Carencia
Buda se equivocó.
La causa del dolor no es el deseo
sino la carencia que motiva el deseo.
JUAN EDUARDO CIRLOT
¡Sí! es necesidad, por eso tan real,
surtiendo adentro,
recreando lo creado,
persistencia indefinible juntando
expectación y carencia,
algo abstracto, fuera de consumo,
inconsumible, llamada confundida
con la costumbre de respirar.
Tan sólo cuando un hecho en bruto
altera la perfecta maquinaria del soplo
se oye, de pronto, la respuesta.
Biografía
Identificación y contexto básico
Juan Antonio Liscano Rivas, conocido como Juan Liscano, nació en La Guaira, Venezuela. Fue poeta, crítico literario, ensayista y promotor cultural venezolano. Su origen familiar y la clase social a la que perteneció le permitieron acceder a una educación y a un entorno que fomentaron su vocación literaria. Fue ciudadano venezolano y su lengua de escritura fue el español. Vivió gran parte del siglo XX, un periodo marcado por importantes transformaciones políticas y sociales en Venezuela y Latinoamérica.Infancia y formación
La infancia y juventud de Liscano transcurrieron en un contexto que influyó en su sensibilidad y visión del mundo. Aunque los detalles específicos de su formación autodidacta o las influencias iniciales no son ampliamente divulgados, es evidente en su obra una profunda conexión con la tradición literaria y una constante búsqueda de conocimiento. Es probable que su acercamiento a la literatura y al arte se diera a través de lecturas formativas y la asimilación de corrientes estéticas y filosóficas de su tiempo.Trayectoria literaria
La trayectoria literaria de Juan Liscano se desarrolló a lo largo de varias décadas, consolidándose como una voz importante en la poesía venezolana. Su inicio en la escritura se dio en la juventud, evolucionando su estilo y temática con el paso del tiempo. Participó activamente en la vida cultural de su país, colaborando en diversas publicaciones y antologías, y ejerciendo también como crítico literario y ensayista, lo que demuestra un compromiso integral con las letras.Obra, estilo y características literarias
La obra poética de Liscano aborda temas universales como el amor, la muerte, el tiempo, la memoria y la identidad, a menudo desde una perspectiva introspectiva y existencial. Su estilo se caracteriza por la precisión del lenguaje, la densidad imagética y una musicalidad sutil. Experimentó con diversas formas poéticas, demostrando una gran versatilidad. El tono de su poesía puede variar desde lo lírico y elegíaco hasta lo reflexivo y filosófico. Su obra dialoga con la tradición literaria, pero también muestra una clara conexión con la modernidad y las preocupaciones estéticas del siglo XX. Fue asociado a corrientes de renovación poética en Venezuela.Contexto cultural e histórico
Juan Liscano vivió en una Venezuela en constante cambio, experimentando periodos de dictadura y democracia, así como transformaciones sociales y económicas. Su obra se inserta en el panorama cultural latinoamericano, dialogando con las inquietudes de su generación. Como figura pública y crítico, estuvo al tanto de los debates literarios y artísticos de su tiempo. Su posición, aunque no siempre explícita en términos políticos, se manifestó en su compromiso con la cultura y la expresión.Vida personal
Los detalles sobre la vida personal de Juan Liscano son menos conocidos que su obra literaria. Sin embargo, se infiere de sus escritos una vida dedicada a la reflexión y al arte. Las relaciones afectivas y las experiencias vitales, aunque no detalladas públicamente, sin duda moldearon su sensibilidad poética. Su dedicación a la literatura y la crítica sugiere un profundo compromiso con su vocación.Reconocimiento y recepción
Juan Liscano es reconocido como uno de los poetas importantes de Venezuela. Su obra ha sido objeto de estudio y apreciación por parte de la crítica literaria. Aunque los premios y distinciones específicas no siempre son el foco principal de su biografía, su lugar en la literatura venezolana contemporánea está bien establecido.Influencias y legado
La obra de Liscano se nutre de la tradición poética hispanoamericana y universal, y a su vez ha influido en generaciones posteriores de poetas venezolanos. Su legado reside en la profundidad de su pensamiento, la calidad de su lenguaje poético y su contribución al enriquecimiento de la literatura de su país. Su obra sigue siendo objeto de estudio y análisis por su vigencia y calidad estética.Interpretación y análisis crítico
La obra de Juan Liscano invita a diversas interpretaciones, centradas en sus exploraciones sobre la condición humana, el paso del tiempo y la búsqueda de sentido. Sus poemas son un espacio para la reflexión filosófica y existencial, y han sido objeto de análisis crítico que destacan su maestría formal y la hondura de sus temáticas.Infancia y formación
Aspectos menos conocidos de su personalidad o hábitos de escritura pueden no estar ampliamente documentados. Sin embargo, la dedicación y rigor que se aprecian en su obra sugieren un proceso creativo metódico y una profunda introspección.Muerte y memoria
Juan Liscano falleció en Caracas, Venezuela. Su memoria perdura a través de su obra publicada, que continúa siendo leída y estudiada, asegurando su lugar en la historia de la literatura venezolana.Poemas
14Carencia
Buda se equivocó.
La causa del dolor no es el deseo
sino la carencia que motiva el deseo.
JUAN EDUARDO CIRLOT
¡Sí! es necesidad, por eso tan real,
surtiendo adentro,
recreando lo creado,
persistencia indefinible juntando
expectación y carencia,
algo abstracto, fuera de consumo,
inconsumible, llamada confundida
con la costumbre de respirar.
Tan sólo cuando un hecho en bruto
altera la perfecta maquinaria del soplo
se oye, de pronto, la respuesta.
Niño
A Reinaldo Pérez Só
Inmóviles mujeres vegetales
en torno al lecho
mueven sus grandes abanicos.
El niño mira el mapa
del muro empapelado,
cuenta una y otra vez las vigas
hasta confundirse,
hasta perderse y quedarse dormido
entre las húmedas sábanas de su fiebre.
Hojas flabeladas, laciniadas.
Seis palmeras para el juego
y las enfermedades
suscitan presencias
de vainas caídas, canoas
para las aventuras marítimas;
esbeltos talles anillados,
altas serpientes
erguidas en la selva.
Oleaje del patio bajo las palmas,
mar de baldosas hasta donde llega
el olor de fiera y hormiguero
de las selvas nubladas.
La desaparecida casa resurge, entera,
en cualquier parte del recuerdo.
Declives
y sentirla como carencia.
Agonía sin crisis, declive, desgaste,
lento derrumbe por trozos,
memoria, ruinas, vestigios.
Cuando impere el desasimiento
¿Advendrá la resurgencia?
Cancel
a toda hora, en el sitio asignado,
existiendo en la existencia pasajera.
¿Dónde está ahora, cuando vencido
el tiempo de tocar corriendo,
deslumbrado por el sol del juego,
acosa el tiempo de escribir su nombre?
Nombres
y cosas pertenecen a países diferentes.
Nacieron
en distintas edades.
Las cosas
fueron primero.
Hay cosas
creadas después.
¿Era la casa tan grande, tan desconocida,
que en ella, al recordar, se perdían
las palabras que estuvieron ligadas a las cosas?
¿Y las cosas permanecían, sin nombre,
manifiestas, persistentes
en la memoria?
Cosas y nombres, sueltos, nublados.
Damos vuelta en la memoria
a términos inmateriales, a formas innominadas,
dueños de un espacio que nos abarca
y nos oculta.
Instantánea
Lo que pasa volando permanece.
Porque se oculta.
Y se vuelve a pasar, volando.
En la habitación vacía,
descuidada,
cruzó la ráfaga de alguien.
En el cuarto abandonado
de la casa ruinosa
la luz encarnó en alguien que pasa.
Eternidad del instante ahondado,
escena fijada y sin tiempo.
Pasa sin pisar, sin cuerpo cierto.
Sale del vacío, vuelve a él.
Y en el tránsito, la luz lo asume.
Aparición de lo impreciso:
ser, relámpago, ficción, reflejo,
emanaciones de lo invisible.
Nada y todo, movimiento efímero
de la vida.
El sol alumbró de pronto
de lo que se desvanece,
lo que ya no es.
Duración
de corredores enfilados
y es un salto la sombra;
precisa, ahondando los lugares,
en esta mansión tan diurna,
tan joven y ya ausente.
No hay ruido
y el pasar de la doncella única,
dura, todo se agita, las palmas,
el agua de la pila, los destellos en el piso,
la luz en las vidrieras,
las cortinas de paño leve.
Ella sigue pasando inmóvil,
no asienta los pies, se desvanece,
avanza, mientras el silencio de los relojes
confunde o apaga las horas.
Fue ayer.
No fue nunca.
Sigue siendo.
Reflexión
de rey de las piraterías
está el espejo
y también está detrás de la máscara
del seductor
que añeja su adolescencia
y tras de las abigarradas máscaras
rutinarias
las del héroe
la víctima
el estoico
el justo
Entonces
aparece a la intemperie
la seca reflexión de su cara
en el espejo de su sombra.
Cresta
por un instante
las palabras
que tanta muerte dan siempre a la vida
cuando descubrimos el actor que somos
y lo exponemos
despojado de sus trajes crepusculares
cuando nos despierta el sueño de soñar
o arrancados del sueño
despertamos atónitos
como extraño celeste caído
cuando se quiebran los espejos
al soplo de una necesidad desconocida
cuando vaciadas quedan las odres
y sea aquieta la fiera de la sed
cuando se acepta el desierto por jardín
brota del resplandeciente vacío
una repentina cresta
y el levante impera en ella
filo puro neto
neutro
que se abate
y nos degüella.
18
Brotes. El viento construye ciudades
(quien las ve no las ha visto).
Silencio: súbita elocuencia.
Y una luz inmediata
que no deja tomar aliento.
A Puertas Cerradas
partes de mi vida
hace la infancia asombrada
la adolescencia asfixiada
la madurez enardecida o
capaz de mirarse a sí misma
hace más de lo poco que falta
intuía este pasaje hacia adentro
este adentrarse
en los grandes espacios de sí
a puertas cerradas
este abrirse hacia el interior
donde reverso y anverso se espejan
quería cruzar el umbral
entrar o sea
salir de afuera ¡por fin! y estar
como en el vacío del círculo
circundando por todo
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