elegancia en el soneto. Su legado se encuentra en su contribución a la consolidación de las formas poéticas cultas en español y en su capacidad para expresar temas tradicionales con una notable elegancia y contención. No se le considera una figura central en el canon literario universal, pero sí un representante de la lírica culta de su tiempo. Las traducciones y difusión internacional de su obra son limitadas, dado el volumen y la especificidad de su producción.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Juan de Arguijo puede ser interpretada como un ejemplo de la lírica culta del Siglo de Oro, donde la forma y la contención expresiva son valores fundamentales. Los temas filosóficos y existenciales que aborda, como la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad de la muerte, son tratados con una perspectiva serena y reflexiva, característica del espíritu humanista que aún pervive en su obra. No existen controversias críticas importantes o debates acalorados en torno a su figura o su producción poética, dada su relativa discreción literaria.

Infancia y formación

Los aspectos menos conocidos de la personalidad de Juan de Arguijo son numerosos, dado el escaso material biográfico disponible. Se desconocen contradicciones notables entre su vida y su obra. No se registran episodios marcantes o anecdóticos que iluminen de forma particular su perfil. Tampoco se asocian objetos, lugares o rituales específicos a su proceso de creación poética, ni se detallan sus hábitos de escritura. Los episodios curiosos o las particularidades de su vida personal son prácticamente inexistentes en los registros históricos.

Muerte y memoria

Las circunstancias exactas de la muerte de Juan de Arguijo no están claramente documentadas, al igual que las de su nacimiento. No se conocen publicaciones póstumas de relevancia o ediciones significativas de su obra que hayan surgido tras su fallecimiento, manteniendo su legado en el ámbito de las antologías y los estudios sobre la poesía del Siglo de Oro español.