Lista de Poemas

Pasión

¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo,
sobre la tierra por doquier me siga...
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.

¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno...
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.

¡Ámame!... Nada soy... pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.
830

Frío (cuento Bohemio)

La tarde era triste,
la nieve caía,
su blanco sudario
los campos cubría;
ni un ave volaba,
ni oíase rumor.

Apenas la nieve
dejando su huella,
pasaba muy triste,
muy pálida y bella,
la niña que ha sido
del valle la flor.

Llevaba en el cinto
su pobre calzado;
su hermano pequeño
que marcha a su lado
le dice: —«No sienten
la nieve tus pies?»

«Mis pies nada sienten»
—responde con calma—
«el frío que yo siento
lo llevo en el alma;
y el frío de la nieve
más duro no es».

Y dice el pequeño
que helado tirita:
—«¡Más frío que el de nieve!...
¿Cuál es, hermanita?
¡No hay otro que pueda
decirse mayor!...»

—«Aquel que de muerte
las almas taladre;
aquel que en el alma
me puso mi madre
el día que a mi esposo
me unió sin amor».
539

Amémonos

Buscaba mi alma con afán tu alma,
buscaba yo la virgen que mi frente
tocaba con su labio dulcemente
en el febril insomnio del amor.

Buscaba la mujer pálida y bella
que en sueño me visita desde niño,
para partir con ella mi cariño,
para partir con ella mi dolor.

Como en la sacra soledad del templo
sin ver a Dios se siente su presencia,
yo presentí en el mundo tu existencia,
y, como a Dios, sin verte, te adoré.

Y demandando sin cesar al cielo
la dulce compañera de mi suerte,
muy lejos yo de ti, sin conocerte
en la ara de mi amor te levanté.

No preguntaba ni sabía tu nombre,
¿en dónde iba a encontrarte? lo ignoraba;
pero tu imagen dentro el alma estaba,
más bien presentimiento que ilusión.

Y apenas te miré... tú eras ángel
compañero ideal de mi desvelo,
la casta virgen de mirar de cielo
y de la frente pálida de amor.

Y a la primera vez que nuestros ojos
sus miradas magnéticas cruzaron,
sin buscarse, las manos se encontraron
y nos dijimos «te amo» sin hablar

Un sonrojo purísimo en tu frente,
algo de palidez sobre la mía,
y una sonrisa que hasta Dios subía...
así nos comprendimos... nada más.

¡Amémonos, mi bien! En este mundo
donde lágrimas tantas se derraman,
las que vierten quizá los que se aman
tienen yo no sé que de bendición,

dos corazones en dichoso vuelo;
¡Amémonos, mi bien! Tiendan sus alas
amar es ver el entreabierto cielo
y levantar el alma en asunción.

Amar es empapar el pensamiento
en la fragancia del Edén perdido;
amar es... amar es llevar herido
con un dardo celeste el corazón.

Es tocar los dinteles de la gloria,
es ver tus ojos, escuchar tu acento,
en el alma sentir el firmamento
y morir a tus pies de adoración.
809

Francesca

—La tierra en donde vi la luz primera
es vecina del golfo en que suspende
el Po, ya fatigado, su carrera.

Amor, que sin sentir el alma prende,
a éste prendó del don, que arrebatado
me fue de modo que aun aquí me ofende.

Amor, que obliga a amar al que es amado,
juntónos a los dos con red tan fuerte
que para siempre ya nos ha ligado.

Amor hiriónos con terrible suerte;
y está Caín de entonces esperando
aquí al perverso que nos dio la muerte.

Palabras tan dolientes escuchando,
incliné sobre el pecho la cabeza,
«¿en qué —dijo el Poeta— estás pensando?»

Y respondí, movido de tristeza
—«¡Ay de mí! ¡Cuánto bello pensamiento,
cuánto sueño de amor y de terneza

»los condujeron al fatal momento!».
Y vuelto a ellos «¡oh, Francesca! —dije—,
al corazón me llega tu lamento;

»y de tal modo tu dolor me aflige,
que las lágrimas bañan mi semblante.
Pero tu triste voz a mí dirige,

»y dime de qué modo, en cuál instante,
cuando tan dulcemente suspirabais,
y en el fondo del alma, vacilante,

»tímido aún vuestro deseo guardabais.
¿Dime de qué manera inesperada
os reveló el Amor que os adorabais?»

Ella me respondió: «¡Desventurada!
¡No hay pena más aguda, más impía,
que recordar la dicha ya pasada

»en medio de la bárbara agonía
de un presente dolor!... Y esa tortura
la conoce muy bien el que te guía.

»Mas ya que tu piedad saber procura
el cómo aquel amor rasgó su velo,
llorando te diré mi desventura».

Leíamos con quietud y grato anhelo
de Lancelote el libro cierto día,
solos los dos y sin ningún recelo.

Leíamos... y en tanto sucedía
que dulces las miradas se encontraban
y el color del rostro se perdía.

Un solo punto nos venció. Pintaban
cómo de la ventura en el exceso,
en los labios amados apagaban

los labios del amante, con un beso,
la dulce risa que a gozar provoca.
Y entonces éste, que a mi lado preso

para siempre estará, con ansia loca
hizo en su frenesí lo que leía...
temblando de pasión besó mi boca...
y no leímos más en aquel día.
418

Soñaba (heine)

Soñaba yo: mis párpados henchidos
de lágrimas sentía;
soñé que estabas en la tumba, muerta,
y muerta te veía...
Era un sueño no más , pero despierto
lloraba todavía.

Estaba yo soñando, y por la cara,
el llanto me corría;
soñé que te arrancaba de mi lado
alguno, vida mía...
Era un sueño no más, pero despierto
lloraba todavía.

Soñaba yo... Me ahogaban los sollozos,
el llanto me bebía...
Estaba yo soñando que me amabas,
¡soñando que eras mía!
¡Era un sueño no más, no más que un sueño,
y lloro, más que nunca, todavía!
434

Adiós

Adiós para siempre, mitad de mi vida,
un alma tan sólo teníamos los dos;
mas hoy es preciso que esta alma divida
la amarga palabra del último adiós.

¿Por qué nos separan? ¿No saben acaso
que pasa la vida cual pasa la flor?
cruzamos el mundo como aves de paso...
mañana la tumba, ¿por qué hoy el dolor?

¿La dicha secreta de dos que se adoran
enoja a los cielos, y es fuerza sufrir?
¿Tan sólo son gratas las almas que lloran
al torvo destino?... ¿La ley es morir?...

¿Quién es el destino?... Te arroja a mis brazos,
en mi alma te imprime, te infunde en mi ser,
y bárbaro luego me arranca a pedazos
el alma y la vida contigo... ¿por qué?

Adiós... es preciso. No llores... y parte.
La dicha de vernos nos quitan no más;
pero un solo instante dejar de adorarte,
hacer que te olvide, ¿lo pueden? ¡Jamás!

Con lazos eternos nos hemos unido;
en vano el destino nos hiere a los dos...
¡las almas que se aman no tienen olvido,
no tienen ausencia, no tienen adiós!


501

En El Baño

Alegre y sola en el recodo blando
que forma entre los árboles el río
al fresco abrigo del ramaje umbrío
se está la niña de mi amor bañando.

Traviesa con las ondas jugueteando
el busto saca del remanso frío,
y ríe y salpica el glacial rocío
el blanco seno, de rubor temblando.

Al verla tan hermosa, entre el follaje
el viento apenas susurrando gira,
salta trinando el pájaro salvaje,

el sol más poco a poco se retira;
todo calla... y Amor, entre el ramaje,
a escondidas mirándola, suspira.
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Identificación y contexto básico

Manuel María Flores fue un prominente poeta, periodista y político mexicano, reconocido como una de las figuras centrales del Romanticismo en México. Nacido en la Ciudad de México, su vida transcurrió en un periodo de gran efervescencia política y cultural para el país. Fue conocido por su fervor patriótico y su defensa de las causas liberales. Su nacionalidad mexicana y su escritura en español lo vincularon estrechamente con las inquietudes de su época y su nación.

Infancia y formación

Detalles específicos sobre su infancia y formación temprana son escasos, pero se sabe que Manuel María Flores recibió una educación que le permitió desarrollar su talento literario y su interés por la política. Es probable que se formara en el ambiente intelectual y periodístico de la Ciudad de México, absorbiendo las corrientes literarias y las ideas políticas de la época. Las lecturas de poetas románticos europeos y la realidad social de México habrían sido influencias formativas importantes.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de Flores se inició en su juventud, publicando poemas y artículos en diversas publicaciones periódicas. Se destacó rápidamente por su estilo apasionado y su compromiso con los ideales liberales. A lo largo de su carrera, no solo cultivó la poesía, sino que también fue un periodista incansable, cronista de su tiempo y crítico de la situación política y social. Su obra evolucionó, manteniendo siempre la intensidad emocional característica del Romanticismo, pero también adaptándose a las demandas de la esfera pública.

Obra, estilo y características literarias

Entre sus obras poéticas más reconocidas se encuentran "El himno de la independencia" y "Poemas de la tarde". Sus temas principales incluyen el amor apasionado, el patriotismo, la naturaleza idealizada y la reflexión sobre el destino de México. Formalmente, empleó una métrica variada, a menudo con rimas ricas y un ritmo cadencioso, característico del Romanticismo. Su estilo es grandilocuente, emotivo y lleno de imágenes vívidas. La voz poética es a menudo apasionada, exaltada y, en ocasiones, melancólica. Su lenguaje es rico y ornamentado, buscando la musicalidad y la evocación de sentimientos intensos. Introdujo un lirismo profundo en la poesía mexicana, ligada a las aspiraciones nacionales.

Contexto cultural e histórico

Manuel María Flores vivió en un México post-independencia, convulso por conflictos internos y la intervención extranjera. Fue un férreo defensor de las causas liberales y un crítico de los regímenes conservadores. Perteneció a la corriente del Romanticismo mexicano, que buscaba definir una identidad nacional a través del arte y la literatura. Su compromiso político se reflejó en su obra y en su actividad periodística, donde defendió la libertad de prensa y los ideales democráticos.

Vida personal

La vida personal de Manuel María Flores estuvo marcada por su activismo político y su dedicación al periodismo y la poesía. Tuvo relaciones significativas en el ámbito intelectual y político de su tiempo. Sus convicciones liberales y su compromiso cívico fueron pilares de su existencia. Si bien vivió de su trabajo como escritor y periodista, su influencia trascendió lo meramente literario.

Reconocimiento y recepción

En su época, Manuel María Flores gozó de un considerable reconocimiento como poeta y periodista. Fue una figura influyente en los círculos literarios y políticos de México. Su obra fue apreciada por su fuerza expresiva y su compromiso con los ideales de la nación. Aunque el tiempo ha podido matizar su lugar en la historia literaria, su importancia como representante del Romanticismo mexicano y su labor periodística son innegables.

Influencias y legado

Manuel María Flores bebió de las fuentes del Romanticismo europeo, adaptando sus postulados al contexto mexicano. Su obra influyó en poetas posteriores, especialmente en aquellos interesados en la temática patriótica y el lirismo apasionado. Su legado se encuentra en la consolidación de una voz poética nacional y en su papel como pionero del periodismo moderno en México.

Interpretación y análisis crítico

La obra de Flores ha sido analizada desde la perspectiva del Romanticismo, destacando su capacidad para evocar sentimientos intensos y su compromiso con los ideales de su tiempo. Los críticos suelen señalar la fuerza de su lenguaje y la musicalidad de sus versos, así como su papel en la definición de una identidad literaria mexicana.

Infancia y formación

Entre los aspectos menos conocidos de Manuel María Flores, se destaca su faceta como un hombre profundamente involucrado en los debates políticos de su época. Su periodismo fue a menudo audaz y polémico, reflejando un carácter combativo y una clara vocación por la defensa de sus ideales.

Muerte y memoria

Manuel María Flores falleció en la Ciudad de México. Su muerte se produjo en un contexto de continuidad de su labor literaria y periodística. Su memoria se mantiene viva como uno de los poetas románticos más importantes de México y como una figura influyente en la historia del periodismo del país.