Vida y Existencia
Carmen Conde
Conformidad
en que pudiste hacerme sufrir y no lo hiciste!
Las horas del dolor suman tiempos tan lentos
que más que por la edad se enveceje por triste.
Carmen Conde
I
Es la muerte de los que nacieron conmigo
y cansados de ver morir o de matar,
van muriéndose en cuerpos que se resisten
a dejar de ser vivos.
La muerte va dentro, sin espasmos funerales,
grandiosa a fuerza de copiosidad.
Se fue quedando la risa triste
en su fanales de labios...
El bosque de los que no resistieron morir,
pulula en torno mío.
¡Es un bosque que canta en cien leguas
sus salmos de eternidad!
Me he dormido en el umbral de la luz y no hallo
más sombra que mi adhesión a la Sombra.
¡Nadie puede levantar a los muertos!
¡Con tal velocidad se deshacen!
Un muerto es un charco muy pronto:
un pequeño y odioso charco oscuro,
que no recuerda a nada vivo...
No se comprende, viéndole,
que los pies hayan sido otra cosa
que hueso con líquido miserable escondido,
capaz de llevar a los otros charcos a lugares
donde la oquedad del cráneo se llenara
de lúgubres resonancias.
¿Qué vino reconocería su siembra
en el vino mefítico que es un muerto
hecho este charco de ausencias?
Carmen Conde
Primer Amor
Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo
sin haberlo soñado, sin que nunca
un ligero esperar prometiera la dicha.
Esta dicha de fuego que vacía tu testa,
que te empuja de espaldas,
te derriba a un abismo
que no tiene medida ni fondo.
¡Abismo y solo abismo
de ti hasta la muerte!
¡Tus brazos!
Son tus brazos los mismos de otros días,
y tiemblan y se cierran en torno de su cuerpo.
Tu pecho, el que suspira, ajeno, estremecido
de cosas que tú ignoras,
de mundos que lo mueven...
¡Oh pecho de tu cuerpo, tan firme y tan sensible
que un vaho lo pone turbio
y un beso lo traspasa!
¡Si nunca nadie dijo que así se amaba tanto!
¿Podías tú esperar que ardieran tus cabellos,
que toda cuanta eres cayeras como lumbre
en un grito sin cifra,
desde una cordillera gritada por la aurora?
¿Ceniza tú algún día? ¿Ceniza esta locura
que estrenas con la vida recién brotada al mundo?
¡Tú no te acabas nunca, tú no te apagas nunca!
Aquí tenéis la lumbre, la que lo coge todo
para quemar el cielo subiéndole la tierra.
Calderón de la Barca
La Vida Es Sueño - Jornada Iii - Escena Xix
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Carlos Bousoño
Celebración De Un Cumpleaños (homenaje A Octavio Paz)
la quietud, pordiosero
de tu conciencia, eremita
en el yermo de la inacción, creyendo
solamente en el cardo, en la excesiva piedra,
sin pozo donde beber, sin comida, sin pan,
mísero y sin arboladura,
como un barco después de la tempestad,
pero una tempestad no vivida, sin la grandeza de esa experiencia suma,
barco en un mar, monótono y sin fin, monocromo, con agua gris,
o, mejor dicho, sin ella, navegando en el no color
navegando en la no agua, con sequedad en aquella monotomía;
o en medio de las ruinas, tras un terremoto
desolador,
mas en un sitio donde no existieron casas ni se erigieron monumentos,
ni el suelo se resquebrajó, ni hubo grietas;
allí, desterrado, sin el recuerdo de un perdido país,
mudo, sin la noción de un lenguaje ido,
quitado todo brillo, toda persuasión, toda queja,
irremediablemente solo, pero sin soledad,
pues no había tampoco memoria de ninguna anterior compañía;
allí, donde la evocación no puede alcanzar,
ya que para eso fuera precisa la previa enunciación,
allí, allí estuviste, de espaldas a tu propio ser,
sin ver, sin verte,
auqnue a veces sucedía lo opuesto y comenzabas a observar con gran nitidez,
quién sabe si por su condición principalmente ósea,
tu rodilla,
que pasaba, en ese trance, a ocupar
la totalidad de la atención y crecía (percibida entonces
como de cerca) con ella;
tu enorme rodilla, tu extraordinario pie, tu pie magno,
pisando la estepa con resonancia, con estruendo, como de tambor,
tu pie gigantesco, tu pierna
alevosa, rotunda.
... Tu pierna, sí, que se alargaba, solitaria y autónoma, hasta donde nadie pudo nunca llegar,
y tras ella, pero sólo después,
tu cuerpo entero de desmesurada materia, de ruido, tu esqueleto sin par,
tu esqueleto terrible, avanzando a grandes zancadas
hacia nadie, hacia nada...
... Y luego, tu meditación solitaria, tras aquel singular engrandecimiento
de su óseo objeto inicial,
saltaba, sin contemplaciones, como inesperado tigre en la selva,
hasta el momento inmediatamente posterior al final de tu vida,
y así, no sólo cuanto había de exageradamente grande
en la visión anterior comenzaba de pronto, en su tamaño,
a disminuir, volviendo poco a poco a su primera configuración natural,
sino que, incluso, en esa vía de pérdida y reducción
de la desproporcionada, contundente, genial osamenta,
cada trozo de tu cuerpo, normalizado ya (al ser visto ahora en su conjunto
y sin aquella despreciativa y obsesiva parcelación que agigantaba
la porción contemplada)
procedía, con mucha lentitud, eso sí, a ausentarse:
pero ahora la carne y la piel, en un primer instante, aún no
desaparecían,
y se respetaba, por supuesto, tal vez, además, a causa de su enorme realidad
(enorme precisamente por impúdica e innombrable),
incluso a tu propio sexo, que acaso manifiestamente erguido aún,
se ofrecía entonces, en el féretro, de un modo sin duda ostentosamente inoportuno,
desafiante, competente,
impenitente, risible
(cómo más de una vez, según dicen, ha ocurrido, en la efectiva realidad,
con grave escándalo y vergüenza de las familias);
y, en fin (¿para qué seguir?), resumamos el asunto diciendo,
de un modo llano y más abarcador,
que todo, pese a las apariencias, se estaba viniendo abajo, bien que, por el contrario,
las uñas seguían, con indiferencia y escepticismo, creciendo,
atentas exclusivamente a su labor, con una extraña avidez hacia más;
y lo mismo los pelos, la barba, sin hacer caso alguno de cuanto
parsimoniosamente se iba.
Pero enseguida, aquello incluso que se hallaba sometido a tan curiosa enajenación
se aniquilaba, y la inercia inmovilizadora llegaba, con puntualidad,
a las más renuentes partículas,
esto es, surgía, por fin, en el tramo último del proceso,
el triunfo de la generalización, de la escrupulosa obediencia,
o sea, paradójicamente (y ello con toda precisión, sin
excepción alguna ni dejar una mota de polvo en la pulida superficie
del mueble), se desencadenaba
el desorden,
el caos de no ser visto, el escándalo de la invisibilidad, de
la confusión,
allí, en el revés de la verdad, en el otro lado de la
mentira,
en la frontera que no fuera dado trazar,
ese lugar sin localización donde verdad, mentira aparecían
como la misma respuesta a la interrogación que no hiciste,
¡oh pordiosero de tu conciencia, oh escrutador, oh minucioso explorador,
oh celebrador de lo infausto!
Carlos Bousoño
Celebración De Un Cumpleaños (homenaje A Octavio Paz)
la quietud, pordiosero
de tu conciencia, eremita
en el yermo de la inacción, creyendo
solamente en el cardo, en la excesiva piedra,
sin pozo donde beber, sin comida, sin pan,
mísero y sin arboladura,
como un barco después de la tempestad,
pero una tempestad no vivida, sin la grandeza de esa experiencia suma,
barco en un mar, monótono y sin fin, monocromo, con agua gris,
o, mejor dicho, sin ella, navegando en el no color
navegando en la no agua, con sequedad en aquella monotomía;
o en medio de las ruinas, tras un terremoto
desolador,
mas en un sitio donde no existieron casas ni se erigieron monumentos,
ni el suelo se resquebrajó, ni hubo grietas;
allí, desterrado, sin el recuerdo de un perdido país,
mudo, sin la noción de un lenguaje ido,
quitado todo brillo, toda persuasión, toda queja,
irremediablemente solo, pero sin soledad,
pues no había tampoco memoria de ninguna anterior compañía;
allí, donde la evocación no puede alcanzar,
ya que para eso fuera precisa la previa enunciación,
allí, allí estuviste, de espaldas a tu propio ser,
sin ver, sin verte,
auqnue a veces sucedía lo opuesto y comenzabas a observar con gran nitidez,
quién sabe si por su condición principalmente ósea,
tu rodilla,
que pasaba, en ese trance, a ocupar
la totalidad de la atención y crecía (percibida entonces
como de cerca) con ella;
tu enorme rodilla, tu extraordinario pie, tu pie magno,
pisando la estepa con resonancia, con estruendo, como de tambor,
tu pie gigantesco, tu pierna
alevosa, rotunda.
... Tu pierna, sí, que se alargaba, solitaria y autónoma, hasta donde nadie pudo nunca llegar,
y tras ella, pero sólo después,
tu cuerpo entero de desmesurada materia, de ruido, tu esqueleto sin par,
tu esqueleto terrible, avanzando a grandes zancadas
hacia nadie, hacia nada...
... Y luego, tu meditación solitaria, tras aquel singular engrandecimiento
de su óseo objeto inicial,
saltaba, sin contemplaciones, como inesperado tigre en la selva,
hasta el momento inmediatamente posterior al final de tu vida,
y así, no sólo cuanto había de exageradamente grande
en la visión anterior comenzaba de pronto, en su tamaño,
a disminuir, volviendo poco a poco a su primera configuración natural,
sino que, incluso, en esa vía de pérdida y reducción
de la desproporcionada, contundente, genial osamenta,
cada trozo de tu cuerpo, normalizado ya (al ser visto ahora en su conjunto
y sin aquella despreciativa y obsesiva parcelación que agigantaba
la porción contemplada)
procedía, con mucha lentitud, eso sí, a ausentarse:
pero ahora la carne y la piel, en un primer instante, aún no
desaparecían,
y se respetaba, por supuesto, tal vez, además, a causa de su enorme realidad
(enorme precisamente por impúdica e innombrable),
incluso a tu propio sexo, que acaso manifiestamente erguido aún,
se ofrecía entonces, en el féretro, de un modo sin duda ostentosamente inoportuno,
desafiante, competente,
impenitente, risible
(cómo más de una vez, según dicen, ha ocurrido, en la efectiva realidad,
con grave escándalo y vergüenza de las familias);
y, en fin (¿para qué seguir?), resumamos el asunto diciendo,
de un modo llano y más abarcador,
que todo, pese a las apariencias, se estaba viniendo abajo, bien que, por el contrario,
las uñas seguían, con indiferencia y escepticismo, creciendo,
atentas exclusivamente a su labor, con una extraña avidez hacia más;
y lo mismo los pelos, la barba, sin hacer caso alguno de cuanto
parsimoniosamente se iba.
Pero enseguida, aquello incluso que se hallaba sometido a tan curiosa enajenación
se aniquilaba, y la inercia inmovilizadora llegaba, con puntualidad,
a las más renuentes partículas,
esto es, surgía, por fin, en el tramo último del proceso,
el triunfo de la generalización, de la escrupulosa obediencia,
o sea, paradójicamente (y ello con toda precisión, sin
excepción alguna ni dejar una mota de polvo en la pulida superficie
del mueble), se desencadenaba
el desorden,
el caos de no ser visto, el escándalo de la invisibilidad, de
la confusión,
allí, en el revés de la verdad, en el otro lado de la
mentira,
en la frontera que no fuera dado trazar,
ese lugar sin localización donde verdad, mentira aparecían
como la misma respuesta a la interrogación que no hiciste,
¡oh pordiosero de tu conciencia, oh escrutador, oh minucioso explorador,
oh celebrador de lo infausto!
Carlos Bousoño
Poeta En Un Abordaje Con El Mar En Calma (siglo Xvi)
(Siglo XVI)
La vida, el mar, tumulto y honda seda inmóvil
CERVANTES
Guerreaste en mar sedoso,
te hiciste, te rehiciste,
te creciste en el acoso,
y, al luchar, te malheriste.
Y luego, ¿qué es lo que queda?
En la memoria cruel
del lector, el verso aquel
que hablaba de aquella seda.
Carlos Bousoño
Poeta En Un Abordaje Con El Mar En Calma (siglo Xvi)
(Siglo XVI)
La vida, el mar, tumulto y honda seda inmóvil
CERVANTES
Guerreaste en mar sedoso,
te hiciste, te rehiciste,
te creciste en el acoso,
y, al luchar, te malheriste.
Y luego, ¿qué es lo que queda?
En la memoria cruel
del lector, el verso aquel
que hablaba de aquella seda.
Carlos Bousoño
I - En La Muerte (iv - Primera Elegía En La Muerte De Vicente Aleixandre)
I
EN LA MUERTE
Lo último que dijo fue esto: «La vida es un dolor»
Ojos que vi
tan llenos de dolor
en el último día, cuando faltaba poco
para morir,
y desde el lecho
él recordaba triste,
lejos, muy lejos, y un poquito borroso,
cuando con sus amigos,
allá en su niñez,
divirtiéndose mucho,
inmortal aún la vida,
iban al huerto, o al pinar, o al alto
palpitar de la luz.
Correr luego escondiéndose
tras unos matorrales,
un momento,
por que no los llamasen
desde la casa aún.
«Un poco más, un poco
más tan sólo.
La última vez, y ya.»
Y cuando le pusieron
una corona como rey del mundo
el día en que cumplía
siete años de rey,
siete de dueño
de todo, el universo: el aire, el mar.
Respiraba. Fatiga
e imposibilidad. La vida, la corona,
cartón pintado, alegre,
luego el amor, la compañía
honda, felicidad. Años sin duda, y todo fue
un instante tan sólo:
amarga pesadumbre
real.
Y ahora las lágrimas
que no lloró jamás vinieron a sus ojos,
resbalaban despacio
por sus mejillas pálidas,
humedecían la piel,
la boca,
y seguían bajando
cuando estaba ya muerto.
Las lágrimas duraban
más que sus ojos tristes,
más
que su propio dolor.
Carlos Bousoño
Salvación En La Palabra (el Poema)
(El poema)
A Jorge Guillén
1
Dejad que la palabra haga su presa lóbrega,
se encarnice en la horrenda miseria
primaveral, hoce del destino, cual negra teología
corrupta.
Súbitas, algunas formas mortales,
dentro del soplo de aire
permanente e invicto.
La palabra del hombre, honradamente
pronunciada, es hermosa, aunque oscura,
es clara, aunque aprisione
el terror venidero.
Hagamos entre todos la palabra
grácil y fugitiva que salve el desconsuelo.
...Como burbuja leve la palabra
se alza en la noche, y permanece
cual una estrella fija entre las sombras
2
Y así fue la palabra
ligero soplo de aire
detenido en el viento,
en el espanto,
entre la movediza realidad y el río
de las sombras. Ahí está detenida
la palabra vivaz, salvado este momento
único
entre las dos historias.
...De pronto el caminar fue duradero
y el hombre inmortal fue,
y las bocas que juntas estuvieron
juntas están por siempre.
Y el árbol se detuvo en su verdor
extraño, y la queja
ardió en una zarza
misteriosa.
3
Allí estamos nosotros.
Allí dentro del hálito.
Tú que me lees estás allí
con un libro en la mano.
Y yo también estoy.
Tú de niño, cual hombre, como anciano,
estás allí.
Tu corazon está con su amargura,
ennoblecido y muerto.
Y vivo estás.
Y hermoso estás.
Y lúcido.
4
Todo se mueve alrededor de ti.
Cruje el armario de nogal, salpica
el surtidor del jardín.
Un niño corre tras una mariposa.
Adolescente, das tu primer beso
a una muchacha que huye.
Y huyendo así, huye nada,
quieto en el soplo tenue.
5
Y así fue la palabra entre los hombres
silenciosa, en el ruido
miserable
y la pena,
arca donde está el viento detenido
y suelto,
acorde suspendido y desatado,
leve son que se escucha
como más que silencio, en el reposo
de la luz, de la sombra.
Así fue la palabra,
así fue y así sea
donde el hombre respira,
porque respire el hombre.
Carlos Bousoño
Salvación En La Palabra (el Poema)
(El poema)
A Jorge Guillén
1
Dejad que la palabra haga su presa lóbrega,
se encarnice en la horrenda miseria
primaveral, hoce del destino, cual negra teología
corrupta.
Súbitas, algunas formas mortales,
dentro del soplo de aire
permanente e invicto.
La palabra del hombre, honradamente
pronunciada, es hermosa, aunque oscura,
es clara, aunque aprisione
el terror venidero.
Hagamos entre todos la palabra
grácil y fugitiva que salve el desconsuelo.
...Como burbuja leve la palabra
se alza en la noche, y permanece
cual una estrella fija entre las sombras
2
Y así fue la palabra
ligero soplo de aire
detenido en el viento,
en el espanto,
entre la movediza realidad y el río
de las sombras. Ahí está detenida
la palabra vivaz, salvado este momento
único
entre las dos historias.
...De pronto el caminar fue duradero
y el hombre inmortal fue,
y las bocas que juntas estuvieron
juntas están por siempre.
Y el árbol se detuvo en su verdor
extraño, y la queja
ardió en una zarza
misteriosa.
3
Allí estamos nosotros.
Allí dentro del hálito.
Tú que me lees estás allí
con un libro en la mano.
Y yo también estoy.
Tú de niño, cual hombre, como anciano,
estás allí.
Tu corazon está con su amargura,
ennoblecido y muerto.
Y vivo estás.
Y hermoso estás.
Y lúcido.
4
Todo se mueve alrededor de ti.
Cruje el armario de nogal, salpica
el surtidor del jardín.
Un niño corre tras una mariposa.
Adolescente, das tu primer beso
a una muchacha que huye.
Y huyendo así, huye nada,
quieto en el soplo tenue.
5
Y así fue la palabra entre los hombres
silenciosa, en el ruido
miserable
y la pena,
arca donde está el viento detenido
y suelto,
acorde suspendido y desatado,
leve son que se escucha
como más que silencio, en el reposo
de la luz, de la sombra.
Así fue la palabra,
así fue y así sea
donde el hombre respira,
porque respire el hombre.
Carlos Bousoño
Salvación En La Palabra (el Poema)
(El poema)
A Jorge Guillén
1
Dejad que la palabra haga su presa lóbrega,
se encarnice en la horrenda miseria
primaveral, hoce del destino, cual negra teología
corrupta.
Súbitas, algunas formas mortales,
dentro del soplo de aire
permanente e invicto.
La palabra del hombre, honradamente
pronunciada, es hermosa, aunque oscura,
es clara, aunque aprisione
el terror venidero.
Hagamos entre todos la palabra
grácil y fugitiva que salve el desconsuelo.
...Como burbuja leve la palabra
se alza en la noche, y permanece
cual una estrella fija entre las sombras
2
Y así fue la palabra
ligero soplo de aire
detenido en el viento,
en el espanto,
entre la movediza realidad y el río
de las sombras. Ahí está detenida
la palabra vivaz, salvado este momento
único
entre las dos historias.
...De pronto el caminar fue duradero
y el hombre inmortal fue,
y las bocas que juntas estuvieron
juntas están por siempre.
Y el árbol se detuvo en su verdor
extraño, y la queja
ardió en una zarza
misteriosa.
3
Allí estamos nosotros.
Allí dentro del hálito.
Tú que me lees estás allí
con un libro en la mano.
Y yo también estoy.
Tú de niño, cual hombre, como anciano,
estás allí.
Tu corazon está con su amargura,
ennoblecido y muerto.
Y vivo estás.
Y hermoso estás.
Y lúcido.
4
Todo se mueve alrededor de ti.
Cruje el armario de nogal, salpica
el surtidor del jardín.
Un niño corre tras una mariposa.
Adolescente, das tu primer beso
a una muchacha que huye.
Y huyendo así, huye nada,
quieto en el soplo tenue.
5
Y así fue la palabra entre los hombres
silenciosa, en el ruido
miserable
y la pena,
arca donde está el viento detenido
y suelto,
acorde suspendido y desatado,
leve son que se escucha
como más que silencio, en el reposo
de la luz, de la sombra.
Así fue la palabra,
así fue y así sea
donde el hombre respira,
porque respire el hombre.
Carlos Bousoño
Camino
Confusa la historia
y clara la pena.
ANTONIO MACHADO
Aquí estás, camino de siempre,
hacia adelante, rota
la aspiración rosada, luna
que empalidece toda cosa.
Aquí estás y debes andar,
caminar como el agua absorta
por el torcido cauce, altos
los muros rojos, y a deshora.
Como el agua inmóvil transcurres
hacia un lejos, playa remota,
ya confusas historia y pena,
lejana la pena, la historia...
Carlos Bousoño
Canción Para Un Poeta Viejo (vicente Aleixandre)
Llegaste a viejo cual se llega al mar.
Azotado del viento y de los años
fuiste la vida, no sus desengaños.
Tu voz sonaba a viento y caracolas,
viejo de luz, hermano de las olas,
Conocimiento fue tu reposar.
Llegaste a viejo cual se llega al mar.
Llegaste a viejo cual se llega a ser
la luz delgada del amanecer.
La luz delgada del saber callar,
del saber conocer y callar.
Del saber esperar, callar, seguir
hasta las olas del saber vivir.
Hasta las olas del saber amar
profundamente y como es quieto el mar.
Y como es quieto el mar se pone en pie
la insurrección del nunca moriré.
Y así tu ser, escrito en agua y sal
y en viento fue, y en todo lo inmortal.
Carlos Bousoño
Subida Al Amor
alma triste que sola vas gimiendo.
Asciende, sube. Amor te espera.
La cima es alta. Escaso, el aparejo.
Aleteante, temblorosa y blanca,
te veo subir con retenido esfuerzo.
Hoy llega el sol donde hasta ayer la luna.
Llega la luna donde ayer el cierzo.
Al fin la vida con la luz se aclara.
Al fin la muerte con la luz ya se muerto.
¡Cantan las cumbres y los valles! ¡Cantan
los siempre vivos a los nunca muertos!
Cara con cara junto a Dios, escuchas
vibrar los aires y vivir los sueños.
Vida con vida, luz con luz amada,
y cielo, humano, en el amor, con Cielo.
Bajar la luz de amor, la luz de vida
lenta en los aires minuciosos siento.
Fundida luz de Dios con luz del alma.
Qué claridad de pronto. Qué silencio.
Carlos Bousoño
Subida Al Amor
alma triste que sola vas gimiendo.
Asciende, sube. Amor te espera.
La cima es alta. Escaso, el aparejo.
Aleteante, temblorosa y blanca,
te veo subir con retenido esfuerzo.
Hoy llega el sol donde hasta ayer la luna.
Llega la luna donde ayer el cierzo.
Al fin la vida con la luz se aclara.
Al fin la muerte con la luz ya se muerto.
¡Cantan las cumbres y los valles! ¡Cantan
los siempre vivos a los nunca muertos!
Cara con cara junto a Dios, escuchas
vibrar los aires y vivir los sueños.
Vida con vida, luz con luz amada,
y cielo, humano, en el amor, con Cielo.
Bajar la luz de amor, la luz de vida
lenta en los aires minuciosos siento.
Fundida luz de Dios con luz del alma.
Qué claridad de pronto. Qué silencio.
Carlos Bousoño
Subida Al Amor
alma triste que sola vas gimiendo.
Asciende, sube. Amor te espera.
La cima es alta. Escaso, el aparejo.
Aleteante, temblorosa y blanca,
te veo subir con retenido esfuerzo.
Hoy llega el sol donde hasta ayer la luna.
Llega la luna donde ayer el cierzo.
Al fin la vida con la luz se aclara.
Al fin la muerte con la luz ya se muerto.
¡Cantan las cumbres y los valles! ¡Cantan
los siempre vivos a los nunca muertos!
Cara con cara junto a Dios, escuchas
vibrar los aires y vivir los sueños.
Vida con vida, luz con luz amada,
y cielo, humano, en el amor, con Cielo.
Bajar la luz de amor, la luz de vida
lenta en los aires minuciosos siento.
Fundida luz de Dios con luz del alma.
Qué claridad de pronto. Qué silencio.
Carolina Coronado
A S M La Reina El Día De Su Salida La Reina Que Dos Veces Ha Nacido
para cubrir de flores tu carrera
como si el pueblo por la vez primera
celebrara en España tu venida;
la fiesta a que gozoso te convida,
cual si de nuevo a coronarte fuera,
tiene un placer que hoy halla repetido
la Reina que dos veces ha nacido.
Carlos quinto inmortal cuando ceñía
a sus sienes la fúlgida corona
del pueblo que adoraba a su persona
oyó el supremo canto de alegría;
mas para Ti, Isabel, es doble día
el de esta aclamación que el Pueblo entona.
Porque tú, cuando el seno te han herido,
para España dos veces has nacido.
Tú apareces al Pueblo castellano
con tu Niña tan dulce y tan hermosa,
como la luna de color de rosa
que ilumina las noches del verano;
y dejas luego de alumbrar el llano,
quedamos en tiniebla pavorosa,
pero ya con reflejo más lucido
luna nueva en el Cielo has renacido.
Ya la Virgen te aguarda en los altares,
y a la niña cubriendo con su manto
desde el Cielo confirma el nombre santo
que el Serafín celebra en sus cantares;
¡vive, Madre feliz libre de azares,
que al triunfar de la muerte, por encanto,
doble vida del Cielo ha merecido
la Reina que dos veces ha nacido!
Carolina Coronado
Para Un Obelisco En Honor De La Princesa De Asturias
en holocausto a tu brillante suerte
como ha sido el primero en anunciarte,
es también el primero en protegerte.
El cañón que resuena al aclamarte
sólo sabrá sonar por defenderte,
que sin temer sus rayos en la tierra
segura estás en paz, segura en guerra.
De una reina adorada en el regazo
dormita en paz, angélica María,
mientras tu nave la gobierna y guía
del buen piloto el incansable brazo.
Unido al trono con estrecho lazo
en su lealtad tu porvenir confía,
que bogando por ti con rumbo cierto
ya no descansa hasta llevarte al puerto.
Carolina Coronado
Para Los Alumnos Del Colegio De San Fernando En La Comunión
nos da dulce convite,
alcemos nuestro canto
de eterna gratitud:
por este pan suave
que nuestro labio toca
y abrasa nuestra boca
en llamas de virtud.
Cantemos de rodillas,
cantemos con unción
las altas maravillas
de la comunión.
Perfumes de mil flores
no tienen la ambrosía
que, tú, de los amores,
pimpollo virginal:
tu aroma que trasciende
por todos los sentidos
las venas nos enciende
en fuego celestial.
Cantemos de rodillas,
cantemos con unción
las altas maravillas
de la comunión.
Los frutos escogidos
de huertos regalados
parecen desabridos
después de tu manjar;
porque es tu pan divino
el más grato sustento
que encuentra el peregrino
tras largo caminar.
Cantemos de rodillas,
cantemos con unción
las altas maravillas
de la comunión.
Bendito sea tu nombre
por todas las criaturas,
de nuestras lenguas puras
el himno llegue a ti;
que a ti Señor amamos,
en ti, Señor creemos,
y sólo viviremos
para adorarte así.
Cantemos de rodillas,
cantemos con unción
las altas maravillas
de la comunión.
Carolina Coronado
Himno Al Nacimiento De La Princesa De Asturias, Cantado Por La Sección Lírica Del Liceo De Badajoz
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera
de las Reinas es hoy el dosel».
Españoles, con grande alegría
saludad a la hermosa Princesa,
y de hinojos haced la promesa
de velar por su cuna Real;
que en honor de Española hidalguía
la debéis ese noble homenaje;
porque es dama de excelso linaje,
porque es hija de augusta beldad.
«Viva, viva, la tierna heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera,
de las Reinas es hoy el dosel».
Con Tu nombre dulcísimo el alma
de contento y placer se extasía,
que es el nombre feliz de María
esperanza de gloria inmortal.
Con Tu nombre la pena se calma,
con Tu nombre se logra el consuelo,
que es tu nombre bendito en el cielo
y protege en la tierra al mortal.
«Viva, viva, la tierra heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera,
de las Reinas es hoy el dosel».
Con guirnaldas de hermosos laureles
coronada, Real sucesora,
tú del siglo futuro la aurora
bajo el solio tranquilo verás.
Y tus pueblos dichosos y fieles
grabarán en el bronce tu historia,
y de Reina serás, tú, la gloria,
y de España el orgullo serás.
«Viva, viva, la tierna heredera
que ha nacido a la Reina Isabel,
la hermosura hemos visto que impera,
de las Reinas es hoy el dosel».
Carolina Coronado
Oración A La Virgen Que Cantan Los Niños En Una Escuela
dame paciencia y virtud,
porque tú Santa María
has de ser la mejor guía
que tenga mi juventud.
Del corazón inocente
protege tú los amores,
y antes que empañen mi frente,
que me cieguen de repente
tus divinos resplandores.
Consuélame, Madre mía,
cuando a tus plantas me veas,
porque yo no dejo un día
de decir «Santa María»
«¡Bendita en el cielo seas!»
Carolina Coronado
Oración A La Virgen Que Cantan Los Niños En Una Escuela
dame paciencia y virtud,
porque tú Santa María
has de ser la mejor guía
que tenga mi juventud.
Del corazón inocente
protege tú los amores,
y antes que empañen mi frente,
que me cieguen de repente
tus divinos resplandores.
Consuélame, Madre mía,
cuando a tus plantas me veas,
porque yo no dejo un día
de decir «Santa María»
«¡Bendita en el cielo seas!»
Carolina Coronado
Epitafio A Un Niño
en esta cuna escondida,
aunque tu madre llorando
por tu existencia llamando
quiera volverte a la vida.
Porque en la noche sombría
de nuestra vida ilusoria
no has de encontrar, alma mía,
la luz del eterno día
que has encontrado en la gloria.