Sociedad y el Mundo
Luis Cañizal de la Fuente
En El Trasmundo Tiembla Una Bombilla
hace diez años, sobre los papeles,
en figura cambiante de lo que nunca fuiste!:
ni pergamino casi transparente,
ni ternilla de un blanco repulsivo
ni trémula cuajada para fauces.
Luis Cañizal de la Fuente
Viseu - Visión
(pero no al diablo en los hedores), hasta el día
en que un dios descendió con su divina coima
a la Sé de Viseu, al sol del claustro
y a los olfatos de humildes oledores
que andaban por allí a lo que cayese,
o pedían a las bóvedas maná que contemplar,
o zurcían exasperados la tarde
o fregaban sus suelos cada hora:
a todos vino a visitar la celestial pareja
y para todos tuvo palabras de consuelo en forma olfativa.
Honraron los cuadros de santos con su sacra atención,
y un componente del perfume en cada uno
quedó:
a cáscara de plátano en la Visitación,
a cuello considerado en San Jerónimo
más una asturia complementaria en San Cosme y San Damián.
Cuando los visitantes quisieron gratificarse con un refrigerio de ambrosía,
todo el museo se preguntaba por lo que había visto,
por lo que había olido,
y subió al cielo de Viseu, en la placidez de la tarde,
un campaneo de lección mal aprendida por devotos torpes:
«¿A qué olía? Olía a gloria:
a cuero cabelludo,
a coelho cabeludo,
a cabelo coelhudo,
a loiro cabeçudo», y fue muy poco edificante
el cisma de dos feligresas a la greña
mientras el santo se les iba al cielo
y la santa a la tierra.
Luis Cernuda
Peregrino
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
Luis Cernuda
Peregrino
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.
Luis Cernuda
Limbo
A Octavio Paz
La plaza sola (gris el aire,
negros los árboles, la tierra
manchada por la nieve),
parecía, no realidad, mas copia
triste sin realidad. Entonces,
ante el umbral, dijiste:
viviendo aquí serías
fantasma de ti mismo.
Inhóspita en su adorno
parsimonioso, porcelanas, bronces,
muebles chinos, la casa
oscura toda era,
pálidas sus ventanas sobre el río,
y el color se escondía
en un retablo español, en un lienzo
francés, su brío amedrentado.
Entre aquellos despojos,
proyecto, el dueño estaba
sentado junto a su retrato
por artista a la moda en años idos,
imagen fatua y fácil
del dilettante, divertido entonces
comprando lo que una fe creara
en otro tiempo y otra tierra.
Allí con sus iguales,
damas imperativas bajo sus afeites,
caballeros seguros de sí mismos,
rito social cumplía,
y entre el diálogo moroso,
tú oyendo alguien me dijo: "Me ofrecieron
la primera edición de un poeta raro,
y la he comprado", tu emoción callaste.
Así, pensabas, el poeta
vive para esto, para esto
noches y días amargos, sin ayuda
de nadie, en la contienda
adonde, como el fénix, muere y nace,
para que años después, siglos
después, obtenga al fin el displicente
favor de un grande en este mundo.
Su vida ya puede excusarse,
porque ha muerto del todo;
su trabajo ahora cuenta,
domesticado para el mundo de ellos,
como otro objeto vano,
otro ornamento inútil;
y tú cobarde, mudo
te despediste ahí, como el que asiente,
más allá de la muerte, a la injusticia.
Mejor la destrucción, el fuego.
Luis Cernuda
El Andaluz
que templando repele,
es fuego con nieve
el andaluz.
Enigma al trasluz,
pues va entre gente solo,
es amor con odio
el andaluz.
Oh hermano mío, tú.
Dios, que te crea,
será quién comprenda
al andaluz.
Luis Cernuda
Los Marineros Son Las Alas Del Amor
son los espejos del amor,
el mar les acompaña,
y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
rubio es también, igual que son sus ojos.
La alegría vivaz que vierten en las venas
rubia es también,
idéntica a la piel que asoman;
no les dejéis marchar porque sonríen
como la libertad sonríe,
luz cegadora erguida sobre el mar.
Si un marinero es mar,
rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
no quiero la ciudad hecha de sueños grises;
quiero sólo ir al mar donde me anegue,
barca sin norte,
cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.
Luis Cernuda
Diré Cómo Nacisteis
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.
Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.
No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.
No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.
Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.
Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
Luis Cernuda
Diré Cómo Nacisteis
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.
Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.
No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacia las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.
No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.
Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.
Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis en una mano el misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
Luis Cernuda
Quisiera Estar Solo En El Sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
Luis Cernuda
Urbano Y Dulce Revuelo
suscitando fresca brisa
para sazón de sonrisa
que agosta el ardor del suelo;
pues si aquel mudo señuelo
de caña y papel, pasivo
al curvo desmayo estivo,
aún queda, brusca delicia,
la que abre tu caricia,
oh ventilador cautivo.
Luis Antonio de Villena
Me Busqué Y Me Rebusqué A Mí Mismo (heráclito)
¿O no está para ti ya atardecido todo?
Oscuridad que surca las calles y los montes,
olas de un mar frío, bajo filos de luna...
¿Este combate es la vida? ¿La espesura
y la lanza, los ponientes de bruma, el todos
contra todos, mientras pájaros sonríen y silban
las serpientes, rocas granates en un poniente frío?
¡Qué importaría el fin de todo, tan absurdo
y tan bello, como el adolescente que acaba con su vida!
Solo veo sombras y cansancio y muerte.
Sueño con un viaje infinito, un cómodo viaje
en un avión sin ruta, seminconsciente, sin puerto ni motivo...
Contra el odio, se nutre el corazón en lejanía.
Luis Antonio de Villena
Amor En Tiempos Sombríos
y palatales en eólico clásico. Mucho de Clemente
alejandrino
y Juan de la lengua de oro... Densos, afilados estudios...
Por eso ahora -al atardecer- abandonaba los viejos
libros e iba a las cuevas de billares de rock,
antros de cerveza y sortijas de plata, botas rudas,
y pelo cortado hasta un extremo paramilitar...
Primero le miraron asustados e irónicos, luego
vagamente agradecidos: ¿Qué
te ha dicho el marchoso?
Miraba el juego y ensoñaba. Imaginaba lo que nunca,
imposiblemente sería suyo. Hablaban lenguas
distintas, sintaxis descoyuntadas, pronunciaciones violentas.
Salvajes cálidos de un ritmo con pastillas y style="font-style: italic;">mais.
Miraba la vida que no era su vida, sino vivir muy puro.
Por eso dijo una tarde: Quiero que me acompañes,
Bur, y puedes ganarte quince talegos.
Y enrojeció su pelo en lo hondo del parque.
Y le tiznó el cuerpo desnudado de verde.
Y con un spray le aguzó el pene incandescente.
Grita, Bur, grita y salta. Grita como
si fueses
a matar a alguien, corriendo entre
los árboles...
Era una imagen dorada en el ocaso, una imagen
joven de carne salvaje y de sangre limpia.
Por la noche, solo en la libresca cueva,
el maestro escribió en griego ptolemaico:
Vió al sátiro. Vió al nictálope
sátiro.
Soñó en la ebria edad de Pan, libérrima.
algún día matará. Y fenecerá este mundo,
extenuado.
Luis Antonio de Villena
Amor En Tiempos Sombríos
y palatales en eólico clásico. Mucho de Clemente
alejandrino
y Juan de la lengua de oro... Densos, afilados estudios...
Por eso ahora -al atardecer- abandonaba los viejos
libros e iba a las cuevas de billares de rock,
antros de cerveza y sortijas de plata, botas rudas,
y pelo cortado hasta un extremo paramilitar...
Primero le miraron asustados e irónicos, luego
vagamente agradecidos: ¿Qué
te ha dicho el marchoso?
Miraba el juego y ensoñaba. Imaginaba lo que nunca,
imposiblemente sería suyo. Hablaban lenguas
distintas, sintaxis descoyuntadas, pronunciaciones violentas.
Salvajes cálidos de un ritmo con pastillas y style="font-style: italic;">mais.
Miraba la vida que no era su vida, sino vivir muy puro.
Por eso dijo una tarde: Quiero que me acompañes,
Bur, y puedes ganarte quince talegos.
Y enrojeció su pelo en lo hondo del parque.
Y le tiznó el cuerpo desnudado de verde.
Y con un spray le aguzó el pene incandescente.
Grita, Bur, grita y salta. Grita como
si fueses
a matar a alguien, corriendo entre
los árboles...
Era una imagen dorada en el ocaso, una imagen
joven de carne salvaje y de sangre limpia.
Por la noche, solo en la libresca cueva,
el maestro escribió en griego ptolemaico:
Vió al sátiro. Vió al nictálope
sátiro.
Soñó en la ebria edad de Pan, libérrima.
algún día matará. Y fenecerá este mundo,
extenuado.
Luis Antonio de Villena
Raso En La Autopista
las vacías autopistas que solitario
atraviesas en la cabina de un coche,
como si una soledad acristalada
permitiese la vida de los sueños, de las
niñas que mueren de amor ante los
cines, fuera del mundo, al borde de la noche.
Automóviles solos que en todos los moteles
hablan del saxo azul de los night-clubs,
de un silencio de seda, del fuego que
abrasa las tablas de la ley cuando
el malhechor —raso en la pechera— decide
ahogar su dolor en los cetáceos muertos,
en la pálida estrella que ve brillar
tras el arabesco del balcón en un
motel cualquiera...
Con el alba el claror redibuja un paisaje,
el cascote del día resuena contra el
níquel y hay olor a comienzo de caza
en los bares desiertos, desiertas avenidas...
Las sábanas entonces, al que tarde regresa,
le ofrecen dulzura de hierba cortada,
rocío en las hojas de los tréboles,
trinos de tordos que saludan al alba.
En tanto tú regresas, marchito el clavel
en la tersa solapa, dispuesto al sueño,
al olvido del dolor, al rubio olor del champaña...
Y mientras, las carreteras desenvuelven
las alfombras azules de la madrugada.
Luis Alberto de Cuenca
Línea Clara
no es comunicación, sino conocimiento,
y que sólo conoce quien renuncia a este mundo
y a sus pompas y obras —la amistad, la ternura,
la decepción, el fraude, la alegría, el coraje,
el humor y la fe, la lealtad, la envidia,
la esperanza, el amor, todo lo que no sea
intelectual, abstruso, místico, filosófico
y, desde luego, mínimo, silencioso y profundo—.
Dicen que hablamos claro, y que nos repetimos
de lo claro que hablamos, y que la gente entiende
nuestros versos, incluso la gente que gobierna,
lo que trae consigo que tengamos acceso
al poder y a sus premios y condecoraciones,
ejerciendo un servil e injusto monopolio.
Dicen, y menudean sus fieras embestidas.
Defiéndenos, Tintín, que nos atacan.
Luis Alberto de Cuenca
Soneto Del Amor De Oscuro
en la mesa de siempre me encontraste
y, sin mediar palabra, me quitaste
no sé si la cartera o si la vida.
Recuerdo la emoción de tu venida
y, luego, nada más. ¡Dulce contraste,
recordar el amor que me dejaste
y olvidar el tamaño de la herida!
Muerto o vivo, si quieres más dinero,
date una vuelta por la lencería
y salpica tu piel de seda oscura.
Que voy a regalarte el mundo entero
si me asaltas de negro, vida mía,
y me invaden tu noche y tu locura.
Luis Alberto de Cuenca
El Otro Barrio De Salamanca
que muy pocos conocen. Los habita una raza
de príncipes y reyes, de bardos y de brujos.
¡Subsuelo de las calles de Velázquez y Goya!
¡Océanos secretos de aguas centelleantes
bajo Lista y Serrano, Jorge Juan y Hermosilla!
¡Cúpulas, altas torres de ciudades de plata!
¡Palacios encantados, templos de mármol negro
debajo de la calle Don Ramón de la Cruz!
¡Odaliscas ocultas bajo las tuberías
del gas, en el asiento de la calle de Ayala!
Conozco a una doncella de ese mundo perdido
que me envía señales de humo por teléfono.
No consigue olvidar la ciencia de mis manos.
Luis Alberto de Cuenca
Evocación De Francisco Salas, Cosmógrafo
Llovía y navegaban hacia el Sur los navíos con algo de
tristeza en las miradas:
las cariátides de proa, suaves y melancólicas como una
antigua canción,
y las vinosas llanuras del recuerdo en la voz áspera del contramaestre.
Tierra firme y rojiza, patíbulos hirsutos, fortalezas insommes
de Basse-Terre,
como espectros surgidos de la más ambiciosa ghost story;
alineados delfines, disciplinadas orcas en el pulcro despacho de Levasseur,
y un viejo cielo añil entreverado de ángeles vudú.
Te alimentabas de cazabe y de naipes entonces,
revolvías en tu cabeza la idea del suicidio,
y el deseado cargamento de mujeres francesas no llegaba a alcanzar
las costas de tu isla.
Amigo de los desolados octubres,
pensabas un acantilado de esquirlas azuladas y de secretos.
Rumbo a Jamaica todos los hombres son iguales:
arabescos de encaje en las camisas de lino puro,
desnudo el pecho selvático, risueño el corazón;
la furia de los vientos apresada en el istmo por argonautas holandeses,
sobre lujosos alambiques marinos destilando la Historia.
Dibujaste simbólicos desdenes de piedra, de cristal,
ensenadas umbrías, altivos promontorios de silencio.
Era triste el lamento de tus pinceles en la bahía,
como una expedición a Maracaibo (sable desnudo, pólvora,
ese antiguo clamor resucitando la belleza del instante
con la fatalidad de los oráculos imprevistos).
Apenas llego a distinguir el perfil de tu críptica escritura.
No hay patente de corso que permanezca siempre.
El timón acelera los pulsos de tus sienes:
sólo queda morir de fiebre o de alegría en las heladas
playas del misterio.
Luis Alberto de Cuenca
Marooned
Escasea el bucán en los depósitos de la Cofradía.
Venías de los Mabinogion.
You lov'd me like a mist junto a los pumas de la noche.
Entre el estruendo de las baterías españolas.
El látigo del ron en la garganta.
La vergonzosa fuga del enemigo.
El fin de un gobernador cobarde.
Feliz balance en Puerto Bello.
Consumar con el sol una jornada victoriosa.
Enarbolaste la bandera negra de Némesis.
Me sentía orgulloso de tu valor.
Y en la choza besar tus labios
y sentirme otra vez marooned.
Luis Alberto de Cuenca
Marooned
Escasea el bucán en los depósitos de la Cofradía.
Venías de los Mabinogion.
You lov'd me like a mist junto a los pumas de la noche.
Entre el estruendo de las baterías españolas.
El látigo del ron en la garganta.
La vergonzosa fuga del enemigo.
El fin de un gobernador cobarde.
Feliz balance en Puerto Bello.
Consumar con el sol una jornada victoriosa.
Enarbolaste la bandera negra de Némesis.
Me sentía orgulloso de tu valor.
Y en la choza besar tus labios
y sentirme otra vez marooned.
Julián del Casal
Neurosis
De los cabellos color de aurora
Y las pupilas de verde mar,
Entre cojines de raso lila,
Con el espíritu de Dalila,
Deshoja el cáliz de un azahar.
Arde a sus plantas la chimenea
Donde la leña chisporrotea
Lanzando en tono seco rumor,
Y alzada tiene su tapa el piano
En que vagaba su blanca mano
Cual mariposa de flor en flor.
Un biombo rojo de seda china
Abre sus hojas en una esquina
Con grullas de oro volando en cruz,
Y en curva mesa de fina laca
Ardiente lámpara se destaca
De la que surge rosada luz.
Blanco abanico y azul sombrilla,
Con unos guantes de cabritilla
Yacen encima del canapé,
Mientras en la tapa de porcelana,
Hecha con tintes de la mañana,
Humea el alma verde del té.
Pero ¿qué piensa la hermosa dama?
¿Es que su príncipe ya no la ama
Como en los días de amor feliz,
O que en los cofres del gabinete
Ya no conserva ningún billete
De los que obtuvo por un desliz?
¿Es que la rinde cruel anemia?
¿Es que en sus búcaros de Bohemia
Rayos de luna quiere encerrar,
O que, con suave mano de seda,
Del blanco cisne que ama Leda
Ansía las plumas acariciar?
¡Ay! es que en horas de desvarío
Para consuelo del regio hastío
Que en su alma esparce quietud mortal,
Un sueño antiguo le ha aconsejado
Beber en copa de ónix labrado
La roja sangre de un tigre real.
Julián del Casal
La Cólera Del Infante
Que incendia el Sol de vivos resplandores,
Mientras la brisa de la tarde arroja,
Sobre el tapiz de pálidos colores,
Pistilos de clemátides fragantes
Que agonizan en copas opalinas
Y esparcen sus aromas enervantes
De la regia mansión en las cortinas,
Está el Infante en su sitial de seda,
Con veste azul, flordelisada de oro,
Mirando divagar por la alameda
Niños que juegan en alegre coro.
Como un reflejo por oscura brasa
Que se extingue en dorado pebetero,
Por sus pupilas nebulosas pasa
La sombra de un capricho pasajero
Que, encendiendo de sangre sus mejillas
Más pálidas que pétalos de lirios,
Hace que sus nerviosas manecillas
Muevan los dedos, largos como cirios,
Encima de sus débiles rodillas.
—¡Ah!, quién pudiera, en su interior exclama,
Abandonar los muros del castillo;
Correr del campo entre la verde grama
Como corre ligero cervatillo;
Sumergirse en la fresca catarata
Que baja del palacio a los jardines,
Cual alfombra lumínica de plata
Salpicada de nítidos jazmines;
Perseguir con los ágiles lebreles,
Del jabalí las fugitivas huellas
Por los bosques frondosos de laureles;
Trovas de amor cantar a las doncellas,
Mezclarse a la algazara de los rubios
Niños que, del poniente a los reflejos,
Aspirando del campo los efluvios,
Veo siempre jugar, allá a lo lejos,
Y a cambio del collar de pedrería
Que ciñe a mi garganta sus cadenas,
Sentir dentro del alma la alegría
Y ondas de sangre en las azules venas.
Habla, y en el asiento se incorpora,
Como se alza un botón sobre su tallo;
Mas, rendido de fiebre abrasadora,
Cae implorando auxilio de un vasallo,
Y para disipar los pensamientos
Que, como enjambre súbito de avispas
Ensombrecen sus lánguidos momentos,
Con sus huesosos dedos macilentos
Las perlas del collar deshace en chispas.
Julián del Casal
A Un Héroe
Que arrastra de la mar por los eriales
Su vientre hinchado de oro y de corales,
Con rumbo hacia las playas españolas,
Y, al arrojar el áncora en las olas
Del puerto ansiado, ve plagas mortales
Despoblar los vetustos arrabales
Vacío el muelle y las orillas solas;
Así al tornar de costas extranjeras,
Cargado de magnánimas quimeras,
A enardecer tus compañeros bravos,
Hallas sólo que luchan sin decoro
Espíritus famélicos de oro
Imperando entre míseros esclavos.