Temas
Poemas en este tema

Emociones y Sentimientos

Carolina Coronado

Carolina Coronado

Seoane Respuesta Al Excmo Sr D Mateo Seoane

Pálida insomne, lánguida doliente,
sombra tan sólo de criatura humana
ya consumida por la fiebre ardiente
viene de las orillas del Guadiana.

La copa de cristal donde bebía
el agua, que a mi sed siempre era poca
al acercar mi enardecida boca
una vez y otra en sangre se teñía.

Mortificado por tenaz punzada
y de violento palpitar rendido
era del corazón cada latido
un dolor en mi fibra lastimada.

Fatigaba la luz mi vista errante,
ahogaba el aire mi oprimido pecho
y aunque jamás abandonaba el lecho
dormir no me era dado un solo instante.

Las lentas horas de la noche triste
las pasaba gimiendo y delirando
y por la muerte sin cesar clamando
único bien al que doliente existe.

Y ya la muerte al fin compadecida
sus negras alas hacia mí tendiendo
iba a llevarme al ámbito tremendo
término silencioso de la vida.

Pero una mano fuerte y salvadora
con enérgico afán asió la mía;
una mirada fija, escrutadora
a iluminarme vino en la agonía.

Era la luz brillante de la ciencia,
implacable enemiga de la muerte
que vivifica el corazón inerte
que anima con sus rayos la existencia.

Erais vos, erais vos, sabio maestro
de la doliente humanidad amigo;
yo debo la existencia al saber vuestro
yos amo y os respeto y os bendigo.

Y otros seres también dulce memoria
de esa ciencia benéfica guardando
al pobre ingenio mío están rogando
que agradecida escriba vuestra historia.

Vuestra vida, señor, escribir quiero
aunque modesto rechacéis su idea,
no porque el mundo mi talento vea
que nada dél para mi gloria espero.

Vuestra vida, señor, a escribir voy
pues si la escribo porque viva estoy,
y en ella expresaré lo que habéis sido
a Dios y a vuestra ciencia lo he debido.
560
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Seoane Respuesta Al Excmo Sr D Mateo Seoane

Pálida insomne, lánguida doliente,
sombra tan sólo de criatura humana
ya consumida por la fiebre ardiente
viene de las orillas del Guadiana.

La copa de cristal donde bebía
el agua, que a mi sed siempre era poca
al acercar mi enardecida boca
una vez y otra en sangre se teñía.

Mortificado por tenaz punzada
y de violento palpitar rendido
era del corazón cada latido
un dolor en mi fibra lastimada.

Fatigaba la luz mi vista errante,
ahogaba el aire mi oprimido pecho
y aunque jamás abandonaba el lecho
dormir no me era dado un solo instante.

Las lentas horas de la noche triste
las pasaba gimiendo y delirando
y por la muerte sin cesar clamando
único bien al que doliente existe.

Y ya la muerte al fin compadecida
sus negras alas hacia mí tendiendo
iba a llevarme al ámbito tremendo
término silencioso de la vida.

Pero una mano fuerte y salvadora
con enérgico afán asió la mía;
una mirada fija, escrutadora
a iluminarme vino en la agonía.

Era la luz brillante de la ciencia,
implacable enemiga de la muerte
que vivifica el corazón inerte
que anima con sus rayos la existencia.

Erais vos, erais vos, sabio maestro
de la doliente humanidad amigo;
yo debo la existencia al saber vuestro
yos amo y os respeto y os bendigo.

Y otros seres también dulce memoria
de esa ciencia benéfica guardando
al pobre ingenio mío están rogando
que agradecida escriba vuestra historia.

Vuestra vida, señor, escribir quiero
aunque modesto rechacéis su idea,
no porque el mundo mi talento vea
que nada dél para mi gloria espero.

Vuestra vida, señor, a escribir voy
pues si la escribo porque viva estoy,
y en ella expresaré lo que habéis sido
a Dios y a vuestra ciencia lo he debido.
560
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A La Mujer Más Fea De España

Venid, señora, a escuchar
la unánime votación
que España acaba de dar:
venid; que os va a coronar
FEA por aclamación.

Monstruos mil se presentaron;
mas con voz solemne y clara
los tribunales fallaron,
que otra cara no encontraron
semejante a vuestra cara.

Cual vuestra cara no hay dos:
hay de feas copia extraña,
muchas feas ¡vive Dios!
pero sin disputa vos
sois la más fea de España.

Os dieron la primacía:
señora, ¡cuánto me alegro!
mas, ¡cielos! ¿quién la osadía
de mostrar, cual vos, tendría
ojo azul en campo negro?

¿Quién, no siendo, cual vos, loca
mostrara a la humanidad
boca igual a vuestra boca,
aunque tuviese muy poca
vergonzosa vanidad?

La fealdad tiene pudor;
y yo en el caso presente
(os lo digo sin rencor)
por modestia, por rubor
me escondiera de la gente.

¡Ay! ¡cuánto hacéis padecer,
mostrando vuestra cabeza
al que procura creer
en la belleza del ser,
en su bondad y pureza!

Sois una horrible creación;
porque aun hay cosa más rara
en esa organización:
que tenéis el corazón
mucho peor que la cara.

Todos vuestros pensamientos
son torpes y maldicientes:
aborrecéis los talentos,
las virtudes eminentes
y los nobles sentimientos.

No hay honra libre e vos,
aunque bendita se acoja
al manto del mismo Dios;
porque en medio de los dos
vuestra calumnia se arroja.

¡Ay! ¿por qué si de la huesa,
mala anciana, a un paso estás,
no dejas la humana presa?
¿por qué en la fama ilesa
te irritas y ensañas más?

Déjame con mi poesía
pasar la vida inocente,
si no quieres que algún día
tu horrorosa biografía
a las criaturas presente.

Aunque no sé si te diga
que es mi más gloriosa hazaña
el que me odie y persiga
como mortal enemiga,
la mujer más fea de España.
882
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Versos Improvisados Con Varios Motivos La Empresa Del Ferrocarril De Extremadura

Bien llegados a España, caballeros.
Esta joven nación, su tierra pura
os brinda a los amigos extranjeros
que lecciones la ofrecen de cultura:
por el terso carril marchen ligeros
los hijos de la rica Extremadura,
vuestras artes, y ciencias y portentos
a igualar y vencer con sus talentos.

¡O mi pueblo, sencillo patriarca
tan agreste pacífico y tan rudo,
de ferrados-carriles tu comarca
van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo
buey que sus pasos por minutos marca
¡rodará gran vapor!... ¿Quién tanto pudo?
¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento
pone a tan bella fábrica el cimiento?

Hay una tierra, en medio el Océano
donde O''Connell nació y a Byron cuenta,
¿qué reino hallar más fuerte y soberano
que la patria feliz que a ambos alienta?
Pues ya del genio y del poder Britano
tanto el raudal inmenso se acrecienta
que sus diques rompiendo a inundar pasa
el virgen suelo que de sed se abrasa.

Ya corren hasta aquí sus manantiales;
ya el campo bebe su copioso riego;
ya florecen brillando a sus cristales
el extremeño prado y el manchego.
¡Ay! los que tal pobreza y tantos males
en la guerrera lucha a sangre y fuego,
soportaron pacientes, ¿cómo ahora,
dicha comprenderán tan seductora?

Agriado el corazón por los azares,
perdida en desengaños la esperanza,
nada aguardamos ya sino pesares,
sólo en el mal tenemos confianza;
por eso hacia la gente de los mares
torva la vista, y suspicaz se lanza
y rechazando el bien porque suspira
responde el español: «Fraude, mentira».

Empero, no a los hijos de Bretaña
que nos tendieron las amigas manos
cuando el Coloso amenazó a la España
deben temer los nobles castellanos;
antes bien recordar la fiel campaña
que hicieron los dos reinos como hermanos
para que aliento infunda a la memoria
de Wellington su lauro y nuestra gloria.

¡Por qué ese recelar eterno y triste!
¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!
¡Por qué así nuestro espíritu reviste
con su negro color el blanco cielo!
Tal vez el hado en el rencor desiste
con que siguió nuestro cefrado suelo,
y su primer sonrisa alegremente
nos muestra en el camino reluciente.

¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!
¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes
pavimentos darán con su corteza,
moradas ornarán con sus ramajes!;
cuántos pueblos, alzando la cabeza
por contestar de Europa a los ultrajes
«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,
¡que nosotros estamos opulentos!»
543