Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

1760–1828 · vivió 68 años -- --

Leandro Fernández de Moratín fue un dramaturgo y prosista español, considerado la figura más importante de la Ilustración teatral en España. Su obra se caracteriza por la aplicación de las reglas del Neoclasicismo, con un marcado propósito didáctico y de reforma de las costumbres sociales, especialmente en lo referente a la condición de la mujer y los matrimonios concertados. Maestro del diálogo y la caracterización de personajes, sus comedias son un reflejo crítico de la sociedad de su tiempo, a la vez que modelos de la preceptiva teatral neoclásica.

n. 1760-03-10, Madrid · m. 1828-06-21, Paris

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El sí de las niñas

DON DIEGO: Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo manden, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Leandro Fernández de Moratín fue un dramaturgo, poeta y prosista español, máximo exponente del teatro neoclásico en España. Nació en Madrid el 10 de marzo de 1760 y falleció en París el 21 de junio de 1828. Hijo del también escritor Nicolás Fernández de Moratín, creció en un ambiente intelectual propicio. Fue una figura destacada de la Ilustración española, defendiendo los principios de la razón y la reforma social a través del arte. Escribió en español y su obra se inscribe en el contexto histórico de la España del Siglo de las Luces, con sus tensiones entre la tradición y las nuevas ideas reformistas.

Infancia y formación

Desde joven, su padre le inculcó el amor por la literatura y la cultura clásica. Recibió una sólida formación humanística, aprendiendo latín, griego, francés e italiano, lo que le permitió acceder directamente a las obras de los grandes autores clásicos y modernos. Tuvo contacto con los círculos ilustrados madrileños, donde se gestaban las reformas culturales y políticas de la época. Su formación autodidacta y su contacto con el pensamiento de la Ilustración europea fueron fundamentales en su desarrollo intelectual.

Trayectoria literaria

Moratín inició su carrera literaria como poeta y traductor, pero pronto se volcó hacia el teatro, considerado por los ilustrados como el género más eficaz para la enseñanza moral y cívica. Su debut teatral importante fue "El viejo y la niña" (1791), seguida por su obra cumbre, "El sí de las niñas" (1806). También tradujo obras de Molière, demostrando su admiración por el dramaturgo francés. Viajó por Europa, lo que amplió su visión cultural y literaria. Fue bibliotecario de la Real Biblioteca y, durante la ocupación napoleónica, simpatizó con el nuevo régimen, lo que le acarreó el exilio tras la restauración absolutista.

Obra, estilo y características literarias

La obra de Moratín se rige por los principios del Neoclasicismo: unidad de tiempo, lugar y acción, verosimilitud, decoro y finalidad didáctica. Sus comedias, como "La comedia nueva o el café" (1792), "El barón" (1803) y "El sí de las niñas", critican las costumbres sociales de su tiempo, especialmente los matrimonios concertados, la ignorancia y la superstición. Empleó un lenguaje claro y natural, diálogos ingeniosos y personajes bien definidos, reflejo de la sociedad madrileña. Su estilo es preciso, elegante y desprovisto de excesos retóricos, buscando la claridad y la persuasión.

Contexto cultural e histórico

Moratín es el máximo representante del teatro neoclásico español, influenciado por la Ilustración francesa y las ideas de la Academia. Vivió en un periodo de transición y conflicto en España, marcado por el absolutismo, las reformas ilustradas y, finalmente, la invasión napoleónica. Su teatro buscaba reformar la sociedad, educar al público y depurar la escena española de los excesos del teatro barroco. Fue miembro de la Real Academia Española y desempeñó un papel importante en la vida cultural de su tiempo.

Vida personal

Moratín llevó una vida dedicada a las letras y a la función pública. Su profunda discreción y su carácter reservado le impidieron establecer relaciones personales muy estrechas fuera de los círculos intelectuales. Su experiencia en el exilio tras la Guerra de la Independencia fue un momento difícil y doloroso en su vida.

Reconocimiento y recepción

En su época, Moratín fue reconocido por la crítica ilustrada como el renovador del teatro español, aunque sus obras también generaron controversia y oposición por parte de los defensores de la tradición barroca. "El sí de las niñas" fue prohibida temporalmente por la Inquisición. Tras su muerte, su figura se consolidó como un clásico del teatro español y un referente del Neoclasicismo.

Influencias y legado

Moratín fue influenciado por Molière, Terencio y la preceptiva teatral neoclásica. Su legado es fundamental para la historia del teatro español, ya que sentó las bases del teatro moderno y demostró la eficacia del género para la crítica social y la reforma de las costumbres. Sus obras siguen representándose y estudiándose por su valor literario y su mensaje.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Moratín es analizada desde la perspectiva del Neoclasicismo y la Ilustración, destacando su compromiso con la razón, la crítica social y la educación del pueblo. Se le considera un moralista que utiliza la comedia como vehículo para la reflexión y el progreso.

Infancia y formación

Moratín era conocido por su escepticismo hacia el amor romántico y su defensa de la razón sobre los impulsos pasionales, lo cual se refleja en sus obras. Era un hombre de gustos refinados y un gran conocedor de la literatura europea.

Muerte y memoria

Leandro Fernández de Moratín falleció en París en 1828, alejado de su patria. Sus restos fueron repatriados a España en 1844 y se encuentran en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid. Su memoria se mantiene viva a través de la continuidad de su obra en el repertorio teatral y en los estudios académicos sobre el Siglo de las Luces y el teatro español.

Poemas

33

Oda Traducción De Horacio

Rumbo mejor, Licino,
seguirás no engolfándote en la altura,
ni aproximando el pino
a playa mal segura,
por evitar la tempestad oscura.
El que la medianía
preciosa amó, del techo quebrantado
y pobre se desvía
como del envidiado
alcázar, de oro y pórfidos labrado.
Muchas veces el viento
árboles altos rompe; levantadas
torres, con más violento
golpe caen arruinadas;
hiere el rayo las cumbres elevadas.
No en la dicha confía
el varón fuerte; en la aflicción espera
más favorable día:
Jove la estación fiera
del hielo vuelve en grata primavera.
Si mal sucede ahora,
no siempre mal será. Tal vez no excusa
con cítara sonora,
Febo, animar la Musa;
tal vez el arco por los bosques usa.
En la desgracia sabe
mostrar al riesgo el corazón valiente;
y si el viento tu nave
sopla serenamente,
la hinchada vela cogerás prudente.


449

Oda Traducción De Horacio

Más seguro ¡oh! Licino
vivirás no engolfándote en la altura,
ni aproximando el pino
a playa mal segura,
por evitar la tempestad obscura.
El que la medianía
preciosa amó, del techo quebrantado
y pobre se desvía
como del envidiado
albergue en oro y pórfidos labrado.
Muchas veces el viento
árboles altos rompe; levantadas
torres con más violento
golpe caen arruinadas;
hiere el rayo las cumbres elevadas.
No en la dicha confía
el varón fuerte; en su aflicción espera
más favorable día:
Jove la estación fiera
del hielo vuelve en grata primavera.
Si mal sucede ahora,
no siempre mal será. Tal vez no excusa
con cítara sonora
Febo animar la musa;
tal vez el arco por los bosques usa.
En la desgracia sabe
mostrar al riesgo el corazón valiente
y si el viento tu nave
sopla serenamente
la hinchada vela cogerás prudente.

422

Epigrama A Munárriz

Tu crítica majadera
de los dramas que escribí,
Pedancio, poco me altera;
mas pesadumbre tuviera
si te gustaran a ti.


463

Soneto A La Memoria De D Juan Meléndez Valdés, Poeta Lírico Español Que Murió Desterrado En Franci

Ninfas la lira es ésta que algún día
pulsó Batilo en la ribera umbrosa
del Tormes, cuya voz armoniosa
el curso de las ondas detenía.

Quede pendiente en esta selva fría,
del lauro mismo que la cipria Diosa
mil veces desnudó cuando amorosa
la docta frente a su cantor ceñía.

Intacta y muda entre la pompa verde,
solo en sus fibras resonando el viento
el claro nombre de su dueño acuerde.

Ya que la patria, en el común lamento
feroz ignora la opinión que pierde
negando a sus cenizas monumento.


371

Epigrama A Lesbia Modista

Lesbia, tú que a las bonitas
añadir adornos puedes;
como a todas las excedes,
de ninguno necesitas.


454

Soneto Con Motivo De Haber Hecho Un Pequeño Sentimmiento La Cúpula De S Pedro En El Año 1810 Cuand

Porque amenazas trágica ruina
¡oh! tiempo a la gran mole sacrosanta
que en bóvedas soberbias se levanta
honor de Tibre, la ciudad latina

y cuanto existe a perecer camina
y todo el brazo tuyo lo quebranta
harto merece maravilla canta
huellas su destrucción menos vecina

Caiga si cumple así precipitado
de Pedro el trono el rayo de la guerra
rompa y trastorne llaves y corona

días no su tempo insigne ofenda agrado
y tú para consuelo de la tierra:
los monumentos del sudor perdona.


369

Silva Al Nuevo Plantío Que Mandó Hacer En El Año De 1813 El Mariscal Suchet En La Alameda De Valenc

Ya la feliz ribera
del edetanio río
a gozar vuelve su beldad primera,
y los que devastó furor impío
de Gradivo sangriento,
feraces campos gratos a Pomona,
la amiga paz corona
con árboles umbrosos,
y ya en su nueva pompa bulle el viento.

¡Oh! prosperen dichosos,
una edad y otra acrecentar los vea
tronco robusto y ramas tembladoras;
y cuando el rayo de la luz febea
en las estivas horas
el aire enciende, asilo den suaves
y tálamo fecundo
al coro lisonjero de las aves.

Amor, el dulce Amor, alma del mundo,
aquí tendrá su imperio y monarquía,
y los pensiles dejará de Gnido,
la mansión del Olimpo y sus centellas,
por gozar atrevido,
en la que va a crecer floresta umbría,
los verdes ojos de sus ninfas bellas.

¿Quién de sus flechas pudo
el pecho defender? Aquí el gemido
del amador escuchará la hermosa;
el corazón herido,
y el labio honesto a la respuesta mudo:
aquí de su celosa
pasión las iras breves,
(que breves han de ser de amor las iras)
tal vez exhalará con tiernas voces;
y en tanto el son de las acordes liras,
llevado de los céfiros veloces,
al canto y danza animará festivo
mientras alta Dictina rompe el velo
nocturno, en carro de luciente plata,
y con él arrebata
el curso de las horas fugitivo.

Y tú, que viste de tu fértil suelo
alzarse inútil muro,
abatir la segur antiguos troncos,
de tu corba ribera honor sagrado,
alcázares arder y humildes techos,
tronar los bronces de Mavorte roncos,
envuelta en humo obscuro
tu ciudad bella, y rotos y deshechos
ejércitos, y en sangre amancillado
tu raudal cristalino,
¡Oh! ¡Padre Turia! Si difunde el cielo
sobre tus campos su favor divino,
de guirnaldas ornándote la frente;
corre soberbio al mar. En raudo vuelo
dilatará la fama
el nombre que veneras reverente,
del que hoy añade a tu región decoro
y de apolínea rama
ciñe el bastón y la balanza de oro.
Digno adalid del dueño de la tierra,
de el de Vivar trasunto:
que en paz te guarda, amenazando guerra,
y el rayo enciende que vibro en Sagunto.

389

Epigrama

Aqui yace mi mujer
¡qué dicha para los dos!
ella se fue a ver a Dios,
y Dios me ha venido a ver


736

Al Excmo Sr Príncipe De La Paz Por Su Matrimonio Con La Hija Del Infante D Luis Coplas De Arte Ma

A vos el apuesto complido garzón
asmándovos grato la péñola mía,
vos faz omildosa la su cortesía
con metros polidos vulgares en son;
ca non era suyo latino sermón
trobar, e con ese decirvos loores
calonges e prestes, que son sabidores,
la parla vos fablen de Tulio e Marón.

Por ende, si tanto la suerte me da,
maguer que vos diga roman paladino,
fiducia me viene que lueñe e vecino
la gen acuciosa mi carta verá
e vuesas faranas que luego dirá
gravedosa estoria por modo sotil
serán de Castiella mil eras e mil
membranza placiente que non finirá.

E tanto meresce falagos de amor
aquel que alegroso nos dio bienandanza
e al común conorte la mucha amistanza
ovo de Don Carlos, el nueso Senor.
Sepades, le dijo, buen alcanzador
que en todo el mi regno vos fago imperante
a tal que del sceptro dorado, pesante,
la grava fadiga semege menor.

Catad que mis fijos demandan de mí
de ser aducidos en sancta equidad
a non acuitallos las mientes parad
en ropas abonden e pan otrosí
e cuando mis tierras (que tal non creí)
mesnadas de allende osaren correr,
faced a los míos punar e vencer,
ca siempre ganosos de liza los vi.

E ved non fallezcan a tal ocasión
lorigas, paveses, e todo lo al,
e mucho trotero ardido e leal
de los más preciados que en Córdoba son,
e naves, con luengo ferrado espolón,
guarnidas de tiros que lancen pelotas
non cuide aviltarnos, mandando sus flotas
la pérfida gente dallá de Albión.

E guay non aduzga mintrosa la paz
al valor nativo dañinos placeres
nin seyan sofridos los vanos saberes
que mucho del orbe turbaron la faz
allí do pregonan holganza e solaz,
allí rudo vulgo e sandio se inclina,
divaga sañoso, virtud abomina;
que tanto en él puede logüela sagaz.

Empero non yaga de error circuido
la sciencia le amuestre su puro claror
non cure atristado ventura mayor
en buen regimiento guardado e punido:
ansi el caballero ruando lucido
acucia o detiene la alfana que monta,
e parte, al agudo estímulo pronta,
o dócil se para el freno sentido.

A tal platicaba la su señoría,
e cedo el Magnate respuso a Don Rey:
non fuera nascido de alcuña de ley
se al vueso talante non obedescia.
Solene omenaje falto e pleitesía,
(e dijol tomando la cruz del espada)
que finque la vuesa merced acatada,
e España recabde su prez e valía.

De entonce colmalla de bienes cuidó
la paz se posara a su lado yocunda,
la cuita fenesce, de frutos abunda
el suelo que en sangre la guerra alagó,
la su dulcedumbre temores quitó
del ome entorpido que yaz en tristura,
e quisto de buenos la su derechura
le fiz, é al inico sañoso aterró.

E vímosle a guisa de diestro adalid,
faciendo reseña la hueste real,
mandar sus hileras, e a son de atabal
poner a los ojos la marcha e la lid:
ansi de los muros miró de Madrid
la plebe agarena venir a cercalla,
desnuda tizona en tren de batalla
al fiero cabdillo que digeron Cid.

¡Oh, fuérale dado seguir el pendón
que bordan castillos, barras e leones
romper animoso por los escuadrones
bárbaros de sangre teñido el trotón!
Tímidos fuyeran jinete y peón
en llama apurando sus tiendas caídas
e al estrago horrendo matanzas e feridas,
cuidaran que fuese Jacobo el patrón.

Devédalo empero la pro comunal,
e del alto alcázar do tiene su silla;
segundo en potencia le acata Castilla;
sotil palaciano, sirviente leal:
largosa por ende la mano real
quisiera abastalle de dones subidos;
cual nunca de alguno non fueron habidos,
siquier home bueno, siquier principal.

E ved de cual arte ser quito pensó
el Rey, que sesudo catara sus fechos:
ayúntale dende con nudos estrechos
al mesmo avolorio de donde nasció;
e luego e si voceros mandó
que cedo a la rica Toledo se vayan,
e aquesa manceba garrida le trayan,
fija del Infante que Dios perdonó.

La flor de lindeza, donaire y mesura,
en ella se adunan, la bien paresciente:
de rojos corales su boca riente,
sobrando a la nieve su tez en albura,
la luz de sus ojos espléndida y pura,
la voz falagosa, gentil su ademán;
Florinda, la causa del nueso desmán,
non ovo tal gesto, nin tal apostura.

¡Oh!, vivan entrarnos en plácida unión,
jamás empescida de fado siniestro
seyendo en el siglo criminoso nuestro
de virtud ecelsa dechado e blasón
la fama do quiera con alto pregón
su prole ventura perínclita cante
e aquisten ilustre memoria durante
su nome, sus fechos, su clara nación.

385

A La Excma Sra Marquesa De Villafranca Con Motivo De La Muerte De Su Hijo Primogénito Silva Elegí

No siempre de las nubes abundante
lluvia baña los prados
ni siempre altera el piélago sonante
Bóreas, ni mueve los robustos pinos
sobre los montes de Pirene helados.
A los acerbos turbulentos días
otros siguen de paz, la luz de Apolo
cede a las sombras frías,
a el mal sucede el bien. En esto solo,
los aciertos divinos
el hombre ve de aquella mano eterna

que en orden admirable,
todo lo muda y todo lo gobierna.

Y tú, rendida a la aflicción y el llanto,
¿Durar podrás en luto miserable,
sensible madre, enamorada esposa?
¿Pudo en tu pecho tanto
la pérdida cruel, que a la preciosa
víctima por la muerte arrebatada,
otra añadir intentes?
Y no será que de tu ruego instada,
la prenda que llevó te restituya,
no, que la esconde en el sepulcro frío.

Esa vida fugaz no toda es tuya
es de un esposo, que el afán que sientes
sufre, y el caso impío
que de su bien le priva y su esperanza:
es de tu prole hermosa,
que mitigar intenta
con oficioso ardor tu amargo lloro;
si tanto premio su fatiga alcanza.

Sube doliente a las techumbres de oro
el gemido materno,
y en la callada noche se acrecienta.
La indócil fantasía
te muestra al hijo tierno,
como a tu lado le admiraste un día,
sensible a la amistad, y al heredado
honor: modesto en su moral austera:
al ruego de los míseros piadoso:
de obediencia filial, de amor fraterno,
de virtud verdadera
ejemplo no común. Negó al reposo
las fugitivas horas,
y al estudio las dio: sufrió constante
las iras de la suerte,
cuando no usada a tolerar cadena,
la patria alzó sus cruces vencedoras.
¡Oh! Si en edad más fuerte
se hubiese visto, y del arnés armado
en la sangrienta arena:
¡Oh, como hubiera dado
castigo a la soberbia confianza
del invasor injusto,
a su nación laureles,
gloria a su estirpe y a su rey venganza!

Tanto anunciaba el ánimo robusto,
con que en el lecho de dolor postrado,
le viste padecer ansias crueles;
cuando inútil el arte
cedió y confuso, y le cubrió funesta
sombra de muerte en torno. El arco duro
armó la inexorable, al tiro presta,
y por el viento resonando parte
la nunca incierta vira.
Él, de valor, de alta esperanza lleno,
preciando en nada el mundo que abandona,

reclinado en el seno
de la inefable Religión espira.

Ya no es mortal. Entre los suyos vive:
de fúlgido esplendor áurea corona
le circunda la frente.
El premio de sus méritos recibe
ante el solio del Padre omnipotente
de angélicos espíritus cercado
que difunden fragancias y armonía
por el inmenso Olimpo, luminoso.
Debajo de sus pies parece obscuro
el gran planeta que preside al día,
ve el giro dilatado
que dan los orbes por el éter puro,
en tardos o veloces movimientos,
verá los siglos sucederse lentos
y él en quietud segura
gozará venturoso
del sumo bien que para siempre dura.

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