Lista de Poemas

Marea Viva

Como la ola pero no como la mar inacabable
como la ola solamente que nace y se derrumba
como la ola que muere de su propio impulso
que se expande rugiente y se estrella espumea destella
hasta abolirse en la ribera o regresar a su origen
como la ola que es un temblor del tiempo
tú y yo sobre la playa

frente a las olas
en el tiempo que nos destruye y nos repite.

Más tarde

después

cuando no estemos
¿verán otros ojo este mismo movimiento
con los ojos de quienes lo contemplamos ahora?
¿podremos asomarnos a aquella mirada?
¿tendrá la nostalgia en otros labios

sabor a salitre
como ahora la tiene en tus labios?
¿Despedirán las aguas descendentes
este profundo macerado olor sulfuroso
levemente carnal y carnívoro
que evoca despojos de líquenes de algas de mariscos?
si así fuese: ¿los sabrán nuestros polvos

lo sabrá nuestra muerte?

Desde lo profundo del otoño marino
te invito a subir hacia el día futuro clarísimo
en que alguna pareja enlazada

semejante a la nuestra
al contemplar las olas que rompen destellan espumean se abolen
pensará en la muerte uniforme general
pensará en la suya y en quienes más tarde
podrán perpetuar la mirada con que se aman ahora
la mirada con que también ven moverse las olas
en el tiempo sien duración que las repite y las destruye.

Acaso sientan ellos entonces vivir su eternidad.
Acaso la sentirán como si fuera el firmamente
acaso empiecen a ascender hacia su nebulosa
como las aguas vivas del mar en tiempos de equinoccio.

515

Pareja Sin Historia

Se acarician. Se bastan.
Están colmados por ellos mismos
colmados por la sed sensual del otro.

Se conocieron ayer:
llevan siglos de parecerse
de abrazarse en las paredes siempre únicas
de reconocerse en todos los lugares
donde el sueño esconde su tesoro
donde la dicha deja a la nostalgia
donde nunca estuvieron

donde están.

Aroma de piel ramajes íntima penumbra
labios que besan por la herida
rostro asomado al secreto del rostro que lo refleja
palabras que se derriten por los dedos
semejanzas descubiertas con delicia
apetencias de olvido y de sabores no probados
mientras se inventan paraísos sin castigo
y se cuentan a tientas el alma
mientras asumen el destino de las frutas
y la vida fulgura en ellos
con sus “siempre” y sus “nunca” efímeros
con sus “primera vez” repetido hasta el final
con sus partes confundidas cual miembros que el amor enlaza.

Hasta ellos no alcanza el rumor de la urbe
o será más bien que no lo oyen
que lo cubre el susurro con que se aman
que lo dispersa el soplo que se dan.

Se huelen se gustan se desean.
La libertad que encuentran los deslumbra.
Ascienden en una isla espacial entre los astros.
Pareja sin Historia

pareja constelada.

Se miran a sí mismos en el otro.
Ella aparece abierta impúdica ojerosa tremulante
él: enhiesto obsceno avisor posesivo
ella: contráctil húmeda gimiente umbría
él: herido llameante solar fulminado.
¡Cuánto abandono momentáneo!¡Cuánto
triunfo!
Pueden equivocarse gozosamente
confundir las imágenes del deseo espejado
fundir los sabores de sus bocas
perderse juntos en el placer del otro
fluir de manantiales en arroyos
de arroyos en raudales de raudales en ríos
hasta el mar hasta volcarse en la unidad del origen
en el espacio pletórico y vibrante
donde cada movimiento se transmite de polo a polo
donde flotarán donde están flotando
como dos hipocampos entregados al rito nupcial.

Aflojan las redes y los nudos milenarios
arrojan de sí el pasado las cáscaras los trapos
viento propicio borra las huellas mezcla arenas y estrellas
le dan la espalda a la memoria hueca
para ser cresta de una ola
para ser cresta espuma sortilegio
cielo de mar espacio palpitante que rompe en sales
y en la cresta de esa ola de caballos tornasolados
que recorre de punta a punta el tiempo como una playa
me arrojo contigo!
¡la corro contigo hasta el final del día!
¡sobre su filo tú y yo somos jabalina y destello!
¡vivan este esfuerzo estos besos esta presencia única!
¡vivan este júbilo del mar los cuerpos aparejados!
¡nuestro almizcle que huele a marisco y a gato montés!
¡el relámpago en que nos dormimos juntos!

483

Bolívar

Entre los agostadores
los que mantienen abiertos los ojos del cuchillo,
entre los crueles, los monstruos del relámpago,
entre los animales humanos de la guerra,
entre las patas, heridas, llamas, alaridos,
brotando de la sangre, despunta al fin Bolívar.

Más joven que su muerte andante y próxima
tan joven para los años que le esperan
tan lleno de furor puro, de esperanzas,
tocado por el crimen, como todos,
ebrio de un fuego por vencer la muerte
pero también capaz de detenerse
para aspirar la flor gratuita, vana,
para soñar algún sueño en que se mira
con los pies en el lodo, con la frente en la estrella.

Bolívar peleaba por su pan de Independencia
con frenéticas hambres de iluminado
caía al fondo de sus iras
ensuciaba sus alas juveniles
se arrastraba sobre esponjas de barro
lleno de costras, de escamas, de hojarasca,
sacaba su garfio, su zarpa, su hocico de hombre de guerra
tatuado tenía el cuerpo de presidiario de la muerte
de matador de canarios y españoles
de gran sembrador ensangrentado.

Rachas de pánico le cruzaron
cuando quiso contener las crecientes, el diluvio,
las tribus retemblantes de los hombres caballos..
Nadó entre corrientes fragorosas
entre torbellinos de rebaños acuáticos
alcanzó alguna orilla batida por las olas
se derrumbaban las montañas del trueno
llovía un crepúsculo, un ejército en derrota
caía ceniza funeraria de las fugas, de los éxodos,
subía el nivel del agua de la muerte.

Clarea sobre el mundo a pesar de la guerra
amanece a pesar de la derrota
un ave con alas de palmera real
vuela en la aurora a pesar del exilio.
Entonces Bolívar se levantó de su sueño
lo despertó, profundamente, a la mañana en ciernes
lo soñó, por primera vez, lúcido y despierto
atravesó su cristal sin quebrarlo
fue traspasado por el rayo de imágenes.
Visión y visionario fueron un mismo hombre
compartiendo un mismo desayuno frugal
en ese primer día insular del destierro
en esa jornada de juntar los pasos,
de pisar firme sin aplastar la nube,
de recorrer lo andado hacia el futuro.

Boves en Urica se quebró como una lanza.
Bolívar saltará la bocado sus palabras sueltas
las arrojará al voleo sobre las turbas revueltas
cabalgará los enlutados caballos solares
ganará un ejército de vástagos verdes,
de raíces viudas, de h humus, de libertos en armas.
Mudará de piel en el tórrido verano guerrero
dejará entre los helechos su casaca mantuana
su capa quebradiza y seca, su uniforme vacío
le vestirá una luz matinal de victorias.
Bajarán lentamente las aguas tenebrosas
aflorarán las cimas lucientes y chorreantes
como lentas tortugas marinas,
aún no habrá cruzado la paloma ni crecido el arco iris.
Su voluntad de fundación le irá quemando.
Sufrirá por sí mismo y por los otros
por el presente ciego y el porvenir herido
por su visión de paz y su verdad de guerra;
llorará alguna vez sobre una piedra,
creerá haber arado un mar de lágrimas pétreas
pero las fieras regresarán a su guarida
se ocultarán en su espesura de libertador
se amansarán un tiempo al influjo de su canto
empezará a verdecer el yermo, a ser de todos la esperanza
resplandecerán los territorios emergidos
y entre las ramazones de la guerra
en la extremidad de sus disparos
surgirá un firmamento de yemas delicadas.

¡Bolívar, ay, Bolívar tan mentido!
En este tiempo de prisiones
de ejércitos voraces salidos de su cauce
-revueltos espadones, creciente agostadora-
nadie labora tus campos estelares
nadie vela tu insomnio que palpita
de viento a viento como una llamarada
nadie oye crujir tu impaciencia
en las maderas nocturnas, en los bosques
nadie bebe tus palabras sangradas
en tu exilio, en tu isla y en tu asfixia
cuando pensaste con peso de huerto de agonía
de planeta de plomo tenebroso
y hablaste de una imposible mano abierta
de un pueblo sonreído
de un tiempo de estatua consagrado
de un ala de laurel constante
de un rayo de aire libre.

Acabó tu violencia amando sin remedio.
Repartiste entre todos la victoria
y un sueño de países tomados de la mano.
Quisiste armar la paz con letras, libros
quemar la guerra con su propio fuego;
quisiste hacernos hombres

¡no soldados!

¡Bolívar, ay Bolívar! ¿Quién te cumple?
¡Cuánta historia rebotando de eco en sombra!
¡Cuánto nombre arrojado a los cerdos!
¡Cuánto Bolívar invocado en vano!
603

Situación

SITUACIÓN


A Rafael Cadenas

Se hizo tarde.

La lucidez protege

de la desolación.

Se hizo tarde

para emprender el viaje

hacia el conocimiento liberador.

Somos siervos

de los artificios inventados

por nosotros mismos.

Siervos de máquinas,

de imágenes sustitutivas

del mundo,

de raudales energéticos hurtados

al cosmos.

Nos infecta el afán de poder,

el ansia de dominar

sin merecimiento.

Sin embargo... a veces...

se oyen llamadas truncas,

ecos de grandes luces,

anuncios de desgarraduras celestes.

Adviene la nostalgia inexplicable

de lo perdido sin haberlo tenido,

de lo nunca vivido.

La multiplicidad ahoga.

Se pertenece a la multitud,

a lo relativo, a lo virtual,

a lo ilusorio.

Sin embargo...

se escucha, de pronto,

fluir en uno mismo el manantial secreto,

se respira un súbito perfume,

se aprende, mirando las olas,

la fuerza de alzarse, de romper

y volver a levantarse intacto.

¡Buscar la piedra ardiente,

seguir el árbol caminante,

cantar a las torres del viento

llenándose de los helechos colgantes!

Pero

¿no será muy tarde?


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Identificación y contexto básico

Juan Antonio Liscano Rivas, conocido como Juan Liscano, nació en La Guaira, Venezuela. Fue poeta, crítico literario, ensayista y promotor cultural venezolano. Su origen familiar y la clase social a la que perteneció le permitieron acceder a una educación y a un entorno que fomentaron su vocación literaria. Fue ciudadano venezolano y su lengua de escritura fue el español. Vivió gran parte del siglo XX, un periodo marcado por importantes transformaciones políticas y sociales en Venezuela y Latinoamérica.

Infancia y formación

La infancia y juventud de Liscano transcurrieron en un contexto que influyó en su sensibilidad y visión del mundo. Aunque los detalles específicos de su formación autodidacta o las influencias iniciales no son ampliamente divulgados, es evidente en su obra una profunda conexión con la tradición literaria y una constante búsqueda de conocimiento. Es probable que su acercamiento a la literatura y al arte se diera a través de lecturas formativas y la asimilación de corrientes estéticas y filosóficas de su tiempo.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Juan Liscano se desarrolló a lo largo de varias décadas, consolidándose como una voz importante en la poesía venezolana. Su inicio en la escritura se dio en la juventud, evolucionando su estilo y temática con el paso del tiempo. Participó activamente en la vida cultural de su país, colaborando en diversas publicaciones y antologías, y ejerciendo también como crítico literario y ensayista, lo que demuestra un compromiso integral con las letras.

Obra, estilo y características literarias

La obra poética de Liscano aborda temas universales como el amor, la muerte, el tiempo, la memoria y la identidad, a menudo desde una perspectiva introspectiva y existencial. Su estilo se caracteriza por la precisión del lenguaje, la densidad imagética y una musicalidad sutil. Experimentó con diversas formas poéticas, demostrando una gran versatilidad. El tono de su poesía puede variar desde lo lírico y elegíaco hasta lo reflexivo y filosófico. Su obra dialoga con la tradición literaria, pero también muestra una clara conexión con la modernidad y las preocupaciones estéticas del siglo XX. Fue asociado a corrientes de renovación poética en Venezuela.

Contexto cultural e histórico

Juan Liscano vivió en una Venezuela en constante cambio, experimentando periodos de dictadura y democracia, así como transformaciones sociales y económicas. Su obra se inserta en el panorama cultural latinoamericano, dialogando con las inquietudes de su generación. Como figura pública y crítico, estuvo al tanto de los debates literarios y artísticos de su tiempo. Su posición, aunque no siempre explícita en términos políticos, se manifestó en su compromiso con la cultura y la expresión.

Vida personal

Los detalles sobre la vida personal de Juan Liscano son menos conocidos que su obra literaria. Sin embargo, se infiere de sus escritos una vida dedicada a la reflexión y al arte. Las relaciones afectivas y las experiencias vitales, aunque no detalladas públicamente, sin duda moldearon su sensibilidad poética. Su dedicación a la literatura y la crítica sugiere un profundo compromiso con su vocación.

Reconocimiento y recepción

Juan Liscano es reconocido como uno de los poetas importantes de Venezuela. Su obra ha sido objeto de estudio y apreciación por parte de la crítica literaria. Aunque los premios y distinciones específicas no siempre son el foco principal de su biografía, su lugar en la literatura venezolana contemporánea está bien establecido.

Influencias y legado

La obra de Liscano se nutre de la tradición poética hispanoamericana y universal, y a su vez ha influido en generaciones posteriores de poetas venezolanos. Su legado reside en la profundidad de su pensamiento, la calidad de su lenguaje poético y su contribución al enriquecimiento de la literatura de su país. Su obra sigue siendo objeto de estudio y análisis por su vigencia y calidad estética.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Juan Liscano invita a diversas interpretaciones, centradas en sus exploraciones sobre la condición humana, el paso del tiempo y la búsqueda de sentido. Sus poemas son un espacio para la reflexión filosófica y existencial, y han sido objeto de análisis crítico que destacan su maestría formal y la hondura de sus temáticas.

Infancia y formación

Aspectos menos conocidos de su personalidad o hábitos de escritura pueden no estar ampliamente documentados. Sin embargo, la dedicación y rigor que se aprecian en su obra sugieren un proceso creativo metódico y una profunda introspección.

Muerte y memoria

Juan Liscano falleció en Caracas, Venezuela. Su memoria perdura a través de su obra publicada, que continúa siendo leída y estudiada, asegurando su lugar en la historia de la literatura venezolana.