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Poemas en este tema

Emociones y Sentimientos

Xavier Villaurrutia

Xavier Villaurrutia

Amor condusse noi ad una morte, de Cantos a la primavera y otros poemas

Amar es una angustia, una pregunta,
una suspensa y luminosa duda;
es un querer saber todo lo tuyo
y a la vez un temor de al fin saberlo.
Amar es reconstruir, cuando te alejas,
tus pasos, tus silencios, tus palabras,
y pretender seguir tu pensamiento
cuando a mi lado, al fin inmóvil, callas.

Amar es una cólera secreta,
una helada y diabólica soberbia.

Amar es no dormir cuando en mi lecho
sueñas entre mis brazos que te ciñen,
y odiar el sueño en que, bajo tu frente,
acaso en otros brazos te abandonas.

Amar es escuchar sobre tu pecho,
hasta colmar la oreja codiciosa,
el rumor de tu sangre y la marea
de tu respiración acompasada.

Amar es absorber tu joven savia
y juntar nuestras bocas en un cauce
hasta que de la brisa de tu aliento
se impregnen para siempre mis entrañas.

Amar es una envidia verde y muda,
una sutil y lúcida avaricia.

Amar es provocar el dulce instante
en que tu piel busca mi piel despierta;
saciar a un tiempo la avidez nocturna
y morir otra vez la misma muerte
provisional, desgarradora, oscura.

Amar es una sed, la de la llaga
que arde sin consumirse ni cerrarse,
y el hambre de una boca atormentada
que pide más y más y no se sacia.

Amar es una insólita lujuria
y una gula voraz, siempre desierta.

Pero amar es también cerrar los ojos,
dejar que el sueño invada nuestro cuerpo
como un río de olvido y de tinieblas,
y navegar sin rumbo, a la deriva:
porque amar es, al fin, una indolencia.
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José María Heredia

José María Heredia

Adiós

Belleza de dolor, en quien pensaba
Fijar mi corazón, y hallar ventura,
Adiós te digo, ¡adiós! Cuando miraba
Respirar en tu frente calma y pura
El ingenio candor, y en tu sonrisa
Y en tus ojos afables
Brillar la inteligencia y la ternura,
Necio me aluciné. Mi fantasía,
A la imagen de amor siempre inflamable,
En tu bello semblante me ofrecía
Facciones que idolatro; y embebido
En esperanza dulce y engañosa,
Pensaba en ti cobrar mi bien perdido.

Mas ¡ay! veloz despareció cual niebla
Mi halagüeña ilusión. En vano ansiaba
En tu pecho encontrar la fuente pura
Del delicado amor, del sentimiento.
Tan sólo caprichosa en él domina
Triste frivolidad, que me arrastrara
De tormento en tormento,
A un abismo de mal, llanto y ruina.
¡Qué suplicio mayor que amar de veras,
Y mirar profanado, envilecido,
El objeto que se ama, y que pudiera
Ser amor de la tierra, si estuviera
De pudor y modestia revestido!

¡Pérfida semejanza...! Si tu pecho,
Como tu faz imita la que adoro,
De prendas y virtud igual tesoro
En tu seno guardara,
¡Cuál fuera yo feliz! ¡Cómo te amara
Con efusión inmensa de ternura,
Y a labrar tu ventura
Mi juventud ardiente consagrara...!

Caminas presurosa
Por la senda funesta del capricho,
A irreparable mal y abismo fiero
De ignominia y dolor... ¡Mísero! en vano
En mi piedad ansiosa
He querido tenderte amiga mano.
La esquivaste orgullosa... ¡Adiós! yo espero
Que al fin vendrás a conocer con llanto
Si era fino mi afecto, si fue pura
Y noble mi piedad. Ya te desamo,
Que es imposible amar a quien no estima,
Y sólo en compasión por ti me inflamo.

¡No te maldigo, no! ¡Pueda lucirte
Sereno el porvenir, y de mi labio
El vaticinio fúnebre desmienta!
A mi pecho agitado
Será continuo torcedor la vista
De tu infausta beldad, y desolado
Tu suerte lloraré. Si acaso un día
Sufres del infortunio los rigores,
Y a conocerme aprendes, en mi pecho
Encontrarás, no amor, pero indulgencia,
Y el afecto piadoso de un amigo.
¡Belleza de dolor! Adiós te digo.
1.007
José María Heredia

José María Heredia

Adiós

Belleza de dolor, en quien pensaba
Fijar mi corazón, y hallar ventura,
Adiós te digo, ¡adiós! Cuando miraba
Respirar en tu frente calma y pura
El ingenio candor, y en tu sonrisa
Y en tus ojos afables
Brillar la inteligencia y la ternura,
Necio me aluciné. Mi fantasía,
A la imagen de amor siempre inflamable,
En tu bello semblante me ofrecía
Facciones que idolatro; y embebido
En esperanza dulce y engañosa,
Pensaba en ti cobrar mi bien perdido.

Mas ¡ay! veloz despareció cual niebla
Mi halagüeña ilusión. En vano ansiaba
En tu pecho encontrar la fuente pura
Del delicado amor, del sentimiento.
Tan sólo caprichosa en él domina
Triste frivolidad, que me arrastrara
De tormento en tormento,
A un abismo de mal, llanto y ruina.
¡Qué suplicio mayor que amar de veras,
Y mirar profanado, envilecido,
El objeto que se ama, y que pudiera
Ser amor de la tierra, si estuviera
De pudor y modestia revestido!

¡Pérfida semejanza...! Si tu pecho,
Como tu faz imita la que adoro,
De prendas y virtud igual tesoro
En tu seno guardara,
¡Cuál fuera yo feliz! ¡Cómo te amara
Con efusión inmensa de ternura,
Y a labrar tu ventura
Mi juventud ardiente consagrara...!

Caminas presurosa
Por la senda funesta del capricho,
A irreparable mal y abismo fiero
De ignominia y dolor... ¡Mísero! en vano
En mi piedad ansiosa
He querido tenderte amiga mano.
La esquivaste orgullosa... ¡Adiós! yo espero
Que al fin vendrás a conocer con llanto
Si era fino mi afecto, si fue pura
Y noble mi piedad. Ya te desamo,
Que es imposible amar a quien no estima,
Y sólo en compasión por ti me inflamo.

¡No te maldigo, no! ¡Pueda lucirte
Sereno el porvenir, y de mi labio
El vaticinio fúnebre desmienta!
A mi pecho agitado
Será continuo torcedor la vista
De tu infausta beldad, y desolado
Tu suerte lloraré. Si acaso un día
Sufres del infortunio los rigores,
Y a conocerme aprendes, en mi pecho
Encontrarás, no amor, pero indulgencia,
Y el afecto piadoso de un amigo.
¡Belleza de dolor! Adiós te digo.
1.007
Roberto Bolaño

Roberto Bolaño

Amuleto

Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el que me impulsó a viajar. Tal vez fue un amor excesivo y desbordante. Tal vez fue la locura.
Lo único cierto es que llegué a México en 1965 y me planté en casa de León Felipe y en casa de Pedro Garfias y les dije aquí estoy para lo que gusten mandar. Y les debí de caer simpática, porque antipática no soy, aunque a veces soy pesada, pero antipática nunca. Y lo primero que hice fue coger una escoba y ponerme a barrer el suelo de sus casas y luego a limpiar las ventanas y cada vez que podía les pedía dinero y les hacía compra. Y ellos me decían con ese tono español tan peculiar, esa musiquilla ríspida que no los abandonó nunca, como si encircularan las zetas y las ces y como si dejaran a las eses más huérfanas y libidinosas que nunca, Auxilio, me decían, deja ya de trasegar por el piso, Auxilio, deja esos papeles tranquilos, mujer, que el polvo simpre se ha avenido con la literatura. Y yo me los quedaba mirando y pensaba cuánta razón tienen, el polvo siempre, y la literatura siempre, y como yo entonces era una buscadora de matices me imaginaba los libros quietos en las estanterías y me imaginaba el polvo del mundo que iba entrando en lasbibliotecas, lentamente, perseverantemente, imparable, y entonces comprendía que los libros eran presa fácil del polvo (lo comprendía pero me negaba a aceptarlo), veía torbellinos de polvo, nubes de polvo que se materializaban en una pampa que existía en el fondo de mi memoria, y las nubes avanzaban hasta llegar al DF, las nubes de mi pampa particular que era la pampa de todos aunque muchos se negaban a verla, y entonces todo quedaba cubierto por la polvareda, los libros que había leído y los libros que pensaba leer, y ahí ya no había nada que hacer, por más que usara la escoba y el trapo el polvo no se iba a marchar jamás, porque ese polvo era parte consustancial de los libros y allí, a su manera, vivían o remedaban algo parecido a la vida.
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