Otros
Gabino-Alejandro Carriedo
Mirando Hacia Atrás Sin Ira
por el barrio bajo de los recuerdos
que no se olvidan ni periclitan.
Inmarcesibles, estos recuerdos
le traen fragancias de la primavera,
otrora era la hora de las esperanzas
ilusionadas que sí terminan.
Otrora era la alegría de amanecer,
despertar al alba de cada día.
Solía entonces besar el espejo
y me adentraba en la calle del amor.
Entonces no el cansancio, el tedio;
no el hastío tampoco entonces, no.
Cada hora alumbraba a otra hora
y les nacían alas a los pájaros.
Pudo haber sido duque, marqués o peregrino
y sólo fue hermeneuta incomprensible;
¿para qué, pues, el torpe hábito
de perseguir la inútil realidad?
En el centro del astro-rey un punto
señala el vórtice de su destino.
¿Todo ha pasado ya? ¿No hay nada
predecible en las cartas del tarot?
¿No hay nada que soñar? Tal vez no queda
ni la esperanza póstuma del sueño.
Gabino-Alejandro Carriedo
Así De Sencillo
que observa en la rama
teme, madre, por mí
Si no me quita ojo
(el pájaro)
desde su observatorio
Si, todavía más,
no frunce el ceño, parece
como si disecado
Y si, madre, ocurriera
que el pájaro callara,
algo falla en lo oscuro
Y, madre, si ese pájaro
no existe, es sólo sombra
impalpable, implacable
Entonces reza por mi alma.
Se habrá abierto la tierra
y todo, madre, de luto
Gabino-Alejandro Carriedo
Aquilo Que Eu Sou
Se quiserem saber quem sou
—Não sei quem sou.CARLOS NEJAR
Um projecto de existência
consubstancial ao pó,
um impulso instintivo,
um ríctus fundamental
de hesitação.
No limiar rarefeito
da minha caminhada,
um homem só,
o mais efémero,
como no dizer de Rilke.
Embora seja oclusivo
ea descida forçosa,
preciso é pesquisar
a origem para despir
o próprio ser.
A tarefa é portanto
desmascarar o mundo
e suas lacras.
Redimir mesmo nos seres
sua consciência esquecida.
Proceder ao inventário
da humana condição,
quer dizer, rodopiar
a linguagem dos conceitos,
pura metamorfose.
Ou melhor: redescobrir
as relações enigmáticas
do simples acto de existir
no exacto do facto
para lá dos parâmetros comuns.
Daí que isto pareça obscuro
aqueles que não sabem ler.
A simbiose dos relógios
numa história em mudança
que apodrece o trajecto.
Porque em verdade acontece
que as coisas nao sao mudas;
as coisas falam;
têm sua própria voz:
a da epiderme das pedras.
O homem só reflecte a assonância
das palavras cunhadas pelas coisas,
onde as formas se confundem
com as vivencias dos viventes
nos traços de um labirinto.
A palavra sòmente
propõe e dimensiona
as sílabas que vou pondo
naquela classe de livro
tão obsessivamente laborado.
A reinvenção do homem
sem salvação apenas.
Se o mundo é quase um caos,
vão manter-se as dirimências
entre o homem e o mundo?
Empenhar-se no esforço
de restaurar os sonhos,
é a teoria das espécies,
o contrato intuitivo
entre o homem e o mundo?
Um louco a procurar
as razões da vida,
mesmo da inútil criação,
mais seus deuses possíveis,
isso é o que eu sou.
Gabino-Alejandro Carriedo
Aquilo Que Eu Sou
Se quiserem saber quem sou
—Não sei quem sou.CARLOS NEJAR
Um projecto de existência
consubstancial ao pó,
um impulso instintivo,
um ríctus fundamental
de hesitação.
No limiar rarefeito
da minha caminhada,
um homem só,
o mais efémero,
como no dizer de Rilke.
Embora seja oclusivo
ea descida forçosa,
preciso é pesquisar
a origem para despir
o próprio ser.
A tarefa é portanto
desmascarar o mundo
e suas lacras.
Redimir mesmo nos seres
sua consciência esquecida.
Proceder ao inventário
da humana condição,
quer dizer, rodopiar
a linguagem dos conceitos,
pura metamorfose.
Ou melhor: redescobrir
as relações enigmáticas
do simples acto de existir
no exacto do facto
para lá dos parâmetros comuns.
Daí que isto pareça obscuro
aqueles que não sabem ler.
A simbiose dos relógios
numa história em mudança
que apodrece o trajecto.
Porque em verdade acontece
que as coisas nao sao mudas;
as coisas falam;
têm sua própria voz:
a da epiderme das pedras.
O homem só reflecte a assonância
das palavras cunhadas pelas coisas,
onde as formas se confundem
com as vivencias dos viventes
nos traços de um labirinto.
A palavra sòmente
propõe e dimensiona
as sílabas que vou pondo
naquela classe de livro
tão obsessivamente laborado.
A reinvenção do homem
sem salvação apenas.
Se o mundo é quase um caos,
vão manter-se as dirimências
entre o homem e o mundo?
Empenhar-se no esforço
de restaurar os sonhos,
é a teoria das espécies,
o contrato intuitivo
entre o homem e o mundo?
Um louco a procurar
as razões da vida,
mesmo da inútil criação,
mais seus deuses possíveis,
isso é o que eu sou.
Gabino-Alejandro Carriedo
Castilla
amarilla
amor de arcilla
Castilla
Llana dura
andadura
honda y dura
llanura
Castilla
mar de arcilla
amarilla
Si hembra
Siembra
Si cosecha
cosa hecha
Mar de arcilla
Castilla
casta astilla
amarilla
Honda y dura
llanura
llana y dura
andadura
Amor de arcilla
si hembra
siembra
Castilla
Si siega dura
cosecha
cosa hecha
asegura
Gabino-Alejandro Carriedo
La Mano
(Bourdelle)
Apoyada en el cosmos,
la mano se hace móvil
modulación, trabaja
para no diluirse.
Crea formas y leyes
que se van conjugando,
dinámica energía
que la vida prolonga.
La mano: ese misterio
de expresión, esa mente
manual que todo lo hace:
ella inicia la acción.
Mente lúcida, invero-
símilmente perfecta,
la mano es una máquina
en constante vigilia.
Gabino-Alejandro Carriedo
La Mano
(Bourdelle)
Apoyada en el cosmos,
la mano se hace móvil
modulación, trabaja
para no diluirse.
Crea formas y leyes
que se van conjugando,
dinámica energía
que la vida prolonga.
La mano: ese misterio
de expresión, esa mente
manual que todo lo hace:
ella inicia la acción.
Mente lúcida, invero-
símilmente perfecta,
la mano es una máquina
en constante vigilia.
Gabino-Alejandro Carriedo
Honestidad Y Cometido Del Arquitecto Antonio Miró
con las lentes de su bondad
lento mirar hacia la altura
que el edificio crece sin cesar
miró Miró la gente dura
parapetada en su vanidad
la vio pequeña de estatura
genitiva negativa letal
miró Miró la regla pura
para su cálculo racional
reglamentando la textura
de esta función fundamental
miró Miró con voz oscura
desde su telescopio catalán
y vio la vida por ventura
como es: arte y oficio de cristal
Gabino-Alejandro Carriedo
Honestidad Y Cometido Del Arquitecto Antonio Miró
con las lentes de su bondad
lento mirar hacia la altura
que el edificio crece sin cesar
miró Miró la gente dura
parapetada en su vanidad
la vio pequeña de estatura
genitiva negativa letal
miró Miró la regla pura
para su cálculo racional
reglamentando la textura
de esta función fundamental
miró Miró con voz oscura
desde su telescopio catalán
y vio la vida por ventura
como es: arte y oficio de cristal
Gabino-Alejandro Carriedo
Alvar Aalto
con tus maderas alabeadas
y tus sillas de sentar.
Alvar Aalto: nos conmueve
la pura serenidad
de las cubiertas angulares
de tu casa boreal.
Alvar Aalto: es que quizás
el vuelo alado de tus pájaros
se reproduce intemporal,
puro elemento de arte lírica
triangular.
Alvar Aalto: esta hermenéutica
de meta filosofal
y erectos pinos rojos,
vendrá —¿o no vendrá?,
con sus pulidos paramentos
a ser retablo popular.
Alvar Aalto: en el impar
lienzo del lago húmedo
el bosque humano está detrás.
Así tu genio bate
un mudo abeto en el cristal
y se hace pura geofonía
en el paisaje dominical.
Alvar Aalto: el arquitecto
del más vecino más allá.
Tu poesía escandinava
de colectiva intimidad
aún es intacta y blanca nieve,
aún es materia intacta, albar.
La arquitectura de Alvar Aalto,
textura de arco en alto altar.
Gabino-Alejandro Carriedo
Alvar Aalto
con tus maderas alabeadas
y tus sillas de sentar.
Alvar Aalto: nos conmueve
la pura serenidad
de las cubiertas angulares
de tu casa boreal.
Alvar Aalto: es que quizás
el vuelo alado de tus pájaros
se reproduce intemporal,
puro elemento de arte lírica
triangular.
Alvar Aalto: esta hermenéutica
de meta filosofal
y erectos pinos rojos,
vendrá —¿o no vendrá?,
con sus pulidos paramentos
a ser retablo popular.
Alvar Aalto: en el impar
lienzo del lago húmedo
el bosque humano está detrás.
Así tu genio bate
un mudo abeto en el cristal
y se hace pura geofonía
en el paisaje dominical.
Alvar Aalto: el arquitecto
del más vecino más allá.
Tu poesía escandinava
de colectiva intimidad
aún es intacta y blanca nieve,
aún es materia intacta, albar.
La arquitectura de Alvar Aalto,
textura de arco en alto altar.
Gabino-Alejandro Carriedo
Pequeña Elegía A Manolo Rueda
Condenado a muerte y fusilado a los 17 años
Por aquí dicen que apareció su cadáver
y olía mi corazón a cementerio.
Bajo las charcas húmedas en la distancia
se pusieron las ranas a llorar.
Apenas había amanecido y el aire tenía
una tristeza trágica, infinita,
una tristeza como de pozo,
como de mar que se retira, como de ruina que se hunde,
como de corazón que ya no crece.
Fue aquélla la última vez. Las rosas mojadas,
qué bien olían, Dios. La geografía se iba quemando
al tiempo que los muebles y las horas.
Y la sangre nos golpeaba las sienes,
y la vergüenza nos subía a las mejillas,
y la rabia a los puños,
pero todo era inútil.
Pero todo fue inútil, porque
debajo de la tumba que nadie sabe
hoy los huesos de muchos se juntan con los tuyos.
Parecía imposible, cosa de broma, pero ahí está
tu calavera que todavía se horroriza.
Ahí está tu podredumbre para testimoniarlo,
tu juventud tronchada preguntando razones,
tu vivo idioma permanente
pidiendo un puesto en las tribunas.
El agua rueda al mar, y los amigos
de la escuela te colocamos flores
sobre el jardín de nuestros juegos
que una mañana se bañó de pólvora.
Gabino-Alejandro Carriedo
Existo Por Milagro
Un miércoles recuerdo que iba yo de paseo
y se me posó una paloma en el pecho.
La paloma, blanca, tenía un tamaño gigantesco
y era como si un agua torrencial lloviese desde el cielo,
o lo mismo, tal vez, acaso, que un incendio
con las llamas subiendo hasta el techo,
o lo mismo, tal vez, acaso, que mi pelo
puesto a secar sobre el terreno,
o como la niña aquella que conocí en el pueblo,
y que luego volví a ver en el huerto
trabajando la tierra y preservándose del sol con un sombrero.
Aquella niña dicen que era prima mía,
pero también recuerdo
que la paloma no me cabía dentro,
y que todo era como si el agua siguiera cayendo
torrencialmente por mi pelo.
Y yo subía al monte despacito,
veía el mar a lo lejos
ya mi lado las vacas comiendo
debajo de los pinos del sendero.
Luego llegó el caballo y trotando me llevó de nuevo
a aquella mágica alquería donde pasé mucho tiempo
leyendo y escribiendo,
meditando en silencio,
como dicen que hacen los que a morir se preparan
cuando, por si acaso, pronuncian un rezo
para tener a los ángeles y los santos con ellos.
Otro miércoles más y yo estaría muerto.
Gabino-Alejandro Carriedo
Breve Historia De Los Muertos
en el transcurso de las santas noches.
Llevan como un son lento de campanas
en las peladas piernas
y, si hablan, aseguran que hay un mundo
que nadie conocemos.
Vienen de lejos y andan por las trochas
como dolientes algas;
verdes están los hombres que murieron
lo mismo que estálo el río;
guardan recuerdos que no olvidan
y, lentos, cruzan lentamente
aquella esquina oscura que descubren,
aquella calle fría y solitaria
el patio aquel de la mansión,
el corredor envuelto en nubes,
la habitación aquella en que soñaron,
la vida toda, espeluznante y tonta.
Los muertos salen por la noche
acicalados y recién planchados
y con temor se acercan de hacer ruido
para tocar la silla en que sentaban,
la mesilla de noche y el tintero
y hasta el plumero para el polvo.
Luego, como si nada sucediera o hubiera
sucedido una vez,
abren las cartas que llegaron tarde,
concluyen la lectura del periódico
del día de su fallecimiento,
hurgan un poco en la despensa,
contemplan a los hijos que reposan
y se van por la puerta, sigilosos,
un algo tristes, pero confortados
porque no hay novedad, porque aun sin ellos,
parece que todo marcha,
pues está recogida la cocina
y el grifo no gotea.
Gabino-Alejandro Carriedo
A Veces, Cuando Llueve
y entonces pienso que el gentío se moja.
Se siente frío, es la verdad, no todos
comprenden que estar solo no es alegre.
A veces llueve, es cierto, en la alameda
donde los chicos juegan en verano
con sus fusiles que recuerdan cosas
que nunca quiero recordar ni debo.
A veces es abril; otras, otoño.
A veces cuando escribo a la familia
o bien sentado sueño en la ventana,
contemplo cómo pastan las ovejas.
Y a veces me despeno cuando llueve;
entonces me imagino en la colina
con la paz en los ojos divisando
la tranquila ciudad que abraza el Duero.
Pero estoy en la cama simplemente
y escuchando llover tras los cristales
con una soledad no compartida
que nunca puedo digerir del todo.
Dibujo —entonces, seres no nacidos
que buscan a su padre en mi despensa,
figuras de latón junto a la estufa,
madres que hacen carbón con los cartones.
A veces, cuando llueve, no distingo
la luz pintada y, entre tanto, nada
me impide ver el mundo y su amargura,
la vida y su desnuda realidad.
Pero a veces, también, contemplo el mundo,
cuando llueve, con ojos comedidos,
y leyendo los diarios de la tarde
las horas paso haciendo crucigramas.
Cuando llueve es mejor poner la Radio
Nacional y escuchar al locutor:
un pato que se ha ahogado en el estanque
y un discurso del Papa alas monjitas;
una revista en el Martín, pantanos
que se inauguran cada dos por tres,
una venta de restos post-balance,
Gibraltar, muebles López y un refresco.
Pero a veces, también, y cuando llueve
contemplo que no hay cómodas ni mesas
en la casa, ni nadie que te mire
con ternura y te vele por la noche;
ni leche que tomar por la mañana
cuando. despiertas, como en un susurro,
ni quien —novia— te dé los buenos días
ni nada cuando llueve en el alféizar.
Por eso lloro amargamente entonces...
Gabino-Alejandro Carriedo
Abierta Está Mi Puerta
taimadamente corta y recubierta
de una parte de vida medio muerta
confabulada para nunca verte.
Abierto mi dolor a este amor fuerte
y esta emoción a tu ilusión abierta.
Mujer o enigma de la abierta puerta,
mira mi vaso que a tu vena vierte.
Desierta nave por mi canto riza
concierto extraño pronunciado lejos
y espigas lloro cada vez que escucho.
La puerta abierta hacia tu ser desliza
la rota gota en luz de los espejos
con que desesperadamente lucho.
Gabino-Alejandro Carriedo
Mensaje Desde La Ciudad
«Desde la entraña se elevó mi grito»
Dámaso alonso
Me inicio en tu dolor en esta noche
preñada de delirios y silencios.
Te encuentro traspasada en ese río
que pasa por debajo de nosotros.
Adivino el secreto de tu sombra,
de tus meditaciones solitarias
y palpo tu ansiedad, bebo la sangre
de tus desentrañadas amarguras.
No me digas que no, que yo estoy lejos
de ti, que no podría comprenderte,
que yo no puedo trasladar tu llanto
—ese llanto que nadie ha sorprendido—
hasta el exhausto mar de mis pupilas.
Que yo solo te sé tan torturada
por el infierno eterno que te quema
y quiero hacerte mía en el delirio
de esta noche preñada de silencios.
Gabino-Alejandro Carriedo
Envío A Carlos Edmundo En Esta Hora Precursora Del Silencio
el imberbe barbado, el verde monje,
mira por dónde estoy, tú, el que me miras
con los ojos perversos, tú, el incauto!
¡Oh, amigo, el de las pronas multitudes,
el de comer terreno a los pinares!
¿Sabes dónde están, tú, las madreselvas,
dónde el cierzo de marzo, dónde, dime?
Por los muros de todos los retretes
está escrito mi nombre; en los caminos
están las ramas de este arbusto seco,
¡y tú me has preguntado todavía!
¡Oh, amigo, el boquiabierto, el almenado,
el que ha manado luz, el sudoroso,
el oso que se escuda y aparece
gentil pasando láminas y pájaros!
Tú, el que anochece con el sol tardío,
mezcla de papa y moscas. ¡Pena impune!
¡Oh, liso pope de epopeya y gallo
que puso encima de las crestas cristos!
Te diré mi secreto: estoy contrito,
un mito me acontece y me destroza,
persevero en el éxtasis y arguyo
que los ancianos piensan margaritas.
Una cosa es verdad: que la mar crece,
que el llanto es puntiagudo y que la arcilla
es fábula no hablada, es pino seco,
es moco de titanes y es tiniebla.
Ven que te cuente el sucedido innoble,
el dicho y hecho en caridad, el sísmico
batir alas del cerdo, el holocausto
verdinegro de todas las criaturas.
Oh, amigo, el que pulsaba los rabeles
con hilos de su pelo, el tenebroso
que tiene brasas en los dedos, dados
para jugar al rododendro, ¡escucha!
Gustavo Adolfo Bécquer
Fingiendo Realidades
con sombra vana,
delante del Deseo
va la Esperanza.
Y sus mentiras,
como el fénix, renacen
de sus cenizas.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Lxxvi
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.
Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio.
Del cuerpo abandonado,
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito.
De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.
Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
don ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra,
y que en sueños veía el paraíso.
Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío
con el callado paso que llegamos
junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento,
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío,
en el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
para la que un instante son los siglos...
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Lxxvi
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios.
Las manos sobre el pecho,
y en las manos un libro,
una mujer hermosa reposaba
sobre la urna, del cincel prodigio.
Del cuerpo abandonado,
al dulce peso hundido,
cual si de blanda pluma y raso fuera
se plegaba su lecho de granito.
De la sonrisa última
el resplandor divino
guardaba el rostro, como el cielo guarda
del sol que muere el rayo fugitivo.
Del cabezal de piedra
sentados en el filo,
don ángeles, el dedo sobre el labio,
imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta;
de los arcos macizos
parecía dormir en la penumbra,
y que en sueños veía el paraíso.
Me acerqué de la nave
al ángulo sombrío
con el callado paso que llegamos
junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento,
y aquel resplandor tibio,
aquel lecho de piedra que ofrecía
próximo al muro otro lugar vacío,
en el alma avivaron
la sed de lo infinito,
el ansia de esa vida de la muerte
para la que un instante son los siglos...
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Lxxiv
desnudas las espaldas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen
que en leve ensueño pasa,
como rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba.
Mas ¡ay! que, de los ángeles,
parecían decirme las miradas:
—El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Lxxiv
desnudas las espaldas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen
que en leve ensueño pasa,
como rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba.
Mas ¡ay! que, de los ángeles,
parecían decirme las miradas:
—El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa.
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima Lxxi
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.
Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.
De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.
En este punto resonó en mi oído
un rumor semejante al que en el templo
vaga confuso al terminar los fieles
con un Amén sus rezos.
Y oí como una voz delgada y triste
que por mi nombre me llamó a lo lejos,
¡y sentí olor de cirios apagados,
de humedad y de incienso!
Entró la noche y del olvido en brazos
caí cual piedra en su profundo seno.
Dormí y al despertar exclamé: —¡Alguno
que yo quería ha muerto!