Lista de Poemas

Epigrama Irrevocable Destino De Un Autor Silbado

Cayó a silbidos mi Filomena.
—Solemne tunda llevaste ayer.
—Cuando se imprima verán que es buena.
—¿Y qué cristiano la ha de leer?


444

Elegía A Las Musas

Esta corona, adorno de mi frente,
esta sonante lira y flautas de oro
y máscaras alegres, que algún día
me disteis, sacras Musas, de mis manos
trémulas recibid, y el canto acabe,
que fuera osado intento repetirle.
He visto ya cómo la edad ligera,
apresurando a no volver las horas,
robó con ellas su vigor al numen.
Sé que negáis vuestro favor divino
a la cansada senectud, y en vano
huera implorarle; pero en tanto, bellas
ninfas, del verde Pindo habitadoras,
no me neguéis que os agradezca humilde
los bienes que os debí. Si pude un día,
no indigno sucesor de nombre ilustre,
dilatarle famoso; a vos fue dado
llevar al fin mi atrevimiento. Sólo
pudo bastar vuestro amoroso anhelo
a prestarme constancia en los afanes
que turbaron mi paz, cuando insolente,
vano saber, enconos y venganzas,
codicia y ambición la patria mía
abandonaron a civil discordia.

Yo vi del polvo levantarse audaces
a dominar y perecer tiranos,
atropellarse efímeras las leyes,
y llamarse virtudes los delitos.
Vi las fraternas armas nuestros muros
bañar en sangre nuestra, combatirse,
vencido y vencedor, hijos de España,
y el trono desplomándose al vendido
ímpetu popular. De las arenas
que el mar sacude en la fenicia Gades,
a las que el Tajo lusitano envuelve
en oro y conchas, uno y otro imperio,
iras, desorden esparciendo y luto,
comunicarse el funeral estrago.
Así cuando en Sicilia el Etna ronco
revienta incendios, su bifronte cima
cubre el Vesubio en humo denso y llamas,
turba el Averno sus calladas ondas;
y allá del Tibre en la ribera etrusca
se estremece la cúpula soberbia,
que da sepulcro al sucesor de Cristo.*

¿Quién pudo en tanto horror mover el plectro?
¿Quién dar al verso acordes armonías,
oyendo resonar grito de muerte?
Tronó la tempestad: bramó iracundo
el huracán, y arrebató a los campos
sus frutos, su matiz; la rica pompa
destrozó de los árboles sombríos;
todas huyeron tímidas las aves
del blando nido, en el espanto mudas:
no más trinos de amor. Así agitaron
los tardos años mi existencia, y pudo
solo en región extraña el oprimido
ánimo hallar dulce descanso y vida.

Breve será, que ya la tumba aguarda
y sus mármoles abre a recibirme;
ya los voy a ocupar... Si no es eterno
el rigor de los hados, y reservan
a mi patria infeliz mayor ventura,
dénsela presto, y mi postrer suspiro
será por ella... Prevenid en tanto
flébiles tonos, enlazad coronas
de ciprés funeral, Musas celestes;
y donde a las del mar sus aguas mezcla
el Garona opulento, en silencioso
bosque de lauros y menudos mirtos,
ocultad entre flores mis cenizas.

494

Oda Traducción De Horacio

El que inocente
la vida pasa
no necesita
morisca lanza,
fusco, ni corvos
arcos, ni aljaba
llena de flechas
envenenadas;
o a las regiones
que Hydaspe baña
o por las Syrtes
muy abrasadas,
o por el yermo
Cáucaso vaya.

Yo la sabina
selva cruzaba,
cantando amores
a mi adorada
Lálage, libre
de afán el alma,
por muy remoto
sitio, sin armas;
y un lobo fiero
me ve y se aparta.
Monstruo igual suyo
no tiene Daunia
en montes llenos
de encinas altas
ni los desiertos
de Mauritania,
donde leones
y tigres braman.

Ponme en los yertos
campos, do el aura
no goza estiva
ninguna planta:
lado del mundo,
región helada
que infestan vientos
y nubes pardas,
o en la que al rayo
del sol cercana,
de habitaciones
carece y aguas;
Lálage siempre
será mi amada:
dulce si ríe,
dulce si canta.


393

Oda A La Memoria De D Nicolás Fernández De Moratín

Flumisbo, el celebrado
cantor de Termodonte,
por quien grato a las Musas
fue de Dorisa el nombre,

Ya las sombras habita
de los elisios bosques:
Llorad, Venus hermosa,
llorad, dulces Amores.

Suelta la crencha de oro
que el viento descompone,
la rica vestidura
desceñida sin orden,

Erato, que suave
le colmó de favores,
sobre la tumba fría
hoy se reclina inmóvil.

Del seno de su madre
el niño de los Dioses
batió veloz las alas,
fugitivo se esconde.

Deshecho el arco inútil,
la venda airado rompe:
ardió la corva aljaba
y duros pasadores.

Es fama que en la selva,
por donde lento corre
el Arlas, coronado
de olivo, yedra y flores,

sonó lamento ronco
de mal formadas voces,
que en ecos repitieron
las grutas de los montes.

Ninfas, la queja es vana
si dio la Parca el golpe:
ni vuelve lo que usurpa
el avaro Aqueronte.

Alzad un monumento
con mirtos de Dione,
ornado de laureles,
guirnaldas y festones,

entrelazando en ellos
la trompa de Mavorte
y la cítara dulce
del teyo Anacreonte,

las coronas de Clío,
de Amor venda y arpones,
y las aves de Venus
el obelisco adornen.

Que si al asunto digno
mi verso corresponde,
si da lugar el llanto
a números acordes:

De la región que tiene
por su zenit al norte,
a la que esterilizan
rayos abrasadores,

Flumisbo en la memoria
durará de los hombres;
sin que fugaz el tiempo
su duración estorbe.


411

Oda A Don Gaspar De Jovellanos

Id en las alas del raudo céfiro,
humildes versos, de las floridas
vegas que diáfano fecunda el Arlas,
adonde lento mi patrio río
ve los alcázares de Mantua excelsa.
Id, y al ilustre Jovino, tanto
de vos amigo, caro a las Musas,
para mí siempre numen benévolo,
id, rudos versos, y veneradle,
que nunca, o rápidas las horas vuelen,
o en larga ausencia viva remoto,
olvida méritos suyos Inarco.
No, que mil veces su nombre presta
voz a mi cítara, materia al verso,
y al numen tímido llama celeste.
Yo le celebro, y al son armónico
toda enmudece la selva umbría,
por donde el Tajo plácidas ondas
vierte, del árbol sacro a Minerva
la sien ceñida, flores y pámpanos.
Tal vez sus ninfas, girando en torno,
sonora espuma cándida rompen,
del cuello apartan las hebras húmidas,
y el pecho alzando de formas bellas,
conmigo al ínclito varón aplauden,
dando a los aires coros alegres
que el eco en grutas repite cóncavas.


397

Soneto El Rey D Sebastián

Cede al temor el luso fugitivo,
y el Rey cercado de enemiga gente,
desnuda ya la coronada frente,
resiste y lidia con esfuerzo altivo.

Los que le quieren prisionero y vivo
(aunque solo morir matando intente)
discordes en su cólera insolente,
sangre derraman por el gran cautivo.

Amor, que visto el mal partió derecho
con treinta lanzas de Gomeles bravos,
para estorbar el bélicoso trance:

«Qué importa», dijo (y le atraviesa el pecho)
«un hombre más al número de esclavos?
Muera... Toca añadir: siga el alcance
».


485

Soneto Rodrigo

Cesa en la octava noche el ronco estruendo
de la sangrienta, militar porfía:
el campo godo destrozado ardía
con llama, que descubre estrago horrendo.

Rodrigo en tanto, su peligro viendo,
por ignorada senda se desvía,
y muerto Orelia, entre la sombra fría,
herido y débil se acelera huyendo.

En vano el Lete con raudal undoso
el paso estorba al príncipe, a quien ciega
de cadena o suplicio el justo espanto.

Surca las aguas. Cede al poderoso
ímpetu, espira el infeliz; y entrega
el cuerpo al fondo, a la corriente el manto.


477

Epístola Príncipe De La Paz Dedicándole La Comedia De La Mogigata

Esta que me inspiró fácil Talía
moral ficción, y aguarda numeroso
vulgo que ocupe la española escena,
voz adquiriendo, movimiento y formas,
hoy te presento con afecto puro
de gratitud y amor, que en vano aspiro
por otra senda a la difícil cumbre
subir del Pindo, en vano, y muchas veces
lloré burlado el atrevido intento.
¡Cuántas, pulsando las aonias cuerdas,
quise prendar con números süaves
la esquiva hermosa, que en silencio adoro,
y la voz imitar y la armonía
que un tiempo el eco en la floresta verde
repitió del Zurguén! Quise animado
de más sublime ardor sonando Clío
la trompa que marcial ira difunde,
de España celebrar los altos triunfos.

Del cuello altivo sacudiendo rota
la bárbara coyunda en las arenas

de Libia ardiente, el vencedor vencido;
Numancia satisfecha en el estrago
de la soberbia Roma, abandonada
al espantoso militar desorden;
dueño Cortés del estandarte de oro

en los valles de Otumba, y a sus plantas
el cetro occidental. Pero ofendida
culpó mi error la musa de Menandro,
y la cítara y flautas pastoriles
quitome airada, y el clarín de Marte.

Sigue, me dijo, por el rumbo solo
que te indica mi voz, si honor procuras
que a pesar del silencio de la muerte
haga tu nombre eterno. Yo amorosa
una y mil veces en tu labio infante
dulce beso imprimí, y al repetido,
celeste arrullo que entoné, dormías.
Tú mi delicia y mi cuidado fuiste,
y en ti los que vertió propicios dones

naturaleza, cultivar me plugo.

Ya con festiva aclamación sonando
la patria escena, en su alabanza justa
tu gloria afirma. Sigue, y en la cumbre
del sagrado Helicón, que Cintio baña
con su luz inmortal, las Musas bellas
de yedra y lauros te darán corona.

No te ofenda, señor, si tan humilde
tributo te consagro; ¿y cuál sería
de la grandeza de tu nombre digno?
Limitado es el don, rico el deseo;
y no bastando a más la vena estéril,
cuanto puedo te doy. Así, postrado
ante las aras que levanta rudas,
suele el cultor acumular los frutos
sencillos de su campo, y los ofrece
al alto numen tutelar que adora,
y aromas vierte agradecido y flores.


409

Inscripción Para Colocarse En El Telón De Un Teatro En Que Se Pintaron Las Dos Musas Trágica Y Cómic

Vicios corrige la vivaz Talía,
con risa y canto y máscara engañosa,
y el nacional adorno que se viste.
Melpómene, la faz majestüosa
bañada en lloro, al corazón envía
piedad, terror, cuando declama triste.


353

Oda Traducción De Horacio

Rumbo mejor, Licino,
seguirás no engolfándote en la altura,
ni aproximando el pino
a playa mal segura,
por evitar la tempestad oscura.
El que la medianía
preciosa amó, del techo quebrantado
y pobre se desvía
como del envidiado
alcázar, de oro y pórfidos labrado.
Muchas veces el viento
árboles altos rompe; levantadas
torres, con más violento
golpe caen arruinadas;
hiere el rayo las cumbres elevadas.
No en la dicha confía
el varón fuerte; en la aflicción espera
más favorable día:
Jove la estación fiera
del hielo vuelve en grata primavera.
Si mal sucede ahora,
no siempre mal será. Tal vez no excusa
con cítara sonora,
Febo, animar la Musa;
tal vez el arco por los bosques usa.
En la desgracia sabe
mostrar al riesgo el corazón valiente;
y si el viento tu nave
sopla serenamente,
la hinchada vela cogerás prudente.


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Identificación y contexto básico

Leandro Fernández de Moratín fue un dramaturgo, poeta y prosista español, máximo exponente del teatro neoclásico en España. Nació en Madrid el 10 de marzo de 1760 y falleció en París el 21 de junio de 1828. Hijo del también escritor Nicolás Fernández de Moratín, creció en un ambiente intelectual propicio. Fue una figura destacada de la Ilustración española, defendiendo los principios de la razón y la reforma social a través del arte. Escribió en español y su obra se inscribe en el contexto histórico de la España del Siglo de las Luces, con sus tensiones entre la tradición y las nuevas ideas reformistas.

Infancia y formación

Desde joven, su padre le inculcó el amor por la literatura y la cultura clásica. Recibió una sólida formación humanística, aprendiendo latín, griego, francés e italiano, lo que le permitió acceder directamente a las obras de los grandes autores clásicos y modernos. Tuvo contacto con los círculos ilustrados madrileños, donde se gestaban las reformas culturales y políticas de la época. Su formación autodidacta y su contacto con el pensamiento de la Ilustración europea fueron fundamentales en su desarrollo intelectual.

Trayectoria literaria

Moratín inició su carrera literaria como poeta y traductor, pero pronto se volcó hacia el teatro, considerado por los ilustrados como el género más eficaz para la enseñanza moral y cívica. Su debut teatral importante fue "El viejo y la niña" (1791), seguida por su obra cumbre, "El sí de las niñas" (1806). También tradujo obras de Molière, demostrando su admiración por el dramaturgo francés. Viajó por Europa, lo que amplió su visión cultural y literaria. Fue bibliotecario de la Real Biblioteca y, durante la ocupación napoleónica, simpatizó con el nuevo régimen, lo que le acarreó el exilio tras la restauración absolutista.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Moratín se rige por los principios del Neoclasicismo: unidad de tiempo, lugar y acción, verosimilitud, decoro y finalidad didáctica. Sus comedias, como "La comedia nueva o el café" (1792), "El barón" (1803) y "El sí de las niñas", critican las costumbres sociales de su tiempo, especialmente los matrimonios concertados, la ignorancia y la superstición. Empleó un lenguaje claro y natural, diálogos ingeniosos y personajes bien definidos, reflejo de la sociedad madrileña. Su estilo es preciso, elegante y desprovisto de excesos retóricos, buscando la claridad y la persuasión.

Contexto cultural e histórico

Moratín es el máximo representante del teatro neoclásico español, influenciado por la Ilustración francesa y las ideas de la Academia. Vivió en un periodo de transición y conflicto en España, marcado por el absolutismo, las reformas ilustradas y, finalmente, la invasión napoleónica. Su teatro buscaba reformar la sociedad, educar al público y depurar la escena española de los excesos del teatro barroco. Fue miembro de la Real Academia Española y desempeñó un papel importante en la vida cultural de su tiempo.

Vida personal

Moratín llevó una vida dedicada a las letras y a la función pública. Su profunda discreción y su carácter reservado le impidieron establecer relaciones personales muy estrechas fuera de los círculos intelectuales. Su experiencia en el exilio tras la Guerra de la Independencia fue un momento difícil y doloroso en su vida.

Reconocimiento y recepción

En su época, Moratín fue reconocido por la crítica ilustrada como el renovador del teatro español, aunque sus obras también generaron controversia y oposición por parte de los defensores de la tradición barroca. "El sí de las niñas" fue prohibida temporalmente por la Inquisición. Tras su muerte, su figura se consolidó como un clásico del teatro español y un referente del Neoclasicismo.

Influencias y legado

Moratín fue influenciado por Molière, Terencio y la preceptiva teatral neoclásica. Su legado es fundamental para la historia del teatro español, ya que sentó las bases del teatro moderno y demostró la eficacia del género para la crítica social y la reforma de las costumbres. Sus obras siguen representándose y estudiándose por su valor literario y su mensaje.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Moratín es analizada desde la perspectiva del Neoclasicismo y la Ilustración, destacando su compromiso con la razón, la crítica social y la educación del pueblo. Se le considera un moralista que utiliza la comedia como vehículo para la reflexión y el progreso.

Infancia y formación

Moratín era conocido por su escepticismo hacia el amor romántico y su defensa de la razón sobre los impulsos pasionales, lo cual se refleja en sus obras. Era un hombre de gustos refinados y un gran conocedor de la literatura europea.

Muerte y memoria

Leandro Fernández de Moratín falleció en París en 1828, alejado de su patria. Sus restos fueron repatriados a España en 1844 y se encuentran en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid. Su memoria se mantiene viva a través de la continuidad de su obra en el repertorio teatral y en los estudios académicos sobre el Siglo de las Luces y el teatro español.