Poemas en este tema
Vida y Existencia
Marilina Rébora
De La Segunda Venida De Cristo
Durante aquella hora, quien se halle en el terrado
no retorne a buscar sus muebles bajo el techo,
pues —de dos en un campo— uno será librado
y el otro abandonado. (O de dos en el lecho.)
Dos mujeres moliendo, bien que trabajen juntas,
una será elegida, la otra rechazada.
Huelgan disquisiciones e inútiles preguntas
porque el Señor lo ha dicho: Su Palabra está dada.
(Soñamos el milagro: la que elige el Señor
apresa de la mano —por llevarla consigo—
a la otra en abandono, y pone tal fervor
en librar aquel ser del eterno castigo,
que Dios, al verla, dice: —La ha salvado tu amor.
Puedes venir con ella. Y ella venir contigo.)
no retorne a buscar sus muebles bajo el techo,
pues —de dos en un campo— uno será librado
y el otro abandonado. (O de dos en el lecho.)
Dos mujeres moliendo, bien que trabajen juntas,
una será elegida, la otra rechazada.
Huelgan disquisiciones e inútiles preguntas
porque el Señor lo ha dicho: Su Palabra está dada.
(Soñamos el milagro: la que elige el Señor
apresa de la mano —por llevarla consigo—
a la otra en abandono, y pone tal fervor
en librar aquel ser del eterno castigo,
que Dios, al verla, dice: —La ha salvado tu amor.
Puedes venir con ella. Y ella venir contigo.)
801
Marilina Rébora
De La Segunda Venida De Cristo
Durante aquella hora, quien se halle en el terrado
no retorne a buscar sus muebles bajo el techo,
pues —de dos en un campo— uno será librado
y el otro abandonado. (O de dos en el lecho.)
Dos mujeres moliendo, bien que trabajen juntas,
una será elegida, la otra rechazada.
Huelgan disquisiciones e inútiles preguntas
porque el Señor lo ha dicho: Su Palabra está dada.
(Soñamos el milagro: la que elige el Señor
apresa de la mano —por llevarla consigo—
a la otra en abandono, y pone tal fervor
en librar aquel ser del eterno castigo,
que Dios, al verla, dice: —La ha salvado tu amor.
Puedes venir con ella. Y ella venir contigo.)
no retorne a buscar sus muebles bajo el techo,
pues —de dos en un campo— uno será librado
y el otro abandonado. (O de dos en el lecho.)
Dos mujeres moliendo, bien que trabajen juntas,
una será elegida, la otra rechazada.
Huelgan disquisiciones e inútiles preguntas
porque el Señor lo ha dicho: Su Palabra está dada.
(Soñamos el milagro: la que elige el Señor
apresa de la mano —por llevarla consigo—
a la otra en abandono, y pone tal fervor
en librar aquel ser del eterno castigo,
que Dios, al verla, dice: —La ha salvado tu amor.
Puedes venir con ella. Y ella venir contigo.)
801
Marilina Rébora
San Goar
Preséntase San Goar y suspende la capa
en un rayo de sol, al suponerlo un «palo»,
pues que no advierte cómo desde un cristal escapa,
satisfecho, después de encontrar tal regalo.
Del haz de luz —entonces— el atavío cuelga,
frente al mirar atónito de todo circunstante
que conviene en silencio, ya que la duda huelga
al ver aquel prodigio que tiene por delante.
San Goar nada ve: obediente se inclina
ante el Obispo trémulo que se ha quedado mudo
y para quien el Santo la información termina.
Luego —y mientras testigos lanzan voces a coro—
de la percha de luz, toma, con un saludo,
la capa que lo envuelve en un halo de oro.
en un rayo de sol, al suponerlo un «palo»,
pues que no advierte cómo desde un cristal escapa,
satisfecho, después de encontrar tal regalo.
Del haz de luz —entonces— el atavío cuelga,
frente al mirar atónito de todo circunstante
que conviene en silencio, ya que la duda huelga
al ver aquel prodigio que tiene por delante.
San Goar nada ve: obediente se inclina
ante el Obispo trémulo que se ha quedado mudo
y para quien el Santo la información termina.
Luego —y mientras testigos lanzan voces a coro—
de la percha de luz, toma, con un saludo,
la capa que lo envuelve en un halo de oro.
753
Marilina Rébora
La Arcilla De Khayyam
¡Cómo insiste Khayyam con los muertos! ¡La arcilla!
La arcilla de las ánforas, la arcilla de la copa,
diciendo que allí están, y que, al rozar la orilla,
al beber, nuestros labios, se encuentran con su boca.
Que henchiremos la cámara que otrora ellos llenaran,
yendo a complementar nuestra capa en la tierra
con profetas, sultanes y sabios que pasaran.
(¡Yo sólo pienso en Dios, que nuestros ojos cierra!)
¡Ah, mi Dios! ¡Tú, el Unico que todo lo dispones!
¿Será cierto, tal vez, lo que Khayyam arguye
puesto que polvo somos y a polvo volveremos?
Pero no convirtamos, en la vida que huye
y en lo perecedero, las solas obsesiones,
sino en el alma eterna y en los goces supremos.
La arcilla de las ánforas, la arcilla de la copa,
diciendo que allí están, y que, al rozar la orilla,
al beber, nuestros labios, se encuentran con su boca.
Que henchiremos la cámara que otrora ellos llenaran,
yendo a complementar nuestra capa en la tierra
con profetas, sultanes y sabios que pasaran.
(¡Yo sólo pienso en Dios, que nuestros ojos cierra!)
¡Ah, mi Dios! ¡Tú, el Unico que todo lo dispones!
¿Será cierto, tal vez, lo que Khayyam arguye
puesto que polvo somos y a polvo volveremos?
Pero no convirtamos, en la vida que huye
y en lo perecedero, las solas obsesiones,
sino en el alma eterna y en los goces supremos.
778
Marilina Rébora
La Arcilla De Khayyam
¡Cómo insiste Khayyam con los muertos! ¡La arcilla!
La arcilla de las ánforas, la arcilla de la copa,
diciendo que allí están, y que, al rozar la orilla,
al beber, nuestros labios, se encuentran con su boca.
Que henchiremos la cámara que otrora ellos llenaran,
yendo a complementar nuestra capa en la tierra
con profetas, sultanes y sabios que pasaran.
(¡Yo sólo pienso en Dios, que nuestros ojos cierra!)
¡Ah, mi Dios! ¡Tú, el Unico que todo lo dispones!
¿Será cierto, tal vez, lo que Khayyam arguye
puesto que polvo somos y a polvo volveremos?
Pero no convirtamos, en la vida que huye
y en lo perecedero, las solas obsesiones,
sino en el alma eterna y en los goces supremos.
La arcilla de las ánforas, la arcilla de la copa,
diciendo que allí están, y que, al rozar la orilla,
al beber, nuestros labios, se encuentran con su boca.
Que henchiremos la cámara que otrora ellos llenaran,
yendo a complementar nuestra capa en la tierra
con profetas, sultanes y sabios que pasaran.
(¡Yo sólo pienso en Dios, que nuestros ojos cierra!)
¡Ah, mi Dios! ¡Tú, el Unico que todo lo dispones!
¿Será cierto, tal vez, lo que Khayyam arguye
puesto que polvo somos y a polvo volveremos?
Pero no convirtamos, en la vida que huye
y en lo perecedero, las solas obsesiones,
sino en el alma eterna y en los goces supremos.
778
Marilina Rébora
Diálogo Con Dios
Ya no sé qué decirte, Señor: lo he dicho todo;
mis lamentos se apagan en el labio callado,
no doy con la manera, ni acierto con el modo
de dirigirme a Ti como en tiempo pasado.
No puedo ni rezar, las palabras no encuentro
de aquellas viejas preces de los años de infancia;
me ahoga como un algo que se enraíza adentro
y me torna impotente para expresar mi ansia.
Mas se opera el prodigio: sin rezo ni plegaria
me dirijo al Señor lo más sencillamente.
Le cuento que estoy triste, que estoy sola Le digo,
que no tengo en la vida la fuerza necesaria
y Le oigo a mi lado contestar dulcemente:
—Con sólo el corazón se conversa Conmigo!
mis lamentos se apagan en el labio callado,
no doy con la manera, ni acierto con el modo
de dirigirme a Ti como en tiempo pasado.
No puedo ni rezar, las palabras no encuentro
de aquellas viejas preces de los años de infancia;
me ahoga como un algo que se enraíza adentro
y me torna impotente para expresar mi ansia.
Mas se opera el prodigio: sin rezo ni plegaria
me dirijo al Señor lo más sencillamente.
Le cuento que estoy triste, que estoy sola Le digo,
que no tengo en la vida la fuerza necesaria
y Le oigo a mi lado contestar dulcemente:
—Con sólo el corazón se conversa Conmigo!
747
Marilina Rébora
Espejos
Mírate en el espejo que tu imagen proyecta,
esperando un instante a que se muestre clara;
verás, a pesar tuyo, la figura imperfecta
y las desarmonías patentes de la cara.
Sin contemplarte pues como estampa dilecta,
en tus propios defectos, exhaustiva, repara,
para reconocer por fin lo que te afecta
como quien llanamente una verdad declara.
A lo real concorde y en idéntico modo
habrás de examinar prolija tu conciencia:
sentimientos, virtudes, pasiones sobre todo;
comprobarás errores y lagunas de olvidos,
mas para tu consuelo —que es también una ciencia—
piensa que Dios se vale de los arrepentidos.
esperando un instante a que se muestre clara;
verás, a pesar tuyo, la figura imperfecta
y las desarmonías patentes de la cara.
Sin contemplarte pues como estampa dilecta,
en tus propios defectos, exhaustiva, repara,
para reconocer por fin lo que te afecta
como quien llanamente una verdad declara.
A lo real concorde y en idéntico modo
habrás de examinar prolija tu conciencia:
sentimientos, virtudes, pasiones sobre todo;
comprobarás errores y lagunas de olvidos,
mas para tu consuelo —que es también una ciencia—
piensa que Dios se vale de los arrepentidos.
783
Marilina Rébora
Espejos
Mírate en el espejo que tu imagen proyecta,
esperando un instante a que se muestre clara;
verás, a pesar tuyo, la figura imperfecta
y las desarmonías patentes de la cara.
Sin contemplarte pues como estampa dilecta,
en tus propios defectos, exhaustiva, repara,
para reconocer por fin lo que te afecta
como quien llanamente una verdad declara.
A lo real concorde y en idéntico modo
habrás de examinar prolija tu conciencia:
sentimientos, virtudes, pasiones sobre todo;
comprobarás errores y lagunas de olvidos,
mas para tu consuelo —que es también una ciencia—
piensa que Dios se vale de los arrepentidos.
esperando un instante a que se muestre clara;
verás, a pesar tuyo, la figura imperfecta
y las desarmonías patentes de la cara.
Sin contemplarte pues como estampa dilecta,
en tus propios defectos, exhaustiva, repara,
para reconocer por fin lo que te afecta
como quien llanamente una verdad declara.
A lo real concorde y en idéntico modo
habrás de examinar prolija tu conciencia:
sentimientos, virtudes, pasiones sobre todo;
comprobarás errores y lagunas de olvidos,
mas para tu consuelo —que es también una ciencia—
piensa que Dios se vale de los arrepentidos.
783
Marilina Rébora
Acatamiento
He querido morir, Señor, pero he vivido
y confieso ante Ti mi aleve cobardía.
¿Qué dejo para aquellos semejantes que han sido
probados en dolor a punto de agonía?
Y por querer morir, Señor, he revivido
puesto que Tú dispones que pase al nuevo día,
retornada a mí misma, tras haber pretendido
ordenar mi existencia como si fuera mía.
Ya no habré de volver contra Ti aunque padezca
ni habré de lamentarme en la misma desgracia.
Si no es tu voluntad que mi vida perezca,
acepto de buen grado, Señor, tu santa gracia
y todos los misterios con que la tierra animas,
que para nuestro bien, lo que haces, estimas.
y confieso ante Ti mi aleve cobardía.
¿Qué dejo para aquellos semejantes que han sido
probados en dolor a punto de agonía?
Y por querer morir, Señor, he revivido
puesto que Tú dispones que pase al nuevo día,
retornada a mí misma, tras haber pretendido
ordenar mi existencia como si fuera mía.
Ya no habré de volver contra Ti aunque padezca
ni habré de lamentarme en la misma desgracia.
Si no es tu voluntad que mi vida perezca,
acepto de buen grado, Señor, tu santa gracia
y todos los misterios con que la tierra animas,
que para nuestro bien, lo que haces, estimas.
709
Marilina Rébora
Acatamiento
He querido morir, Señor, pero he vivido
y confieso ante Ti mi aleve cobardía.
¿Qué dejo para aquellos semejantes que han sido
probados en dolor a punto de agonía?
Y por querer morir, Señor, he revivido
puesto que Tú dispones que pase al nuevo día,
retornada a mí misma, tras haber pretendido
ordenar mi existencia como si fuera mía.
Ya no habré de volver contra Ti aunque padezca
ni habré de lamentarme en la misma desgracia.
Si no es tu voluntad que mi vida perezca,
acepto de buen grado, Señor, tu santa gracia
y todos los misterios con que la tierra animas,
que para nuestro bien, lo que haces, estimas.
y confieso ante Ti mi aleve cobardía.
¿Qué dejo para aquellos semejantes que han sido
probados en dolor a punto de agonía?
Y por querer morir, Señor, he revivido
puesto que Tú dispones que pase al nuevo día,
retornada a mí misma, tras haber pretendido
ordenar mi existencia como si fuera mía.
Ya no habré de volver contra Ti aunque padezca
ni habré de lamentarme en la misma desgracia.
Si no es tu voluntad que mi vida perezca,
acepto de buen grado, Señor, tu santa gracia
y todos los misterios con que la tierra animas,
que para nuestro bien, lo que haces, estimas.
709
Marilina Rébora
Dios Me Salva
Ya no sé qué pensar de mi propia existencia,
aun si he de poder soportar esta vida,
que en viéndome al espejo descubro en tal presencia
un ser a todo hostil que extraño me intimida.
Deslízanse las horas fuera de mi conciencia;
todo se me aparece como cruel despedida
por no sé qué catástrofe de fatal evidencia
y adolezco de idea, de noción y medida.
Sólo en el pensamiento, Dios al cabo me salva;
que si por El no fuera, torpe sucumbiría,
al no importarme noche, crepúsculo ni alba.
Menester es llevar a término el destino
y —con Dios en la mente como único guía—
hacer, la cruz a cuestas, el humano camino.
aun si he de poder soportar esta vida,
que en viéndome al espejo descubro en tal presencia
un ser a todo hostil que extraño me intimida.
Deslízanse las horas fuera de mi conciencia;
todo se me aparece como cruel despedida
por no sé qué catástrofe de fatal evidencia
y adolezco de idea, de noción y medida.
Sólo en el pensamiento, Dios al cabo me salva;
que si por El no fuera, torpe sucumbiría,
al no importarme noche, crepúsculo ni alba.
Menester es llevar a término el destino
y —con Dios en la mente como único guía—
hacer, la cruz a cuestas, el humano camino.
860
Marilina Rébora
Dios Me Salva
Ya no sé qué pensar de mi propia existencia,
aun si he de poder soportar esta vida,
que en viéndome al espejo descubro en tal presencia
un ser a todo hostil que extraño me intimida.
Deslízanse las horas fuera de mi conciencia;
todo se me aparece como cruel despedida
por no sé qué catástrofe de fatal evidencia
y adolezco de idea, de noción y medida.
Sólo en el pensamiento, Dios al cabo me salva;
que si por El no fuera, torpe sucumbiría,
al no importarme noche, crepúsculo ni alba.
Menester es llevar a término el destino
y —con Dios en la mente como único guía—
hacer, la cruz a cuestas, el humano camino.
aun si he de poder soportar esta vida,
que en viéndome al espejo descubro en tal presencia
un ser a todo hostil que extraño me intimida.
Deslízanse las horas fuera de mi conciencia;
todo se me aparece como cruel despedida
por no sé qué catástrofe de fatal evidencia
y adolezco de idea, de noción y medida.
Sólo en el pensamiento, Dios al cabo me salva;
que si por El no fuera, torpe sucumbiría,
al no importarme noche, crepúsculo ni alba.
Menester es llevar a término el destino
y —con Dios en la mente como único guía—
hacer, la cruz a cuestas, el humano camino.
860
Marilina Rébora
Vértigo
¿Y esta melancolía? ¿Por qué tanto abandono
si no hay una razón —o por lo menos nueva—,
si no existen rencores ni nos muerde el encono?
¿De qué ese sentimiento que al ánimo subleva?
¿A qué causa atribuir tan ciego pesimismo?
¿Qué motivo encontrar a esta tenaz congoja
si son nuestros estados un puro fatalismo?
¿Qué es, por fin, lo que al alma tanto y tanto la enoja?
La ansiedad de vivir en vértigo, de prisa,
exacerba la mente a punto culminante,
ya que ante el tiempo escaso en todo se improvisa
y el destino de un ser se juega en un instante.
Y es eso lo que al cabo del día nos aplasta
para cuyo consuelo la oración sólo basta.
si no hay una razón —o por lo menos nueva—,
si no existen rencores ni nos muerde el encono?
¿De qué ese sentimiento que al ánimo subleva?
¿A qué causa atribuir tan ciego pesimismo?
¿Qué motivo encontrar a esta tenaz congoja
si son nuestros estados un puro fatalismo?
¿Qué es, por fin, lo que al alma tanto y tanto la enoja?
La ansiedad de vivir en vértigo, de prisa,
exacerba la mente a punto culminante,
ya que ante el tiempo escaso en todo se improvisa
y el destino de un ser se juega en un instante.
Y es eso lo que al cabo del día nos aplasta
para cuyo consuelo la oración sólo basta.
697
Marilina Rébora
Miedo A La Vida
Tengo miedo, Señor, pero no de la noche,
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora —refulgente derroche—
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.
Tengo miedo, Señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.
Tengo miedo, Señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;
de no cumplir Contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,
te ruego: oye mi voz para que me defiendas.
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora —refulgente derroche—
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.
Tengo miedo, Señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.
Tengo miedo, Señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;
de no cumplir Contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,
te ruego: oye mi voz para que me defiendas.
1.353
Marilina Rébora
Miedo A La Vida
Tengo miedo, Señor, pero no de la noche,
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora —refulgente derroche—
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.
Tengo miedo, Señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.
Tengo miedo, Señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;
de no cumplir Contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,
te ruego: oye mi voz para que me defiendas.
tampoco de la sombra, menos de la tiniebla;
es miedo de la aurora —refulgente derroche—
como miedo del mundo, cuando el mundo se puebla.
Tengo miedo, Señor, no por valerme sola
ni por triste aislamiento o apartado retiro,
tengo miedo a la gente, a la imponente ola,
el vaivén de los seres en asfixiante giro.
Tengo miedo, Señor, de enfrentarme a la vida
con tantas exigencias, compromisos, deberes;
de no cumplir Contigo, no ser agradecida,
dejándome llevar de errados procederes.
Y temiendo en el día naturales contiendas,
te ruego: oye mi voz para que me defiendas.
1.353
Marilina Rébora
Con Mis Viejos Retratos
Señor, quiero ser yo, y sólo con lo mío,
por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
nada de adornos vanos ni lujoso atavío
ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.
No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
es triste lo ficticio, y mucho de vacío
disponer como propio de lo que no se es dueño.
Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
y es razón de vivir en el cabal sentido
—unos viejos retratos, tal lámpara votiva
y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.
por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
nada de adornos vanos ni lujoso atavío
ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.
No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
es triste lo ficticio, y mucho de vacío
disponer como propio de lo que no se es dueño.
Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
y es razón de vivir en el cabal sentido
—unos viejos retratos, tal lámpara votiva
y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.
710
Marilina Rébora
Con Mis Viejos Retratos
Señor, quiero ser yo, y sólo con lo mío,
por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
nada de adornos vanos ni lujoso atavío
ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.
No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
es triste lo ficticio, y mucho de vacío
disponer como propio de lo que no se es dueño.
Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
y es razón de vivir en el cabal sentido
—unos viejos retratos, tal lámpara votiva
y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.
por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
nada de adornos vanos ni lujoso atavío
ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.
No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
es triste lo ficticio, y mucho de vacío
disponer como propio de lo que no se es dueño.
Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
y es razón de vivir en el cabal sentido
—unos viejos retratos, tal lámpara votiva
y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.
710
Marilina Rébora
Con Mis Viejos Retratos
Señor, quiero ser yo, y sólo con lo mío,
por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
nada de adornos vanos ni lujoso atavío
ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.
No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
es triste lo ficticio, y mucho de vacío
disponer como propio de lo que no se es dueño.
Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
y es razón de vivir en el cabal sentido
—unos viejos retratos, tal lámpara votiva
y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.
por humilde que sea, aun pobre y pequeño;
nada de adornos vanos ni lujoso atavío
ni aquello que deslumbra en ambicioso sueño.
No quiero en devaneo, tampoco en desvarío,
lo que no corresponda, aunque sea halagüeño;
es triste lo ficticio, y mucho de vacío
disponer como propio de lo que no se es dueño.
Quedar con nuestras cosas, lo que en verdad motiva
y es razón de vivir en el cabal sentido
—unos viejos retratos, tal lámpara votiva
y la talla minúscula del antiguo San Roque—,
y conmigo ser yo es lo que quiero y pido,
dentro de lo que fuera y lo que al fin me toque.
710
Marilina Rébora
Pinturas De Dios
Para evitar que el hombre en el mundo se hastíe,
cada día el Señor, atento, lo celebra,
y a fin de que el paisaje se embellezca y varíe,
desparrama colores y arcos iris enhebra.
Que son de Dios pinturas —en las que Dios sonríe—:
las manchas del leopardo, las rayas de la cebra,
en el tigre bordados, por que en rey se atavíe,
y escamas de esmeralda dedica a la culebra.
Tanto que a las vaquitas —esas de San Antonio—
adornó con lunares como puntos en íes,
blancos sobre las negras, negros en carmesíes.
Su lápiz, Su pincel, siempre en ágil diseño,
hasta en las cosas fútiles dejan el testimonio:
todo lo glorifica. Para El nada hay pequeño.
cada día el Señor, atento, lo celebra,
y a fin de que el paisaje se embellezca y varíe,
desparrama colores y arcos iris enhebra.
Que son de Dios pinturas —en las que Dios sonríe—:
las manchas del leopardo, las rayas de la cebra,
en el tigre bordados, por que en rey se atavíe,
y escamas de esmeralda dedica a la culebra.
Tanto que a las vaquitas —esas de San Antonio—
adornó con lunares como puntos en íes,
blancos sobre las negras, negros en carmesíes.
Su lápiz, Su pincel, siempre en ágil diseño,
hasta en las cosas fútiles dejan el testimonio:
todo lo glorifica. Para El nada hay pequeño.
739
Marilina Rébora
Testimonio
¿Y si Dios no existiese? ¿Si todo feneciera
con el postrer aliento de la fatal partida?
¿Sería razonable que la mujer pusiera
sus hijos en un mundo que a la muerte convida?
Si la existencia fuese fugaz, perecedera,
sufriendo siempre en vano, sin encontrar salida
ni alentar en el alma esperanzada espera:
a más hijos y muerte equivaldría la vida.
La que tiene conciencia de un niño en las entrañas
espere en Dios segura, depurada la mente,
sin dudas ni presiones de influencias extrañas,
pues quien confía en El, irresistible, siente
la Presencia Divina como sublime aserto.
Que en Dios sólo se vive para siempre, es lo cierto.
con el postrer aliento de la fatal partida?
¿Sería razonable que la mujer pusiera
sus hijos en un mundo que a la muerte convida?
Si la existencia fuese fugaz, perecedera,
sufriendo siempre en vano, sin encontrar salida
ni alentar en el alma esperanzada espera:
a más hijos y muerte equivaldría la vida.
La que tiene conciencia de un niño en las entrañas
espere en Dios segura, depurada la mente,
sin dudas ni presiones de influencias extrañas,
pues quien confía en El, irresistible, siente
la Presencia Divina como sublime aserto.
Que en Dios sólo se vive para siempre, es lo cierto.
757
Marilina Rébora
Testimonio
¿Y si Dios no existiese? ¿Si todo feneciera
con el postrer aliento de la fatal partida?
¿Sería razonable que la mujer pusiera
sus hijos en un mundo que a la muerte convida?
Si la existencia fuese fugaz, perecedera,
sufriendo siempre en vano, sin encontrar salida
ni alentar en el alma esperanzada espera:
a más hijos y muerte equivaldría la vida.
La que tiene conciencia de un niño en las entrañas
espere en Dios segura, depurada la mente,
sin dudas ni presiones de influencias extrañas,
pues quien confía en El, irresistible, siente
la Presencia Divina como sublime aserto.
Que en Dios sólo se vive para siempre, es lo cierto.
con el postrer aliento de la fatal partida?
¿Sería razonable que la mujer pusiera
sus hijos en un mundo que a la muerte convida?
Si la existencia fuese fugaz, perecedera,
sufriendo siempre en vano, sin encontrar salida
ni alentar en el alma esperanzada espera:
a más hijos y muerte equivaldría la vida.
La que tiene conciencia de un niño en las entrañas
espere en Dios segura, depurada la mente,
sin dudas ni presiones de influencias extrañas,
pues quien confía en El, irresistible, siente
la Presencia Divina como sublime aserto.
Que en Dios sólo se vive para siempre, es lo cierto.
757
Marilina Rébora
Confidencias De Amor
La mecedora de la abuela
acunó mis años de infancia,
horas del arrorró y «La Pájara Pinta»;
después a su compás el corazón joven leyó
los poetas,
y al andar del tiempo, con llanto y canciones,
me sorprendió en sus brazos, del amor, la dolencia.
acunó mis años de infancia,
horas del arrorró y «La Pájara Pinta»;
después a su compás el corazón joven leyó
los poetas,
y al andar del tiempo, con llanto y canciones,
me sorprendió en sus brazos, del amor, la dolencia.
809
Marilina Rébora
Confidencias De Amor
La mecedora de la abuela
acunó mis años de infancia,
horas del arrorró y «La Pájara Pinta»;
después a su compás el corazón joven leyó
los poetas,
y al andar del tiempo, con llanto y canciones,
me sorprendió en sus brazos, del amor, la dolencia.
acunó mis años de infancia,
horas del arrorró y «La Pájara Pinta»;
después a su compás el corazón joven leyó
los poetas,
y al andar del tiempo, con llanto y canciones,
me sorprendió en sus brazos, del amor, la dolencia.
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Marilina Rébora
Con Ojos De Niña
Señor, siempre te veo con los ojos de niña:
primero en el pesebre, aureolado de ovejas;
en lo alto, la estrella, que sus reflejos guiña
sobre el burro y el buey al mover las orejas.
Hombre, vas por montaña, y por valle y campiña,
curando enfermos graves que bordan las callejas,
la triste multitud que al oírte se apiña,
y encima de las aguas caminando te alejas.
Al final, te imagino, arriba, entre las nubes,
centro de los arcángeles con extendidas alas;
en macizo de flores —azucenas y calas—
se abren las estrellas, por donde al Cielo subes.
Aunque me ves en casa, jugando sobre el piso
y sonriendo desciendes hacia mí, de improviso.
primero en el pesebre, aureolado de ovejas;
en lo alto, la estrella, que sus reflejos guiña
sobre el burro y el buey al mover las orejas.
Hombre, vas por montaña, y por valle y campiña,
curando enfermos graves que bordan las callejas,
la triste multitud que al oírte se apiña,
y encima de las aguas caminando te alejas.
Al final, te imagino, arriba, entre las nubes,
centro de los arcángeles con extendidas alas;
en macizo de flores —azucenas y calas—
se abren las estrellas, por donde al Cielo subes.
Aunque me ves en casa, jugando sobre el piso
y sonriendo desciendes hacia mí, de improviso.
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