Poemas en este tema
Relaciones y Familia
Roque Dalton García
Mi Dolor
Conozco perfectamente mi dolor:
viene conmigo disfrazado en la sangre
y se ha construido una risa especial
para que no pregunten por su sombra.
Mi dolor, ah, queridos,
mi dolor, ah, querida,
mi dolor, es capaz de inventaros un pájaro,
un cubo de madera
de esos donde los niños
le adivinan un alma musical al alfabeto,
un rincón entrañable
y tibio como la geografía del vino
o como la piel que me dejó las manos
sin pronunciar el himno de tu ancha desnudez de mar
Mi dolor tiene cara de rosa,
de primavera personal que ha venido cantando.
Tras ella esconde su violento cuchillo,
su desatado tigre que me rompió las venas desde antes de nacer
y que trazó los días
de lluvia y de ceniza que mantengo.
Amo profundamente mi dolor,
como a un hijo malo.
viene conmigo disfrazado en la sangre
y se ha construido una risa especial
para que no pregunten por su sombra.
Mi dolor, ah, queridos,
mi dolor, ah, querida,
mi dolor, es capaz de inventaros un pájaro,
un cubo de madera
de esos donde los niños
le adivinan un alma musical al alfabeto,
un rincón entrañable
y tibio como la geografía del vino
o como la piel que me dejó las manos
sin pronunciar el himno de tu ancha desnudez de mar
Mi dolor tiene cara de rosa,
de primavera personal que ha venido cantando.
Tras ella esconde su violento cuchillo,
su desatado tigre que me rompió las venas desde antes de nacer
y que trazó los días
de lluvia y de ceniza que mantengo.
Amo profundamente mi dolor,
como a un hijo malo.
560
Roque Dalton García
Hora De La Ceniza
Finaliza Septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.
Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.
Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que eligió la esperanza.
Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.
Siento unas ganas locas de reír
o de matarme.
lo difícil que ha sido no morir.
Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.
Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que eligió la esperanza.
Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.
Siento unas ganas locas de reír
o de matarme.
589
Roque Dalton García
Solidaridad
En el pasillo el anciano se prepara para la pelea
teme particularmente los jabs al hígado
y no va dar razón a la colmena ávida
Es un hombre completamente de este siglo
al albañil algebraico aguardentoso
acostumbrado a saltar con ayuda del báculo
por sobre las parejas que hacen como pichones caídos
el amor
El pasillo le queda un tanto corto
porque al fin y al cabo el campeón es el campeón
pero no todos pueden tocar el arcoiris
La peor es la colmena que ahora mismo en las calles
recoge como colillas de cigarro el rencor
Es lo más que se me ocurre decir al respecto
teme particularmente los jabs al hígado
y no va dar razón a la colmena ávida
Es un hombre completamente de este siglo
al albañil algebraico aguardentoso
acostumbrado a saltar con ayuda del báculo
por sobre las parejas que hacen como pichones caídos
el amor
El pasillo le queda un tanto corto
porque al fin y al cabo el campeón es el campeón
pero no todos pueden tocar el arcoiris
La peor es la colmena que ahora mismo en las calles
recoge como colillas de cigarro el rencor
Es lo más que se me ocurre decir al respecto
544
Roque Dalton García
Como Tú
Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
862
Roque Dalton García
El Príncipe De Bruces
Era la hora de la injuria la fugaz época de la maldición
cuando mi padre recomenzó en mí otra prueba.
Yo era el único súbdito que le quedaba a su locura
y aunque hasta entonces solía abofetearme de cuando en cuando
me hizo el honor de confiarme la marca negra de la ceniza de la frente.
Era noche para el gentío sin antorchas
por el clima propicio y el olor de la selva
pero a la sazón estábamos solos y como con temor de avergonzarnos
de tal manera que mi padre fue rápido en la consagración.
Me abandonó antes de que me lavase el rostro en su presencia
con agua despaciosa del cenote sagrado.
Decidí no destruir antes del amanecer la marca mágica
decidí descubrirla a mis ojos mirándome en el agua
sabía que con ello pisaba en un terreno mortal
pero más fascinábame la ascensión a la sabiduría.
A los tres días me encontraron muerto
rodeado de aves de rapiña muertas
mi padre fue por agua al pálido cenote
y me lavó la cara sin llorar.
cuando mi padre recomenzó en mí otra prueba.
Yo era el único súbdito que le quedaba a su locura
y aunque hasta entonces solía abofetearme de cuando en cuando
me hizo el honor de confiarme la marca negra de la ceniza de la frente.
Era noche para el gentío sin antorchas
por el clima propicio y el olor de la selva
pero a la sazón estábamos solos y como con temor de avergonzarnos
de tal manera que mi padre fue rápido en la consagración.
Me abandonó antes de que me lavase el rostro en su presencia
con agua despaciosa del cenote sagrado.
Decidí no destruir antes del amanecer la marca mágica
decidí descubrirla a mis ojos mirándome en el agua
sabía que con ello pisaba en un terreno mortal
pero más fascinábame la ascensión a la sabiduría.
A los tres días me encontraron muerto
rodeado de aves de rapiña muertas
mi padre fue por agua al pálido cenote
y me lavó la cara sin llorar.
469
Ramón de Campoamor y Campoosorio
Cantares
¡Ay! ¡Ay!
Más cerca de mí te siento
cuando más huyo de ti,
pues tu imagen es en mí,
es en mí,
sombra de mi pensamiento,
sombra de mi pensamiento.
¡Ay! Vuélvemelo a decir,
vuélvemelo a decir
pues embelesado ayer
te escuchaba sin oír
y te miraba sin ver,
y te miraba sin ver. ¡Ay!
Más cerca de mí te siento
cuando más huyo de ti,
pues tu imagen es en mí,
es en mí,
sombra de mi pensamiento,
sombra de mi pensamiento.
¡Ay! Vuélvemelo a decir,
vuélvemelo a decir
pues embelesado ayer
te escuchaba sin oír
y te miraba sin ver,
y te miraba sin ver. ¡Ay!
1.082
Rubén Darío
No Quiero Verte Madre
No quiero verte madre,
dulce morena.
Muy cerca de tu casa
tienes acequia,
y es bien sabido
que no nadan los hombres
recién nacidos.
dulce morena.
Muy cerca de tu casa
tienes acequia,
y es bien sabido
que no nadan los hombres
recién nacidos.
762
Rubén Darío
Convengo De Cualquier Modo
Convengo de cualquier modo.
No son raras hoy las víctimas,
y es preciso, en el mercado
donde todo se cotiza,
que se derrame y se busque
el material de la orgía...
Pero una madre, ¡una madre!
a su hija, Dios santo, ¡a su hija!
¡Oh, Alfredo de Musset! Dime si Rolla
regateó con el diablo la tarifa,
o con la madre monstruo tiró dados
sobre el desnudo cuerpo de la niña.
No son raras hoy las víctimas,
y es preciso, en el mercado
donde todo se cotiza,
que se derrame y se busque
el material de la orgía...
Pero una madre, ¡una madre!
a su hija, Dios santo, ¡a su hija!
¡Oh, Alfredo de Musset! Dime si Rolla
regateó con el diablo la tarifa,
o con la madre monstruo tiró dados
sobre el desnudo cuerpo de la niña.
579
Rubén Darío
¡su Padre Los Echa! Yo, Ha Poco, Lo He Visto
¡Su padre los echa! Yo, ha poco, lo he visto,
soberbio, iracundo, lanzarlos de allí.
No importa, hijos míos; diré como Cristo:
«¡Dejad a los niños que vengan a mí!»
soberbio, iracundo, lanzarlos de allí.
No importa, hijos míos; diré como Cristo:
«¡Dejad a los niños que vengan a mí!»
599
Rubén Darío
¡su Padre Los Echa! Yo, Ha Poco, Lo He Visto
¡Su padre los echa! Yo, ha poco, lo he visto,
soberbio, iracundo, lanzarlos de allí.
No importa, hijos míos; diré como Cristo:
«¡Dejad a los niños que vengan a mí!»
soberbio, iracundo, lanzarlos de allí.
No importa, hijos míos; diré como Cristo:
«¡Dejad a los niños que vengan a mí!»
599
Rubén Darío
¡tras Que La Engaña El Bribón
¡Tras que la engaña el bribón,
y le niega su cariño,
le quiere quitar su niño,
que es quitarle el corazón!
y le niega su cariño,
le quiere quitar su niño,
que es quitarle el corazón!
604
Rubén Darío
Amo Los Pálidos Rostros
Amo los pálidos rostros
y las brunas cabelleras,
los ojos lánguidos y húmedos
propicios a la tristeza,
y las espaldas de nieve,
en donde, oscuras y gruesas,
caen, sedosas,
las gordas trenzas,
y donde el amor platónico
huye, baja la cabeza,
mientras, temblando, se mira
la carne rosada y fresca.
y las brunas cabelleras,
los ojos lánguidos y húmedos
propicios a la tristeza,
y las espaldas de nieve,
en donde, oscuras y gruesas,
caen, sedosas,
las gordas trenzas,
y donde el amor platónico
huye, baja la cabeza,
mientras, temblando, se mira
la carne rosada y fresca.
680
Rubén Darío
Niña Hermosa Que Me Humillas
Niña hermosa que me humillas
con tus ojos grandes, bellos:
son para ellos, son para ellos
estas suaves redondillas.
Son dos soles, son dos llamas,
son la luz del claro día;
con su fuego, niña mía,
los corazones inflamas.
Y autores contemporáneos
dicen hay ojos que prenden
ciertos chispazos que encienden
pistolas que rompen cráneos.
con tus ojos grandes, bellos:
son para ellos, son para ellos
estas suaves redondillas.
Son dos soles, son dos llamas,
son la luz del claro día;
con su fuego, niña mía,
los corazones inflamas.
Y autores contemporáneos
dicen hay ojos que prenden
ciertos chispazos que encienden
pistolas que rompen cráneos.
826
Rubén Darío
¡advierte Si Fue Profundo
¡Advierte si fue profundo
un amor tan desgraciado,
que tuve odio a un hombre honrado
y celos de un moribundo!
un amor tan desgraciado,
que tuve odio a un hombre honrado
y celos de un moribundo!
545
Rubén Darío
Viejo Alegre, Viejo Alegre
Viejo alegre, viejo alegre,
no persigas a mi novia;
no son pájaros de invierno
los amantes de las rosas.
Viejo alegre, viejo alegre,
me quitaste a mi adorada.
¡Cuál te engríes en la boda
retiñéndote las canas!
Viejo alegre, ríe, ríe,
pues volvió tu primavera;
tanto, que hoy ha amanecido
retoñando la cabeza.
no persigas a mi novia;
no son pájaros de invierno
los amantes de las rosas.
Viejo alegre, viejo alegre,
me quitaste a mi adorada.
¡Cuál te engríes en la boda
retiñéndote las canas!
Viejo alegre, ríe, ríe,
pues volvió tu primavera;
tanto, que hoy ha amanecido
retoñando la cabeza.
692
Rubén Darío
Abrojos - Xxv
¿Dar posada al peregrino?
A uno di posada ayer;
y hoy, prosigió su camino,
llevándose a mi mujer.
A uno di posada ayer;
y hoy, prosigió su camino,
llevándose a mi mujer.
865
Rubén Darío
Me Dijo Un Amigo Ayer
Me dijo un amigo ayer:
—Aquel que pueda llegar
a cierta hora en que a tentar
sale a veces Lucifer,
hallará en toda mujer
la mujer de Putifar.
El asunto está en saber
cuándo el reloj va a sonar.
Ahora ¡vamos a ver!
¿siempre te vas a casar?
—Aquel que pueda llegar
a cierta hora en que a tentar
sale a veces Lucifer,
hallará en toda mujer
la mujer de Putifar.
El asunto está en saber
cuándo el reloj va a sonar.
Ahora ¡vamos a ver!
¿siempre te vas a casar?
699
Rubén Darío
Ponedle Dentro El Sol Y Las Estrellas
Ponedle dentro el sol y las estrellas.
¿Aún no? Todos los rayos y centellas.
¿Aún no? Poned la aurora del oriente,
la sonrisa de un niño,
de una virgen la frente
y miradas de amor y de cariño.
¿Aún no se aclara? Permanece oscuro,
siniestro y espantoso.
Entonces dije yo: «¡Pues es seguro
que se trata del pecho de un celoso!»
¿Aún no? Todos los rayos y centellas.
¿Aún no? Poned la aurora del oriente,
la sonrisa de un niño,
de una virgen la frente
y miradas de amor y de cariño.
¿Aún no se aclara? Permanece oscuro,
siniestro y espantoso.
Entonces dije yo: «¡Pues es seguro
que se trata del pecho de un celoso!»
500
Rubén Darío
Cuando La Vio Pasar El Pobre Mozo
Cuando la vio pasar el pobre mozo
y oyó que le dijeron: ¡Es tu amada!...
lanzó una carcajada,
pidió una copa y se bajó el embozo.
¡Que improvise el poeta!
Y habló luego
del amor, del placer, de su destino...
Y al aplaudirle la embriagada tropa,
se le rodó una lágrima de fuego,
que fue a caer al vaso cristalino.
Después, tomó su copa
¡y se bebió la lágrima y el vino!
y oyó que le dijeron: ¡Es tu amada!...
lanzó una carcajada,
pidió una copa y se bajó el embozo.
¡Que improvise el poeta!
Y habló luego
del amor, del placer, de su destino...
Y al aplaudirle la embriagada tropa,
se le rodó una lágrima de fuego,
que fue a caer al vaso cristalino.
Después, tomó su copa
¡y se bebió la lágrima y el vino!
1.206
Rubén Darío
Abrojos - Xii
¡Oh, luz mía! Te adoro
con toda el alma;
tu recuerdo es la vida
de mi esperanza.
Corazón mío,
¡vieras con mi silencio
cuánto te digo!
Y con tus ansias
y tu silencio,
¡vieras, corazón mío,
cuánto sospecho!
con toda el alma;
tu recuerdo es la vida
de mi esperanza.
Corazón mío,
¡vieras con mi silencio
cuánto te digo!
Y con tus ansias
y tu silencio,
¡vieras, corazón mío,
cuánto sospecho!
776
Rubén Darío
¿qué Lloras? Lo Comprendo
¿Qué lloras? Lo comprendo.
Todo concluido está.
Pero no quiero verte,
alma mía, llorar.
Nuestro amor, siempre, siempre...
Nuestras bodas... jamás.
¿Quién es ese bandido
que se vino a robar
tu corona florida
y tu velo nupcial?
Mas no, no me lo digas,
no lo quiero escuchar.
Tu nombre es Inocencia
y el de él es Satanás.
Un abismo a tus plantas,
una mano procaz
que te empuja; tú ruedas,
y mientras tanto, va
el ángel de tu guarda
triste y solo a llorar.
Pero ¿por qué derramas
tantas lágrimas?... ¡Ah!
Sí, todo lo comprendo...
No, no me digas más.
Todo concluido está.
Pero no quiero verte,
alma mía, llorar.
Nuestro amor, siempre, siempre...
Nuestras bodas... jamás.
¿Quién es ese bandido
que se vino a robar
tu corona florida
y tu velo nupcial?
Mas no, no me lo digas,
no lo quiero escuchar.
Tu nombre es Inocencia
y el de él es Satanás.
Un abismo a tus plantas,
una mano procaz
que te empuja; tú ruedas,
y mientras tanto, va
el ángel de tu guarda
triste y solo a llorar.
Pero ¿por qué derramas
tantas lágrimas?... ¡Ah!
Sí, todo lo comprendo...
No, no me digas más.
824
Rubén Darío
Lloraba En Mis Brazos Vestida De Negro,
Lloraba en mis brazos vestida de negro,
se oía el latido de su corazón,
cubríanle el cuello los rizos castaños
y toda temblaba de miedo y amor.
¿Quién tuvo la culpa? La noche callada.
Ya iba a despedirme. Cuando dije «¡Adiós!»,
Ella, sollozando, se abrazó a mi pecho
bajo aquel ramaje del almendro en flor.
Velaron las nubes la pida luna...
Después, tristemente lloramos los dos.
se oía el latido de su corazón,
cubríanle el cuello los rizos castaños
y toda temblaba de miedo y amor.
¿Quién tuvo la culpa? La noche callada.
Ya iba a despedirme. Cuando dije «¡Adiós!»,
Ella, sollozando, se abrazó a mi pecho
bajo aquel ramaje del almendro en flor.
Velaron las nubes la pida luna...
Después, tristemente lloramos los dos.
758