Poemas en este tema
Emociones y Sentimientos
José Agustín Goytisolo
Esa flor instantánea
Miedo a perderse ambos
vivir uno sin otro:
miedo a estar alejados
en el viento en la niebla
en los pasos del día
en la luz del relámpago
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto
de los que mueren juntos
y resucitan luego.
vivir uno sin otro:
miedo a estar alejados
en el viento en la niebla
en los pasos del día
en la luz del relámpago
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto
de los que mueren juntos
y resucitan luego.
913
José Agustín Goytisolo
Esa flor instantánea
Miedo a perderse ambos
vivir uno sin otro:
miedo a estar alejados
en el viento en la niebla
en los pasos del día
en la luz del relámpago
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto
de los que mueren juntos
y resucitan luego.
vivir uno sin otro:
miedo a estar alejados
en el viento en la niebla
en los pasos del día
en la luz del relámpago
en cualquier parte. Miedo
que les hace abrazarse
unirse en este aire
que ahora juntos respiran.
Y se buscan y buscan
esa flor instantánea
que cuando se consigue
se deshace en un soplo
y hay que ir a encontrar otras
en el jardín umbrío.
Miedo; bendito miedo
que propicia el deseo
la agonía y el rapto
de los que mueren juntos
y resucitan luego.
913
Emilio Prados
Cerré mi puerta al mundo
Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.
Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.
Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.
Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.
Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.
735
Emilio Prados
Cerré mi puerta al mundo
Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.
Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.
Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.
Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.
Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.
735
Jacobo Fijman
El canto del cisne, de Molino rojo
Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
558
Jacobo Fijman
El canto del cisne, de Molino rojo
Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
558
Jacobo Fijman
El canto del cisne, de Molino rojo
Demencia:
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
el camino más alto y más desierto.
Oficio de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.
Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
558
Manuel Bandeira
El último poema
Así querría yo mi último poema.
Que fuese tierno diciendo las cosas más simples
y menos intencionadas,
que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas,
que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume,
la pureza de la llama en que se consumen
los diamantes más límpidos,
la pasión de los suicidas que se matan sin explicaciones.
Que fuese tierno diciendo las cosas más simples
y menos intencionadas,
que fuese ardiente como un sollozo sin lágrimas,
que tuviese la belleza de las flores casi sin perfume,
la pureza de la llama en que se consumen
los diamantes más límpidos,
la pasión de los suicidas que se matan sin explicaciones.
627
Pablo Neruda
El tigre, de Los versos del capitán
Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
1.025
Pablo Neruda
El tigre, de Los versos del capitán
Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
1.025
Pablo Neruda
El tigre, de Los versos del capitán
Soy el tigre.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
Te acecho entre las hojas
anchas como lingotes
de mineral mojado.
El río blanco crece
bajo la niebla. Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
de fuego, sangre, dientes,
de un zarpazo derribo
tu pecho, tus caderas.
Bebo tu sangre, rompo
tus miembros uno a uno.
Y me quedo velando
por años en la selva
tus huesos, tu ceniza,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las lianas,
inmóvil en la lluvia,
centinela implacable
de mi amor asesino.
1.025
Vicente Gaos
Hay un reguero dulce
Hay un reguero dulce y encendido de sol
sobre los álamos dorados,
y a lo lejos, los montes ya nevados
encalman el paisaje atardecido,
si ahora tuviera el corazón dormido,
los ríos de la sangre no encrespados,
y ojos para mirar enamorados
los chopos dónde aún tiembla el sol huido,
si ahora como esa luna ser pudiera que boga virginal,
tan lentamente, tan alma pura en el azul,
si fuera un álamo, una luna, un dios luciente,
más sólo soy un hombre en la ladera,
un hombre sólo apasionadamente.
sobre los álamos dorados,
y a lo lejos, los montes ya nevados
encalman el paisaje atardecido,
si ahora tuviera el corazón dormido,
los ríos de la sangre no encrespados,
y ojos para mirar enamorados
los chopos dónde aún tiembla el sol huido,
si ahora como esa luna ser pudiera que boga virginal,
tan lentamente, tan alma pura en el azul,
si fuera un álamo, una luna, un dios luciente,
más sólo soy un hombre en la ladera,
un hombre sólo apasionadamente.
531
Josep Carner
El mes vell del poble -en catalán-
Cap vent no mou el bri d'una esperança,
de cada núvol només cau neguit,
el destí s'enfondeix en malaurança,
potser la nit serà cent anys la nit.
El fat, però, no minva la frisança
pel que tant he volgut i beneït
si ma feblesa diu que ja s'atansa
l'adéu-siau del cos i l'esperit.
Potser ja massa dies he comptat
i en un recolze inconegut m'espera
la fi. Pugui jo caure, incanviat,
tot fent honor, per via dreturera,
amb ulls humits i cor enamorat,
a un esquinçall, en altre temps bandera.
de cada núvol només cau neguit,
el destí s'enfondeix en malaurança,
potser la nit serà cent anys la nit.
El fat, però, no minva la frisança
pel que tant he volgut i beneït
si ma feblesa diu que ja s'atansa
l'adéu-siau del cos i l'esperit.
Potser ja massa dies he comptat
i en un recolze inconegut m'espera
la fi. Pugui jo caure, incanviat,
tot fent honor, per via dreturera,
amb ulls humits i cor enamorat,
a un esquinçall, en altre temps bandera.
607
Josep Carner
El mes vell del poble -en catalán-
Cap vent no mou el bri d'una esperança,
de cada núvol només cau neguit,
el destí s'enfondeix en malaurança,
potser la nit serà cent anys la nit.
El fat, però, no minva la frisança
pel que tant he volgut i beneït
si ma feblesa diu que ja s'atansa
l'adéu-siau del cos i l'esperit.
Potser ja massa dies he comptat
i en un recolze inconegut m'espera
la fi. Pugui jo caure, incanviat,
tot fent honor, per via dreturera,
amb ulls humits i cor enamorat,
a un esquinçall, en altre temps bandera.
de cada núvol només cau neguit,
el destí s'enfondeix en malaurança,
potser la nit serà cent anys la nit.
El fat, però, no minva la frisança
pel que tant he volgut i beneït
si ma feblesa diu que ja s'atansa
l'adéu-siau del cos i l'esperit.
Potser ja massa dies he comptat
i en un recolze inconegut m'espera
la fi. Pugui jo caure, incanviat,
tot fent honor, per via dreturera,
amb ulls humits i cor enamorat,
a un esquinçall, en altre temps bandera.
607
Luis Felipe Vivanco
Allegro
Termina la mañana como una calle en cuesta
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
464
Luis Felipe Vivanco
Allegro
Termina la mañana como una calle en cuesta
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
464
Luis Felipe Vivanco
Allegro
Termina la mañana como una calle en cuesta
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
464
Luis Felipe Vivanco
Allegro
Termina la mañana como una calle en cuesta
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
que baja hacia las frondas naturales del Prado.
Y ese joven doloroso y urgente
¿quién sabe lo que quiere después de tanta música
padeciendo a la orilla de su criatura única?
Quiere que haya retamas en flor y ramas extendidas de castaño
dentro de sus moradas de angustia sin pecado.
Quiere que el insistente, curioso y solitario toro de las alturas
descienda hasta el origen de su felicidad sin mezcla de ocupaciones serias,
Quiere que le atraviese la bendición del agua más delgada
junto a un pétreo y bruñido acantilado de buitres
y que brille en secreto una red invisible de aciertos espirituales
entre los viejos puentes y los cerros bermejos con olivos.
Quiere que su ejercicio de estrellas desveladas
sea un olor creciendo de realidad de fuera.
Y al cabo de la racha de alegría invasora
quiere su ocio del campo y distancias andando...
(Pero también prefiere acudir a su cita de soledad y de retraso con la música y seguir padeciendo a la orilla inhumana de su criatura única.)
464
Eladio Cabañero
Anochecida en el campo
La noche va encerrándose. Un momento cruzan ahogos lejanos, vagos sones, y algo sucede que los corazones y el campo callan en recogimiento, se alarga el miedo entonces como un río, los contornos se encogen y procura el horizonte cerrar bien la puerta, y el primer cierzo, cada vez más frío, cada sol menos, cada noche oscura, pone la vida un poco más desierta.
603
Eladio Cabañero
Anochecida en el campo
La noche va encerrándose. Un momento cruzan ahogos lejanos, vagos sones, y algo sucede que los corazones y el campo callan en recogimiento, se alarga el miedo entonces como un río, los contornos se encogen y procura el horizonte cerrar bien la puerta, y el primer cierzo, cada vez más frío, cada sol menos, cada noche oscura, pone la vida un poco más desierta.
603
Miquel Martí Pol
A claus de sorra -en catalán-
A claus de sorra he penjat els ormeigs
i he desat tots els llibres a calaixos de boira.
Ara, amb les mans pintades de colors,
em posaré la roba de les festes
i esperaré les noies quan surtin del cinema.
Si plou duré un paraigua de color cridaner
i unes sabates grosses d'un verd agosarat.
Les noies passaran i diran: - Bones tardes
(potser totes, qui sap!, m'estimen en silenci),
i fugiran pels carrers tenebrosos
a perdre's dins els braços d'homes d'estirp incerta.
Quan sigui fosc tornaré cap a casa
repetint en veu baixa versos que encara estimo,
cansat i decebut; i em pesarà la roba
damunt el gest tristíssim de peresa.
Hi haurà a cada portal una parella
besant-se o qui sap què, mentre que jo,
sol i indefens, pensaré que la nit
és una noia verge que m'espera
i a crits estriparé l'embruix que me'n separa.
i he desat tots els llibres a calaixos de boira.
Ara, amb les mans pintades de colors,
em posaré la roba de les festes
i esperaré les noies quan surtin del cinema.
Si plou duré un paraigua de color cridaner
i unes sabates grosses d'un verd agosarat.
Les noies passaran i diran: - Bones tardes
(potser totes, qui sap!, m'estimen en silenci),
i fugiran pels carrers tenebrosos
a perdre's dins els braços d'homes d'estirp incerta.
Quan sigui fosc tornaré cap a casa
repetint en veu baixa versos que encara estimo,
cansat i decebut; i em pesarà la roba
damunt el gest tristíssim de peresa.
Hi haurà a cada portal una parella
besant-se o qui sap què, mentre que jo,
sol i indefens, pensaré que la nit
és una noia verge que m'espera
i a crits estriparé l'embruix que me'n separa.
579
Fernando Pessoa
El amor es una compañía
El amor es una compañía, ya no sé andar solo por los caminos,
porque ya no puedo andar solo.
Un pensamiento visible me hace andar más a prisa y ver menos,
y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo.
Aun la ausencia de ella es una cosa que está conmigo,
y yo gusto tanto de ella que no sé cómo desearla.
Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los arboles altos,
pero si la veo tiemblo, no sé qué se ha hecho de lo que siento en ausencia de ella.
Todo yo soy cualquier fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con la cara de ella en el medio.
porque ya no puedo andar solo.
Un pensamiento visible me hace andar más a prisa y ver menos,
y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo.
Aun la ausencia de ella es una cosa que está conmigo,
y yo gusto tanto de ella que no sé cómo desearla.
Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los arboles altos,
pero si la veo tiemblo, no sé qué se ha hecho de lo que siento en ausencia de ella.
Todo yo soy cualquier fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con la cara de ella en el medio.
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Fernando Pessoa
El amor es una compañía
El amor es una compañía, ya no sé andar solo por los caminos,
porque ya no puedo andar solo.
Un pensamiento visible me hace andar más a prisa y ver menos,
y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo.
Aun la ausencia de ella es una cosa que está conmigo,
y yo gusto tanto de ella que no sé cómo desearla.
Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los arboles altos,
pero si la veo tiemblo, no sé qué se ha hecho de lo que siento en ausencia de ella.
Todo yo soy cualquier fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con la cara de ella en el medio.
porque ya no puedo andar solo.
Un pensamiento visible me hace andar más a prisa y ver menos,
y al mismo tiempo gustar de ir viendo todo.
Aun la ausencia de ella es una cosa que está conmigo,
y yo gusto tanto de ella que no sé cómo desearla.
Si no la veo, la imagino y soy fuerte como los arboles altos,
pero si la veo tiemblo, no sé qué se ha hecho de lo que siento en ausencia de ella.
Todo yo soy cualquier fuerza que me abandona.
Toda la realidad me mira como un girasol con la cara de ella en el medio.
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Fernando Pessoa
Escrito en un libro abandonado en un viaje
Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el Universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Cintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Cintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Cintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace poco proporcionarme libertad es ahora algo en lo que estoy encerrado. A la izquierda, hacia atrás, la casucha modesta. La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía. Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará: ese que va en el auto es feliz.
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