Citas en este tema
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Ignacio Manuel Altamirano
No disculparse del exceso cometido en la embriaguez de la cólera es más insensato aún que cometerlo. Es el orgullo sosteniendo la estupidez
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Ignacio Manuel Altamirano
Para echar abajo a un león basta herirlo con una bala o con un dardo. Pero, una vez que un reptil se ha enredado en la punta de una roca o al tronco de un árbol, hay que arrancarlo a pedazos. En la política es lo mismo: los ministros orgullosos caen al primer tiro. Los culebras se pegan mucho
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Ignacio Manuel Altamirano
Los fatuos son los que menos gozan de las mujeres, pero son los que más las perjudican
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Ignacio Manuel Altamirano
Los amigos íntimos son los que están más próximos a tornarse enemigos acérrimos
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Ignacio Manuel Altamirano
Los amigos íntimos son los que están más próximos a tornarse enemigos acérrimos
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Ignacio Manuel Altamirano
La franqueza áspera produce las más de las veces odio. Pero, la lisonja produce desprecio siempre
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Ignacio Manuel Altamirano
El que grita estando colérico es tan patán como el que ríe a carcajadas
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Ignacio Manuel Altamirano
El que comete un exceso, ebrio de vino, tiene el recurso de disculparse con el vino. Pero quien lo comete ebrio de cólera, no tiene más recurso que la humillación
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Ignacio Manuel Altamirano
Así como la tierna corteza de un árbol sumergida por mucho tiempo en las aguas de cientos de ríos se petrifica, el corazón humano sumergido en el pesar, al fin se vuelve empedernido
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Ignacio Manuel Altamirano
Dominar la cólera tiene más mérito que batirse en duelo por no haberla dominado
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Ignacio Manuel Altamirano
La envidia es una sombra que oscurece el semblante y entristece el espíritu
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Ignacio Manuel Altamirano
El valor es como la desnudez de la mujer: para que cause atractivo es preciso que no se muestre, sino de cuando en cuando. Si sale a la luz a cada rato, pierde su mérito
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Ignacio Manuel Altamirano
Por más hablador que sea un hombre, siempre, siempre se calla las nueve décimas partes de lo que piensa
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Ignacio Manuel Altamirano
La envidia no tiene nunca ni la franqueza de la risa, ni el arrebato de la cólera. No tiene más que sonrisas frías y lágrimas ocultas
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Ignacio Manuel Altamirano
Confesar el mérito de otro es probar que uno lo tiene. Negarlo injustamente, prueba que no pudiendo uno elevarse, pugna por poner a todo el mundo a su nivel
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Ignacio Manuel Altamirano
Confesar el mérito de otro es probar que uno lo tiene. Negarlo injustamente, prueba que no pudiendo uno elevarse, pugna por poner a todo el mundo a su nivel
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