Sociedad y el Mundo
Carolina Coronado
A Neira Golondrinas, Grullas Y Patos
Carolina Coronado acompaña en su despedida a las golondrinas, a
las grullas y a los patos.
Ya, Neira, despedí a la golondrina
que en el techo campestre haciendo el nido
mansa inocente mi compaña ha sido
en la estación risueña que termina;
la grulla en cambio ya vino dañina
el fruto a destrozar recién nacido
que en este yermo a fuerza de sudores
lograron cultivar los labradores.
El pato en enturbiar las claras fuentes
de este valle purísimo obcecado
revuelve con el fondo encenagado
los graciosos espejos trasparentes;
¡lástima que desdeñe las corrientes
de un brillo tan hermoso y azulado,
donde lucir pudiera entre la espuma,
por hundir en el fango el alba pluma!
¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella
que en nuestros techos amorosa anida
y en su cantar sencillo entretenida
nos divierte feliz de sol a estrella?
¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella
que a nadie ofende, cuya dulce vida
consagrada a los suyos, sobre el heno,
ni daña al labrador ni anda entre cieno?
¿Hay en mi tierra hermosos olivares
formados como tropas, en hileras?
Pues a dañar su flor a sus praderas
vienen bandos de grullas a millares.
¿Hay arroyos que van entre juncares
retratando el verdor de estas laderas?
Pues acuden los patos a bandadas,
«¿Aves estas no son civilizadas?»
¿Qué más da que en mi lira sean cantados
hombres o grullas si en diversos nombres
disfrazadas las grullas van de hombres
y los hombres de grullas disfrazados?
¿Por qué han de ser los patos desdeñados
si los hombres tal vez con sus renombres
viviendo en bacanales, como en cieno,
no fueron ni más puros ni más buenos?
¿Qué más da pues que yo cante los hechos
con mi endeble laúd, mi voz de niña
de las aves que pueblan la campiña
y las aves que habitan bajo techos?
Con iguales instintos y derechos
todas viven del daño y la rapiña;
soldados-grullas talan los sembrados
y las ciudades ¡ay! grullas-soldados.
Galanes patos de la fuente empañan
el manantial que beben los pastores,
patos galanes, patos impostores
en las virtudes la calumnia ensañan;
hombres-patos, en fin, sus alas bañan
en fétidos pantanos corruptos;
patos-hombres sepultan en orgías
su bella juventud, sus bellos días.
¿Por qué al mísero pato guerra tanta,
por qué a la infeliz grulla tanta guerra,
si hay seres más indignos en la tierra
y el hombre docto los celebra y canta?
Cada piedra, cada ave, cada planta,
una vida, una historia, un mundo encierra
y muchos en el mundo, bien lo sabes,
valen menos que piedras, plantas, aves.
Pues no siempre he de hallar por mi camino
golondrinas, que pocas han quedado,
mejor canto a las grullas, que al malvado.
A los patos mejor que al libertino:
esos nombres de Atila, Jerjes, Nino
siempre al numen benigno han espantado
y siempre aborrecí como a enemigos
los Paris, los Nerones, los Rodrigos.
Una grulla el gran Jerjes vale en suma,
pero el rico Nerón no vale un pato
que fuera a dar el pájaro barato
aun dando por Nerón no más la pluma:
¿pues por qué si la historia nos abruma
con uno y otro nombre tan ingrato
no ha de cantar, sin que te cause risa,
a la grulla y al pato la poetisa?
Lo mismo da las aves que los hombres
lo mismo el campo da que las ciudades,
pues componen entrambas vecindades,
los mismos seres con distintos nombres;
grullas hay en el mundo con nombres,
patos bajo soberbias potestades,
y en ciudades lo mismo que entre encinas
sobre grullas y patos golondrinas.
Badajoz, 1846
Carolina Coronado
A Neira Golondrinas, Grullas Y Patos
Carolina Coronado acompaña en su despedida a las golondrinas, a
las grullas y a los patos.
Ya, Neira, despedí a la golondrina
que en el techo campestre haciendo el nido
mansa inocente mi compaña ha sido
en la estación risueña que termina;
la grulla en cambio ya vino dañina
el fruto a destrozar recién nacido
que en este yermo a fuerza de sudores
lograron cultivar los labradores.
El pato en enturbiar las claras fuentes
de este valle purísimo obcecado
revuelve con el fondo encenagado
los graciosos espejos trasparentes;
¡lástima que desdeñe las corrientes
de un brillo tan hermoso y azulado,
donde lucir pudiera entre la espuma,
por hundir en el fango el alba pluma!
¿Quién nos diera encontrar siempre a la bella
que en nuestros techos amorosa anida
y en su cantar sencillo entretenida
nos divierte feliz de sol a estrella?
¿Quién nos diera encontrarla siempre a ella
que a nadie ofende, cuya dulce vida
consagrada a los suyos, sobre el heno,
ni daña al labrador ni anda entre cieno?
¿Hay en mi tierra hermosos olivares
formados como tropas, en hileras?
Pues a dañar su flor a sus praderas
vienen bandos de grullas a millares.
¿Hay arroyos que van entre juncares
retratando el verdor de estas laderas?
Pues acuden los patos a bandadas,
«¿Aves estas no son civilizadas?»
¿Qué más da que en mi lira sean cantados
hombres o grullas si en diversos nombres
disfrazadas las grullas van de hombres
y los hombres de grullas disfrazados?
¿Por qué han de ser los patos desdeñados
si los hombres tal vez con sus renombres
viviendo en bacanales, como en cieno,
no fueron ni más puros ni más buenos?
¿Qué más da pues que yo cante los hechos
con mi endeble laúd, mi voz de niña
de las aves que pueblan la campiña
y las aves que habitan bajo techos?
Con iguales instintos y derechos
todas viven del daño y la rapiña;
soldados-grullas talan los sembrados
y las ciudades ¡ay! grullas-soldados.
Galanes patos de la fuente empañan
el manantial que beben los pastores,
patos galanes, patos impostores
en las virtudes la calumnia ensañan;
hombres-patos, en fin, sus alas bañan
en fétidos pantanos corruptos;
patos-hombres sepultan en orgías
su bella juventud, sus bellos días.
¿Por qué al mísero pato guerra tanta,
por qué a la infeliz grulla tanta guerra,
si hay seres más indignos en la tierra
y el hombre docto los celebra y canta?
Cada piedra, cada ave, cada planta,
una vida, una historia, un mundo encierra
y muchos en el mundo, bien lo sabes,
valen menos que piedras, plantas, aves.
Pues no siempre he de hallar por mi camino
golondrinas, que pocas han quedado,
mejor canto a las grullas, que al malvado.
A los patos mejor que al libertino:
esos nombres de Atila, Jerjes, Nino
siempre al numen benigno han espantado
y siempre aborrecí como a enemigos
los Paris, los Nerones, los Rodrigos.
Una grulla el gran Jerjes vale en suma,
pero el rico Nerón no vale un pato
que fuera a dar el pájaro barato
aun dando por Nerón no más la pluma:
¿pues por qué si la historia nos abruma
con uno y otro nombre tan ingrato
no ha de cantar, sin que te cause risa,
a la grulla y al pato la poetisa?
Lo mismo da las aves que los hombres
lo mismo el campo da que las ciudades,
pues componen entrambas vecindades,
los mismos seres con distintos nombres;
grullas hay en el mundo con nombres,
patos bajo soberbias potestades,
y en ciudades lo mismo que entre encinas
sobre grullas y patos golondrinas.
Badajoz, 1846
Carolina Coronado
A La Comisión De Monumentos Históricos Y Artísticos De Badajoz
un culto apasionado
arrancando; señores, del olvido
las gloriosas hazañas
del pueblo en sus campañas,
batiendo a los franceses atrevido,
A vosotros que un bello monumento
con generoso intento
alzáis sobre los campos de la Albuera,
para que no olvidada
tan famosa jornada
queda en la edad remota venidera,
A vosotros sus tímidos acentos
hoy por breves momentos
a dirigir se atreve mi poesía;
oídme atentamente,
que en mi entusiasmo ardiente
la disculpa hallaréis de mi osadía.
¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre
del más ilustre hombre
que ha visto el sol, mi corazón se inflama,
y juzgo que abrasado
su pueblo idolatrado
también se siente por la propia llama.
Os hablo de Cortés en alabanza,
aunque el numen no alcanza
al remontarse al cerco de su luna:
pues llena de sonrojos
con el llanto en los ojos
he visto al pueblo donde fue su cuna.
Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada
y a su primera morada
asilo de las pobres golondrinas,
sin un solo letrero
este otoño primero
va a desplomarse en míseras ruinas,
Y ¿qué nos quedará de tanta gloria
si esa débil memoria
furioso el aquilón nos arrebata?
¿Qué de tantos honores
como nos dio, señores,
en cambio le dará su tierra ingrata?
¿No tendrá entre sus mármoles Castilla
una piedra sencilla
donde su ilustre nombre coloquemos?
Con nuestras propias manos
guerreros y artesanos
y... hasta las damas a grabarlo iremos.
Más trabajo, más pena, más fatiga
en la tierra enemiga
pasó el gran capitán por darle sólo
a su patria grandeza
por hacer que en riqueza
fuera el reino mayor de polo a polo.
Por él fue nuestra patria rica y fuerte
por él con tanta suerte
el soberbio cristal del Océano,
surgieron cien navíos,
transportando carguíos
del inmenso tesoro americano.
Ved hoy esas magníficas ciudades
que fueron soledades
tristes ayer alzarse florecientes,
fundadas por su mano,
llevando el nombre hispano
en su poder, en esplendor crecientes.
Él hizo interminable nuestra tierra
con la perpetua guerra,
asolación del pueblo mejicano,
y por él solamente
flota entre aquella gente
la santa insignia del pendón cristiano.
Y ¿se dirá que ingratos y egoístas
sus valientes conquistas
nosotros españoles desdeñamos?
¿Que un puñado de cobre
por una piedra pobre
con voluntad siquiera no le damos?
En tanto que su nombre no ensalcemos
y en Medellín alcemos
un monumento a los brillantes soles
de su gloriosa guerra,
las gentes de esta tierra
¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!
Carolina Coronado
A La Comisión De Monumentos Históricos Y Artísticos De Badajoz
un culto apasionado
arrancando; señores, del olvido
las gloriosas hazañas
del pueblo en sus campañas,
batiendo a los franceses atrevido,
A vosotros que un bello monumento
con generoso intento
alzáis sobre los campos de la Albuera,
para que no olvidada
tan famosa jornada
queda en la edad remota venidera,
A vosotros sus tímidos acentos
hoy por breves momentos
a dirigir se atreve mi poesía;
oídme atentamente,
que en mi entusiasmo ardiente
la disculpa hallaréis de mi osadía.
¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre
del más ilustre hombre
que ha visto el sol, mi corazón se inflama,
y juzgo que abrasado
su pueblo idolatrado
también se siente por la propia llama.
Os hablo de Cortés en alabanza,
aunque el numen no alcanza
al remontarse al cerco de su luna:
pues llena de sonrojos
con el llanto en los ojos
he visto al pueblo donde fue su cuna.
Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada
y a su primera morada
asilo de las pobres golondrinas,
sin un solo letrero
este otoño primero
va a desplomarse en míseras ruinas,
Y ¿qué nos quedará de tanta gloria
si esa débil memoria
furioso el aquilón nos arrebata?
¿Qué de tantos honores
como nos dio, señores,
en cambio le dará su tierra ingrata?
¿No tendrá entre sus mármoles Castilla
una piedra sencilla
donde su ilustre nombre coloquemos?
Con nuestras propias manos
guerreros y artesanos
y... hasta las damas a grabarlo iremos.
Más trabajo, más pena, más fatiga
en la tierra enemiga
pasó el gran capitán por darle sólo
a su patria grandeza
por hacer que en riqueza
fuera el reino mayor de polo a polo.
Por él fue nuestra patria rica y fuerte
por él con tanta suerte
el soberbio cristal del Océano,
surgieron cien navíos,
transportando carguíos
del inmenso tesoro americano.
Ved hoy esas magníficas ciudades
que fueron soledades
tristes ayer alzarse florecientes,
fundadas por su mano,
llevando el nombre hispano
en su poder, en esplendor crecientes.
Él hizo interminable nuestra tierra
con la perpetua guerra,
asolación del pueblo mejicano,
y por él solamente
flota entre aquella gente
la santa insignia del pendón cristiano.
Y ¿se dirá que ingratos y egoístas
sus valientes conquistas
nosotros españoles desdeñamos?
¿Que un puñado de cobre
por una piedra pobre
con voluntad siquiera no le damos?
En tanto que su nombre no ensalcemos
y en Medellín alcemos
un monumento a los brillantes soles
de su gloriosa guerra,
las gentes de esta tierra
¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!
Carolina Coronado
Una Fiesta Dedicada A La Reina Gobernadora
el genio de la guerra destructora
dobla rabioso la falange impía
ante la paz gloriosa y vencedora.
Cesó el llanto y la sangre y la agonía
que derramó la espada vengadora
y tras del triste y pavoroso día
luce risueña suspirada aurora.
Ya de Cristina el genio prepotente
venció de Carlos la arrogancia altiva,
que doblegando la orgullosa frente
el ramo ofrece de apacible oliva;
cantemos, o Cristina, la victoria,
que a España da la paz, y a vos la Gloria.
Carolina Coronado
Una Fiesta Dedicada A La Reina Gobernadora
el genio de la guerra destructora
dobla rabioso la falange impía
ante la paz gloriosa y vencedora.
Cesó el llanto y la sangre y la agonía
que derramó la espada vengadora
y tras del triste y pavoroso día
luce risueña suspirada aurora.
Ya de Cristina el genio prepotente
venció de Carlos la arrogancia altiva,
que doblegando la orgullosa frente
el ramo ofrece de apacible oliva;
cantemos, o Cristina, la victoria,
que a España da la paz, y a vos la Gloria.
Carolina Coronado
Al Liceo De Badajoz
la capital oscura
y a levantar en palmas, extremeños:
que, por Dios es vergüenza,
que otra ciudad nos venga
siendo de igual poder nosotros dueños.
Vamos a levantarla como espuma,
la pereza que abruma
los talentos brillantes sacudiendo;
y un mentís de tal modo
a dar al reino todo
que está de nuestra inercia sonriendo.
Porque los ojos fijos en la tierra,
que ilustre cuna encierra
del más valiente capitán del mundo,
España atentamente
siempre aguarda impaciente
nuevas llores de suelo tan fecundo.
Porque tuvimos héroes esforzados,
vernos quiere ilustrados;
porque tuvimos sabios y poetas
nos piden ciencia y canto;
y nosotros, en tanto,
¿mudos dejamos nuestras glorias quietas?
Juventud numerosa en torno veo
que en ardiente deseo
de aspirar a saber arde y se inflama;
juventud animosa
que vuela hoy presurosa
donde la voz de ilustración la llama.
No ha menester buscar en otro suelo
la juventud modelo
para trazar creaciones inmortales;
que en la ciudad oscura,
si adora la pintura,
tiene en soberbio altar al gran Morales.
Si de otros genios las carreras bellas,
quiere andar por sus huellas,
no ha menester cruzar tierras lejanas,
que un siglo solamente
presenta en nuestra gente
Donosos, Esproncedas y Quintanas.
En las armas, las letras y las artes,
cunden por todas partes,
de ingenios extremeños las victorias
y nuestros pueblos sólo
los más rudos del polo,
¿habrán de desdeñar tan altas glorias?
¡Tierra bendita, donde brotan, crecen,
se ensanchan y florecen
los más hermosos troncos de Castilla;
las fuerzas te ofrecemos
con que cultivo demos
a tu nueva y riquísima semilla!
Ábranse libros, ármense pinceles,
y acudan los donceles
en esta lid a conquistar hazañas;
y vosotras doncellas
no os esquivéis por bellas,
que ya no sois a este recinto extrañas.
En danzas y festines os han visto,
y no es, por Jesucristo,
la danza y el festín más inocente
que la bella pintura,
que la música pura,
y la rima sonora y elocuente.
Dejad atrás preocupaciones viejas,
dejad rancias consejas,
mostrad, si lo tenéis, ingenio hermoso;
que sólo el vicio feo,
y no el útil recreo
es en las damas malo y vergonzoso.
Venid, todos venid: de Extremadura
la capital oscura
a vindicar con vuestro celo ardiente:
y a esta ciudad ufana,
tal vez, puedan mañana
cuna llamar de la discreta gente.
¡Constancia! ¡aplicación! yo la primera
alumna placentera
vuestras lecciones aprender deseo,
y hoy con mi débil canto
por beneficio tanto,
saludo a los señores del Liceo.
Carolina Coronado
Al Liceo De Badajoz
la capital oscura
y a levantar en palmas, extremeños:
que, por Dios es vergüenza,
que otra ciudad nos venga
siendo de igual poder nosotros dueños.
Vamos a levantarla como espuma,
la pereza que abruma
los talentos brillantes sacudiendo;
y un mentís de tal modo
a dar al reino todo
que está de nuestra inercia sonriendo.
Porque los ojos fijos en la tierra,
que ilustre cuna encierra
del más valiente capitán del mundo,
España atentamente
siempre aguarda impaciente
nuevas llores de suelo tan fecundo.
Porque tuvimos héroes esforzados,
vernos quiere ilustrados;
porque tuvimos sabios y poetas
nos piden ciencia y canto;
y nosotros, en tanto,
¿mudos dejamos nuestras glorias quietas?
Juventud numerosa en torno veo
que en ardiente deseo
de aspirar a saber arde y se inflama;
juventud animosa
que vuela hoy presurosa
donde la voz de ilustración la llama.
No ha menester buscar en otro suelo
la juventud modelo
para trazar creaciones inmortales;
que en la ciudad oscura,
si adora la pintura,
tiene en soberbio altar al gran Morales.
Si de otros genios las carreras bellas,
quiere andar por sus huellas,
no ha menester cruzar tierras lejanas,
que un siglo solamente
presenta en nuestra gente
Donosos, Esproncedas y Quintanas.
En las armas, las letras y las artes,
cunden por todas partes,
de ingenios extremeños las victorias
y nuestros pueblos sólo
los más rudos del polo,
¿habrán de desdeñar tan altas glorias?
¡Tierra bendita, donde brotan, crecen,
se ensanchan y florecen
los más hermosos troncos de Castilla;
las fuerzas te ofrecemos
con que cultivo demos
a tu nueva y riquísima semilla!
Ábranse libros, ármense pinceles,
y acudan los donceles
en esta lid a conquistar hazañas;
y vosotras doncellas
no os esquivéis por bellas,
que ya no sois a este recinto extrañas.
En danzas y festines os han visto,
y no es, por Jesucristo,
la danza y el festín más inocente
que la bella pintura,
que la música pura,
y la rima sonora y elocuente.
Dejad atrás preocupaciones viejas,
dejad rancias consejas,
mostrad, si lo tenéis, ingenio hermoso;
que sólo el vicio feo,
y no el útil recreo
es en las damas malo y vergonzoso.
Venid, todos venid: de Extremadura
la capital oscura
a vindicar con vuestro celo ardiente:
y a esta ciudad ufana,
tal vez, puedan mañana
cuna llamar de la discreta gente.
¡Constancia! ¡aplicación! yo la primera
alumna placentera
vuestras lecciones aprender deseo,
y hoy con mi débil canto
por beneficio tanto,
saludo a los señores del Liceo.
Carolina Coronado
Versos Improvisados Con Varios Motivos La Empresa Del Ferrocarril De Extremadura
Esta joven nación, su tierra pura
os brinda a los amigos extranjeros
que lecciones la ofrecen de cultura:
por el terso carril marchen ligeros
los hijos de la rica Extremadura,
vuestras artes, y ciencias y portentos
a igualar y vencer con sus talentos.
¡O mi pueblo, sencillo patriarca
tan agreste pacífico y tan rudo,
de ferrados-carriles tu comarca
van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo
buey que sus pasos por minutos marca
¡rodará gran vapor!... ¿Quién tanto pudo?
¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento
pone a tan bella fábrica el cimiento?
Hay una tierra, en medio el Océano
donde O''Connell nació y a Byron cuenta,
¿qué reino hallar más fuerte y soberano
que la patria feliz que a ambos alienta?
Pues ya del genio y del poder Britano
tanto el raudal inmenso se acrecienta
que sus diques rompiendo a inundar pasa
el virgen suelo que de sed se abrasa.
Ya corren hasta aquí sus manantiales;
ya el campo bebe su copioso riego;
ya florecen brillando a sus cristales
el extremeño prado y el manchego.
¡Ay! los que tal pobreza y tantos males
en la guerrera lucha a sangre y fuego,
soportaron pacientes, ¿cómo ahora,
dicha comprenderán tan seductora?
Agriado el corazón por los azares,
perdida en desengaños la esperanza,
nada aguardamos ya sino pesares,
sólo en el mal tenemos confianza;
por eso hacia la gente de los mares
torva la vista, y suspicaz se lanza
y rechazando el bien porque suspira
responde el español: «Fraude, mentira».
Empero, no a los hijos de Bretaña
que nos tendieron las amigas manos
cuando el Coloso amenazó a la España
deben temer los nobles castellanos;
antes bien recordar la fiel campaña
que hicieron los dos reinos como hermanos
para que aliento infunda a la memoria
de Wellington su lauro y nuestra gloria.
¡Por qué ese recelar eterno y triste!
¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!
¡Por qué así nuestro espíritu reviste
con su negro color el blanco cielo!
Tal vez el hado en el rencor desiste
con que siguió nuestro cefrado suelo,
y su primer sonrisa alegremente
nos muestra en el camino reluciente.
¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!
¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes
pavimentos darán con su corteza,
moradas ornarán con sus ramajes!;
cuántos pueblos, alzando la cabeza
por contestar de Europa a los ultrajes
«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,
¡que nosotros estamos opulentos!»
Carolina Coronado
Versos Improvisados Con Varios Motivos La Empresa Del Ferrocarril De Extremadura
Esta joven nación, su tierra pura
os brinda a los amigos extranjeros
que lecciones la ofrecen de cultura:
por el terso carril marchen ligeros
los hijos de la rica Extremadura,
vuestras artes, y ciencias y portentos
a igualar y vencer con sus talentos.
¡O mi pueblo, sencillo patriarca
tan agreste pacífico y tan rudo,
de ferrados-carriles tu comarca
van a ornar, y ya en vez del torpe y mudo
buey que sus pasos por minutos marca
¡rodará gran vapor!... ¿Quién tanto pudo?
¿Qué impulso, qué vigor, qué movimiento
pone a tan bella fábrica el cimiento?
Hay una tierra, en medio el Océano
donde O''Connell nació y a Byron cuenta,
¿qué reino hallar más fuerte y soberano
que la patria feliz que a ambos alienta?
Pues ya del genio y del poder Britano
tanto el raudal inmenso se acrecienta
que sus diques rompiendo a inundar pasa
el virgen suelo que de sed se abrasa.
Ya corren hasta aquí sus manantiales;
ya el campo bebe su copioso riego;
ya florecen brillando a sus cristales
el extremeño prado y el manchego.
¡Ay! los que tal pobreza y tantos males
en la guerrera lucha a sangre y fuego,
soportaron pacientes, ¿cómo ahora,
dicha comprenderán tan seductora?
Agriado el corazón por los azares,
perdida en desengaños la esperanza,
nada aguardamos ya sino pesares,
sólo en el mal tenemos confianza;
por eso hacia la gente de los mares
torva la vista, y suspicaz se lanza
y rechazando el bien porque suspira
responde el español: «Fraude, mentira».
Empero, no a los hijos de Bretaña
que nos tendieron las amigas manos
cuando el Coloso amenazó a la España
deben temer los nobles castellanos;
antes bien recordar la fiel campaña
que hicieron los dos reinos como hermanos
para que aliento infunda a la memoria
de Wellington su lauro y nuestra gloria.
¡Por qué ese recelar eterno y triste!
¡Por qué en el porvenir tal desconsuelo!
¡Por qué así nuestro espíritu reviste
con su negro color el blanco cielo!
Tal vez el hado en el rencor desiste
con que siguió nuestro cefrado suelo,
y su primer sonrisa alegremente
nos muestra en el camino reluciente.
¡Cuánta prosperidad, cuánta grandeza!
¡Cuán fecundos los montes hoy salvajes
pavimentos darán con su corteza,
moradas ornarán con sus ramajes!;
cuántos pueblos, alzando la cabeza
por contestar de Europa a los ultrajes
«venid aquí —dirán— pueblos hambrientos,
¡que nosotros estamos opulentos!»
Carolina Coronado
En Un Álbum Donde Había Escrito Dumas Este Verso Francés
Dios me ayude para encontrar en España la palabra que busco
La palabra que Dumas no encontraba
es el nombre de ingrato, que merece;
España a Dumas de favor colmado
y él en pago la insulta y la escarnece.
Carolina Coronado
En El Álbum De Un Pedante
Qui tá haütes soun.
Doundines,
Qui tá haütes soun,
Doundoun,
M'empechen de béde
Mas amours oüin soun,
Doundene
Mas amours oün soun,
Doundoun.
Buen lector, si eso es francés
o griego, tú lo sabrás,
a mí me basta no más,
saber que epígrafe es.
Yo sé que presta grandeza
a toda composición
un extranjero renglón
colocado a la cabeza,
Y de un libro que no entiendo
ese pedazo copié
para que esplendor le dé
a lo que estoy escribiendo.
Si ésos son versos de Homero,
con que cite su poesía,
dirán que tiene la mía
mucho espíritu guerrero.
Si versos hebreos son
ese dundun y dundene
¡qué sabor bíblico tiene,
dirán, la composición!
Si de Virgilio ¡Oh ventura!
¡Qué armonía imitativa!
tendrán los versos que escriba!
¡Qué suavidad, qué dulzura!
No trace usted, D. Fermín,
por la Virgen, ni un renglón
sin tener a prevención
alguna cosa en latín.
Aunque ignore el castellano
ponga usted algo de griego,
buen amigo y deje luego
correr sin miedo la mano.
Si a un trozo de la Iliada
arrima sus garabatos,
no faltarán literatos
que le den una palmada.
¡Cómo si brotando, al fin,
bajo una hermosa palmera
menos miserable fuera
el espinillo ruin!
Mas pues así lo han dispuesto
los hombres de nuestros días,
ahí cuatro galimatías
escribo, y cumplo con esto.
Así de mi erudición
ninguno podrá dudar
cuando me vea citar
ese dundun o dondon,
Que no me importa que esté
en francés, árabe o chino:
yo en un viejo pergamino
lo vi escrito y lo copié.
Carolina Coronado
En Otro Fábula El Egoísmo
de su corral un granado
que era de aquel vecindado
envidia y admiración;
Pero tan pegado estaba
a la tapia que ceñía
el corral, que la vestía
con su verde y la entoldaba.
Y andando el tiempo llegó
a abrazarla, de tal modo
que con su ramaje todo,
al patio vecino dio.
Pablo al ver que ya sus brazos
hacia otro lado tendía,
por el mismo tronco un día
la cortó en dos hachazos.
—¡Hombre por qué le has cortado!
Exclamó un amigo, ¿di?
¿Qué mal te causaba allí
el tronco de ese granado?—
Un muchacho muy ladino
respondió, —no le estorbaba,
lo ha cortado porque daba
sus granadas al vecino.
Carolina Coronado
En Otro Fábula La Poetisa Y La Araña
a la luz que agitaba recio el viento
trasladaba al papel su pensamiento
una mujer, con mano presurosa.
A veces dél la blanca pluma alzaba,
y en alta voz lo escrito repetía,
y sus propios conceptos se aplaudía
y con su misma voz se enajenaba.
Canta a Napoleón, y la cantora
mira la tierra con desdén profundo
que entre sus manos, del Señor del mundo,
tiene la fuerte espada vencedora.
Una araña, que en viejo pergamino
ha tiempo que la escena ve curiosa,
discurre con idea maliciosa
tomar entre los versos su camino.
En tanto que su cuerpo columpiado
en las endebles cañas mueve aprisa,
oye el canto de guerra a la poetisa,
al héroe de la Francia consagrado;
Y cuando ve que en su entusiasmo toca
las nubes y hasta el cielo se levanta
las dos velludas patas adelanta
y en el papel osada las coloca...
Miró junto a sus manos espantada
la niña el negro insecto al pliego asido
y lanzando agudísimo gemido,
cayó de un golpe en tierra acobardada.
Soltó la risa la insolente araña
y exclamó con gozosa altanería:
«¡Que se rinda ante mí la que traía
al gran Napoleón a la campaña!»
Carolina Coronado
En Un Álbum De Una Dama De Lisboa El Terremoto De Lisboa
las casas se han movido en sus cimientos,
las piedras y columnas desprendidas
hieren los inseguros pavimentos.
¡Mirad!... Mirad los templos derrumbarse
en masas enormísimas despresos
que abajo con estruendo al desplomarse
estallan de mil víctimas los huesos...
Allá baja el anciano desplomado
de su morada envuelto entre el escombro,
allí el joven sostiene ensangrentado
el quebrantado cráneo sobre el hombro.
Allá prensada expira la doncella
bajo ruina, aquí piedra furiosa
la tierna boca del infante estrella
contra el seno materno en que reposa.
Allá generaciones desparecen
por horroroso incendio devastadas,
las negras llamas con el pasto crecen
de las hirvientes carnes abrasadas...
Ruinas, incendio, súplicas, gemidos
alzan un hondo prolongado trueno,
¡ruinas, incendios, llantos, alaridos
la tierra absorbe en su rasgado seno!
Cuando el estruendo horrible haya cesado,
cuando la luna venga tristemente
a visitar al pueblo sepultado,
veréis alzarse entre el escombro hirviente
Mil sombras que gimiendo errantes giran...
¡Oh... no huyáis... no tembléis!... no son los
muertos,
son huérfanos, son madres que suspiran
en torno a los sepulcros entreabiertos.
Carolina Coronado
Para El Álbum Poético A La Memoria Del Sr D Nicolás De Azara
¡Ay! ¡más corona a las naciones cara
es ésa que la gloria le prepara
con la punta sangrienta de su acero!
Tú, modelo del noble caballero,
orgullo y honra de tu estirpe clara,
tú has hecho que tu nombre, ilustre Azara,
venere el español y el extranjero.
Pero no porque el grito de la guerra
hiciste resonar con loca sana,
difundiendo el espanto en nuestra tierra,
Sino por dar a la infeliz España,
genio de diplomático eminente,
paz al furor de su irritada gente.
Carolina Coronado
Para El Álbum Poético A La Memoria Del Sr D Nicolás De Azara
¡Ay! ¡más corona a las naciones cara
es ésa que la gloria le prepara
con la punta sangrienta de su acero!
Tú, modelo del noble caballero,
orgullo y honra de tu estirpe clara,
tú has hecho que tu nombre, ilustre Azara,
venere el español y el extranjero.
Pero no porque el grito de la guerra
hiciste resonar con loca sana,
difundiendo el espanto en nuestra tierra,
Sino por dar a la infeliz España,
genio de diplomático eminente,
paz al furor de su irritada gente.
Carolina Coronado
En Un Álbum Portugués La Amapola De La Raya
del ámbito campestre que me encierra,
he visto el horizonte lusitano
lindando con los prados de mi tierra;
y he dibujado con mi propia mano
su hermoso valle y su cercana sierra
y he cogido las dobles amapolas
que ni son portuguesas ni españolas.
Una corona roja que mecía
la fresca brisa del humilde Caya,
de una amapola que nació en la raya
el nombre de ambos reinos confundía;
yo la tomé con súbita alegría
y deshojando su corola gaya
las hojas hice tremolar al viento
haciendo por su vida un juramento...
Juramento de dama que en las flores
deteniendo pueril su vaga idea
con la más olvidada se recrea
suspendida admirando sus colores;
juré que porque nacen las mejores
plantas sobre el arroyo que serpea
uniendo a Lusitania con Castilla
iba a llenar la raya de semilla.
¡Oh qué placer reproducir la planta
y verla florecer en primavera
a la orilla de plácida ribera
que con sus gotas puras la abrillanta!
¡Oh ya veréis entre sus brotes cuánta
amapola nos da la venidera
blanda estación, cuando ilumine el llano
nuestro sol español y lusitano!
Carolina Coronado
En Otro Traducido De Pastorini
tu bello cuerpo destrozado miro,
no es por ingratitud, es que un suspiro
me parece en tus hijos cobardía.
Trofeos de constancia y valentía
en tus ruinas orgullosa admiro,
pues dondequiera que la vista giro,
encuentro en tu peligro tu osadía.
Más que el triunfo valió tu sufrimiento,
y te vengaste bien del que te infama.
quedando destruida hasta el cimiento:
Así la libertad gozosa exclama
tus reliquias besando en las arenas:
ruinas... Sí; pero jamás cadenas.
Carolina Coronado
En Otro Traducido De Pastorini
tu bello cuerpo destrozado miro,
no es por ingratitud, es que un suspiro
me parece en tus hijos cobardía.
Trofeos de constancia y valentía
en tus ruinas orgullosa admiro,
pues dondequiera que la vista giro,
encuentro en tu peligro tu osadía.
Más que el triunfo valió tu sufrimiento,
y te vengaste bien del que te infama.
quedando destruida hasta el cimiento:
Así la libertad gozosa exclama
tus reliquias besando en las arenas:
ruinas... Sí; pero jamás cadenas.
Carolina Coronado
En Otro Traducido De Pastorini
tu bello cuerpo destrozado miro,
no es por ingratitud, es que un suspiro
me parece en tus hijos cobardía.
Trofeos de constancia y valentía
en tus ruinas orgullosa admiro,
pues dondequiera que la vista giro,
encuentro en tu peligro tu osadía.
Más que el triunfo valió tu sufrimiento,
y te vengaste bien del que te infama.
quedando destruida hasta el cimiento:
Así la libertad gozosa exclama
tus reliquias besando en las arenas:
ruinas... Sí; pero jamás cadenas.
Carolina Coronado
En Un Álbum Que Tenía Una Lámina Que Representaba A Los Ángeles Mirando Los Clavos Del Señor
Un Redentor el cielo les envía
y en la terrible cruz, dulce María,
clavan los hierros sus divinas manos;
mirad los hierros, y llorad, hermanos,
llorad por el dolor de su agonía
y con lágrimas laven nuestros ojos
los duros clavos en su sangre rojos.
Vino el profeta y su divino canto
los hombres del error no conocieron
y ese premio cruel los hombres dieron
al bueno, al justo, al virtuoso, al santo;
si podemos borrar con nuestro llanto
el crimen que los hombres cometieron,
con sus lágrimas laven nuestros ojos
los duros clavos en su sangre rojos.
Con estos clavos, infeliz memoria,
arrancados del cuerpo moribundo
ha escrito el pueblo ingrato y furibundo
del hijo del señor la eterna historia.
Él vino al mundo a conquistar su gloria,
con duros clavos se la paga el mundo
y es menester que laven nuestros ojos
los duros clavos en su sangre rojos.
Esto queda a la tierra del Mesías
los clavos nada más de su tormento
que a los hombres darán remordimiento
en cuanto duren sus penosos días;
huyamos de moradas tan sombrías
volemos de la gloria a nuestro asiento;
pero estos clavos en su sangre rojos
con sus lágrimas laven nuestros ojos.
Carolina Coronado
La Adoración De Los Pastores
a estremecerse van: sonó la hora.—
Grecia exhala gemido moribundo,
y corónase Roma vencedora.
¡Vana corona! espíritu infecundo,
la religión cruel y destructora
de ese pueblo tan sabio y tan valiente
no ha de salvar la humanidad doliente.
¿Qué nos importa ver cómo levanta
arcos eternos, templos inmortales,
si el falso Dios a quien adora y canta,
no ha de aliviar del corazón los males?
El egipcio también su eterna planta
imprime en los confines orientales
y artes y ciencias, con pasmoso yerro,
postra a la vil adoración de un perro.
¿Qué la inútil pirámide en la tierra
sino los templos de Atenas han logrado,
si el alma, triste en su perpetua guerra,
divina religión no han inspirado?
¿Qué vale ese poder que nos aterra,
en colosales piedras levantado,
si el consuelo, que aguardan tantos seres,
no han de darlo el orgullo y los placeres?
No basta que las águilas de Roma,
las poderosas alas extendiendo,
se bañen en el mar que hundió a Sodoma,
su plumaje hasta Iberia sacudiendo;
esas águilas, no: —Blanca paloma,
de las legiones entre el ronco estruendo,
descendiendo a los Líbanos de oriente,
vendrá a regenerar el occidente.
Hay en el Asia una comarca bella,
de montañas de cedros sombreada,
y ha dicho el ángel que esperemos de ella
la religiosa fuente deseada;
bajo aquel puro sol, casta doncella
vive tranquila, del Señor guardada,
y ha dicho el ángel, que en su limpio seno
se ha de engendrar al Dios paciente y bueno.
¿Dónde sino en la tierra del Profeta,
que habló con el Señor en la montaña,
y a su Ley reprimió la tribu inquieta,
ciega a los rayos de la luz extraña;
dónde sino en la tierra del poeta
patriarcal, y en la plácida cabaña,
del pastor inocente del carmelo,
pudiera colocar su cuna al cielo?
Glorifícate, pueblo de Judea,
tú fuiste del Señor el escogido:
perdió sus templos la ciudad hebrea,
la reina de las reinas ha caído;
tú cediste cobarde en la pelea,
las tablas de tus leyes se han perdido,
tu tribu en el desierto errante gime;
pero en ti nace el dios que nos redime.
Árabes, que cruzáis la seca arena,
hijos de Salomón, David, Elías,
suspended un instante la faena,
dejad el caminar para otros días:
el Jehová que diluvia, el Dios que truena,
el que abrasa ciudades, por impías,
otra vez a nosotros se aparece,
y a su anuncio la tierra se estremece.
Dejad en el desierto los camellos,
y en el río que baña a Galilea,
bajo la sombra de los cedros bellos,
aguardad a que el sol perdido sea;
mirad cómo se apagan sus destellos:
ya en los montes oculto centellea,
y vienen los pastores fatigados
hacia el redil trayendo sus ganados.
Ya hemos visto surgir tibio lucero;
la fresca brisa de la noche vuela,
y el can, de las ovejas compañero,
guarda inmutable a sus espaldas vela;
ya enciende la candela en el otero
el pastor y ya duerme la Gacela
y silencioso el valle inspira al alma
santo placer y religiosa calma.
Pero no suenan cantos celestiales,
ni la luna esta noche es más lucida
porque venga esta noche a los mortales
la aparición del ángel prometida:
a nosotros no más, a nuestros males,
no este gozo a los ángeles convida,
que gozosos están siempre en el ciclo,
y jamás necesitan de consuelo.
Nosotros solos al Señor que nace
himnos de regocijo preparemos;
si el ángel mudo a nuestras dichas yace,
nosotros por los ángeles cantemos:
y a la señal de su venida hace
la tierra, conmovida en sus extremos,
cual si la planta del Señor la hiriera
y el perdido equilibrio la volviera.
A un lado Babilonia, a otro Palmira.
Y más cerca Pentápolis y Tiro,
del Señor derribadas por la ira,
¡oh qué elocuencia dan a este retiro,
donde la Virgen lánguida suspira!
¡oh cómo el genio del Señor admiro.
Que nace humilde en estas soledades,
sepulcro de tan locas vanidades!
Desde que Dios creó la luz hermosa,
desde el diluvio que anegó al viviente,
no ha creado en su ciencia milagrosa
un prodigio el Señor más imponente;
la sombra de Moisés, sobre la losa
del desierto, se inclina reverente,
y por los valles del Jordán inquietas
se cruzan las de todos los profetas.
Tal vez en eco inteligible canta
esa turba de genios misteriosa,
y no entendemos su palabra santa
en el rumor del aura vagorosa;
del Líbano, tal vez, en la garganta
pulsa Daniel el arpa religiosa,
y al oír de la Virgen el gemido
«¡Hosanna!» entona «¡Hosanna!»
repetido.
... ¡Gracias, doliente y pálida María,
la más hermosa en la creación entera!
Como el dulce panal que Grecia cría,
tus blancos pechos son de miel y cera.
Cuando al dolor tu faz palidecía,
cuando lanzabas queja lastimera,
de la oscilante luz a los reflejos,
lloraban los pastores a lo lejos.
Sin púrpura, sin oro, entre las pajas,
sólo tus alas, tórtola amorosa,
prestan abrigo y delicadas fajas
al que ha de alzar bandera tan gloriosa;
así de Egipto en las arenas bajas
nace la escasa vena que ruidosa
pronto en inmenso Nilo convertida
inunda los desiertos atrevida.
Tú le nutres —los globos de tu seno
por la divina leche abastecidos,
como del cielo en el azul sereno
pálida luna, brillan conmovidos
por el amor materno; y junto al heno
contra los labios de Jesús unidos,
gota por gota el néctar le derraman
y al percibir su boca más se inflaman.
No sé pintar la suavidad preciosa
que presta la ternura a tu semblante
cuando inclinas la frente majestuosa
para besar sus labios anhelante;
la expresión de tus ojos luminosa.
Y de tus brazos la actitud amante
mira absorto el pastor, y a cada beso
redobla su atención y su embeleso.
No sé decir lo que mi pecho siente
al ver dormido en la pajiza cuna
al que Rey ha de ser de tanta gente,
que a su diadema igual no habrá ninguna;
no sé decir la admiración ferviente
con que miro a los rayos de la luna
su rubia sien, en donde la divina
flor de la eterna cristiandad germina...
¡Cuán grande vienes tú, señor, cuán puro!
¡Cuán pequeños y míseros nos hallas!
¡Cuán brillante es tu genio, y cuán oscuro
el genio que nos lanza a las batallas!
¡Cuán firme es tu bajel! ¡Cuán inseguro
el nuestro en ese mar! ¡Qué recias vallas
puede oponer tu ley a las pasiones!
¡Qué endebles nuestras frágiles razones!
Ven a escuchar los males que sufrimos,
ven a calmar las penas que lloramos;
hace ya mucho tiempo que nacimos
mucho tiempo, Señor, que te aguardamos;
a tu virtud, señor, sólo acudimos,
en tu saber tan sólo confiamos,
y cuanta fue mayor nuestra amargura,
esperamos de ti mayor dulzura.
A ti el justo, el sufrido, el virtuoso,
el regenerador, el fuerte, el sabio,
vendremos en tropel tumultuoso,
con el crimen, la pena y el agravio;
a ti el consolador, el generoso,
revelaremos con ingenuo labio
el llanto y los secretos torcedores
de nuestros más recónditos dolores.
En concierto, Señor, miles de bocas
vendremos a clamar a tus oídos;
en tu fe, como el águila en las rocas,
descansarán los ánimos rendidos;
necias quimeras, esperanzas locas,
desengaños y errores confundidos
desahogarán en ti su cauce humano,
cual los hinchados ríos de Océano.
¡Ay! Tú sabrás las hondas aflicciones
que tienen abrumadas nuestras vidas,
verás nuestros postrados corazones,
registrarás sus llagas escondidas;
tú del cuerpo infeliz de las naciones
desgarrarás las venas corrompidas,
¡y nueva sangre y nuevo movimiento,
les darás con tu sangre y con tu aliento!
Carolina Coronado
La Adoración De Los Pastores
a estremecerse van: sonó la hora.—
Grecia exhala gemido moribundo,
y corónase Roma vencedora.
¡Vana corona! espíritu infecundo,
la religión cruel y destructora
de ese pueblo tan sabio y tan valiente
no ha de salvar la humanidad doliente.
¿Qué nos importa ver cómo levanta
arcos eternos, templos inmortales,
si el falso Dios a quien adora y canta,
no ha de aliviar del corazón los males?
El egipcio también su eterna planta
imprime en los confines orientales
y artes y ciencias, con pasmoso yerro,
postra a la vil adoración de un perro.
¿Qué la inútil pirámide en la tierra
sino los templos de Atenas han logrado,
si el alma, triste en su perpetua guerra,
divina religión no han inspirado?
¿Qué vale ese poder que nos aterra,
en colosales piedras levantado,
si el consuelo, que aguardan tantos seres,
no han de darlo el orgullo y los placeres?
No basta que las águilas de Roma,
las poderosas alas extendiendo,
se bañen en el mar que hundió a Sodoma,
su plumaje hasta Iberia sacudiendo;
esas águilas, no: —Blanca paloma,
de las legiones entre el ronco estruendo,
descendiendo a los Líbanos de oriente,
vendrá a regenerar el occidente.
Hay en el Asia una comarca bella,
de montañas de cedros sombreada,
y ha dicho el ángel que esperemos de ella
la religiosa fuente deseada;
bajo aquel puro sol, casta doncella
vive tranquila, del Señor guardada,
y ha dicho el ángel, que en su limpio seno
se ha de engendrar al Dios paciente y bueno.
¿Dónde sino en la tierra del Profeta,
que habló con el Señor en la montaña,
y a su Ley reprimió la tribu inquieta,
ciega a los rayos de la luz extraña;
dónde sino en la tierra del poeta
patriarcal, y en la plácida cabaña,
del pastor inocente del carmelo,
pudiera colocar su cuna al cielo?
Glorifícate, pueblo de Judea,
tú fuiste del Señor el escogido:
perdió sus templos la ciudad hebrea,
la reina de las reinas ha caído;
tú cediste cobarde en la pelea,
las tablas de tus leyes se han perdido,
tu tribu en el desierto errante gime;
pero en ti nace el dios que nos redime.
Árabes, que cruzáis la seca arena,
hijos de Salomón, David, Elías,
suspended un instante la faena,
dejad el caminar para otros días:
el Jehová que diluvia, el Dios que truena,
el que abrasa ciudades, por impías,
otra vez a nosotros se aparece,
y a su anuncio la tierra se estremece.
Dejad en el desierto los camellos,
y en el río que baña a Galilea,
bajo la sombra de los cedros bellos,
aguardad a que el sol perdido sea;
mirad cómo se apagan sus destellos:
ya en los montes oculto centellea,
y vienen los pastores fatigados
hacia el redil trayendo sus ganados.
Ya hemos visto surgir tibio lucero;
la fresca brisa de la noche vuela,
y el can, de las ovejas compañero,
guarda inmutable a sus espaldas vela;
ya enciende la candela en el otero
el pastor y ya duerme la Gacela
y silencioso el valle inspira al alma
santo placer y religiosa calma.
Pero no suenan cantos celestiales,
ni la luna esta noche es más lucida
porque venga esta noche a los mortales
la aparición del ángel prometida:
a nosotros no más, a nuestros males,
no este gozo a los ángeles convida,
que gozosos están siempre en el ciclo,
y jamás necesitan de consuelo.
Nosotros solos al Señor que nace
himnos de regocijo preparemos;
si el ángel mudo a nuestras dichas yace,
nosotros por los ángeles cantemos:
y a la señal de su venida hace
la tierra, conmovida en sus extremos,
cual si la planta del Señor la hiriera
y el perdido equilibrio la volviera.
A un lado Babilonia, a otro Palmira.
Y más cerca Pentápolis y Tiro,
del Señor derribadas por la ira,
¡oh qué elocuencia dan a este retiro,
donde la Virgen lánguida suspira!
¡oh cómo el genio del Señor admiro.
Que nace humilde en estas soledades,
sepulcro de tan locas vanidades!
Desde que Dios creó la luz hermosa,
desde el diluvio que anegó al viviente,
no ha creado en su ciencia milagrosa
un prodigio el Señor más imponente;
la sombra de Moisés, sobre la losa
del desierto, se inclina reverente,
y por los valles del Jordán inquietas
se cruzan las de todos los profetas.
Tal vez en eco inteligible canta
esa turba de genios misteriosa,
y no entendemos su palabra santa
en el rumor del aura vagorosa;
del Líbano, tal vez, en la garganta
pulsa Daniel el arpa religiosa,
y al oír de la Virgen el gemido
«¡Hosanna!» entona «¡Hosanna!»
repetido.
... ¡Gracias, doliente y pálida María,
la más hermosa en la creación entera!
Como el dulce panal que Grecia cría,
tus blancos pechos son de miel y cera.
Cuando al dolor tu faz palidecía,
cuando lanzabas queja lastimera,
de la oscilante luz a los reflejos,
lloraban los pastores a lo lejos.
Sin púrpura, sin oro, entre las pajas,
sólo tus alas, tórtola amorosa,
prestan abrigo y delicadas fajas
al que ha de alzar bandera tan gloriosa;
así de Egipto en las arenas bajas
nace la escasa vena que ruidosa
pronto en inmenso Nilo convertida
inunda los desiertos atrevida.
Tú le nutres —los globos de tu seno
por la divina leche abastecidos,
como del cielo en el azul sereno
pálida luna, brillan conmovidos
por el amor materno; y junto al heno
contra los labios de Jesús unidos,
gota por gota el néctar le derraman
y al percibir su boca más se inflaman.
No sé pintar la suavidad preciosa
que presta la ternura a tu semblante
cuando inclinas la frente majestuosa
para besar sus labios anhelante;
la expresión de tus ojos luminosa.
Y de tus brazos la actitud amante
mira absorto el pastor, y a cada beso
redobla su atención y su embeleso.
No sé decir lo que mi pecho siente
al ver dormido en la pajiza cuna
al que Rey ha de ser de tanta gente,
que a su diadema igual no habrá ninguna;
no sé decir la admiración ferviente
con que miro a los rayos de la luna
su rubia sien, en donde la divina
flor de la eterna cristiandad germina...
¡Cuán grande vienes tú, señor, cuán puro!
¡Cuán pequeños y míseros nos hallas!
¡Cuán brillante es tu genio, y cuán oscuro
el genio que nos lanza a las batallas!
¡Cuán firme es tu bajel! ¡Cuán inseguro
el nuestro en ese mar! ¡Qué recias vallas
puede oponer tu ley a las pasiones!
¡Qué endebles nuestras frágiles razones!
Ven a escuchar los males que sufrimos,
ven a calmar las penas que lloramos;
hace ya mucho tiempo que nacimos
mucho tiempo, Señor, que te aguardamos;
a tu virtud, señor, sólo acudimos,
en tu saber tan sólo confiamos,
y cuanta fue mayor nuestra amargura,
esperamos de ti mayor dulzura.
A ti el justo, el sufrido, el virtuoso,
el regenerador, el fuerte, el sabio,
vendremos en tropel tumultuoso,
con el crimen, la pena y el agravio;
a ti el consolador, el generoso,
revelaremos con ingenuo labio
el llanto y los secretos torcedores
de nuestros más recónditos dolores.
En concierto, Señor, miles de bocas
vendremos a clamar a tus oídos;
en tu fe, como el águila en las rocas,
descansarán los ánimos rendidos;
necias quimeras, esperanzas locas,
desengaños y errores confundidos
desahogarán en ti su cauce humano,
cual los hinchados ríos de Océano.
¡Ay! Tú sabrás las hondas aflicciones
que tienen abrumadas nuestras vidas,
verás nuestros postrados corazones,
registrarás sus llagas escondidas;
tú del cuerpo infeliz de las naciones
desgarrarás las venas corrompidas,
¡y nueva sangre y nuevo movimiento,
les darás con tu sangre y con tu aliento!