Lista de Poemas

A Una Estatua De Niobe, Que Labró Praxíteles, De Ausonio

Viví, y en dura piedra convertida,
labrada por la mano artificiosa
de Praxíteles, Niobe hermosa,
vuelvo segunda vez a tener vida.

A todo me dejó restituida,
mas no al sentido, l'arte poderosa;
que no le tuve yo, cuando furiosa
los altos dioses desprecié atrevida.

¡Ay triste! Cuán en vano me consuelo,
si ardiente llanto mana el mármol frío
sin que mi antigua pena el tiempo cure;

Pues ha querido el riguroso cielo,
porque fuese perpetuo el dolor mío,
que faltándome l'alma, el llanto dure.
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A Tántalo

Castiga el cielo a Tántalo inhumano,
que en impia mesa su rigor provoca,
medir queriendo en competencia Ioca
saber divino con engaño humano.

Agua en las aguas busca, y con la mano
el árbol fugitivo casi toca;
huye el copioso Erídano a su boca
y en vez de fruta aprieta el aire vano.

Tú, qu'espantado de su pena admiras
qu'el cercano manjar en largo ayuno
al gusto falte y a la vista sobre,

¿Cómo de muchos Tántalos no miras
ejemplo igual? Y si cudicias uno,
mira al avaro en sus riquezas pobre.
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(a Baco)

A ti, de alegres vides coronado,
Baco, gran padre, domador de Oriente,
he de cantar; a ti que blandamente
tiemplas la fuerza del mayor cuidado

Ora castigues a Licurgo airado
o a Penteo en tus aras insolente,
ora te mire la festiva gente
en sus convites dulce y regalado,

O ya de tu Ariadna al alto asiento
subas ufano la inmortal corona,
ven fácil, ven humano al canto mío;

Que si no desmerezco el sacro aliento
mi voz penetrará la opuesta zona,
y el Tibre envidiará al hispalio río.
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A Faetón

Pudo quitarte el nuevo atrevimiento,
bello hijo del Sol, la dulce vida;
la memoria no pudo, qu'extendida
dejó la fama de tan alto intento.

Glorioso aunque infelice pensamiento
desculpó la carrera mal regida;
y del paterno carro la caída
subió tu nombre a más ilustre asiento.

En tal demanda al mundo aseguraste
que de Apolo eras hijo, pues pudiste
alcanzar dél la empresa a que aspiraste.

Término ponga a su lamento triste
Climente, si la gloria ganaste
excede al bien que por osar perdiste.
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Identificación y contexto básico

Juan de Arguijo fue un poeta español cuyo nombre completo se asocia con la lírica del Siglo de Oro español. No se le conocen seudónimos o heterónimos significativos. Nació y murió en Sevilla, aunque las fechas exactas de su nacimiento y fallecimiento no son ampliamente documentadas en fuentes primarias, situándose su actividad literaria en la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII. Pertenecía a una familia hidalga de Sevilla, lo que le proporcionó una buena posición social y acceso a la educación, aunque no se le considera parte de la alta nobleza. Su nacionalidad era española, y su lengua de escritura el castellano. Vivió en un periodo de transición entre el Renacimiento tardío y el incipiente Barroco, una época de esplendor cultural pero también de tensiones políticas y religiosas en España.

Infancia y formación

Los detalles sobre su infancia y formación son escasos, pero se presume que, dada su procedencia familiar, recibió una educación humanística propia de su clase social, probablemente en Sevilla, centro neurálgico de la cultura andaluza. Es probable que tuviera acceso a una formación universitaria o, al menos, a una educación privada de calidad que le permitiera dominar las letras clásicas y la retórica. Las influencias iniciales de su lectura se centrarían en los poetas italianos del Renacimiento, como Petrarca, y en los autores españoles que introdujeron el humanismo y las nuevas formas poéticas, como Garcilaso de la Vega. Es posible que asimilara los ideales estéticos del Renacimiento, que valoraban la armonía, la medida y la perfección formal, y que empezara a perfilar su estilo lírico en este marco.

Trayectoria literaria

El inicio de la escritura de Juan de Arguijo se sitúa en el contexto de la efervescencia poética del Siglo de Oro. Su trayectoria literaria parece haberse desarrollado de manera discreta, sin grandes alardes o manifiestos. Su obra conocida se concentra principalmente en el soneto, demostrando una notable maestría en el manejo de esta forma poética. No se tienen noticias de colaboraciones extensas en revistas o periódicos de la época, siendo su producción más bien limitada y recogida, a menudo, en antologías o manuscritos. No se le conoce actividad destacada como crítico, traductor o editor, enfocándose principalmente en su propia creación lírica.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Juan de Arguijo es limitada pero valiosa. Sus composiciones más conocidas son sonetos que abordan temas recurrentes en la poesía de su tiempo: el amor, la belleza femenina, la fugacidad del tiempo (tempus fugit), la muerte y la reflexión sobre la condición humana. En cuanto a la forma, Arguijo demostró una gran habilidad en el soneto, utilizando con maestría la métrica y la rima. Su estilo se caracteriza por la elegancia, la claridad y una cuidada elaboración formal. El tono de su poesía es predominantemente lírico y reflexivo, a menudo con un matiz melancólico o de desengaño propio del paso del tiempo. El lenguaje es culto y selecto, pero sin caer en la oscuridad. Se le asocia con la poesía renacentista tardía y los inicios del Barroco, mostrando una conexión con la tradición pero también una sensibilidad que anticipa algunos de los temas y tonos del siglo XVII. No introdujo innovaciones formales radicales, pero sí demostró una gran perfección en las formas heredadas. No se destacan obras menos conocidas o inéditas de gran relevancia, dada la escasez de su producción conservada.

Contexto cultural e histórico

Juan de Arguijo vivió en la España de finales del siglo XVI y principios del XVII, un periodo marcado por la consolidación del Imperio español, pero también por crisis económicas y sociales, y por la pujanza del arte y la literatura del Siglo de Oro. Perteneció a una generación de poetas que convivieron con las corrientes del Renacimiento y la transición hacia el Barroco. Su producción poética se enmarca en un contexto de gran producción literaria, donde convivían autores de gran renombre. No se le asocia con un posicionamiento político o filosófico explícito en su obra, siendo su enfoque más bien introspectivo y estético. La sociedad y la cultura de su tiempo, con su fuerte religiosidad y su interés por las artes, sin duda influyeron en su sensibilidad y en los temas que trató.

Vida personal

Los detalles sobre la vida personal de Juan de Arguijo son escasos. No se conocen relaciones afectivas o familiares significativas que hayan moldeado explícitamente su obra. Sus amistades y rivalidades literarias tampoco han trascendido de manera notoria. No se registran experiencias o crisis personales, enfermedades o conflictos de gran relevancia que hayan impactado directamente su producción poética. Se presume que tuvo una vida acomodada, propia de su condición social, y no se tiene constancia de que ejerciera profesiones paralelas a la literatura, asumiendo que pudo vivir de sus rentas o de algún oficio no especificado. Sus creencias religiosas o filosóficas, y sus posturas políticas o cívicas, no son elementos prominentes en su obra ni en su biografía conocida.

Reconocimiento y recepción

El reconocimiento de Juan de Arguijo en su época fue moderado. Si bien su habilidad métrica y su corrección formal fueron apreciadas por algunos contemporáneos, no alcanzó la fama de otros poetas de su tiempo. No se le conocen premios o distinciones institucionales de gran relevancia. La recepción crítica de su obra se limitó, en general, a su inclusión en antologías y a la valoración de su destreza formal por parte de conocedores de la poesía. Su popularidad fue limitada, y su reconocimiento académico, aunque presente en estudios sobre el Siglo de Oro, no ha sido objeto de una atención exhaustiva en comparación con figuras de mayor calado.

Influencias y legado

Juan de Arguijo recibió la influencia clara de Garcilaso de la Vega y de los poetas italianos del Renacimiento. Su obra, a su vez, influyó de manera sutil en poetas posteriores que buscaron la perfección formal y la elegancia en el soneto. Su legado se encuentra en su contribución a la consolidación de las formas poéticas cultas en español y en su capacidad para expresar temas tradicionales con una notable elegancia y contención. No se le considera una figura central en el canon literario universal, pero sí un representante de la lírica culta de su tiempo. Las traducciones y difusión internacional de su obra son limitadas, dado el volumen y la especificidad de su producción.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Juan de Arguijo puede ser interpretada como un ejemplo de la lírica culta del Siglo de Oro, donde la forma y la contención expresiva son valores fundamentales. Los temas filosóficos y existenciales que aborda, como la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad de la muerte, son tratados con una perspectiva serena y reflexiva, característica del espíritu humanista que aún pervive en su obra. No existen controversias críticas importantes o debates acalorados en torno a su figura o su producción poética, dada su relativa discreción literaria.

Infancia y formación

Los aspectos menos conocidos de la personalidad de Juan de Arguijo son numerosos, dado el escaso material biográfico disponible. Se desconocen contradicciones notables entre su vida y su obra. No se registran episodios marcantes o anecdóticos que iluminen de forma particular su perfil. Tampoco se asocian objetos, lugares o rituales específicos a su proceso de creación poética, ni se detallan sus hábitos de escritura. Los episodios curiosos o las particularidades de su vida personal son prácticamente inexistentes en los registros históricos.

Muerte y memoria

Las circunstancias exactas de la muerte de Juan de Arguijo no están claramente documentadas, al igual que las de su nacimiento. No se conocen publicaciones póstumas de relevancia o ediciones significativas de su obra que hayan surgido tras su fallecimiento, manteniendo su legado en el ámbito de las antologías y los estudios sobre la poesía del Siglo de Oro español.