Lista de Poemas

Suave Patria

Yo que sólo canté de la exquisita
partitura del íntimo decoro,
alzo hoy la voz a la mitad del foro
a la manera del tenor que imita
la gutural modulación del bajo
para cortar a la epopeya un gajo.

Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan, porque van
como los brazos del correo chuan
que remaba la Mancha con fusiles.

Diré con una épica sordina:
la Patria es impecable y diamantina.

Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste por entero
al golpe cadencioso de las hachas,
entre risas y gritos de muchachas
y pájaros de oficio carpintero.
11.071

Elogio a Fuensanta

Tú no eres en mi huerto la pagana
rosa de los ardores juveniles;
te quise como a una dulce hermana

y gozoso dejé mis quince abriles
cual un ramo de flores de pureza
entre tus manos blancas y gentiles.

Humilde te ha rezado mi tristeza
como en los pobres templos parroquiales
el campesino ante la virgen reza.

Antífona es su voz, y en los corales
de tu mística boca he descubierto
el sabor de los besos maternales.

Tus ojos tristes, de mirar incierto,
recuérdanme dos lámparas prendidas
en la penumbra de un altar desierto.

Las palmas de tus manos son ungidas
por mí, que provocando tus asombros
las beso en las ingratas despedidas.

Soy débil, y al marchar por entre escombros
me dirige la fuerza de tu planta
y reclino las sienes en tus hombros.

Nardo es tu cuerpo y tu virtud es tanta
que en tus brazos beatíficos me duermo
como sobre los senos de una Santa.

¡Quién me otorgara en mi retiro yermo
tener, Fuensanta, la condescendencia
de tus bondades a mi amor enfermo
como plenaria y última indulgencia!
492

Del pueblo natal

Ingenuas provincianas: cuando mi vida se halle
desahuciada por todos, iré por los caminos
por donde vais cantando los más sonoros trinos
y en fraternal confianza ceñiré vuestro talle.

A la hora del Angelus, cuando vais por la calle,
enredados al busto los chales blanquecinos,
decora vuestros rostros --¡oh rostros peregrinos!--
la luz de los mejores crepúsculos del valle.

De pecho en los balcones de vetusta madera,
platicáis en las tardes tibias de primavera
que Rosa tiene novio, que Virginia se casa;

y oyendo los poetas vuestros discursos sanos
para siempre se curan de males ciudadanos,
y en la aldea la vida buenamente se pasa.
454

Aguafuerte

AGUAFUERTE


(Alfonso Camín)


Alfonso, inquisidor estrafalario:

te doy mi simpatía, porque tienes

un aire de murciélago y canario.

Tu capa de diabólicos vaivenes

brota del piso, en un conjunto doble

de Venecias y de Jerusalenes.

Equidistante del rosal y el roble

trasnochas, y si busco en la floresta

de España un bardo de hoy, tu ave en fiesta

casi es la única que me contesta.


542

El Sueño De La Inocencia

Soñé que comulgaba, que brumas espectrales
envolvían mi pueblo, y que Nuestra Señora
me miraba llorar y anegar su Santuario.

Tanto lloré, que al fin mi llanto rodó afuera
e hizo crecer las calles como en un temporal;
y los niños echaban sus barcos papeleros,
y mis paisanas, con la falda hasta el huesito,
según se dice en la moda de la provincia,
cruzaban por mi llanto con vuelos insensibles,
y yo era ante la Virgen, cabizbaja y benévola,
el lago de las lágrimas y el río de respeto...

Casi no he despertado de aquella maravilla
que enlazará mis Últimos óleos con mi Bautismo;
un día quise ser feliz por el candor,
otro día, buscando mariposas de sangre,
mas revestido ya con la capa de polvo
de la santa experiencia, sé que mi corazón,
hinchado de celestes y rojas utopías,
guarda aún su inocencia, su venero de luz:
¡el lago de lágrimas y el río del respeto!
469

El Sueño De Los Guantes Negros

Soñé que la ciudad estaba dentro
del más bien muerto de los mares muertos.
Era una madrugada del Invierno
y lloviznaban gotas de silencio.

No más señal viviente, que los ecos
de una llamada a misa, en el misterio
de una capilla oceánica, a lo lejos.

De súbito me sales al encuentro,
resucitada y con tus guantes negros.

Para volar a ti, le dio su vuelo
el Espíritu Santo a mi esqueleto.

Al sujetarme con tus guantes negros
me atrajiste al océano de tu seno,
y nuestras cuatro manos se reunieron
en medio de tu pecho y de mi pecho,
como si fueran los cuatro cimientos
de la fábrica de los universos.

¿Conservabas tu carne en cada hueso?
El enigma de amor se veló entero
en la prudencia de tus guantes negros.

¡Oh, prisionera del valle de México!
Mi carne [... urna ...] de tu ser perfecto;
quedarán ya tus huesos en mis huesos;
y el traje, el traje aquel, con que su cuerpo
fue sepultado en el valle de México;
y el figurín aquel, de pardo género
que compraste en un viaje de recreo.

Pero en la madrugada de mi sueño,
nuestras manos, en un circuito eterno
la vida apocalíptica vivieron.

Un fuerte [... ventarrón ...] como en un sueño,
libre como cometa, y en su vuelo,
la ceniza y [... la hez ...] del cementerio
gusté cual rosa [... entre tus guantes negros ...].
531

Mi Villa

Si yo jamás hubiera salido de mi villa,
con una santa esposa tendría el refrigerio
de conocer el mundo por un solo hemisferio.

Tendría, entre corceles y aperos de labranza,
a Ella, como octava bienaventuranza.

Quizá tuviera dos hijos, y los tendría
sin un remordimiento ni una cobardía.

Quizá serían huérfanos, y cuidándolos yo,
el niño iría de luto, pero la niña no.

¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora,
una granada roja de virginales gajos,
una devota de María Auxiliadora
y un misterio exquisito con los párpados bajos?

Hacia tu pie, hermosura y alimento del día,
recién nacidos, piando y piando de hambre
rodaran los pollitos, como esferas de estambre.

Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo
que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje
su relincho, penacho gozoso del paisaje.

Corazón que en fatigas de vivir vas a nado
y que estás florecido, como está la cadera
de Venus, y ceniciento cual la madera
en que grabó su puño de ánima el condenado:
tu tarde será simple, de ejemplar feligrés
absorto en el perfume de hogareños panqués
y que en la resolana se santigua a las tres.

Corazón; te reservo el mullido descanso
de la coqueta villa en que el señor mi abuelo
contaba las cosechas con su pluma de ganso.

La moza me dirá con su voz de alfeñique
marchándose al rosario, que le abrace la falda
ampulosa, al sonar el último repique.

Luego resbalaré por las frutales tapias
en recuerdo fanático de mis yertas prosapias.

Y si la villa, enfrente de la jocosa luna,
me reclama la pérdida de aquel bien que me dio,
sólo podré jurarle que con otra fortuna
el niño iría de luto, pero la niña no.
556

La Saltapared

Volando del vértice
del mal y del bien,
es independiente
la saltapared.

Y su principado,
la ermita que fue
granero después.

Sobre los tableros
de la ruina fiel,
la saltapared
juega su ajedrez,
sin tumbar la reina,
sin tumbar al rey...

Ave matemática,
nivelada es
como una ruleta
que baja y que sube
feliz, a cordel.

Su voz vergonzante
llora la doblez
con que el mercader
se llevó al canario
y al gorrión también
a la plaza pública,
a sacar la suerte
del señor burgués.

Del tejado bebe
agua olvidadiza
de los aguaceros,
porque transparente
su cuerpo albañil
gratuito nivel.

Y al ángel que quiere
reconstruir la ermita
del eterno Rey,
sirve de plomada
la saltapared.
503

Vacaciones

De tu pueblo a tu hacienda te llevabas
la cabellera en libertad y el pecho
guardado por cien místicas aldabas.

Metías en el coche los canarios,
la máquina de Singer, la maceta,
la canasta del pan... Y en el otoño
te ibas rezando leguas de rosarios.

René, el gigante perro del pastor,
en un galope como si nadara,
te escoltaba, buscándote la cara.

Y detrás del René blanco y gigante
en aquel mapamundi de ilusión
cabalgaba sin brida el estudiante.

René hacía tres veces el camino
yendo y viniendo desde ti hasta mí,
ladrando porque no y porque si.

René, acróbata de tu portezuela,
venía a hacer brincar su corazón
escandaloso, arriba de mi arzón.

Luego mordía a las mulas; pero ellas,
al peligroso paso de tu río,
sólo pedían, por sacarte salva,
transfigurarse en un tiro de estrellas.

A ti la voz confidencial del campo
de mañana llamábate la hija
mayor de la comarca, y en la tarde
de todo lo creado la idea fija.

Del mapamundi del amor, no más
yo en estas vacaciones sobrevivo;
pero fuera del mundo van un coche,
un estudiante de Santo Tomás
y un perro que les ladra sin motivo.
619

¡qué Adorable Manía !

¡Qué adorable manía de decir
en mi pobreza y en mi desamparo:
soy mas rico, muy más, que un gran visir:
el corazón que amé se ha vuelto faro!

Cuando se cansa de probar amor
mi carne, en torno de la carne viva,
y cuando me aniquilo de estupor
al ver el surco que dejó en la arena
mi sexo, en su perenne rogativa:
de pronto convertirse al mundo veo
en un enamorado mausoleo...

Y mi alma en pena bebe un negro vino,
y un sonoro esqueleto peregrino
anda cual un laúd por el camino...

Por darme el santo y seña, la viajera
se ata debajo de la calavera
las bridas del sombrero de pastora.

En su cráneo vacío y aromático
trae la esencia de un eterno viático.
¡Y al fin, del fondo de su pecho claro,
claro de Purgatorio y de Sión,
en el sitio en que hubo el corazón
me da a beber el resplandor de un faro!
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Identificación y contexto básico

Ramón López Velarde fue un destacado poeta mexicano. Nació el 15 de junio de 1888 en Jerez, Zacatecas, y falleció el 19 de junio de 1921 en la Ciudad de México. Es una figura clave del modernismo literario en México y un poeta considerado por muchos como el "poeta nacional".

Infancia y formación

Su infancia transcurrió en el ambiente provinciano y rural de Zacatecas, una experiencia que marcó profundamente su sensibilidad y su obra. Estudió en el Seminario Conciliar de Zacatecas y posteriormente en la Escuela de Jurisprudencia de la misma ciudad. Durante su formación, mostró una inclinación temprana por la literatura, cultivando la poesía y publicando sus primeros versos en revistas locales.

Trayectoria literaria

La trayectoria literaria de López Velarde, aunque truncada por su temprana muerte, fue de gran intensidad y significación. Se trasladó a la Ciudad de México en 1911, donde se integró en los círculos literarios de la capital y colaboró en importantes publicaciones de la época, como "Revista Moderna". Su obra evoluciona desde el modernismo de sus inicios hacia una voz más personal y nacionalista, que se aleja de los excesos retóricos del modernismo para anclar en la realidad mexicana.

Obra, estilo y características literarias

Su obra cumbre es "El son del corazón" (1915), donde explora temas como el amor, el erotismo, la religiosidad y la nostalgia por su tierra natal. Otro libro fundamental es "Zozobra" (1919), que profundiza en la complejidad de la identidad mexicana, la angustia existencial y la búsqueda de un sentido. Su estilo se caracteriza por una gran originalidad, una prosa poética rica en imágenes y metáforas, y un lenguaje que conjuga lo culto con lo coloquial, lo provinciano con lo cosmopolita. López Velarde es un maestro en el uso de la sinestesia y en la creación de atmósferas evocadoras. Su poesía es íntima, confesional y a la vez representativa de una nación. Se le asocia al modernismo tardío y a la búsqueda de una expresión literaria genuinamente mexicana.

Contexto cultural e histórico

López Velarde vivió la turbulenta época de la Revolución Mexicana, un contexto que, aunque no se refleja directamente en su obra con hechos concretos, sí influyó en la búsqueda de una identidad nacional y en la reflexión sobre el "ser mexicano". Su obra dialoga con la tradición literaria española pero busca una voz propia y distintiva para México.

Vida personal

Ramón López Velarde llevó una vida marcada por la sensibilidad, la introspección y, en ocasiones, la melancolía. Sus relaciones personales y amorosas, a menudo complejas y frustradas, se plasmaron en la intensidad erótica y sentimental de su poesía. Su conexión con su tierra natal, Zacatecas, fue una constante en su vida y obra, representando un refugio y una fuente de inspiración.

Reconocimiento y recepción

En vida, López Velarde fue reconocido por un círculo selecto de intelectuales y poetas, pero su verdadera dimensión como poeta nacional se consolidó póstumamente. Hoy es considerado uno de los pilares de la poesía mexicana del siglo XX, cuya obra sigue siendo objeto de estudio y admiración por su originalidad y profundidad.

Influencias y legado

Influenciado por poetas como Rubén Darío, pero también por la tradición lírica española, López Velarde legó una obra que sentó las bases para una poesía mexicana más arraigada y reflexiva. Su capacidad para fusionar lo local con lo universal, lo terrenal con lo espiritual, y su exploración de la identidad nacional, lo convierten en una figura ineludible en la historia de la literatura en español.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado en López Velarde su habilidad para crear una poesía que es a la vez profundamente personal y representativa de México. Sus poemas son analizados por su riqueza simbólica, su complejidad emocional y su habilidad para capturar la esencia del alma mexicana.

Infancia y formación

Se dice que López Velarde era un hombre de hábitos tranquilos y reflexivos, que disfrutaba de la soledad y de la contemplación. Su amor por la provincia y su nostalgia por ella son elementos recurrentes en su vida y obra.

Muerte y memoria

Ramón López Velarde falleció en la Ciudad de México a causa de una neumonía, a la edad de 33 años. Su muerte prematura conmocionó al mundo literario y dejó un gran vacío en la poesía mexicana. Su legado perdura a través de sus obras, que continúan siendo leídas y celebradas como un reflejo de la identidad y la sensibilidad mexicana.