Otros
Francisco de Aldana
Mil Veces Callo, Que Romper Deseo
el cielo a gritos, y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento,
que en silencio mortal yacer la veo.
Anda cual velocísimo correo
por dentro el alma el suelto pensamiento,
con alto, y de dolor, lloroso acento,
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.
No halla la memoria o la esperanza
rastro de imagen dulce y deleitable
con que la voluntad viva segura.
Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,
muerte que tarda, llanto inconsolable,
desdén del cielo, error de la ventura.
Francisco de Aldana
Mil Veces Callo, Que Romper Deseo
el cielo a gritos, y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento,
que en silencio mortal yacer la veo.
Anda cual velocísimo correo
por dentro el alma el suelto pensamiento,
con alto, y de dolor, lloroso acento,
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.
No halla la memoria o la esperanza
rastro de imagen dulce y deleitable
con que la voluntad viva segura.
Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,
muerte que tarda, llanto inconsolable,
desdén del cielo, error de la ventura.
Francisco de Aldana
Mil Veces Callo, Que Romper Deseo
el cielo a gritos, y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento,
que en silencio mortal yacer la veo.
Anda cual velocísimo correo
por dentro el alma el suelto pensamiento,
con alto, y de dolor, lloroso acento,
casi en sombra de muerte un nuevo Orfeo.
No halla la memoria o la esperanza
rastro de imagen dulce y deleitable
con que la voluntad viva segura.
Cuanto en mí hallo es maldición que alcanza,
muerte que tarda, llanto inconsolable,
desdén del cielo, error de la ventura.
Francisco de Aldana
Pocos Tercetos Escritos A Un Amigo
de oro, de seda y púrpura cubriendo
el de vuestra alma vil terrestre velo,
sayo de hierro acá yo estoy vistiendo,
cota de acero, arnés, yelmo luciente,
que un claro espejo al sol voy pareciendo.
Mientras andáis allá lascivamente
con flores de azahar, con agua clara
los pulsos refrescando, ojos y frente,
yo de honroso sudor cubro mi cara
y de sangre enemiga el brazo tiño
cuando con más furor muerte dispara.
Mientras que a cada cual con su desiño
urdiendo andáis allá mil trampantojos,
manchada el alma más que piel de armiño,
yo voy acá y allá, puestos los ojos
en muerte dar al que tener se gloria
del ibero valor ricos despojos.
Mientras andáis allá con la memoria
llena de las blanduras de Cupido,
publicando de vos llorosa historia,
yo voy aca de furia combatido,
de aspereza y desdén, lleno de gana
que Ludovico al fin quede vencido.
Mientras cual nuevo sol por la mañana
todo compuesto andáis ventaneando
en haca, sin parar, lucia y galana,
yo voy sobre un jinete acá saltando
el andén, el barranco, el foso, el lodo,
al cercano enemigo amenazando.
Mientras andáis allá metido todo
en conocer la dama, o linda o fea,
buscando introducción por diestro modo,
yo reconozco el sitio y la trinchea
deste profano a Dios vil enemigo,
sin que la muerte al ojo estorbo sea.
Francisco de Aldana
Pocos Tercetos Escritos A Un Amigo
de oro, de seda y púrpura cubriendo
el de vuestra alma vil terrestre velo,
sayo de hierro acá yo estoy vistiendo,
cota de acero, arnés, yelmo luciente,
que un claro espejo al sol voy pareciendo.
Mientras andáis allá lascivamente
con flores de azahar, con agua clara
los pulsos refrescando, ojos y frente,
yo de honroso sudor cubro mi cara
y de sangre enemiga el brazo tiño
cuando con más furor muerte dispara.
Mientras que a cada cual con su desiño
urdiendo andáis allá mil trampantojos,
manchada el alma más que piel de armiño,
yo voy acá y allá, puestos los ojos
en muerte dar al que tener se gloria
del ibero valor ricos despojos.
Mientras andáis allá con la memoria
llena de las blanduras de Cupido,
publicando de vos llorosa historia,
yo voy aca de furia combatido,
de aspereza y desdén, lleno de gana
que Ludovico al fin quede vencido.
Mientras cual nuevo sol por la mañana
todo compuesto andáis ventaneando
en haca, sin parar, lucia y galana,
yo voy sobre un jinete acá saltando
el andén, el barranco, el foso, el lodo,
al cercano enemigo amenazando.
Mientras andáis allá metido todo
en conocer la dama, o linda o fea,
buscando introducción por diestro modo,
yo reconozco el sitio y la trinchea
deste profano a Dios vil enemigo,
sin que la muerte al ojo estorbo sea.
Francisco de Aldana
El ímpetu Cruel De Mi Destino
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!
¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,
roto su velo mísero y doliente,
el alma, con un vuelo diligente,
volviese a la región de donde vino!
Iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,
con quien hice común acá mi suerte.
¡Oh, qué montón de cosas le diría,
cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!
Francisco de Aldana
El ímpetu Cruel De Mi Destino
¡cómo me arroja miserablemente
de tierra en tierra, de una en otra gente,
cerrando a mi quietud siempre el camino!
¡Oh, si tras tanto mal grave y contino,
roto su velo mísero y doliente,
el alma, con un vuelo diligente,
volviese a la región de donde vino!
Iríame por el cielo en compañía
del alma de algún caro y dulce amigo,
con quien hice común acá mi suerte.
¡Oh, qué montón de cosas le diría,
cuáles y cuántas, sin temer castigo
de fortuna, de amor, de tiempo y muerte!
Enrique Villagrasa González
La Ofrenda
y encerrada tras los labios
ella espera
la luz del día
y su brisa húmeda.
Todo bulle cuando la noche,
tu mirada y sus manos.
El tiempo estremecido
anhela sonrisas y besos,
pausado todo. Sexo y vida
y en el sentir de las sombras
volver a poseerte.
Duerme mujer tus sueños
tu cuerpo es tuyo.
Enrique Villagrasa González
Blancos Versos
fueron alcanzados por la sombra
y los poetas del mundo temblaron
en sus tumbas unos,
otros en sus agujeros.
Y amanecieron con el lenguaje roto,
a la luz de la luna;
y las estrellas brillaron al otro lado
del espejo de la línea negra.
La memoria sólo recuerda oscuridad:
otra vez la noche se filtra
ventana arriba como la tarde.
La poesía ya no es.
Tan sólo quiero
blancos versos, de nuevo.
Enrique Villagrasa González
Luz
A Manuel López Azorín
qué precisas palabras que la espuma decía
Vicente Aleixandre
Los poemas esconden
en precisas palabras
lo no dicho.
¿El secreto?,
su espuma,
su vacío.
¿Acaso dudas poeta
del fugaz espejo
y su transparencia?
¡Ah, luminosa luz
que elige el ocultamiento!
Invierno
Herido por tu beso
y su locura
y lacerado por el gemido,
de invierno borracho,
todo es pasión oculta
en este nido de algas:
océano de sensaciones.
Nieva, otra vez, ya sabes,
yo escribo pobres palabras
tras los cristales.
Y sigo,
continúo bebiendo
en el latir de su boca
y sus múltiples destellos.
Voz, luz, palabra
En el surco del verso,
que tu voz siembra,
el verbo se encierra.
Misterio, línea de luz,
que ni el sabio conoce.
Cuándo germinará tu voz;
y dónde, pues, la línea de luz;
¿y la línea de sombra?
Oscuro poema
este canto
por el agua clara.
Sólo la palabra es el infinito.
Sendero
En tinieblas y más sombras,
sin luz,
así camino por este canto.
Y me encuentro
con demasiados
poemas sombríos,
con demasiados
versos pálidos,
con demasiados
poetas aburridos.
¿Para cuándo el blanco verso
con su luz y tan intensa
que ciegue la página blanca?
Adiós
La ceniza de unos versos olvidados,
vomita paseos por la orilla de la noche.
Y es que su cadencia grita música
por las caricias de tus dedos.
No ladrón…
y sí soñar otra vez
tu mismo sueño.
…y sí soñar otra vez
tu mismo sueño.
Enrique Villagrasa González
Luz
A Manuel López Azorín
qué precisas palabras que la espuma decía
Vicente Aleixandre
Los poemas esconden
en precisas palabras
lo no dicho.
¿El secreto?,
su espuma,
su vacío.
¿Acaso dudas poeta
del fugaz espejo
y su transparencia?
¡Ah, luminosa luz
que elige el ocultamiento!
Invierno
Herido por tu beso
y su locura
y lacerado por el gemido,
de invierno borracho,
todo es pasión oculta
en este nido de algas:
océano de sensaciones.
Nieva, otra vez, ya sabes,
yo escribo pobres palabras
tras los cristales.
Y sigo,
continúo bebiendo
en el latir de su boca
y sus múltiples destellos.
Voz, luz, palabra
En el surco del verso,
que tu voz siembra,
el verbo se encierra.
Misterio, línea de luz,
que ni el sabio conoce.
Cuándo germinará tu voz;
y dónde, pues, la línea de luz;
¿y la línea de sombra?
Oscuro poema
este canto
por el agua clara.
Sólo la palabra es el infinito.
Sendero
En tinieblas y más sombras,
sin luz,
así camino por este canto.
Y me encuentro
con demasiados
poemas sombríos,
con demasiados
versos pálidos,
con demasiados
poetas aburridos.
¿Para cuándo el blanco verso
con su luz y tan intensa
que ciegue la página blanca?
Adiós
La ceniza de unos versos olvidados,
vomita paseos por la orilla de la noche.
Y es que su cadencia grita música
por las caricias de tus dedos.
No ladrón…
y sí soñar otra vez
tu mismo sueño.
…y sí soñar otra vez
tu mismo sueño.
Enrique Villagrasa González
Verso Fugaz
La primavera no tardará en llegar
y su luz iluminará los ocupados poemas
de nuestras atroces mentes.
Será un momento
o un rato,
o tal vez la eternidad.
Enrique Villagrasa González
Voz Desnuda
Qué transparencia ahí dentro,
luz de abril,
en este cáliz que es cal y granito,Claudio Rodríguez
Crepúsculo
Entre la luna y el sol,
y amante en múltiples destellos,
esperas la hora del lenguaje:
de la palabra que da la vida.
Caminando sobre la ola
y sufriendo su dolor,
tras la primera luz del alba
amanece el verbo.
Siempre mar adentro,
en busca de la poesía,
y todavía es invierno.
Bien lo sabes:
ella es lujuria máxima:
en ti toda que desborda.
Evaristo Carriego
Día De Bronca
perdone... ¡Estoy reventao!
Ando con un entripao
que, de continuar, palpito
que he de seguir derechito
camino de Triunvirato;
pues ya tengo para rato
con esta suerte cochina:
Hoy se me espiantó la mina,
¡y si viera con qué gato!
Sí, hermano, como le digo:
¡Viese qué gato ranero!
mishio, roñoso, fulero,
mal lancero y peor amigo.
¡Si se me encoge el ombligo
de pensar el trinquetazo,
que me han dao! El bacanazo
no vale ni una escupida,
y lo que es ella, ¡en la vida
me soñé este chivatazo!
Mas, no hay como vivir mucho
para conocerlas bien:
no piense que de recién
se le pegan al más ducho.
Aunque uno lo crea un pucho,
al contrario, el buen gavión
no debe dar ocasión
al adorno carneril...
¡Nunca lo crea tan gil
al que le arruina el buyón!
Yo los tengo junaos. ¡Viera
lo que uno sabe de viejo!
No hay como correr parejo
para estar bien en carrera.
Lo engrupen con la manquera,
con que tal vez ni serán
del pelotón, y se van
en fija, de cualquier modo...
ya no hay caso: ¡se la dan!
¡Pero tan luego a mi edá
que me suceda esta cosa!
Si es p'abrirse la piojosa
de la bronca que me da.
Porque es triste, a la verdá
—el decirlo es necesario—
que con el lindo prontuario
que con tanto sacrificio
he lograo en el servicio
¡me hayan agarrao de otario!
Y lo peor es que la cama
la supieron preparar.
¡De llegarlo a sospechar
cómo les dejo el programa!
Créame: pese a mi fama
de vivo entré por el cuento...
Cuando mangié el argumento
no sé lo que me pasó:
¡de la bronca que me dio,
compadre, casi reviento!
Sí, me la dieron con queso...
pero no importa, a la larga
me han de pagar esta amarga
situación por que atravieso.
¡Ni qué hablar! lo que es para eso
—se lo digo sin empacho—
siempre me tuve por macho
y ni una duda permito...
¡Ya verá qué dibujito
les vi'hacer en el escracho!
Bueno: ¿que ésta es quejumbrona
y escrita como sin gana?
Échele la culpa al rana
que me espiantó la cartona.
¡Tigrero de la madona,
veremos cómo se hamaca,
si es que el cuerpo no me saca
cuando me toque la mía!
¡Hasta luego! —¡Todavía
tengo que afilar la faca!
Evaristo Carriego
Día De Bronca
perdone... ¡Estoy reventao!
Ando con un entripao
que, de continuar, palpito
que he de seguir derechito
camino de Triunvirato;
pues ya tengo para rato
con esta suerte cochina:
Hoy se me espiantó la mina,
¡y si viera con qué gato!
Sí, hermano, como le digo:
¡Viese qué gato ranero!
mishio, roñoso, fulero,
mal lancero y peor amigo.
¡Si se me encoge el ombligo
de pensar el trinquetazo,
que me han dao! El bacanazo
no vale ni una escupida,
y lo que es ella, ¡en la vida
me soñé este chivatazo!
Mas, no hay como vivir mucho
para conocerlas bien:
no piense que de recién
se le pegan al más ducho.
Aunque uno lo crea un pucho,
al contrario, el buen gavión
no debe dar ocasión
al adorno carneril...
¡Nunca lo crea tan gil
al que le arruina el buyón!
Yo los tengo junaos. ¡Viera
lo que uno sabe de viejo!
No hay como correr parejo
para estar bien en carrera.
Lo engrupen con la manquera,
con que tal vez ni serán
del pelotón, y se van
en fija, de cualquier modo...
ya no hay caso: ¡se la dan!
¡Pero tan luego a mi edá
que me suceda esta cosa!
Si es p'abrirse la piojosa
de la bronca que me da.
Porque es triste, a la verdá
—el decirlo es necesario—
que con el lindo prontuario
que con tanto sacrificio
he lograo en el servicio
¡me hayan agarrao de otario!
Y lo peor es que la cama
la supieron preparar.
¡De llegarlo a sospechar
cómo les dejo el programa!
Créame: pese a mi fama
de vivo entré por el cuento...
Cuando mangié el argumento
no sé lo que me pasó:
¡de la bronca que me dio,
compadre, casi reviento!
Sí, me la dieron con queso...
pero no importa, a la larga
me han de pagar esta amarga
situación por que atravieso.
¡Ni qué hablar! lo que es para eso
—se lo digo sin empacho—
siempre me tuve por macho
y ni una duda permito...
¡Ya verá qué dibujito
les vi'hacer en el escracho!
Bueno: ¿que ésta es quejumbrona
y escrita como sin gana?
Échele la culpa al rana
que me espiantó la cartona.
¡Tigrero de la madona,
veremos cómo se hamaca,
si es que el cuerpo no me saca
cuando me toque la mía!
¡Hasta luego! —¡Todavía
tengo que afilar la faca!
Evaristo Carriego
La Lluvia En La Casa Vieja
quien se atreve a salir de su agujero
¡Qué modo de llover! Furiosamente
en el techo de zinc el aguacero
tamborilea sin cesar. Lo grave
es que se llueve aquí peor que afuera,
y hay para rato, es natural. Quién sabe
cómo diablos se ha abierto esta gotera.
¡Esta gotera! Por el cielo raso
se filtra el agua: baja a las paredes,
se divide en las grietas, y, de paso,
alcanza a las arañas en sus redes.
Pero hay que ver el patio. La fangosa
reciente lagunita que rodea
el pozo, y la tinaja que rebosa
mientras el viejo caño canturrea.
Las muchachas están en la cocina:
una se ha puesto a preparar la masa,
algo quejosa de que falte harina,
y otra derrite en la sartén la grasa.
Las demás, como siempre, en discusiones,
lo de todas las noches: sobre el juego.
Bueno, a contar bolillas y cartones:
¿Es que tendremos lotería, luego?
Alegres charlan No han de ser muy pocas
las historias ¡Conversan tan de prisa!
¿Qué se conversará cuando esas locas
apenas pueden aguantar la risa?
¿Bromitas a la novia? Se conoce
que hoy se llevó un buen reto de la abuela:
¡La niña estuvo anoche hasta las doce
leyendo, muy oronda, una novela!
¡Sí, señor! Como suena, muy oronda
Pero, lo sospechamos al culpable:
no es ella, no. Es inútil que se esconda,
ya verá el pillo cuando abuela lo hable.
Y sigue el chaparrón. ¡Cómo diluvia
en el jardín! Adiós el enrejado:
era un adorno al fin, maldita lluvia
¡Daba una vista, así, recién pintado!
¡Adiós, con este viento, la glorieta!
¡Los claveles, muchachas, los claveles!
Quien no vuelva trayendo una maceta
se quedará esta noche sin pasteles.
A ver, Florinda, a ver dónde pisamos:
Las baldosas del patio se hallan flojas
y te salpican toda entera. Vamos,
por ahí no, con cuidado, ¡Que te mojas!
Tan a destiempo el resbalón ¿No es cierto?
¡Ah, ese primo, si hubiera andado listo!
¡Y se atreve a decir que ha descubierto
unas cosas más lindas! ¡Lo que ha visto!
¿Reproches? Se ha lucido la lectora.
¡También la otra zonza es tan autera!
Se ha lucido. Si lo supiese ahora
alguno que yo sé ¡Si lo supiera!
Lo hizo de gusto, madre, sí, de gusto:
la empujó adrede, ¿Sabes? ¡Mentiroso!
¡Por culpa de él la pobre se dio un susto!
¡Y festeja sus gracias, el odioso!
La rubia ¡Cómo viene de agitada!
¿Que le ganó a correr a las eternas
despaciosas? ¡Jesús, qué colorada!
¿Será porque al saltar mostró las piernas?
¡Míralas, madre, llegan hechas sopas!
A mudarse, muchachas, a mudarse.
Sí, no dejarse estar con estas ropas
empapadas, no vayan a enfermarse
Y aún se quedan a porfiar. ¡Las fachas!
¿Hay más? Caramba con las señoritas
¡Hasta cuándo, por Dios! ¡Pronto, muchachas,
que se van a enfriar las tortas fritas!
Evaristo Carriego
Ahora Que Estás Muerta
te sentimos más. Apenas
te olvidamos un momento,
levantamos la cabeza
y en seguida nos parece
que vas a entrar por la puerta.
No sabes con qué cariño
en casa se te recuerda:
¡Si nos pudieses oír!
A veces, de sobremesa,
cuando nos reunimos todos
y el pobre viejo conversa
con los muchachos, de pronto
después de alguna ocurrencia,
nos quedamos pensativos
un rato largo: se queda
todo el mundo así, y el viejo
se retira de la mesa
sin decir una palabra
Una palabra. Da pena
verlo sufrir en silencio.
¡Ah, cómo se te recuerda!
Abuelita, que está sorda,
si hablamos delante de ella
por nuestras caras conoce
que hablamos de ti. ¡La vieras!
Por la noche, al acostarnos,
es claro, los chicos rezan,
aunque no lo necesites
porque siempre fuiste buena
y no hiciste mal a nadie:
¡Al contrario!
¡Una tristeza
nos da cuando recordamos,
algunas diabluras nuestras!
Cuando pensamos las veces,
aquellas veces, ¿Recuerdas?,
Que te hacíamos rabiar
de gusto, por mil zonceras
Eramos un poco malos,
pero ahora que estás muerta
nos tienes que perdonar
todas aquellas rabietas,
y las bromas que te dábamos,
esos gritos a la puerta
de tu cuarto, cada vez
que te ponías paqueta
para recibir al novio,
y esas travesuras, y esas
mentiras que te contábamos,
para no ir a la escuela
Y tú, apenas nos retabas
entonces
¡Una tristeza
nos da cuando recordamos!
Pero, ahora que estás muerta,
¿No es verdad que nos perdonas
todas aquellas rabietas?
Evaristo Carriego
Ahora Que Estás Muerta
te sentimos más. Apenas
te olvidamos un momento,
levantamos la cabeza
y en seguida nos parece
que vas a entrar por la puerta.
No sabes con qué cariño
en casa se te recuerda:
¡Si nos pudieses oír!
A veces, de sobremesa,
cuando nos reunimos todos
y el pobre viejo conversa
con los muchachos, de pronto
después de alguna ocurrencia,
nos quedamos pensativos
un rato largo: se queda
todo el mundo así, y el viejo
se retira de la mesa
sin decir una palabra
Una palabra. Da pena
verlo sufrir en silencio.
¡Ah, cómo se te recuerda!
Abuelita, que está sorda,
si hablamos delante de ella
por nuestras caras conoce
que hablamos de ti. ¡La vieras!
Por la noche, al acostarnos,
es claro, los chicos rezan,
aunque no lo necesites
porque siempre fuiste buena
y no hiciste mal a nadie:
¡Al contrario!
¡Una tristeza
nos da cuando recordamos,
algunas diabluras nuestras!
Cuando pensamos las veces,
aquellas veces, ¿Recuerdas?,
Que te hacíamos rabiar
de gusto, por mil zonceras
Eramos un poco malos,
pero ahora que estás muerta
nos tienes que perdonar
todas aquellas rabietas,
y las bromas que te dábamos,
esos gritos a la puerta
de tu cuarto, cada vez
que te ponías paqueta
para recibir al novio,
y esas travesuras, y esas
mentiras que te contábamos,
para no ir a la escuela
Y tú, apenas nos retabas
entonces
¡Una tristeza
nos da cuando recordamos!
Pero, ahora que estás muerta,
¿No es verdad que nos perdonas
todas aquellas rabietas?
Evaristo Carriego
¡por El Corazón!
¿Será más rica que el melón?
Esta primer tajada es mía:
para ti, prima, el corazón.
Ya salió la otra ¡No digo!
Ayer fue lo mismo ¡Es gracioso!
Comenzó a llorar por el higo
que le arrebatara el mocoso
del hermano. ¿Más? ¡Enseguida!
¿Volvemos? ¡Pues no se figura
que hay que brindarle cuanto pida:
caramba con la criatura!
¡Linda se ha puesto! ¡Sí, señor!,
Se ha puesto lo más regalona
¡No quiere sino lo mejor,
como si tuviese corona!
Y, por cualquier cosa no deja
en paz a nadie: se levanta,
y ya oímos alguna queja
de la señorita. ¡La santa!
La culpa la tiene abuelita.
¡Es natural! ¡La mima tanto!,
Cuidado con retarla ¡Hijita!,
No sé quién puede con tu llanto.
¡Está de mal acostumbrada!
En cuanto la miran se enoja.
¿Negarle algo a ella? ¡No es nada!
¡Claro, hace lo que se le antoja!
La pavota se muerde un dedo
de rabia. ¡Cómo patalea!
¡Y pone una cara! ¡Da miedo!
¡Ay Jesús, qué cara tan fea!
Fea, sí, fea como un susto.
¿Hasta cuándo con esos gritos?
¡Si lo decíamos de gusto!
Bueno, basta de pucheritos
¡Qué zonza! ¡Si será inocente!
¡Derrama cada lagrimón!
¡Llorar de ese modo! ¡Valiente!
¡Y todo por el corazón!
Evaristo Carriego
¡por El Corazón!
¿Será más rica que el melón?
Esta primer tajada es mía:
para ti, prima, el corazón.
Ya salió la otra ¡No digo!
Ayer fue lo mismo ¡Es gracioso!
Comenzó a llorar por el higo
que le arrebatara el mocoso
del hermano. ¿Más? ¡Enseguida!
¿Volvemos? ¡Pues no se figura
que hay que brindarle cuanto pida:
caramba con la criatura!
¡Linda se ha puesto! ¡Sí, señor!,
Se ha puesto lo más regalona
¡No quiere sino lo mejor,
como si tuviese corona!
Y, por cualquier cosa no deja
en paz a nadie: se levanta,
y ya oímos alguna queja
de la señorita. ¡La santa!
La culpa la tiene abuelita.
¡Es natural! ¡La mima tanto!,
Cuidado con retarla ¡Hijita!,
No sé quién puede con tu llanto.
¡Está de mal acostumbrada!
En cuanto la miran se enoja.
¿Negarle algo a ella? ¡No es nada!
¡Claro, hace lo que se le antoja!
La pavota se muerde un dedo
de rabia. ¡Cómo patalea!
¡Y pone una cara! ¡Da miedo!
¡Ay Jesús, qué cara tan fea!
Fea, sí, fea como un susto.
¿Hasta cuándo con esos gritos?
¡Si lo decíamos de gusto!
Bueno, basta de pucheritos
¡Qué zonza! ¡Si será inocente!
¡Derrama cada lagrimón!
¡Llorar de ese modo! ¡Valiente!
¡Y todo por el corazón!
Evaristo Carriego
En El Cuarto De La Novia
y fueron a ver el vestido
de la novia:
¡Qué lindo estaba,
tan blanco, tan blanco! ¡Qué lindo!
¿Y la novia? ¡Ay, la novia! Cómo
tenía de alegre la cara
Todos los ojos la miraron
Y ella se puso colorada.
«¡Señora, señora!»
Le llovieron
las alusiones y las bromas
de las muchachas. ¡Qué palabra,
qué palabra tan dulce! : ¡Novia!
Alguna recordó entre burlas
ingenuas lo del primer beso:
«¡Había que verla, muchachas!
Valía la pena, por cierto».
Y cuando empezaba:
«Una noche».
Se le heló en los labios la risa.
¡Ave María! ¡De qué modo
más raro miraba la prima!
Evaristo Carriego
En El Cuarto De La Novia
y fueron a ver el vestido
de la novia:
¡Qué lindo estaba,
tan blanco, tan blanco! ¡Qué lindo!
¿Y la novia? ¡Ay, la novia! Cómo
tenía de alegre la cara
Todos los ojos la miraron
Y ella se puso colorada.
«¡Señora, señora!»
Le llovieron
las alusiones y las bromas
de las muchachas. ¡Qué palabra,
qué palabra tan dulce! : ¡Novia!
Alguna recordó entre burlas
ingenuas lo del primer beso:
«¡Había que verla, muchachas!
Valía la pena, por cierto».
Y cuando empezaba:
«Una noche».
Se le heló en los labios la risa.
¡Ave María! ¡De qué modo
más raro miraba la prima!
Evaristo Carriego
Mientras El Barrio Duerme
Bueno, que no se repita
otra vez ese silbido.
¡Eh, muchachos, no hagáis ruido:
se fue a dormir abuelita!
Recordando vuestros sustos
continuamente se queja.
Vamos, muchachos, sed justos
y no la deis más disgustos:
cada día está más vieja
Ahora se ha vuelto odiosa,
cuando se da a porfiar
¡Se pone de fastidiosa!
Ya lo veis: ¡Por cualquier cosa
no cesa de rezongar!
¿Tú, también? Va para rato
que olvidaste tu promesa:
¡Después de romper el plato
le pisas la cola al gato
por debajo de la mesa!
¿Conque te muestras violento
porque mi sermón te irrita?
Es inútil ese cuento
No te muevas de tu asiento:
¡Te conozco, mascarita!
Si tratas bien el asunto
de hoy ¿Oyes, cabeza hueca?
Y copias lo que te apunto
tendrás a las diez en punto
café con pan y manteca.
Y, a propósito, ya veo
que te volcaste la sopa
en la ropa, ¿No?, Yo creo
que comer así es muy feo:
¡Linda te has puesto la ropa!
Tú no inquietes a tu hermana
tirándola de la trenza.
¿Respondes de mala gana?
¡Todo por una manzana!
¡Pedazo de sinvergüenza!
¿Y tú? ¿Recién te has fijado
que no para de garuar?
¿Al patio así? Ten cuidado,
no salgas desabrigado
que te puedes resfriar.
Cae monótonamente
el agua ¡Qué silencioso
el barrio! El perro de enfrente
dejó de ladrar. ¿La gente
se habrá entregado al reposo?
Pienso en ellos. En su oscura
mala suerte, y pienso luego
con un poco de ternura:
¿En qué sueño de amargura
se hallará abstraído el ciego?
Allá, solo, en el altillo,
moliendo la misma pieza
quizás suena un organillo,
aunque el aire es tan sencillo
no cansa ¡Da una tristeza!
Llora el ritmo soñoliento
que tanto gusta a la loca
amiga nuestra. El son lento
¡Toca con un sentimiento!
¿Qué pensará cuando toca?
¡Cómo le hace comprender,
noche a noche, al lazarillo,
cuánto le apena el tener
que fumar sin poder ver
el humo del cigarrillo!
¿Y los otros? ¿Los huraños
vecinos? La costurera
ya un poquito entrada en años
¿Si serán los desengaños
que la dejaron soltera?
Si bien la historia no es clara,
dice la chismografía
que una prima le robara
el novio en su misma cara,
jugando a la lotería.
Al fin y al cabo valiera
más olvidar la traición:
pero por esa zoncera
de la pena que le diera
se enfermó del corazón.
Otro que lleva una vida
es el haragán de al lado:
¡Y encuentra quien lo convida
a embriagarse! ¡La bebida!
¿Por qué vendrá en ese estado?
¿Y ese hombre al que nadie ha oído
hablar en una semana
de vivir casi escondido,
que sale ya anochecido
y vuelve muy de mañana?
¿Y aquellos que nos dejaron?
¡Tan obsequiosos y fieles!
El día que se mudaron
recuerdo que nos mandaron
una fuente de pasteles.
¿Y la viuda de la esquina?
La viuda murió anteayer.
¡Bien decía la adivina,
que cuando Dios determina
ya no hay nada más que hacer!
De los cuatro huerfanitos
no se sabe qué será:
¿A dónde irán? ¡Pobrecitos,
hermanos, los muchachitos
que se quedan sin mamá!
Mira, muchacho, la vela
se va a terminar, repasa
tus lecciones de la escuela
Ya se ha dormido la abuela:
¡Qué silencio hay en la casa!
Evaristo Carriego
Está Enfermo Y Quiere Verte
a lo que vengo? No es hora
de negarte: ese capricho
sería cruel ahora.
Quiere que vayas a verle
Quedó en un grito, entretanto.
¡Vieses! Debemos tenerle
compasión: ¡Padece tanto!
¡Y vuelta a la misma queja!
Ya ni un momento se calma,
¡Si vieses cómo se queja,
se te partiría el alma!
Se le conoce en la cara
el sufrimiento. Al hablar
vuelve la cabeza para
que no le vean llorar.
¡Si no regreso contigo
le he de causar una pena!
Después de todo es mi amigo
Vamos, por favor, ¡Sé buena!
Aunque siempre fue un ingrato
tú no eres rencorosa,
¡Vamos, estarás un rato
y le dirás cualquier cosa!
Vamos, antes que se muera:
así le perdonarás
¡Vamos!, El pobre te espera:
¡Vendrás a verlo!, ¿Vendrás?