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Poemas en este tema

Vida y Existencia

Carolina Coronado

Carolina Coronado

Gloria De Las Glorias

A ALBERTO

Las siguientes composiciones están dedicadas a una persona que
no existe ya. Por eso me atrevo a publicarlas. Una mujer puede, sin
sonrojo, decir a un muerto ternezas que no quisiera que la oyesen decir
a un vivo.
GLORIA DE LAS GLORIAS


Es dulce recordar sueños de niño,

el vago acento de la edad primera

que en nuestro oído resonar hiciera

el ángel que anunció nuestro cariño;

cuando figuro que tu cuello ciño

en esa edad tranquila y placentera,

embriagada mi alma en sus memorias

digo que amor es gloria de las glorias.


Y es más dulce los sueños juveniles

recordar de esta vida enamorada

que siempre de ilusiones sustentada

consagra a los amores sus abriles;

yo te sabré cantar recuerdos miles

de esta pasión divina y encantada

que forma en sus combates y victorias

de nuestro amor la gloria de las glorias.


De una tarde serena de reflejos

sobre tu bello rostro apasionado,

la sombra de aquel valle sosegado

donde encontramos a los pobres viejos,

el canto de la tórtola a lo lejos

y el beso de las auras regalado

me inspiraran poéticas historias

para tu amor que es gloria de mis glorias.


Te cantaré la llama indefinible

del entusiasmo que en mi ser palpita,

la sed ardiente que mi sangre irrita,

la fe de mi pasión indestructible;

la fuerza de tu encanto irresistible

que mi vida en insomnios debilita,

y pálido y temblando a estas memorias

dirás que amor es gloria de las glorias.


No pienses que al ceñir prendas de orgullo

coronas que los genios conquistaron

esas frentes dichosas palpitaron

cual yo de tus acentos al murmullo;

no hay eco en la creación, no hay canto, arrullo,

aplausos que los hombres inventaron,

que no parezcan dichas transitorias

ante ese amor que es gloria de mis glorias.


En vano la ambición arde y se agita

abrasando a los débiles mortales,

y conquista laureles eternales

cuando la flor del alma está marchita;

de otra deidad más alta y más bendita

invoquemos placeres celestiales.

Porque entre tantas dichas transitorias

tan sólo amor es gloria de las glorias.


Sé que la sombra del dolor me sigue,

se que la vida perderé en el llanto,

sé que este amor tan inocente y santo

no ha de lograr la paz que lo mitigue;

pero bendigo el mal que me persigue,

las lágrimas, las penas, el quebranto,

y bendigo mis dichas ilusorias

porque es tu amor la gloria de mis glorias.

Elvas, 1845

623
Carolina Coronado

Carolina Coronado

El Mundo Desgraciado

Hay escrito un cantar muy doloroso
en una historia triste que poseo,
para cuando el alegre balbuceo
deje, Emilio, tu labio bullicioso;
para cuando del álamo frondoso
que tan lejano de tu frente veo
toque a las ramas la graciosa mano
que ahora no alcanza al peralillo enano.

Vago, amoroso, indefinible canto
que yo no pronuncié, que nadie ha oído
por tu risa infantil interrumpido,
borrado a medias por mi ardiente llanto;
memorias para ti de tierno encanto
encierra ese cantar, que lleva unido
al sueño de tu infancia venturosa
el de mi larga juventud penosa.

Hoy mis pinceles para ti son vanos;
tú no conoces tu retrato ahora;
allí está tu cabeza seductora
en el grupo no más de dos hermanos;
cuadro es sencillo, obra de mis manos,
niño que ríe junto a mujer que llora,
aire que vaga junto a flor marchita,
y la destroza más cuando la agita.

Mas, no pienses historia peregrina
relatada escuchar en mis cantares;
todos del alma mía los azares
en la tristeza están que la domina:
si no es desventurada, lo imagina,
y es lo mismo que todos los pesares
del mundo tenga, que los sueñe todos,
si se sufre igualmente de ambos modos.

Y lo mismo que lloro, Emilio, llora
la multitud sin conocer tampoco
el grande, oculto, inapagable foco
de la llama del mal devoradora;
¿será que aún niño nuestro siglo ahora
pugna impaciente, como tú hace poco,
por romper las estrechas ligaduras
de sus largas envueltas vestiduras?

¿Será que de sí propio avergonzado
a comprender empieza su ignorancia?
¿Que entre las tiernas formas de su infancia
siente latir un corazón formado?
¡Ay! eso es; su espíritu exaltado
le hace correr larguísima distancia,
pero, a su cuerpo débil y rendido
fáltale fuerza y quédase dormido.

Cesan las guerras, y en la paz se aclaman
libres los pueblos, sabios venturosos;
¿por qué los corazones silenciosos
tantas secretas lágrimas derraman?
Unos al cielo sin consuelo claman,
ahogan otros sus gritos dolorosos;
¿es que a ninguno la común ventura
toca, a que todos gimen por locura?...

A los niños, Emilio, a ti te toca;
ven a mofarte de mis cantos vanos;
en tus brazos dulcísimos hermanos
ven a estrecharme con tu risa loca,
y séllame los labios con tu boca
y escóndeme los ojos con tus manos,
¡y el bullicio infantil de tu contento
el eco aturda de mi triste acento!
628
Carolina Coronado

Carolina Coronado

El Mundo Desgraciado

Hay escrito un cantar muy doloroso
en una historia triste que poseo,
para cuando el alegre balbuceo
deje, Emilio, tu labio bullicioso;
para cuando del álamo frondoso
que tan lejano de tu frente veo
toque a las ramas la graciosa mano
que ahora no alcanza al peralillo enano.

Vago, amoroso, indefinible canto
que yo no pronuncié, que nadie ha oído
por tu risa infantil interrumpido,
borrado a medias por mi ardiente llanto;
memorias para ti de tierno encanto
encierra ese cantar, que lleva unido
al sueño de tu infancia venturosa
el de mi larga juventud penosa.

Hoy mis pinceles para ti son vanos;
tú no conoces tu retrato ahora;
allí está tu cabeza seductora
en el grupo no más de dos hermanos;
cuadro es sencillo, obra de mis manos,
niño que ríe junto a mujer que llora,
aire que vaga junto a flor marchita,
y la destroza más cuando la agita.

Mas, no pienses historia peregrina
relatada escuchar en mis cantares;
todos del alma mía los azares
en la tristeza están que la domina:
si no es desventurada, lo imagina,
y es lo mismo que todos los pesares
del mundo tenga, que los sueñe todos,
si se sufre igualmente de ambos modos.

Y lo mismo que lloro, Emilio, llora
la multitud sin conocer tampoco
el grande, oculto, inapagable foco
de la llama del mal devoradora;
¿será que aún niño nuestro siglo ahora
pugna impaciente, como tú hace poco,
por romper las estrechas ligaduras
de sus largas envueltas vestiduras?

¿Será que de sí propio avergonzado
a comprender empieza su ignorancia?
¿Que entre las tiernas formas de su infancia
siente latir un corazón formado?
¡Ay! eso es; su espíritu exaltado
le hace correr larguísima distancia,
pero, a su cuerpo débil y rendido
fáltale fuerza y quédase dormido.

Cesan las guerras, y en la paz se aclaman
libres los pueblos, sabios venturosos;
¿por qué los corazones silenciosos
tantas secretas lágrimas derraman?
Unos al cielo sin consuelo claman,
ahogan otros sus gritos dolorosos;
¿es que a ninguno la común ventura
toca, a que todos gimen por locura?...

A los niños, Emilio, a ti te toca;
ven a mofarte de mis cantos vanos;
en tus brazos dulcísimos hermanos
ven a estrecharme con tu risa loca,
y séllame los labios con tu boca
y escóndeme los ojos con tus manos,
¡y el bullicio infantil de tu contento
el eco aturda de mi triste acento!
628
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A Mi Hermano Emilio Memorias De La Infancia

Ya no es tan joven mi vida
que desde esta cima, hermano,
logre ver distinto el llano
donde quedó mi niñez.

Es la pradera florida
bajo la sombra de un monte,
y por eso es su horizonte
más delicioso, tal vez.

Yo con el rostro no acierto
de ese tiempo fugitivo,
mas su belleza percibo
de los años al trasluz,

como aquel reflejo incierto,
aquellos matices rojos
que perciben nuestros ojos
cerrados frente a la luz.

Yo no sé lo que soñaba
mas recuerdo mis amores;
sé que amaba entre las flores
a un hermoso tulipán:

y que a mis solas le hablaba,
Emilio, tan dulcemente
que murmuraba el ambiente
celoso en mi tierno afán.

Lloré cuando se agostaba
su cabeza peregrina
pero amé a la golondrina
así que la flor murió:

la golondrina emigraba
y entonces, Emilio mío,
a mi constante amorío
buscaba otro objeto yo.

¡Oh!¡Todo me enamoraba
en aquel tiempo querido!
¡Cuál me recuerda un sonido
el ave y el tulipán;

y la fuente que manaba
el agua que yo bebía
y el campo donde crecía
la semilla de mi pan!

¡Pero si no me comprendes,
si aquella edad ha pasado
y yo ya tengo olvidado
el suave idioma infantil!

si por acaso me atiendes
huyes riendo a deshora,
¿por qué no estoy en tu aurora
o tú no estás en mi abril?

Tú juzgas porque me hallaste,
bello garzón, a tu lado
que una ruta ha señalado
a nuestra existencia Dios:

no, que tu vía empezaste
en la mitad de la mía
y poco por esa vía
iremos juntos los dos.

Emilio, cuando recuerdes
cual yo tu pasada infancia,
ya habrá una eterna distancia
que me separe de ti;

entonces, tal vez, te acuerdes
de mí, cual yo de las flores,
y entre tus tiernos amores
me cuentes, Emilio, a mí.
522
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A Mi Hermano Emilio Memorias De La Infancia

Ya no es tan joven mi vida
que desde esta cima, hermano,
logre ver distinto el llano
donde quedó mi niñez.

Es la pradera florida
bajo la sombra de un monte,
y por eso es su horizonte
más delicioso, tal vez.

Yo con el rostro no acierto
de ese tiempo fugitivo,
mas su belleza percibo
de los años al trasluz,

como aquel reflejo incierto,
aquellos matices rojos
que perciben nuestros ojos
cerrados frente a la luz.

Yo no sé lo que soñaba
mas recuerdo mis amores;
sé que amaba entre las flores
a un hermoso tulipán:

y que a mis solas le hablaba,
Emilio, tan dulcemente
que murmuraba el ambiente
celoso en mi tierno afán.

Lloré cuando se agostaba
su cabeza peregrina
pero amé a la golondrina
así que la flor murió:

la golondrina emigraba
y entonces, Emilio mío,
a mi constante amorío
buscaba otro objeto yo.

¡Oh!¡Todo me enamoraba
en aquel tiempo querido!
¡Cuál me recuerda un sonido
el ave y el tulipán;

y la fuente que manaba
el agua que yo bebía
y el campo donde crecía
la semilla de mi pan!

¡Pero si no me comprendes,
si aquella edad ha pasado
y yo ya tengo olvidado
el suave idioma infantil!

si por acaso me atiendes
huyes riendo a deshora,
¿por qué no estoy en tu aurora
o tú no estás en mi abril?

Tú juzgas porque me hallaste,
bello garzón, a tu lado
que una ruta ha señalado
a nuestra existencia Dios:

no, que tu vía empezaste
en la mitad de la mía
y poco por esa vía
iremos juntos los dos.

Emilio, cuando recuerdes
cual yo tu pasada infancia,
ya habrá una eterna distancia
que me separe de ti;

entonces, tal vez, te acuerdes
de mí, cual yo de las flores,
y entre tus tiernos amores
me cuentes, Emilio, a mí.
522
Carolina Coronado

Carolina Coronado

A Una Golondrina

¡Salud, dulce golondrina,
allá en el suelo africano
bella, errante peregrina;
salud, perenne vecina
del ardoroso verano;

Tu cántiga placentera
llevaste a lejanos mares:
la atrevida, la parlera,
bien llegada a estos lugares,
amorosa compañera!

Bien llegada al suelo amigo,
do no errante ni perdida,
te dará a la par conmigo
un mismo techo el abrigo
en blando nido mecida.

Vuelve, amiga, descuidada,
a este recinto sereno
que te guardo regalada;
¡Aún duran de pluma y heno
los restos de tu morada!

Aquí tus amores fueron,
y aquí tu canción amante;
aquí tus hijos nacieron,
y a tu arrullo se adurmieron
bajo el ala palpitante:

Y aquí mi voz se mezclaba
a tu viva cantilena;
y aquí impaciente aguardaba,
esa vuelta que tardaba
de amor y recuerdos llena.

Y eres fiel agradecida,
y no te aguardará en vano;
que nunca fue desmentida
esa tu fe prometida
al ardoroso verano.

¡A cuántos ¡ay! golondrina,
que lealtad y fe cantaron
la ingratitud se avecina!
¡Cuántos con planta mezquina
sus juramentos hollaron!

Mas no tú: fiel y graciosa,
cuando se allega el estío,
vuelves tierna y amorosa
allá de playa arenosa
do te arrojo invierno frío.

No olvidaste, no, los dones
de este suelo bienhechor,
ni las fuentes ni la flor,
ni olvidaste los rincones
de tu asilo protector.

Volvistes enamorada,
a este recinto sereno
que te guardo regalada,
y aquí de plumas y heno
formarás nueva morada.

Cantaremos, golondrina,
mis recuerdos y tu amor
mientras que el sol ilumina;
sin que entibie la neblina
ni sus luces, ni su ardor.
696
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Los Cantos De Safo

Como el aura suavísima resbala
de placer en placer fácil mi vida:
entre el amor y gloria dividida,
¿cuál es la dicha que a mi dicha iguala?

Al lado de Faón, su amor cantando;
con la luz de sus ojos fascinada;
dicha inmensa es de Safo bienhadada
perder sus horas en deliquio blando.

Dicha inmensa es de Safo venturosa
que su amante en el aire que respira
beba el acento de la tierna lira,
que tan sólo por él suena amorosa.

¡Cómo a mis ojos inefable llanto
gota por gota el corazón destila,
si un instante su faz dulce y tranquila
brilla gozosa al escuchar mi canto!...

¡Si de su boca en lisonjero arrullo
la voz desciende a celebrar mi lira,
y hálito vago que su labio expira
mis sienes cerca entre el falaz murmullo!

Siento, Faón, tu delicado aliento
bullir entorno de la frente mía,
y en deliciosos tonos de armonía
herirme el corazón tus voces siento.

El corazón sus golpes precipita
al eco de tu voz apasionada:
a un suspiro, a un acento, a una mirada
como el seno de tórtola se agita.

No temo entonces que por bella alguna
perjuro olvides tu feliz cantora,
ni atractiva beldad venga en mal hora
a destrozar mi plácida fortuna.

¿Y quién la flor de la ventura mía
osará marchitar con mano aleve?
¿Quién a usurpar tu corazón se atreve
y a reinar donde Safo reinó un día?

¡Ah! no soy bella: su preciosa mano
en mi rostro los Dioses no imprimieron;
más al alma benignos concedieron
de los genios el numen soberano.

Y cítara en mis manos peregrina
las hermanas de Febo colocaron,
y de entusiasmo el corazón llenaron
de amor ardiente e inspiración divina.

Goza de triunfos la beldad un día,
que el porvenir destruye rigoroso;
cuando el genio entre aplausos victorioso
de la inmortalidad al templo guía.

Lecho de tierra y silencioso olvido
sólo del mundo la hermosura alcanza:
el estrecho sepulcro a do se lanza,
los rayos borrará de haber nacido.

Cual sueño pasará, si el genio alzando
la poderosa voz no la eterniza,
su cantar que a los siglos se desliza
vida preciosa a sus cenizas dando.

Yo también cantaré: también mis voces,
tierna Faón, tu nombre repitiendo,
con tu amor y mi amor sobreviviendo,
al porvenir sin fin irán veloces.

Yo a esa Grecia opulenta, sabia y justa
arrancaré un aplauso duradero,
una corona como el grande Homero
a mis sienes tal vez ceñiré augusta.

Y mírala ¡oh Faón! y tu sonrisa
premie el esfuerzo de tu Safo amada,
más plácida a su ser que en la alborada
place a las flores la naciente brisa.
849
Carolina Coronado

Carolina Coronado

Mérida

¡Cómo en tierra postrada
sin fuerzas yace, quebrantada llora
y sola y olvidada
en su tristeza ahora,
la que opulenta fue, grande y señora!

¡Cómo yace abatida
Emérita infeliz, ya su cabeza
en polvo confundida,
perdida su belleza,
perdido el esplendor y la grandeza!

La que fue celebrada
en los cantos sin fin de sus guerreros,
sólo escucha humillada
de búhos agoreros
los clamorosos ecos lastimeros.

¡Ay Dios, que en torno de ella
los tristes ojos con dolor vagaron,
y sólo amarga huella
de los siglos hallaron,
que su brillo y beldad en pos llevaron!

Allí el pasado brío
restos de gloria en soledad revelan,
que en ademán sombrío
entre el escombro velan
sombras livianas, que a su pie revuelan.

Y el arco majestoso
de Trajano, en los siglos venerado,
allí, inmoble coloso,
el cuerpo descarnado
y la atezada faz levanta airado.

Mas ¡ay! que ni las huellas
de los soberbios templos se salvaron,
ni ceniza de aquellas
torres que se ostentaron,
y a la matrona bella coronaron.

Allá bajo la puente,
de otra edad más feliz reliquia anciana,
camina lentamente
por la vereda llana
el perezoso y lánguido Guadiana.

«¡Emérita!» murmura
el onda gemidora lamentando
su triste desventura,
y el polvo recalando,
y los cimientos lúgubres bañando.

Anciano compañero,
testigo fue de sus pasadas glorias,
arrulló lisonjero
sus triunfos y victorias,
y ora lamenta el fin de sus historias.

A su orilla callada
venid vosotros, que pulsáis divinos
la cítara sagrada,
y los campos vecinos
llenad de vuestros cantos peregrinos.

De Emérita olvidada
cantad, poetas, con sentido acento
la suerte desdichada,
y el fúnebre lamento
hiera las aguas y lastime el viento.
1.490