Poemas en este tema
Vida y Existencia
César Vallejo
Los Dados Eternos
Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!
Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: ¡el Dios es él!
Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado...
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.
Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!
Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí te sufre: ¡el Dios es él!
Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado...
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.
Dios mío, y esta noche sorda, oscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.
904
1
César Vallejo
Encajes De Fiebre
Por los cuadros de santos en el muro colgados
mis pupilas, arrastran un layl de anochecer;
y en un temblor de fiebre, con los brazos cruzados,
mi ser recibe vaga visita del Noser:
Una mosca llorona en los muebles cansados
yo no sé qué leyenda fatal quiere verter:
una ilusión de Orientes que fugan asaltados;
un nido azul de alondras que mueren al nacer.
En un sillón antiguo sentado está mi padre.
Como una Dolorosa, entra y sale mi madre:
Y al verlos siento un algo que no, quiere partir...
Porque antes. de la oblea que es hostia, hecha de Ciencia,
está la hostia, oblea hecha de Providencia...
Y la visita nace, me ayuda a bienvivir...
mis pupilas, arrastran un layl de anochecer;
y en un temblor de fiebre, con los brazos cruzados,
mi ser recibe vaga visita del Noser:
Una mosca llorona en los muebles cansados
yo no sé qué leyenda fatal quiere verter:
una ilusión de Orientes que fugan asaltados;
un nido azul de alondras que mueren al nacer.
En un sillón antiguo sentado está mi padre.
Como una Dolorosa, entra y sale mi madre:
Y al verlos siento un algo que no, quiere partir...
Porque antes. de la oblea que es hostia, hecha de Ciencia,
está la hostia, oblea hecha de Providencia...
Y la visita nace, me ayuda a bienvivir...
2.215
1
César Vallejo
Impía
Señor! Estabas tras los cristales
humano y triste de atardecer;
y cuál lloraba tus funerales
esa mujer!
Sus ojos eran el jueves santo,
dos negros granos de amarga luz!
Con duras gotas de sangre y llanto
clavó tu cruz!
Impía! Desde que tú partiste,
Señor, no ha ido nunca al Jordán,
en rojas aguas su piel desviste,
y al vil judío le vende pan!
humano y triste de atardecer;
y cuál lloraba tus funerales
esa mujer!
Sus ojos eran el jueves santo,
dos negros granos de amarga luz!
Con duras gotas de sangre y llanto
clavó tu cruz!
Impía! Desde que tú partiste,
Señor, no ha ido nunca al Jordán,
en rojas aguas su piel desviste,
y al vil judío le vende pan!
1.954
1
César Vallejo
Huaco
Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.
Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.
Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.
Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.
A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.
Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está al Globo,
como a un huaco estupendo que girara.
Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza
la necedad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.
Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.
Yo soy la gracia incaica que se roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.
A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.
Un fermento de Sol;
levadura de sombra y corazón!
1.317
1
César Vallejo
Verano
Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.
Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.
Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.
Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.
Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...
1.000
1
Carolina Coronado
Gloria De Las Flores
Si las flores del jardín
mueren, joven, con el día,
también las de mi poesía
muerte igual tendrán al fin
aunque un poco más tardía.
De abejas la turba ahora
el ramillete florido
de mis cantares adora;
mas cuando hayan perecido
abejas, arpa y cantora,
Tras los años destructores,
¿sabes tú si de esas flores
que hoy brota mi pensamiento
no se habrá llevado el viento
hojas, aroma y colores?
Más corto o más prolongado
a todos ha señalado
la suerte en la tierra fin;
muere la flor del jardín
después que la flor del prado,
Y aunque un poco más tardía
quiera acercarse la muerte,
a la flor de mi poesía
también de la misma suerte
ha de llegarle su día.
Porque otros hombres vendrán
y mi libro carcomido
por acaso no verán,
o de mi ramo querido
las flores desdeñarán.
Y marchito, deshojado
como las flores del prado
y las flores del jardín,
con ellas quedará al fin
mi ramillete enterrado.
mueren, joven, con el día,
también las de mi poesía
muerte igual tendrán al fin
aunque un poco más tardía.
De abejas la turba ahora
el ramillete florido
de mis cantares adora;
mas cuando hayan perecido
abejas, arpa y cantora,
Tras los años destructores,
¿sabes tú si de esas flores
que hoy brota mi pensamiento
no se habrá llevado el viento
hojas, aroma y colores?
Más corto o más prolongado
a todos ha señalado
la suerte en la tierra fin;
muere la flor del jardín
después que la flor del prado,
Y aunque un poco más tardía
quiera acercarse la muerte,
a la flor de mi poesía
también de la misma suerte
ha de llegarle su día.
Porque otros hombres vendrán
y mi libro carcomido
por acaso no verán,
o de mi ramo querido
las flores desdeñarán.
Y marchito, deshojado
como las flores del prado
y las flores del jardín,
con ellas quedará al fin
mi ramillete enterrado.
1.377
1
Carolina Coronado
Primavera Invisible
¡Qué caso tan peregrino
un año sin primavera!...
Pasó sin que yo la viera
¿o es tal vez mi desatino?
¿Qué bandos de ruiseñores
en la arboleda cantaron
y que a millares brotaron
y se agostaron las flores?
¿De qué modo, cómo, cuándo
eso pasó, Emilio, di?
O yo nada percibí
o todo lo estás soñando.
¿Qué tamaña desventura
me gritaba en los oídos
que de esos claros sonidos
ni el rumor sentí, criatura?
¿Adónde estaban mis ojos
que no han visto en los collados
tantos lirios azulados
y tantos pimpollos rojos?
¡Yo que soñaba impaciente
con la nueva primavera!
¡Yo que su rosa primera
aguardaba atentamente!
¡Perderla así de ese modo
sin haberla contemplado!
¡Ay, Emilio! yo he cegado
o tú lo has soñado todo.
De las bellas estaciones
adoro, Emilio, el placer,
y no quisiera perder
ni uno solo de sus dones.
Mas sin duda comprimidos
con fortísima tristeza
yo he tenido en mi cabeza
medio muertos los sentidos.
Y cuando al cabo despierto
de mi letargo penoso
hallo un estío ardoroso
y hallo un campo ya desierto.
Ansia de felicidad,
me devora el alma mía,
mas por acaso me guía
su instinto a la adversidad.
Y yo pienso que ha de ser
porque en mi pecho doliente
alienta imperfectamente
el sentido del placer.
Y amo, y busco la aflicción
porque en su grande sentir
a sus anchuras latir
puede sólo el corazón.
Por eso los ruiseñores
que sonaron no escuché,
ni he visto, aunque las busqué
en los campos, esas flores.
Por eso la primavera,
que tú dices que pasó,
aunque la aguardaba yo
paso sin que yo la viera.
un año sin primavera!...
Pasó sin que yo la viera
¿o es tal vez mi desatino?
¿Qué bandos de ruiseñores
en la arboleda cantaron
y que a millares brotaron
y se agostaron las flores?
¿De qué modo, cómo, cuándo
eso pasó, Emilio, di?
O yo nada percibí
o todo lo estás soñando.
¿Qué tamaña desventura
me gritaba en los oídos
que de esos claros sonidos
ni el rumor sentí, criatura?
¿Adónde estaban mis ojos
que no han visto en los collados
tantos lirios azulados
y tantos pimpollos rojos?
¡Yo que soñaba impaciente
con la nueva primavera!
¡Yo que su rosa primera
aguardaba atentamente!
¡Perderla así de ese modo
sin haberla contemplado!
¡Ay, Emilio! yo he cegado
o tú lo has soñado todo.
De las bellas estaciones
adoro, Emilio, el placer,
y no quisiera perder
ni uno solo de sus dones.
Mas sin duda comprimidos
con fortísima tristeza
yo he tenido en mi cabeza
medio muertos los sentidos.
Y cuando al cabo despierto
de mi letargo penoso
hallo un estío ardoroso
y hallo un campo ya desierto.
Ansia de felicidad,
me devora el alma mía,
mas por acaso me guía
su instinto a la adversidad.
Y yo pienso que ha de ser
porque en mi pecho doliente
alienta imperfectamente
el sentido del placer.
Y amo, y busco la aflicción
porque en su grande sentir
a sus anchuras latir
puede sólo el corazón.
Por eso los ruiseñores
que sonaron no escuché,
ni he visto, aunque las busqué
en los campos, esas flores.
Por eso la primavera,
que tú dices que pasó,
aunque la aguardaba yo
paso sin que yo la viera.
780
1
Carolina Coronado
El Girasol
¡Noche apacible!, en la mitad del cielo
brilla tu clara luna suspendida.
¡Cómo lucen al par tus mil estrellas!
¡Qué suavidad en tu ondulante brisa!
Todo es calma: ni el viento ni las voces
de las nocturnas aves se deslizan,
y del huerto las flores y las plantas
entre sus frescas sombras se reaniman.
Sólo el vago rumor que al arrastrarse
sobre las secas hojas y la brizna
levantan los insectos, interrumpe
¡oh noche! aquí tu soledad tranquila.
Tú que a mi lado silencioso velas,
eterno amante de la luz del día,
sólo tú, girasol, desdeñar puedes
las blandas horas de la noche estiva.
Mustio inclinado sobre el largo cuello
entre tus greñas la cabeza oscura,
del alba aguardas el primer destello,
insensible a la noche y su frescura.
Y alzas alegre el rostro desmayado,
hermosa flor, a su llegada atenta:
que tras ella tu amante, coronado
de abrasadoras llamas se presenta.
Cubre su luz los montes y llanuras;
la tierra en torno que tu cerca inflama;
mírasle fija; y de su rayo apuras
el encendido fuego que derrama.
¡Ay triste flor! que su reflejo abrasa
voraz, y extingue tu preciosa vida.—
mas ya tu amante al occidente pasa,
y allí tornas la faz descolorida
Que alas te dan para volar parece
tus palpitantes hojas desplegadas,
y hasta el divino sol que desparece
transportarte del tallo arrebatadas.
Tú le viste esconderse lentamente,
y la tierra de sombras inundarse.—
Una vez y otra brilló en Oriente,
y una vez y otra vez volvió a ocultarse.
Al peso de las horas agobiada,
por las ardientes siestas consumida,
presto sin vida, seca y deshojada
caerás deshecha, en polvo convertida.
¿Qué valió tu ambición, por más que
el vuelo
del altanero orgullo remontaste?
Tu mísera raíz murió en el suelo,
y ese sol tan hermoso que adoraste,
Sobre tus tristes fúnebres despojos
mañana pasará desde la cumbre,—
ni a contemplar se detendrán sus ojos
que te abrasaste por amar su lumbre.
brilla tu clara luna suspendida.
¡Cómo lucen al par tus mil estrellas!
¡Qué suavidad en tu ondulante brisa!
Todo es calma: ni el viento ni las voces
de las nocturnas aves se deslizan,
y del huerto las flores y las plantas
entre sus frescas sombras se reaniman.
Sólo el vago rumor que al arrastrarse
sobre las secas hojas y la brizna
levantan los insectos, interrumpe
¡oh noche! aquí tu soledad tranquila.
Tú que a mi lado silencioso velas,
eterno amante de la luz del día,
sólo tú, girasol, desdeñar puedes
las blandas horas de la noche estiva.
Mustio inclinado sobre el largo cuello
entre tus greñas la cabeza oscura,
del alba aguardas el primer destello,
insensible a la noche y su frescura.
Y alzas alegre el rostro desmayado,
hermosa flor, a su llegada atenta:
que tras ella tu amante, coronado
de abrasadoras llamas se presenta.
Cubre su luz los montes y llanuras;
la tierra en torno que tu cerca inflama;
mírasle fija; y de su rayo apuras
el encendido fuego que derrama.
¡Ay triste flor! que su reflejo abrasa
voraz, y extingue tu preciosa vida.—
mas ya tu amante al occidente pasa,
y allí tornas la faz descolorida
Que alas te dan para volar parece
tus palpitantes hojas desplegadas,
y hasta el divino sol que desparece
transportarte del tallo arrebatadas.
Tú le viste esconderse lentamente,
y la tierra de sombras inundarse.—
Una vez y otra brilló en Oriente,
y una vez y otra vez volvió a ocultarse.
Al peso de las horas agobiada,
por las ardientes siestas consumida,
presto sin vida, seca y deshojada
caerás deshecha, en polvo convertida.
¿Qué valió tu ambición, por más que
el vuelo
del altanero orgullo remontaste?
Tu mísera raíz murió en el suelo,
y ese sol tan hermoso que adoraste,
Sobre tus tristes fúnebres despojos
mañana pasará desde la cumbre,—
ni a contemplar se detendrán sus ojos
que te abrasaste por amar su lumbre.
1.927
1
Blas de Otero
«la Tierra» - ángel Fieramente Humano (1950)
Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.
Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.
Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.
Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.
...El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.
Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.
Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.
Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.
...El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...
1.462
1
Blas de Otero
«la Tierra» - ángel Fieramente Humano (1950)
Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.
Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.
Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.
Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.
...El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.
Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.
Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
—ese río del tiempo hacia la muerte—.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.
Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.
...El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo...
1.462
1
Blanca Andreu
Sólo La Muerte, La Tímida Muerte, La Muerte Que Pronuncio
Sólo la muerte, la tímida muerte, la muerte que pronuncio con tanta ligereza,
buey de plata, caballo de plata, linterna que ilumina con gemido de plata.
Dime, sólo la muerte, la cuchara de plata con rocío lunático, con jarabe de ruina, con azul infuturo.
Dime, no es eso solamente, te juro que no es eso, que hay claraboyas nuevas en la lírica muerte, y hay farmacias,
que hay nocturnos espesos y papel infusorio donde escribir con rosas de ceniza.
Quiero creer que soplará el viento entomólogo,
quiero creer que habrá teatro, y biombos para arcángeles púdicos,
porque escúchame, amor, escúchame, amor duro, yo escribo este poema en hoja lanceolada,
en hoja que se empapa y hiere y se divide y me deja más sola,
mientras la muerte envía tordos embajadores, mensajes mirlos, las aves y los remos necesarios
con un frívolo aire de tragedia.
Me envía bestiarios, bestiarios míos hechos con falsas manos griegas,
detiene pájaros en mi solapa, detiene óleos y alondras en la quietud huesuda de la noche,
y todo lo que quise lo envía, lo detiene,
y todo lo que quise, ballenas malvanegras y vino de arrecife con caballos,
la uva del oleaje y alcohol de travesía,
lobos, lobos, ballenas,
animales investidos por mí, que relincharon arias para mí, por mi palabra.
Amor de sueño vivo, amor de libro múltiple, amor innumerable,
escucha, dime, no es locura la muerte, es una ceremonia, es un suceso más,
mira cómo relincha y canta el aria muda en la distancia que arde,
mira cómo levanta con cascos y lianas y con crines las columnas en sombra
y cómo colma las mareas de aluviones y de agua de nenúfar
para el amor asesinado.
buey de plata, caballo de plata, linterna que ilumina con gemido de plata.
Dime, sólo la muerte, la cuchara de plata con rocío lunático, con jarabe de ruina, con azul infuturo.
Dime, no es eso solamente, te juro que no es eso, que hay claraboyas nuevas en la lírica muerte, y hay farmacias,
que hay nocturnos espesos y papel infusorio donde escribir con rosas de ceniza.
Quiero creer que soplará el viento entomólogo,
quiero creer que habrá teatro, y biombos para arcángeles púdicos,
porque escúchame, amor, escúchame, amor duro, yo escribo este poema en hoja lanceolada,
en hoja que se empapa y hiere y se divide y me deja más sola,
mientras la muerte envía tordos embajadores, mensajes mirlos, las aves y los remos necesarios
con un frívolo aire de tragedia.
Me envía bestiarios, bestiarios míos hechos con falsas manos griegas,
detiene pájaros en mi solapa, detiene óleos y alondras en la quietud huesuda de la noche,
y todo lo que quise lo envía, lo detiene,
y todo lo que quise, ballenas malvanegras y vino de arrecife con caballos,
la uva del oleaje y alcohol de travesía,
lobos, lobos, ballenas,
animales investidos por mí, que relincharon arias para mí, por mi palabra.
Amor de sueño vivo, amor de libro múltiple, amor innumerable,
escucha, dime, no es locura la muerte, es una ceremonia, es un suceso más,
mira cómo relincha y canta el aria muda en la distancia que arde,
mira cómo levanta con cascos y lianas y con crines las columnas en sombra
y cómo colma las mareas de aluviones y de agua de nenúfar
para el amor asesinado.
714
1
Blanca Andreu
Sólo La Muerte, La Tímida Muerte, La Muerte Que Pronuncio
Sólo la muerte, la tímida muerte, la muerte que pronuncio con tanta ligereza,
buey de plata, caballo de plata, linterna que ilumina con gemido de plata.
Dime, sólo la muerte, la cuchara de plata con rocío lunático, con jarabe de ruina, con azul infuturo.
Dime, no es eso solamente, te juro que no es eso, que hay claraboyas nuevas en la lírica muerte, y hay farmacias,
que hay nocturnos espesos y papel infusorio donde escribir con rosas de ceniza.
Quiero creer que soplará el viento entomólogo,
quiero creer que habrá teatro, y biombos para arcángeles púdicos,
porque escúchame, amor, escúchame, amor duro, yo escribo este poema en hoja lanceolada,
en hoja que se empapa y hiere y se divide y me deja más sola,
mientras la muerte envía tordos embajadores, mensajes mirlos, las aves y los remos necesarios
con un frívolo aire de tragedia.
Me envía bestiarios, bestiarios míos hechos con falsas manos griegas,
detiene pájaros en mi solapa, detiene óleos y alondras en la quietud huesuda de la noche,
y todo lo que quise lo envía, lo detiene,
y todo lo que quise, ballenas malvanegras y vino de arrecife con caballos,
la uva del oleaje y alcohol de travesía,
lobos, lobos, ballenas,
animales investidos por mí, que relincharon arias para mí, por mi palabra.
Amor de sueño vivo, amor de libro múltiple, amor innumerable,
escucha, dime, no es locura la muerte, es una ceremonia, es un suceso más,
mira cómo relincha y canta el aria muda en la distancia que arde,
mira cómo levanta con cascos y lianas y con crines las columnas en sombra
y cómo colma las mareas de aluviones y de agua de nenúfar
para el amor asesinado.
buey de plata, caballo de plata, linterna que ilumina con gemido de plata.
Dime, sólo la muerte, la cuchara de plata con rocío lunático, con jarabe de ruina, con azul infuturo.
Dime, no es eso solamente, te juro que no es eso, que hay claraboyas nuevas en la lírica muerte, y hay farmacias,
que hay nocturnos espesos y papel infusorio donde escribir con rosas de ceniza.
Quiero creer que soplará el viento entomólogo,
quiero creer que habrá teatro, y biombos para arcángeles púdicos,
porque escúchame, amor, escúchame, amor duro, yo escribo este poema en hoja lanceolada,
en hoja que se empapa y hiere y se divide y me deja más sola,
mientras la muerte envía tordos embajadores, mensajes mirlos, las aves y los remos necesarios
con un frívolo aire de tragedia.
Me envía bestiarios, bestiarios míos hechos con falsas manos griegas,
detiene pájaros en mi solapa, detiene óleos y alondras en la quietud huesuda de la noche,
y todo lo que quise lo envía, lo detiene,
y todo lo que quise, ballenas malvanegras y vino de arrecife con caballos,
la uva del oleaje y alcohol de travesía,
lobos, lobos, ballenas,
animales investidos por mí, que relincharon arias para mí, por mi palabra.
Amor de sueño vivo, amor de libro múltiple, amor innumerable,
escucha, dime, no es locura la muerte, es una ceremonia, es un suceso más,
mira cómo relincha y canta el aria muda en la distancia que arde,
mira cómo levanta con cascos y lianas y con crines las columnas en sombra
y cómo colma las mareas de aluviones y de agua de nenúfar
para el amor asesinado.
714
1
Alfonsina Storni
Razones Y Paisajes De Amor
Baja del cielo la endiablada punta
Con que carne mortal hieres y engañas.
Untada viene de divinas mañas
y cielo y tierra su veneno junta.
La sangre de hombre que en la herida apunta
florece en selvas: sus crecidas cañas
de sombras de oro, hienden las entrañas
del cielo prieto, y su ascender pregunta.
En su vano aguardar de la respuesta
las cañas doblan la empinada testa.
Flamea el cielo sus azules gasas.
Vientos negros, detrás de los cristales
de las estrellas, mueven grandes masas
de mundos muertos, por sus arrabales.
Con que carne mortal hieres y engañas.
Untada viene de divinas mañas
y cielo y tierra su veneno junta.
La sangre de hombre que en la herida apunta
florece en selvas: sus crecidas cañas
de sombras de oro, hienden las entrañas
del cielo prieto, y su ascender pregunta.
En su vano aguardar de la respuesta
las cañas doblan la empinada testa.
Flamea el cielo sus azules gasas.
Vientos negros, detrás de los cristales
de las estrellas, mueven grandes masas
de mundos muertos, por sus arrabales.
1.071
1
Amado Nervo
Perlas Negras (1898)
Era un ritmo: el que vibra en el espacio
como queja inmortal y se levanta
y llega del Señor hasta el palacio
¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio
se perdió: ¡Como todo lo que canta!
Era un ave: su nido en el paraje
que habitamos formó; cual filoomela,
gorjeaba al amparo del follaje.
¡Un ave! y sacudiendo su plumaje
se alejó: ¡como todo lo que vuela!
Era un lampo: el flamígero, de plata,
que tiende su fulgor en la penumbra
de casto amanecer, y se dilata
por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata
se apagó: ¡como todo lo que alumbra!
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vísper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo:
"Adiós", murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: "Ama",
responde el corazón: "¡Si ya no puedo!";
cuando solo escuchamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
¡bien está! Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía
y la vida, Julieta enamorada,
nos dice: ¡No te vayas todavía!,
y forma la ilusión mundos d'encaje
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfuman el boscaje,
y los nidos salpican el frondaje,
y las aves arrullan en los nidos,
¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte,
¡oh poeta!, y en vano a tu partida
opusieron al par su muro fuerte
Amor, más poderoso que la muerte;
Juventud, ¡el paladion de la vida!
Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta:
el cariño a perderos se rebela;
entre Dios y vosotros se levanta;
mas os vais: ¡como todo lo que canta!
os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
como queja inmortal y se levanta
y llega del Señor hasta el palacio
¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio
se perdió: ¡Como todo lo que canta!
Era un ave: su nido en el paraje
que habitamos formó; cual filoomela,
gorjeaba al amparo del follaje.
¡Un ave! y sacudiendo su plumaje
se alejó: ¡como todo lo que vuela!
Era un lampo: el flamígero, de plata,
que tiende su fulgor en la penumbra
de casto amanecer, y se dilata
por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata
se apagó: ¡como todo lo que alumbra!
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vísper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo:
"Adiós", murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: "Ama",
responde el corazón: "¡Si ya no puedo!";
cuando solo escuchamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
¡bien está! Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía
y la vida, Julieta enamorada,
nos dice: ¡No te vayas todavía!,
y forma la ilusión mundos d'encaje
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfuman el boscaje,
y los nidos salpican el frondaje,
y las aves arrullan en los nidos,
¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte,
¡oh poeta!, y en vano a tu partida
opusieron al par su muro fuerte
Amor, más poderoso que la muerte;
Juventud, ¡el paladion de la vida!
Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta:
el cariño a perderos se rebela;
entre Dios y vosotros se levanta;
mas os vais: ¡como todo lo que canta!
os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
2.489
1
Amado Nervo
Perlas Negras (1898)
Era un ritmo: el que vibra en el espacio
como queja inmortal y se levanta
y llega del Señor hasta el palacio
¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio
se perdió: ¡Como todo lo que canta!
Era un ave: su nido en el paraje
que habitamos formó; cual filoomela,
gorjeaba al amparo del follaje.
¡Un ave! y sacudiendo su plumaje
se alejó: ¡como todo lo que vuela!
Era un lampo: el flamígero, de plata,
que tiende su fulgor en la penumbra
de casto amanecer, y se dilata
por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata
se apagó: ¡como todo lo que alumbra!
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vísper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo:
"Adiós", murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: "Ama",
responde el corazón: "¡Si ya no puedo!";
cuando solo escuchamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
¡bien está! Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía
y la vida, Julieta enamorada,
nos dice: ¡No te vayas todavía!,
y forma la ilusión mundos d'encaje
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfuman el boscaje,
y los nidos salpican el frondaje,
y las aves arrullan en los nidos,
¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte,
¡oh poeta!, y en vano a tu partida
opusieron al par su muro fuerte
Amor, más poderoso que la muerte;
Juventud, ¡el paladion de la vida!
Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta:
el cariño a perderos se rebela;
entre Dios y vosotros se levanta;
mas os vais: ¡como todo lo que canta!
os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
como queja inmortal y se levanta
y llega del Señor hasta el palacio
¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio
se perdió: ¡Como todo lo que canta!
Era un ave: su nido en el paraje
que habitamos formó; cual filoomela,
gorjeaba al amparo del follaje.
¡Un ave! y sacudiendo su plumaje
se alejó: ¡como todo lo que vuela!
Era un lampo: el flamígero, de plata,
que tiende su fulgor en la penumbra
de casto amanecer, y se dilata
por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata
se apagó: ¡como todo lo que alumbra!
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vísper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo:
"Adiós", murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: "Ama",
responde el corazón: "¡Si ya no puedo!";
cuando solo escuchamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
¡bien está! Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía
y la vida, Julieta enamorada,
nos dice: ¡No te vayas todavía!,
y forma la ilusión mundos d'encaje
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfuman el boscaje,
y los nidos salpican el frondaje,
y las aves arrullan en los nidos,
¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte,
¡oh poeta!, y en vano a tu partida
opusieron al par su muro fuerte
Amor, más poderoso que la muerte;
Juventud, ¡el paladion de la vida!
Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta:
el cariño a perderos se rebela;
entre Dios y vosotros se levanta;
mas os vais: ¡como todo lo que canta!
os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
2.489
1
Amado Nervo
Perlas Negras (1898)
Era un ritmo: el que vibra en el espacio
como queja inmortal y se levanta
y llega del Señor hasta el palacio
¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio
se perdió: ¡Como todo lo que canta!
Era un ave: su nido en el paraje
que habitamos formó; cual filoomela,
gorjeaba al amparo del follaje.
¡Un ave! y sacudiendo su plumaje
se alejó: ¡como todo lo que vuela!
Era un lampo: el flamígero, de plata,
que tiende su fulgor en la penumbra
de casto amanecer, y se dilata
por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata
se apagó: ¡como todo lo que alumbra!
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vísper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo:
"Adiós", murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: "Ama",
responde el corazón: "¡Si ya no puedo!";
cuando solo escuchamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
¡bien está! Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía
y la vida, Julieta enamorada,
nos dice: ¡No te vayas todavía!,
y forma la ilusión mundos d'encaje
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfuman el boscaje,
y los nidos salpican el frondaje,
y las aves arrullan en los nidos,
¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte,
¡oh poeta!, y en vano a tu partida
opusieron al par su muro fuerte
Amor, más poderoso que la muerte;
Juventud, ¡el paladion de la vida!
Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta:
el cariño a perderos se rebela;
entre Dios y vosotros se levanta;
mas os vais: ¡como todo lo que canta!
os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
como queja inmortal y se levanta
y llega del Señor hasta el palacio
¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio
se perdió: ¡Como todo lo que canta!
Era un ave: su nido en el paraje
que habitamos formó; cual filoomela,
gorjeaba al amparo del follaje.
¡Un ave! y sacudiendo su plumaje
se alejó: ¡como todo lo que vuela!
Era un lampo: el flamígero, de plata,
que tiende su fulgor en la penumbra
de casto amanecer, y se dilata
por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata
se apagó: ¡como todo lo que alumbra!
No fue su muerte conjunción febea
ni puesta melancólica de Diana,
sino eclipse de Vísper, que recrea
los cielos con su luz, y parpadea
y cede ante el fulgor de la mañana.
Morir cuando la tumba nos reclama,
cuando la dicha suspirando quedo:
"Adiós", murmura, y se extinguió la llama
de la fe, y aunque todo dice: "Ama",
responde el corazón: "¡Si ya no puedo!";
cuando solo escuchamos dondequiera
del tedio el gran monologar eterno,
y en vano desparrama Primavera
su florido caudal en la pradera,
porque dentro llevamos el invierno,
¡bien está! Mas partir en pleno día,
cuando el sol glorifica la jornada,
cuando todo en el pecho ama y confía
y la vida, Julieta enamorada,
nos dice: ¡No te vayas todavía!,
y forma la ilusión mundos d'encaje
y los troncos de savia están henchidos,
y las frondas perfuman el boscaje,
y los nidos salpican el frondaje,
y las aves arrullan en los nidos,
¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte,
¡oh poeta!, y en vano a tu partida
opusieron al par su muro fuerte
Amor, más poderoso que la muerte;
Juventud, ¡el paladion de la vida!
Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta:
el cariño a perderos se rebela;
entre Dios y vosotros se levanta;
mas os vais: ¡como todo lo que canta!
os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
2.489
1
Amado Nervo
Sólo Tú
Cuando lloro con todos los que lloran,
cuando ayudo a los tristes con su cruz,
cuando parto mi pan con los que imploran,
eres tú quien me inspira, sólo tú,
Cuando marcho sin brújula ni tino,
perdiendo de mis alas el albor
en tantos barrizales del camino,
soy yo el culpable, solamente yo.
Cuando miro al que sufre como hermano;
cuando elevo mi espíritu al azul;
cuando me acuerdo de que soy cristiano,
ers tú quien me inspira, sólo tú.
Pobres a quienes haya socorrido,
almas obscuras a las que di luz:
¡no me lo agradezcáis, que yo no he sido!
Fuiste tú, muerta mía, fuiste tú...
cuando ayudo a los tristes con su cruz,
cuando parto mi pan con los que imploran,
eres tú quien me inspira, sólo tú,
Cuando marcho sin brújula ni tino,
perdiendo de mis alas el albor
en tantos barrizales del camino,
soy yo el culpable, solamente yo.
Cuando miro al que sufre como hermano;
cuando elevo mi espíritu al azul;
cuando me acuerdo de que soy cristiano,
ers tú quien me inspira, sólo tú.
Pobres a quienes haya socorrido,
almas obscuras a las que di luz:
¡no me lo agradezcáis, que yo no he sido!
Fuiste tú, muerta mía, fuiste tú...
744
1
Amado Nervo
¡oh Muerte!
Muerte, ¡cómo te he deseado!,
¡con qué fervores te he invocado!,
¡con qué anhelares he pedido
a tu boca su beso helado!
¡Pero tú, ingrata, no has oído!
¡Vendrás, quizá, con paso quedo
cuando de partir tenga miedo,
cuando la tarde me sonría
y algún ángel, con rostro ledo,
serene mi melancolía!
Vendrás, quizá, cuando la vida
me muestre una veta escondida
y encienda para mí una estrella.
¡Qué importa! Llega, ¡oh Prometida!
¡Siempre has de ser la bien venida,
pues que me juntarás con Ella!
¡con qué fervores te he invocado!,
¡con qué anhelares he pedido
a tu boca su beso helado!
¡Pero tú, ingrata, no has oído!
¡Vendrás, quizá, con paso quedo
cuando de partir tenga miedo,
cuando la tarde me sonría
y algún ángel, con rostro ledo,
serene mi melancolía!
Vendrás, quizá, cuando la vida
me muestre una veta escondida
y encienda para mí una estrella.
¡Qué importa! Llega, ¡oh Prometida!
¡Siempre has de ser la bien venida,
pues que me juntarás con Ella!
1.000
1
Amado Nervo
¡oh Muerte!
Muerte, ¡cómo te he deseado!,
¡con qué fervores te he invocado!,
¡con qué anhelares he pedido
a tu boca su beso helado!
¡Pero tú, ingrata, no has oído!
¡Vendrás, quizá, con paso quedo
cuando de partir tenga miedo,
cuando la tarde me sonría
y algún ángel, con rostro ledo,
serene mi melancolía!
Vendrás, quizá, cuando la vida
me muestre una veta escondida
y encienda para mí una estrella.
¡Qué importa! Llega, ¡oh Prometida!
¡Siempre has de ser la bien venida,
pues que me juntarás con Ella!
¡con qué fervores te he invocado!,
¡con qué anhelares he pedido
a tu boca su beso helado!
¡Pero tú, ingrata, no has oído!
¡Vendrás, quizá, con paso quedo
cuando de partir tenga miedo,
cuando la tarde me sonría
y algún ángel, con rostro ledo,
serene mi melancolía!
Vendrás, quizá, cuando la vida
me muestre una veta escondida
y encienda para mí una estrella.
¡Qué importa! Llega, ¡oh Prometida!
¡Siempre has de ser la bien venida,
pues que me juntarás con Ella!
1.000
1
Amado Nervo
Escamoteo
Con tu desaparición
es tal mi estupefacción,
mi pasmo, que a veces creo
que ha sido un escamoteo,
una burla, una ilusión;
que tal vez sueño despierto,
que muy pronto te veré,
y que me dirás: "¡No es cierto,
vida mía, no me he muerto;
ya no llores..., bésame!"
es tal mi estupefacción,
mi pasmo, que a veces creo
que ha sido un escamoteo,
una burla, una ilusión;
que tal vez sueño despierto,
que muy pronto te veré,
y que me dirás: "¡No es cierto,
vida mía, no me he muerto;
ya no llores..., bésame!"
1.364
1
Amado Nervo
Lo Más Inmaterial
Me dejaste —como ibas de pasada—
lo más inmaterial que es tu mirada.
Yo te dejé —como iba tan de prisa—
lo más inmaterial, que es mi sonrisa.
Pero entre tu mirada y mi risueño
rostro quedó flotando el mismo sueño.
lo más inmaterial que es tu mirada.
Yo te dejé —como iba tan de prisa—
lo más inmaterial, que es mi sonrisa.
Pero entre tu mirada y mi risueño
rostro quedó flotando el mismo sueño.
1.424
1
Álvaro Mutis
Batallas Hubo
Casi al amanecer, el mar morado,
llanto de las adormideras, roca viva,
pasto a las luces del alba,
triste sábana que recoge entre asombros
la mugre del mundo.
Casi al amanecer, en playas de pizarra
y agudos caracoles y cortantes corolas,
batallas hubo, grandes guerras mudas
dejaron sus huellas.
Se trataba, por fin,
del amor y sus hirientes hojas,
nada nuevo.
Batallas hubo a orillas del mar
que rebota ciego y desordenado,
como un reptil preso en los cristales del alba.
Cenizas del amor en los altares del mundo,
nada nuevo.
llanto de las adormideras, roca viva,
pasto a las luces del alba,
triste sábana que recoge entre asombros
la mugre del mundo.
Casi al amanecer, en playas de pizarra
y agudos caracoles y cortantes corolas,
batallas hubo, grandes guerras mudas
dejaron sus huellas.
Se trataba, por fin,
del amor y sus hirientes hojas,
nada nuevo.
Batallas hubo a orillas del mar
que rebota ciego y desordenado,
como un reptil preso en los cristales del alba.
Cenizas del amor en los altares del mundo,
nada nuevo.
1.078
1
Antonio Machado
Parábolas
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
2.079
1
Antonio Machado
Parábolas
Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó!
2.079
1