Mario Benedetti

Mario Benedetti

1920–2009 · vivió 88 años UY UY

Mario Benedetti fue un escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo, cuya obra se caracteriza por un lenguaje claro, directo y cercano al lector, abordando temas como el amor, la soledad, la vejez, la política y la vida cotidiana con una profunda sensibilidad y un agudo sentido del humor. Considerado uno de los autores más populares y queridos de la literatura en español, Benedetti logró conectar con un público masivo a través de su estilo accesible y su compromiso social y ético, dejando un legado literario vasto y entrañable que sigue resonando en la actualidad.

n. 1920-09-14, Paso de los Toros · m. 2009-05-17, Montevidéu

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Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte

tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte

tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte

o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Mario Orlando Hardy Benítez Benedetti, conocido como Mario Benedetti, fue uno de los escritores más prolíficos y queridos de la literatura uruguaya y latinoamericana. Nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Tacuarembó, Uruguay. Falleció el 17 de mayo de 2009 en Montevideo, Uruguay. Hijo de Mario Benedetti y Matilde Benítez, procedía de una familia de clase media con orígenes italianos. Fue uruguayo y escribió en español. Vivió la mayor parte del siglo XX, un periodo de importantes cambios políticos y sociales en América Latina, incluyendo dictaduras y transiciones democráticas, así como la Guerra Fría.

Infancia y formación

Su infancia estuvo marcada por las mudanzas y los problemas económicos de su familia, lo que lo llevó a dejar la escuela secundaria prematuramente. Fue en gran medida autodidacta. Desde joven trabajó en diversos oficios, lo que le proporcionó una visión directa de la vida de la gente común. Sus lecturas fueron variadas, abarcando desde autores clásicos hasta contemporáneos, y su formación fue principalmente autodidacta, nutriéndose de la experiencia vital y la lectura. Las lecturas de autores como Borges, Kafka y Cortázar, así como su militancia política, influyeron en su pensamiento y obra. La temprana muerte de su padre y las dificultades económicas moldearon su carácter y su visión del mundo.

Trayectoria literaria

Comenzó a publicar poesía en revistas en la década de 1940, pero su reconocimiento masivo llegó con la publicación de su primera novela, *La tregua*, en 1960. Su obra abarca prácticamente todos los géneros literarios. Su obra evolucionó desde una poesía inicial más introspectiva y existencial hacia una poesía social y política, y luego hacia una etapa de madurez donde la reflexión sobre la vida, el amor, la vejez y la memoria se combinan con un humor agudo y una mirada crítica sobre la realidad. Publicó una vasta obra: más de una veintena de poemarios, una docena de novelas, cuentos, ensayos, obras de teatro y guiones. Fue director del suplemento "Marcha" y trabajó como periodista y crítico literario, colaborando en numerosos medios de comunicación en Uruguay y el extranjero. Fue también un activo militante y promotor cultural. Vivió gran parte de su vida en el exilio, especialmente durante la dictadura militar en Uruguay, residiendo en Argentina, Cuba y España.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras más emblemáticas incluyen la novela *La tregua* (1960), el poemario *Inventario uno* (1956-1966) y la colección de cuentos *El cumpleaños de Juan Ángel* (1971). Los temas centrales de su obra son el amor (cotidiano, a veces melancólico), la soledad, la vejez, la muerte, la injusticia social, la política, la crítica al sistema y la vida urbana. Su estilo se caracteriza por la sencillez, la naturalidad, la ironía y un lenguaje coloquial y accesible, evitando la grandilocuencia y buscando la cercanía con el lector. Utiliza con frecuencia el verso libre, pero también formas métricas tradicionales adaptadas a su discurso. La voz poética es predominantemente la del hombre común, el ciudadano de a pie, con sus preocupaciones y esperanzas. El tono es generalmente íntimo, tierno, irónico y a menudo melancólico, pero también combativo y esperanzado. Benedetti es un maestro en la captación de las emociones y situaciones cotidianas, dotándolas de una profundidad universal. Su habilidad para la metáfora sencilla y la imagen vívida son notables. Su obra se sitúa en la línea de la poesía social y realista, pero con un toque personal e intransferible. Además de sus obras más conocidas, escribió cuentos como *Gracias por el fuego* (1965) y poemarios como *El amor, las mujeres y la vida* (1995).

Contexto cultural e histórico

Vivió en un Uruguay democrático y luego convulso, marcado por la creciente polarización política y la dictadura militar (1973-1985). Fue un intelectual comprometido con las causas sociales y políticas de América Latina. Tuvo estrechos vínculos con otros escritores latinoamericanos, participando activamente en el circuito cultural de la región. Fue una figura clave en el "boom" de la literatura latinoamericana. Se le asocia a la "Generación del 45" uruguaya y a la corriente de la "literatura comprometida". Su postura política fue consistentemente de izquierda, defendiendo la justicia social, los derechos humanos y la soberanía de los pueblos latinoamericanos. Fue crítico con las políticas neoliberales y el imperialismo. La realidad social y política de Uruguay y América Latina fue un motor fundamental de su obra, reflejando las luchas, esperanzas y frustraciones de su tiempo. Fue un referente para muchos intelectuales y artistas de su generación y posteriores. Su recepción en vida fue masiva, convirtiéndose en un fenómeno de ventas y lectura popular, tanto en Uruguay como en el resto de Hispanoamérica y España. El reconocimiento académico se ha consolidado con el tiempo.

Vida personal

Se casó con Luz López Alegre en 1949, una relación que marcó su vida y obra, inspirando muchos de sus poemas y personajes. Cultivó amistades profundas con figuras como Eduardo Galeano y otros intelectuales y artistas. El exilio, la censura y la incertidumbre política fueron experiencias vitales importantes que moldearon su escritura. Además de su prolífica carrera literaria, trabajó como periodista, locutor de radio y funcionario público. Sus convicciones políticas y humanistas fueron un pilar en su vida, orientando su compromiso social. Su militancia política lo llevó a participar activamente en movimientos sociales y culturales, abogando por la democracia y la justicia.

Reconocimiento y recepción

Es uno de los autores más leídos y queridos en el ámbito hispanohablante. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y ha obtenido diversos premios y reconocimientos a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999). Su popularidad trasciende las fronteras académicas, siendo un autor de cabecera para millones de lectores. La crítica lo valora por su autenticidad, su maestría para retratar la condición humana y su compromiso ético.

Influencias y legado

Fue influenciado por la poesía española e hispanoamericana, el existencialismo y las corrientes literarias de su época, pero desarrolló un estilo propio e inconfundible. Su legado es el de un escritor cercano, humano y comprometido, que democratizó la poesía y la novela, haciéndolas accesibles a un público amplio. Ha influenciado a numerosos escritores por su estilo directo y su temática social. Su obra forma parte del canon literario uruguayo y latinoamericano, y su lectura es esencial para comprender la literatura y la historia reciente de la región. Sus poemas y cuentos han sido adaptados al cine y al teatro. Existe una importante obra crítica y académica sobre su producción.

Interpretación y análisis crítico

Su obra permite analizar la complejidad de las relaciones humanas, la crítica a las estructuras de poder, la nostalgia por la patria perdida y la búsqueda de la belleza y la ternura en la cotidianidad. Sus poemas invitan a la reflexión sobre la vida, el tiempo y la condición humana. Los debates críticos a menudo giran en torno a la aparente sencillez de su estilo frente a la profundidad de su mensaje, y a la relación entre su literatura y su militancia política.

Infancia y formación

Era conocido por su humor sutil y su capacidad para la autocrítica. Tenía una gran afición por el fútbol y los tangos, temas que a menudo aparecen en su obra. Su militancia política lo llevó a sufrir censura y persecución, pero nunca renunció a sus principios. Escribía a mano, y su disciplina de trabajo era notable, produciendo un gran volumen de obra. Su amor por Montevideo y sus paisajes urbanos es palpable en muchos de sus escritos.

Muerte y memoria

Falleció en Montevideo a causa de un cáncer, rodeado de su familia y amigos. Su muerte fue sentida como una gran pérdida en todo el mundo hispanohablante. Su legado se mantiene vivo a través de la lectura constante de sus obras y de la preservación de su memoria en instituciones culturales y a través de homenajes.

Poemas

183

La Secretaria Ideal

Yo soy la secretaria
ideal.

Mi jefe es elegante,
mi jefe es tan discreto,
es alto, es distinguido,
es un jefe completo.

Cuando viene y me ordena:
«una copia textual»,
yo soy la secretaria
ideal.

Mi jefe tiene esposa,
dos hijos y tres criadas.
La esposa por lo menos
no lo comprende nada.

Cuando él viene y me dice:
«somos tal para cual»,
yo soy la secretaria
ideal

Mi jefe tiene un mustang
y algún departamento
donde vamos a veces
yo y su remordimiento.

Entonces lo conformo:
«es pecado venial»,
yo soy la secretaria
ideal.

Mi jefe se comporta
como un tipo maduro,
la panza disimula
cuando viste de oscuro.

Y si bosteza y dice:
«hoy no, me siento mal»,
yo soy la secretaria
ideal.

Cuando se va mi jefe,
mi jefe ese hombre viejo
yo me desarmo y quedo
sola frente al espejo.

Y a mí misma me digo
el cansado ritual:
«Yo soy la secretaria
ideal».
816

La Infancia Es Otra Cosa

Es fácil vaticinar que los propagandistas de la infancia no van a interrumpir su campaña
quieren vendernos la inocencia cual si fuera un desodorante o un
horóscopo
después de todo saben que caeremos como gorriones en la trampa
piando nostalgias inventando recuerdos perfeccionando la ansiedad

los geniales demagogos de la infancia
así se llamen Amicis o Proust o Lamorisse
sólo recapitulan turbadores sacrificios móviles
campanarios globos que vuelven a su nube de origen
su paraíso recobrable no es exactamente nuestro siempre perdido
paraíso
su paraíso tan seguro como dos y dos son cuatro no cabe en
nuestro mezquino walhalla
ese logaritmo que nunca está en las tablas

los impecables paleontólogos de la infancia
duchos en exumar rondas triciclos mimos y otros fósiles
tienen olfato e intuición suficientes como para desenterrar y
desplegar mitos cautivantes pavores sabrosos felicidad a cuerda

esos decisivos restauradores
con destreza profesional tapan grietas y traumas
y remiendan con zurcido invisible el desgarrón que arruinaba
nuestro compacto recuerdo de cielo

sin embargo un día habrá que entrar a saco la podrida
infancia
no el desván
allí apenas habitan los juguetes rotos los álbumes de
sellos el ferrocarril rengo o sea la piel reseca de la infancia
no las fotografías y su letargo sepia
habrá que entrar a saco la miseria

porque la infancia
además del estanque de azogada piedad
que a cualquier precio adquieren los ávidos turistas del regreso
además de la espiga y la arañita
y el piano de Mompou
además del alegre asombro que dicen hubo
además de la amistad con el perro del vecino
del juego con las trenzas que hacen juego
además de todo eso
tan radiante tan modestamente fabuloso
y sin embargo tan cruelmente olvidado
la infancia es otra cosa

por ejemplo la oprobiosa galería de rostros
encendidos de entusiasmo puericultor y algunas veces de crueldad dulzona
y es (también la infancia tiene su otoño) la caída
de las primeras máscaras
la vertiginosa temporada que va de la inauguración del
pánico a la vergüenza de la masturbación inicial
rudimentaria
la gallina asesinada por los garfios de la misma buena parienta que nos
arropa al comienzo de la noche
la palabra cáncer y la noción de que no hay
exorcismo que valga
la rebelión de la epidermis las estupefacciones convertidas
en lamparones de diversos diseños y medidas
la noche como la gran cortina que nadie es capaz de descorrer y que sin
embargo oculta la prestigiosa momia del porvenir

por ejemplo la recurrente pesadilla
de diez cien veinte mil encapuchados
cuyo silencio a coro repetirá un longplay treinta años
más tarde con el alevoso fascinante murmullo de los lamas del
Tibet en sus cantos de muerte
pero que por entonces es sólo una interminable fila de
encapuchados balanceándose saliéndose del sueño
golpeando en el empañado vidrio de la cocina
proponiendo el terror y sus múltiples sobornos anexos

la otra infancia es qué duda cabe el insomnio con los ardides de
su infierno acústico
uno dejándose llevar despojado de sábanas mosquitero
camisón y pellejo
uno sin bronquios y sin tímpanos
dejándose llevar imaginándose llevado hacia un
lejanísismo casi inalcanzable círculo o celda o sima
donde no hay hormigas ni abuela ni quebrados ni ventana ni sopa y donde
el ruido del mundo llega sólo como un zumbido ni siquiera
insistente
es el golpe en la cara para ser más exacto en la nariz
el caliente sabor de la primera sangre tragada
y el arranque de la inquina la navidad del odio que irza el pelo
calienta las orejas aprieta los dientes gira los puños en un
molinete enloquecido mientras los demás asisten como un cerco de
horripiladas esperanzas timideces palabrotas y ojos con nauseas

es la chiquilina obligatoria distancia
la teresa rubia
de ojos alemanes y sonrisa para otros
humilladora de mis lápices de veneración de mis insignias
de ofrenda de mis estampillas de homenaje
futura pobre gorda sofocada de deudas y de hijos pero entonces tan
lejos y escarpada
y es también el amigo el único el mejor
aplastado en la calle


un día de éstos habrá que entrar a saco la podrida
infancia
habrá que entrar a saco la miseria

sólo después
con el magro botín en las manos crispadamente adultas
sólo después
ya de regreso
podrá uno permitirse el lujo la merced el pretexto
el disfrute
de hacer escala en el desván
y revisar las fotos en su letargo sepia.
2.782

Vidalitá Por Las Dudas

Las voces de abajo
vidalitá
están casi mudas
pero los gendarmes
vidalitá
matan por las dudas

no saben en dónde
vidalitá
se enredó el enredo
por las dudas llevan
vidalitá
chalecos de miedo

dudan los dudosos
vidalitá
duda poca gente
dudan los esbirros
vidalitá
duda el presidente

pero si supieran
vidalitá
lo que el pueblo sabe
ya no dudarían
vidalitá
que duda te cabe

conseguir lo justo
vidalitá
cuesta dios y ayuda
pero se consigue
vidalitá
no te quepa duda

yo tan sólo dudo
vidalitá
cuando es más barato
si para mañana
vidalitá
o dentro de un rato.
861

A Ras De Sueño

Señores,

basta una nube

para averiguar la

verdad
Joaquín Pasos
A RAS DE SUEÑO

Sólo una temporada provisoria,

tatuaje de incontables tradiciones,

oscuro mausoleo donde empieza

a existir el futuro, a hacerse piedra.


Nada aquí, nada allá. Son las palabras

del mago lejanísimo y borroso.


Sin embargo, la infancia se empecina,

comienza a levantar sus inventarios,

a echar sus amplias redes para luego.

Es una isla limpia y sobre todo

fugaz, es un venero de primicias

que se van lentamente resecando.


Queda atrás como un rápido paisaje

del que persistirán sólo unas nubes,

un biombo, dos juguetes, tres racimos,

o apenas un olor, una ceniza.

Con luces queda atrás, a la intemperie,

yacente y aplazada para nunca,

sola con su aptitud irresistible

y un pudor incorpóreo, agazapado.

Para nunca aplazada, fabulosa

infancia entre sus redes extinguida.


Por algo queda atrás. Esa entrañable

cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,

el azar hinca el diente en otra bruma,

somos los moribundos que nacemos

a la carne, a la sangre, al entusiasmo,

nos burlamos del sol, de la penumbra,

manejamos la gloria como un lápiz

y en las vírgenes tapias dibujamos

el amor y su viejo colmo, el odio,

el grito que nos pone la vergüenza

en las manos mucho antes que en la boca.


El celaje se enciende. Somos niebla

bajo el cielo compacto, insolidario,

el asombro hace cuentas y no puede

mantenernos serenos, apacibles,

somos el invasor protagonista

que hace trizas el tiempo, que hace ruido

pueril, que hace palabras, que hace pactos,

somos tan poderosos, tan eternos,

que cerramos el puño y el verano

comienza a sollozar entre los árboles.


Mejor dicho: creemos que solloza.

El verano es un.vaho, por lo tanto

no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,

en sus tardes de atmósfera más tenue

es calor, es calor, y en las mañanas

de aire pesado, corporal, viscoso,

es calor, es calor. Con eso basta.


De todos modos cambia a las muchachas,

las ilumina, las ondula, y luego

las respira y suspira como acordes,

las envuelve en amor, las hace carne,

les pinta brazos con venitas tenues

en colores y luz complementarios,

les abre escotes para que alguien vierta

cualquier mirada, ese poderhabiente.


La vida, qué región esplendorosa.

¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?

A la horca con él. ¿Quién piensa en esa

imposible quietud cuando es la hora

para cada uno de morder su fruta,

de usar su espejo, de gritar su grito,

de escupir a los cielos, de ir subiendo

de dos en dos todas las escaleras?


La muerte no se apura, sin embargo,

ni se aplaca. Tampoco se impacienta.

Hay tantas muertes como negaciones.

La muerte que desgarra, la que expulsa,

la que embruja, la que arde, la que agota,

la que enluta el amor, la que excrementa,

la que siega, la que usa, la que ablanda,

la muerte de arenal, la de pantano,

la de abismo, la de agua, la de almohada.


Hay tantas muertes como teologías,

pero todas se juntan en la espera.

Esa que acecha es una muerte sola.

Escarnecida, rencorosa, hueca,

su insomnio enloquecido se desploma

sobre todos los sueños, su delirio

se parece bastante a la cordura.

Muerte esbelta y rompiente, qué increíble

sirena para el Mar de los Suicidas.


No canta, pero indica, marca, alude,

exhibe sus voraces argumentos,

sus afiches turísticos, explica

por qué es tan milagrosa su inminencia,

por qué es tan atractivo su desastre,

por qué tan confortable su vacío.


No canta, pero es como si cantara.

Su demagogia negra usa palomas,

telegramas y rezos y suspiros,

sonatas para piano, arpas de herrumbre,

vitrinas del amor momificado,

relojes de lujuria que amontonan

segundos y segundos y otras prórrogas.


No canta, pero es como si cantara,

su espanto vendaval silba en la espiga,

su pregunta repica en el silencio,

su loco desparpajo exuda un réquiem

que es prado y es follaje y es almena.


Hay que volverse sordo y mudo y ciego,

sordo de amor, de amor enmudecido,

ciego de amor. Olfato, gusto y tacto

quedan para alejar la muerte y para

hundirse en la mujer, en esa ola

que es tiempo y lengua y brazos y latido,

esa mujer descanso, mujer césped,

que es llanto y rostro y siembra y apetito,

esa mujer cosecha, mujer signo,

que es paz y aliento y cábala y jadeo.


Hay que amar con horror para salvarse,

amanecer cuando los mansos dientes

muerden, para salvarse, o por lo menos

para creerse a salvo, que es bastante.

Hay que amar sentenciado y sin urgencia,

para salvarse, para guarecerse

de esa muerte que llueve hielo o fuego.


Es el cielo común, el alba escándalo,

el goce atroz, el milagroso caos,

la piel abismo, la granada abierta,

la única unidad uniyugada,

la derrota de todas las cautelas.


Hay que amar con valor, para salvarse.

Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,

Hay que despilfarrar en una noche

—que puede ser mil y una— el universo,

sin augurios, sin planes, sin temblores,

sin convenios, sin votos, con olvido,

desnudos cuerpo y alma, disponibles

para ser otro y otra a ras de sueño.


Bendita noche cóncava, delicia

de encontrar un abrazo a la deriva

y entrar en ese enigma, sin astucia,

y volver por el aire al aire libre,

Hay que amar con amor, para salvarse.


Entonces vienen las contradicciones

o sea la razón. El mundo existe

con manchas, sin arar, y no hay conjuro

ni fe que lo desmienta o modifique.


El manantial se seca, el árbol cae,

la sangre fluye, el odio se hace muro,

¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino

y dios padrastro todopoderoso,

ese señor del vómito, ese artífice

de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?

Surtidor de napalm, profeta imbécil,

¿ése, mi prójimo?, ¿ése, el
semejante?

Sindico en todo caso de la muerte,

argumento Y proclama de la ruina,

poder y brazo ejecutor. Estiércol.


Por esta vez no he de mirar mis pasos

sino el contorno triste, calcinado.

Miro a mi sombra que está envejeciendo,

la sombra de los míos que envejecen.


El mundo existe. Con o sin sus manes,

con o sin su señal. Existe. Punto.


El mundo existe con mis ex iguales,

con mis amigos-enemigos, esos

que ya olvidé por qué se traicionaron.


Tiendo mi mano a veces y está sola

y está más sola cuando no la tiendo,

pienso en los compradores emboscados

y tengo duelo y tengo rabia y tengo

un reproche que empieza en mis lealtades,

en mis confianzas sin mayor motivo,

en mi invención del prójimo-mi-aliado.

Ni aun ahora me resigno a creerlo.


No todos son así, no todos ceden.

Tendré que repetírmelo a escondidas

y barajar de nuevo el almanaque.


Mi corazón acobardado sigue

inventando valor, abriendo créditos,

tirando cabos sólo a la siniestra,

aprendiendo a aprender, pobre aleluya,

y quién sabe, quién sabe si entre tanta

mentira incandescente, no queda algo

de verdad a la sombra. Y no es metáfora.


Nada aquí, nada allá. Son las palabras

del mago lejanísimo y borroso.


Pero ¿por qué creerle a pie juntillas?

¿En qué galaxia está el certificado?


Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?

Lo propongo debajo de mis párpados

y en mi boca cerrada.


¿Es tan distinto?

Ya sé, hay razones nítidas, famosas,

hay cien teorías sobre la derrota,

hay argumentos para suicidarse,


Pero ¿y si hay un resquicio?

¿Es
tan distinto,

tan necio, tan ridículo, tan torpe,

tener un espacioso sueño propio

donde el hombre se muera pero actúe

como inmortal?

727

Primera Incomunión

Sólo una temporada provisoria,
tatuaje de incontables tradiciones,
oscuro mausoleo donde empieza
a existir el futuro, a hacerse piedra.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Sin embargo, la infancia se empecina,
comienza a levantar sus inventarios,
a echar sus amplias redes para luego.
Es una isla limpia y sobre todo
fugaz, es un venero de primicias
que se van lentamente resecando.

Queda atrás como un rápido paisaje
del que persistirán sólo unas nubes,
un biombo, dos juguetes, tres racimos,
o apenas un olor, una ceniza.
Con luces queda atrás, a la intemperie,
yacente y aplazada para nunca,
sola con su aptitud irresistible
y un pudor incorpóreo, agazapado.
Para nunca aplazada, fabulosa
infancia entre sus redes extinguida.

Por algo queda atrás. Esa entrañable
cede paso al fervor, al pasmo, al fruto,
el azar hinca el diente en otra bruma,
somos los moribundos que nacemos
a la carne, a la sangre, al entusiasmo,
nos burlamos del sol, de la penumbra,
manejamos la gloria como un lápiz
y en las vírgenes tapias dibujamos
el amor y su viejo colmo, el odio,
el grito que nos pone la vergüenza
en las manos mucho antes que en la boca.

El celaje se enciende. Somos niebla
bajo el cielo compacto, insolidario,
el asombro hace cuentas y no puede
mantenernos serenos, apacibles,
somos el invasor protagonista
que hace trizas el tiempo, que hace ruido
pueril, que hace palabras, que hace pactos,
somos tan poderosos, tan eternos,
que cerramos el puño y el verano
comienza a sollozar entre los árboles.

Mejor dicho: creemos que solloza.
El verano es un.vaho, por lo tanto
no tiene ojos ni párpados ni lágrimas,
en sus tardes de atmósfera más tenue
es calor, es calor, y en las mañanas
de aire pesado, corporal, viscoso,
es calor, es calor. Con eso basta.

De todos modos cambia a las muchachas,
las ilumina, las ondula, y luego
las respira y suspira como acordes,
las envuelve en amor, las hace carne,
les pinta brazos con venitas tenues
en colores y luz complementarios,
les abre escotes para que alguien vierta
cualquier mirada, ese poderhabiente.

La vida, qué región esplendorosa.
¿Quién escruta la muerte, quién la tienta?
A la horca con él. ¿Quién piensa en esa
imposible quietud cuando es la hora
para cada uno de morder su fruta,
de usar su espejo, de gritar su grito,
de escupir a los cielos, de ir subiendo
de dos en dos todas las escaleras?

La muerte no se apura, sin embargo,
ni se aplaca. Tampoco se impacienta.
Hay tantas muertes como negaciones.
La muerte que desgarra, la que expulsa,
la que embruja, la que arde, la que agota,
la que enluta el amor, la que excrementa,
la que siega, la que usa, la que ablanda,
la muerte de arenal, la de pantano,
la de abismo, la de agua, la de almohada.

Hay tantas muertes como teologías,
pero todas se juntan en la espera.
Esa que acecha es una muerte sola.
Escarnecida, rencorosa, hueca,
su insomnio enloquecido se desploma
sobre todos los sueños, su delirio
se parece bastante a la cordura.
Muerte esbelta y rompiente, qué increíble
sirena para el Mar de los Suicidas.

No canta, pero indica, marca, alude,
exhibe sus voraces argumentos,
sus afiches turísticos, explica
por qué es tan milagrosa su inminencia,
por qué es tan atractivo su desastre,
por qué tan confortable su vacío.

No canta, pero es como si cantara.
Su demagogia negra usa palomas,
telegramas y rezos y suspiros,
sonatas para piano, arpas de herrumbre,
vitrinas del amor momificado,
relojes de lujuria que amontonan
segundos y segundos y otras prórrogas.

No canta, pero es como si cantara,
su espanto vendaval silba en la espiga,
su pregunta repica en el silencio,
su loco desparpajo exuda un réquiem
que es prado y es follaje y es almena.

Hay que volverse sordo y mudo y ciego,
sordo de amor, de amor enmudecido,
ciego de amor. Olfato, gusto y tacto
quedan para alejar la muerte y para
hundirse en la mujer, en esa ola
que es tiempo y lengua y brazos y latido,
esa mujer descanso, mujer césped,
que es llanto y rostro y siembra y apetito,
esa mujer cosecha, mujer signo,
que es paz y aliento y cábala y jadeo.

Hay que amar con horror para salvarse,
amanecer cuando los mansos dientes
muerden, para salvarse, o por lo menos
para creerse a salvo, que es bastante.
Hay que amar sentenciado y sin urgencia,
para salvarse, para guarecerse
de esa muerte que llueve hielo o fuego.

Es el cielo común, el alba escándalo,
el goce atroz, el milagroso caos,
la piel abismo, la granada abierta,
la única unidad uniyugada,
la derrota de todas las cautelas.

Hay que amar con valor, para salvarse.
Sin luna, sin nostalgia, sin pretextos,
Hay que despilfarrar en una noche
—que puede ser mil y una— el universo,
sin augurios, sin planes, sin temblores,
sin convenios, sin votos, con olvido,
desnudos cuerpo y alma, disponibles
para ser otro y otra a ras de sueño.

Bendita noche cóncava, delicia
de encontrar un abrazo a la deriva
y entrar en ese enigma, sin astucia,
y volver por el aire al aire libre,
Hay que amar con amor, para salvarse.

Entonces vienen las contradicciones
o sea la razón. El mundo existe
con manchas, sin arar, y no hay conjuro
ni fe que lo desmienta o modifique.

El manantial se seca, el árbol cae,
la sangre fluye, el odio se hace muro,
¿Es mi hermano el verdugo? Ese asesino
y dios padrastro todopoderoso,
ese señor del vómito, ese artífice
de la hecatombe, ¿puede ser mi hermano?
Surtidor de napalm, profeta imbécil,
¿ése, mi prójimo?, ¿ése, el
semejante?
Sindico en todo caso de la muerte,
argumento Y proclama de la ruina,
poder y brazo ejecutor. Estiércol.

Por esta vez no he de mirar mis pasos
sino el contorno triste, calcinado.
Miro a mi sombra que está envejeciendo,
la sombra de los míos que envejecen.

El mundo existe. Con o sin sus manes,
con o sin su señal. Existe. Punto.

El mundo existe con mis ex iguales,
con mis amigos-enemigos, esos
que ya olvidé por qué se traicionaron.

Tiendo mi mano a veces y está sola
y está más sola cuando no la tiendo,
pienso en los compradores emboscados
y tengo duelo y tengo rabia y tengo
un reproche que empieza en mis lealtades,
en mis confianzas sin mayor motivo,
en mi invención del prójimo-mi-aliado.
Ni aun ahora me resigno a creerlo.

No todos son así, no todos ceden.
Tendré que repetírmelo a escondidas
y barajar de nuevo el almanaque.

Mi corazón acobardado sigue
inventando valor, abriendo créditos,
tirando cabos sólo a la siniestra,
aprendiendo a aprender, pobre aleluya,
y quién sabe, quién sabe si entre tanta
mentira incandescente, no queda algo
de verdad a la sombra. Y no es metáfora.

Nada aquí, nada allá. Son las palabras
del mago lejanísimo y borroso.

Pero ¿por qué creerle a pie juntillas?
¿En qué galaxia está el certificado?

Algo aquí, nada allá. ¿Es tan distinto?
Lo propongo debajo de mis párpados
y en mi boca cerrada.

¿Es tan distinto?
Ya sé, hay razones nítidas, famosas,
hay cien teorías sobre la derrota,
hay argumentos para suicidarse,

Pero ¿y si hay un resquicio?
¿Es
tan distinto,
tan necio, tan ridículo, tan torpe,
tener un espacioso sueño propio
donde el hombre se muera pero actúe
como inmortal?
679

Intimidad

Soñamos juntos
juntos despertamos

el tiempo
mientras tanto
hace o deshace

no le importan
tu sueño
ni mi sueño

somos dóciles
torpes
destructibles
pensamos que no cae
esa gaviota

que hay más allá del fin
hay otra orilla
que la batalla es nuestra
o de ninguno

vivimos juntos
juntos
nos destruimos

pero la destrucción es una broma
un detalle
una ráfaga
un instante
un abrir y cerrarse
de ojos ciegos

ah nuestra intimidad
es tan inmensa
que la muerte la esconde
en su vacío.
1.254

Contra Los Puentes Levadizos

Pero ¿cómo sería tu amor

sin tus rencores?
Pablo Armando Fernández
hurrah! por fin ninguno

es inocente
Juan Gelman


CONTRA LOS PUENTES LEVADIZOS
1

Nos han contado a todos

cómo eran los crepúsculos

de hace noventa o novecientos años


cómo al primer disparo los arrepentimientos

echaban a volar como palomas

cómo hubo siempre trenzas que colgaban

un poco sucias pero siempre hermosas

cómo los odios eran antiguos y elegantes

y en su barbaridad venturosa latían

cómo nadie moría de cáncer o de asco

sino de tisis breves o de espinas de rosa


otro tiempo otra vida otra muerte otra tierra

donde los pobres héroes iban siempre a caballo

y no se apeaban ni en la estatua propia


otro ocaso otro nunca otro siempre otro modo

de quitarle a la hembra su alcachofa de ropas


otro fuego otro asombro otro esclavo otro dueño

que tenía el derecho y además del derecho

la propensión a usar sus látigos sagrados


abajo estaba el mundo

abajo los de abajo

los borrachos de hambre

los locos de miseria

los ciegos de rencores

los lisiados de espanto


comprenderán ustedes que en esas condiciones

eran imprescindibles los puentos movedizos.
2


No sé si es el momento

de decirlo

en este punto muerto

en este año desgracia


por ejemplo

decírselo a esos mansos

que no pueden

resignarse a la muerte

y se inscriben a ciegas

caracoles de miedo

en la resurrección

qué garantía


por ejemplo

a esos ásperos

no exactamente ebrios

que alguna vez gritaron

y ahora no aceptan

la otra

la imprevista

reconvención del eco


o a los espectadores

casi profesionales

esos viciosos

de la lucidez

esos inconmovibles

que se instalan

en la primera fila

así no pierden

ni un solo efecto

ni el menor indicio

ni un solo espasmo

ni el menor cadáver


o a los sonrientes lúgubres

los exiliados de lo real

los duros

metidos para siempre en su campana

de pura sílice

egoísmo insecto

ésos los sin hermanos

sin latido

los con mirada acero de desprecio

los con fulgor y labios de cuchillo


en este punto muerto

en este año desgracia

no sé si es el momento

de decirlo

con los puentes a medio descender

o a medio levantar

que no es lo mismo.
3


Puedo permanecer en mi baluarte

en ésta o en aquella soledad sin derecho

disfrutando mis últimos

racimos de silencio

puedo asomarme al tiempo

a las nubes al río

perderme en el follaje que está lejos


pero me consta y sé

nunca lo olvido

que mi destino fértil voluntario

es convertirme en ojos boca manos

para otras manos bocas y miradas


que baje el puente y que se quede bajo


que entren amor y odio y voz y gritos

que venga la tristeza con sus brazos abiertos

y la ilusión con sus zapatos nuevos

que venga el frío germinal y honesto

y el verano de angustias calcinadas

que vengan los rencores con su niebla

y los adioses con su pan de lágrimas

que venga el muerto y sobre todo el vivo

y el viejo olor de la melancolía


que baje el puente y que se quede bajo


que entren la rabia y su ademán oscuro

que entren el mal y el bien

y lo que media

entre uno y otro

o sea

la verdad ese péndulo

que entre el incendio con o sin la lluvia

y las mujeres con o sin historia

que entre el trabajo y sobre todo el ocio

ese derecho al sueño

ese arco iris


que baje el puente y que se quede bajo


que entren los perros

los hijos de perra

las comadronas los sepultureros

los ángeles si hubiera

y si no hay

que entre la luna con su niño frío


que baje el puente y que se quede bajo


que entre el que sabe lo que no sabemos

y amasa pan

o hace revoluciones

y el que no puede hacerlas

y el que cierra los ojos


en fin

para que nadie se llame a confusiones

que entre mi prójimo ese insoportable

tan fuerte y frágil

ese necesario

ése con dudas sombra rostro sangre

y vida a término

ese bienvenido


que sólo quede afuera

el encargado

de levantar el puente


a esta altura

no ha de ser un secreto

para nadie


yo estoy contra los puentes levadizos.

762

La Trampa

Qué trampa este crepúsculo
qué calma desplomada sobre todo
qué simulacro inútil
qué sonrojo

en paz siguen las nubes
cómo quisiera en paz
y silenciosa
el aire tiene gracia
por una vez tangible
compartida
y nadie está sediento
o por lo menos nadie tan sediento
como para matar
o destrozarse

qué trampa esa lejana
bocina
que se quiebra
como un viejo sollozo
qué mentira ese tango esa guitarra
esa clara desierta inexplicable
melancolía de las azoteas

qué trampa
qué artimaña

qué lástima
saber
que es una trampa.
928

Próximo Prójimo

En caso de vida o muerte, se debe

estar siempre con el más próximo.
Antonio Machado


Y está tu corazón

próximo prójimo

hermano a borbotones

ensimismado dócil triste exangüe

con terribles secretos en tu fondo

con tu ebria soledad acompañada


próximo

algunas veces lejanísimo prójimo

cuantos rostros me diste

me estás dando

sobreviviente atroz sobreviviente

de esta herida sin labios

de esta hiedra sin muro


qué maga

qué sin trenzas viniste

ah prójimo-muchacha la primera

a instalarte delante de mis ojos de niño

que no sabía nada

que no sabía nada

mi dialecto era verte y anunciar para siempre

entre diez compañías de soldados de plomo

mi gran amor deslumbre

mi pobre amor a cuerda


vino el amigo absorto

sin percances

y no se habló de muertes

en su cercado limbo

tan sólo se jugaba

al más allá

y el sábado

era una bruma pero sin reloj

sin llave urgente ni contradicciones

amigo nada más

amigo muerto


los padres

claro

como un gran suburbio

amor congénito en mansa barbarie

subordinado e invasor

amor ciego o miope o astigmático

aún puedo abrigarme en sus imágenes

están aquí al alcance

viejo

vieja

un poco sordos para su propia incógnita

pero siempre pendientes

de mi nueva llegada


venga maestro

no lo olvido

usted me abrió los cielos

colonizó mi alma

con el meñique se alisó la barba

y miró el mundo

(yo estaba en el mundo)

con un desprecio cruel

no le perdono

SU vocación de estafa

ni aun ahora

que está bien muertecito

dios mediante


prójimo

hermano literal

quién sabe

dónde quedó el momento en que jugamos

lanzando al aire nuestros ocho años

de diferencia o de encadenamiento

duermes y duermo

el sueño y el espanto

viajan de tu fatiga a mi fatiga

y viceversa vuelven a viajar

hasta que al fin también

ellos se duermen


prójimo mí enemigo

que me conoce y finge no saberme

y en su tedio descubre

ese rencor enorme y tan minúsculo

por cierto no lo envidio

cuando pronuncia vida y piensa muerte

cuando repite cristo y piensa judas

a esta altura tal vez ya esté oxidado

su resentido embuste didascálico

quizá contemporice y diga ciencia

por no decir conciencia


estás en el pupitre

como yo desterrado

en tanto que en el patio

llueve diagonalmente

el alemán rechina y tú divagas

hasta que la trompada

ese viejo argumento

cae sobre tu oreja que es la mía

y tu alarído estalla para siempre

y ahora la lluvia es sólo vertical


mi mujer está aquí

pero antes mucho antes

se acercó por un patio

de baldosas en rombos

y allí empecé a tomar tremendas decisiones

entonces fui a mirarla desde buenos aires

yo era su prójimo sin lugar a dudas

volví y le dije

piénsalo

pero ella dijo

no necesito pensarlo


prójimo el admirable

el cándido

el impuro

te vi una vez pero nunca me viste

no capitularé ni capitularemos

tan importante como julio verne

vas tripulando una nave una isla

un cuerpo extraño inverosímil nuevo

pero en un lustro apenas

será el cuerpo de todos

ojalá y cotidiano


prójimo en que me amparo

tu compacta amistad

tu vida un tanto mustia

tu faro de confianzas

tus vísperas de solo

son para mí el contorno imprescindible

prójimo-muro gris acribillado

prójimo-pasamano en que me apoyo

cuando desciendo la escalera y temo

que algún peldaño pueda estar podrido


rostro herido heridor

ojos que lo supieron

aduana de la dulce simetría

olvidada presencia inolvidable

estás en algún sitio

en algún tríptico de resignaciones

yo pienso en ti cuando la noche clava

para siempre qué suerte para siempre

otra lanza-nostalgia

en mi costado

y está curazón

próximo prójimo

no te avergüences de su llanto.


la cabeza hace trizas el pasado

fríamente coloca sus razones invictas

divide en lotes la melancolía

negocia cautamente tus acciones en alza

desorganiza para siempre tu magia

te despoja del cándido futuro

amuebla los infiernos que te esperan

después del provisorio desamparo

te hace lúcido y hueco

cruel y lúcido

voraz y pobre lúcido


pero también

por suerte

está tu corazón


ese embustero

ese piadoso

ese mesías.

971

Entre Estatuas (no Te Salves)

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de gracia
no te arrepientas
cuando
alguien te lo aconseje
no reserves del mundo
sólo
un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te seques sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

y si
después de todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y te quedas inmóvil
y te salvas
entonces
no te quedes
conmigo.
776

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