Poemas en este tema
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Carolina Coronado
En Un Álbum De Una Dama Con Genio Y Sin Pretensión
De ti, señora, me contó la fama
que con ingenio vivo y alma inquieta
renuncias a la gloria del poeta
por no arriesgar el de modesta dama:
Pero dicen también que el Dios del arte
al verte abandonar su templo santo
sintió la ausencia de tu ingenio tanto
que a los poetas ordenó cantarte.
Uno por uno con afán, señora,
de Apolo te transmiten los favores,
y yo también aunque infeliz cantora
vengo a ofrecer a tu corona flores.
Admite entre el laurel y la violeta
este ramo no más de siemprevivas;
aunque por ser modesta nada escribas,
siempre tendrás renombre de poeta.
que con ingenio vivo y alma inquieta
renuncias a la gloria del poeta
por no arriesgar el de modesta dama:
Pero dicen también que el Dios del arte
al verte abandonar su templo santo
sintió la ausencia de tu ingenio tanto
que a los poetas ordenó cantarte.
Uno por uno con afán, señora,
de Apolo te transmiten los favores,
y yo también aunque infeliz cantora
vengo a ofrecer a tu corona flores.
Admite entre el laurel y la violeta
este ramo no más de siemprevivas;
aunque por ser modesta nada escribas,
siempre tendrás renombre de poeta.
593
Carolina Coronado
En El Álbum Fúnebre A La Memoria De Una Joven
¡Nadie se muere de amor!
¡Cómo habías de vivir
si amando, pobre mujer,
tenemos que combatir,
y el luchar nunca es vencer,
el luchar siempre es morir!
Cuando entre galas y flores
amor te daba la palma,
le dije a tus amadores:
«No le habléis tanto de amores
que tiene sensible el alma».
Pero el mundo descreído
respondió con su sonrisa:
«Deja que halaguen su oído,
que ya por el bien querido
nadie se muere, poetisa».
Volví más tarde a decir:
—Mirad que perdió el color
y no cesa de gemir».
Mas él tornó a repetir,
—Nadie se muere de amor.
—Puede ser que el mundo ignore
cuanto su dolor la hiere...
—Deja, poetisa, que llore,
por mucho que al hombre adore,
ninguna mujer se muere.
Yo volví más consolada
y estabas en la agonía.
—¡Se muere! clamé aterrada;
pero el mundo respondía:
—Es muerte de enamorada.
Ya tu pecho palpitante
al impulso del dolor,
lanzó un grito penetrante,
y el mundo dijo: —¡Es amante!
¡Nadie se muere de amor!
Yo vi tu mirada incierta
clavarse al fin aterida,
y dije al mundo: —¡Está muerta!
y respondió: —Está dormida;
¡ya verás cómo despierta!
Ya oye el mundo la campana
que anuncia con su clamor
de una belleza lozana
¡la muerte horrible y temprana
que le ha alcanzado su amor!
Ya envuelta en el blanco velo
la ve al sepulcro marchar
y la acompaña en el duelo,
y aun aguarda con recelo
que pueda resucitar.
Y al sepultar a la bella
no sabiendo en su rencor
qué decir el mundo de ella,
dice: La mató su estrella...
Nadie se muere de amor.
¡Cómo habías de vivir
si amando, pobre mujer,
tenemos que combatir,
y el luchar nunca es vencer,
el luchar siempre es morir!
Cuando entre galas y flores
amor te daba la palma,
le dije a tus amadores:
«No le habléis tanto de amores
que tiene sensible el alma».
Pero el mundo descreído
respondió con su sonrisa:
«Deja que halaguen su oído,
que ya por el bien querido
nadie se muere, poetisa».
Volví más tarde a decir:
—Mirad que perdió el color
y no cesa de gemir».
Mas él tornó a repetir,
—Nadie se muere de amor.
—Puede ser que el mundo ignore
cuanto su dolor la hiere...
—Deja, poetisa, que llore,
por mucho que al hombre adore,
ninguna mujer se muere.
Yo volví más consolada
y estabas en la agonía.
—¡Se muere! clamé aterrada;
pero el mundo respondía:
—Es muerte de enamorada.
Ya tu pecho palpitante
al impulso del dolor,
lanzó un grito penetrante,
y el mundo dijo: —¡Es amante!
¡Nadie se muere de amor!
Yo vi tu mirada incierta
clavarse al fin aterida,
y dije al mundo: —¡Está muerta!
y respondió: —Está dormida;
¡ya verás cómo despierta!
Ya oye el mundo la campana
que anuncia con su clamor
de una belleza lozana
¡la muerte horrible y temprana
que le ha alcanzado su amor!
Ya envuelta en el blanco velo
la ve al sepulcro marchar
y la acompaña en el duelo,
y aun aguarda con recelo
que pueda resucitar.
Y al sepultar a la bella
no sabiendo en su rencor
qué decir el mundo de ella,
dice: La mató su estrella...
Nadie se muere de amor.
584
Carolina Coronado
Réplica A Una Impugnación Al Nada Creo
¡Jesús! la tremenda guerra
que movéis a mis canciones
me maravilla y me aterra.
¿No salen en nuestra tierra
por las damas campeones
y salen por los garzones?
Vaya en gracia, caballero,
de perseguidos donceles
paladín; sois el primero
que por sostener infieles
a las damas guante fiero
arroja en el suelo ibero.
Aunque enemigos los dos
que andante vayáis alabo
de malas causas en pos,
pues vos pensaréis «al cabo
al bueno le ayuda Dios»
y ayudáis al malo vos.
Es generoso el deseo
de amparar al no creído,
mas, Señor, a lo que veo
en esta querella creo,
que puede ya el descreído
creer que seréis vencido.
Empeño tan sin razón
os puede costar muy caro
que es mucha mi condición,
y si la guerra os declaro
quedaréis con el garzón
malparado en mi canción.
Mas, pues así lo pretende
vuestra musa respondona,
mire bien cual se defiende,
porque mi numen no ofende,
pero al que «guerra» le entona
vence, sigue, y no perdona.
¿Conque decís que la llama
del dulcísimo deseo,
que el pecho rendido inflama
del garzón que tierno ama,
se muda en rencor tan feo
al soplo del no te creo?
¡Válgaos Dios, buen caballero
de que mala condición
será el amante garzón
que trueque en odio fiero,
por un desdén la pasión
que inflamó su corazón!
Ya vuestra causa es perdida;
¿pues no veis por vuestra vida,
que autorizáis el desvío
de la dama descreída,
tan egoísta amorío
describiendo, Señor mío?
No pensáis que con razón
al conocer esa llama,
de tan innoble pasión,
debe responder la dama
a vuestro amante garzón
con semejante canción.
«Quien odia por un desvío
muestra que no supo amar.
Y pues fingisteis impío,
harto bien el pecho mío,
mal garzón hizo en dudar
de vuestro falso llorar.
»Quien así muda el halago
en baja reconvención
muestra indigno corazón,
y os he dado justo pago
rechazando mal garzón,
vuestra mentida pasión.
»Llamáis a mi amor ateo
porque del vuestro dudé,
mas garzón a lo que veo
si os hubiera dicho os creo,
vos respondierais a fe,
porque os creí, la engañé.
»Y pues pretende engañar
el uno aquí de los dos,
el otro debe dudar;
que vale más no adorar
que adorar a un falso Dios,
no amar, que amaros vos».
Ya veis Señor las razones
que a los hombres engreídos
da la dama en sus canciones.
¡Cómo han de ser los garzones,
por votos de amor creídos,
si sus votos son fingidos!
que movéis a mis canciones
me maravilla y me aterra.
¿No salen en nuestra tierra
por las damas campeones
y salen por los garzones?
Vaya en gracia, caballero,
de perseguidos donceles
paladín; sois el primero
que por sostener infieles
a las damas guante fiero
arroja en el suelo ibero.
Aunque enemigos los dos
que andante vayáis alabo
de malas causas en pos,
pues vos pensaréis «al cabo
al bueno le ayuda Dios»
y ayudáis al malo vos.
Es generoso el deseo
de amparar al no creído,
mas, Señor, a lo que veo
en esta querella creo,
que puede ya el descreído
creer que seréis vencido.
Empeño tan sin razón
os puede costar muy caro
que es mucha mi condición,
y si la guerra os declaro
quedaréis con el garzón
malparado en mi canción.
Mas, pues así lo pretende
vuestra musa respondona,
mire bien cual se defiende,
porque mi numen no ofende,
pero al que «guerra» le entona
vence, sigue, y no perdona.
¿Conque decís que la llama
del dulcísimo deseo,
que el pecho rendido inflama
del garzón que tierno ama,
se muda en rencor tan feo
al soplo del no te creo?
¡Válgaos Dios, buen caballero
de que mala condición
será el amante garzón
que trueque en odio fiero,
por un desdén la pasión
que inflamó su corazón!
Ya vuestra causa es perdida;
¿pues no veis por vuestra vida,
que autorizáis el desvío
de la dama descreída,
tan egoísta amorío
describiendo, Señor mío?
No pensáis que con razón
al conocer esa llama,
de tan innoble pasión,
debe responder la dama
a vuestro amante garzón
con semejante canción.
«Quien odia por un desvío
muestra que no supo amar.
Y pues fingisteis impío,
harto bien el pecho mío,
mal garzón hizo en dudar
de vuestro falso llorar.
»Quien así muda el halago
en baja reconvención
muestra indigno corazón,
y os he dado justo pago
rechazando mal garzón,
vuestra mentida pasión.
»Llamáis a mi amor ateo
porque del vuestro dudé,
mas garzón a lo que veo
si os hubiera dicho os creo,
vos respondierais a fe,
porque os creí, la engañé.
»Y pues pretende engañar
el uno aquí de los dos,
el otro debe dudar;
que vale más no adorar
que adorar a un falso Dios,
no amar, que amaros vos».
Ya veis Señor las razones
que a los hombres engreídos
da la dama en sus canciones.
¡Cómo han de ser los garzones,
por votos de amor creídos,
si sus votos son fingidos!
672
Carolina Coronado
Réplica A Una Impugnación Al Nada Creo
¡Jesús! la tremenda guerra
que movéis a mis canciones
me maravilla y me aterra.
¿No salen en nuestra tierra
por las damas campeones
y salen por los garzones?
Vaya en gracia, caballero,
de perseguidos donceles
paladín; sois el primero
que por sostener infieles
a las damas guante fiero
arroja en el suelo ibero.
Aunque enemigos los dos
que andante vayáis alabo
de malas causas en pos,
pues vos pensaréis «al cabo
al bueno le ayuda Dios»
y ayudáis al malo vos.
Es generoso el deseo
de amparar al no creído,
mas, Señor, a lo que veo
en esta querella creo,
que puede ya el descreído
creer que seréis vencido.
Empeño tan sin razón
os puede costar muy caro
que es mucha mi condición,
y si la guerra os declaro
quedaréis con el garzón
malparado en mi canción.
Mas, pues así lo pretende
vuestra musa respondona,
mire bien cual se defiende,
porque mi numen no ofende,
pero al que «guerra» le entona
vence, sigue, y no perdona.
¿Conque decís que la llama
del dulcísimo deseo,
que el pecho rendido inflama
del garzón que tierno ama,
se muda en rencor tan feo
al soplo del no te creo?
¡Válgaos Dios, buen caballero
de que mala condición
será el amante garzón
que trueque en odio fiero,
por un desdén la pasión
que inflamó su corazón!
Ya vuestra causa es perdida;
¿pues no veis por vuestra vida,
que autorizáis el desvío
de la dama descreída,
tan egoísta amorío
describiendo, Señor mío?
No pensáis que con razón
al conocer esa llama,
de tan innoble pasión,
debe responder la dama
a vuestro amante garzón
con semejante canción.
«Quien odia por un desvío
muestra que no supo amar.
Y pues fingisteis impío,
harto bien el pecho mío,
mal garzón hizo en dudar
de vuestro falso llorar.
»Quien así muda el halago
en baja reconvención
muestra indigno corazón,
y os he dado justo pago
rechazando mal garzón,
vuestra mentida pasión.
»Llamáis a mi amor ateo
porque del vuestro dudé,
mas garzón a lo que veo
si os hubiera dicho os creo,
vos respondierais a fe,
porque os creí, la engañé.
»Y pues pretende engañar
el uno aquí de los dos,
el otro debe dudar;
que vale más no adorar
que adorar a un falso Dios,
no amar, que amaros vos».
Ya veis Señor las razones
que a los hombres engreídos
da la dama en sus canciones.
¡Cómo han de ser los garzones,
por votos de amor creídos,
si sus votos son fingidos!
que movéis a mis canciones
me maravilla y me aterra.
¿No salen en nuestra tierra
por las damas campeones
y salen por los garzones?
Vaya en gracia, caballero,
de perseguidos donceles
paladín; sois el primero
que por sostener infieles
a las damas guante fiero
arroja en el suelo ibero.
Aunque enemigos los dos
que andante vayáis alabo
de malas causas en pos,
pues vos pensaréis «al cabo
al bueno le ayuda Dios»
y ayudáis al malo vos.
Es generoso el deseo
de amparar al no creído,
mas, Señor, a lo que veo
en esta querella creo,
que puede ya el descreído
creer que seréis vencido.
Empeño tan sin razón
os puede costar muy caro
que es mucha mi condición,
y si la guerra os declaro
quedaréis con el garzón
malparado en mi canción.
Mas, pues así lo pretende
vuestra musa respondona,
mire bien cual se defiende,
porque mi numen no ofende,
pero al que «guerra» le entona
vence, sigue, y no perdona.
¿Conque decís que la llama
del dulcísimo deseo,
que el pecho rendido inflama
del garzón que tierno ama,
se muda en rencor tan feo
al soplo del no te creo?
¡Válgaos Dios, buen caballero
de que mala condición
será el amante garzón
que trueque en odio fiero,
por un desdén la pasión
que inflamó su corazón!
Ya vuestra causa es perdida;
¿pues no veis por vuestra vida,
que autorizáis el desvío
de la dama descreída,
tan egoísta amorío
describiendo, Señor mío?
No pensáis que con razón
al conocer esa llama,
de tan innoble pasión,
debe responder la dama
a vuestro amante garzón
con semejante canción.
«Quien odia por un desvío
muestra que no supo amar.
Y pues fingisteis impío,
harto bien el pecho mío,
mal garzón hizo en dudar
de vuestro falso llorar.
»Quien así muda el halago
en baja reconvención
muestra indigno corazón,
y os he dado justo pago
rechazando mal garzón,
vuestra mentida pasión.
»Llamáis a mi amor ateo
porque del vuestro dudé,
mas garzón a lo que veo
si os hubiera dicho os creo,
vos respondierais a fe,
porque os creí, la engañé.
»Y pues pretende engañar
el uno aquí de los dos,
el otro debe dudar;
que vale más no adorar
que adorar a un falso Dios,
no amar, que amaros vos».
Ya veis Señor las razones
que a los hombres engreídos
da la dama en sus canciones.
¡Cómo han de ser los garzones,
por votos de amor creídos,
si sus votos son fingidos!
672
Carolina Coronado
Última Réplica A Otra Contestación A La Anterior
¡Extremada bizarría!
¡Rendimiento cortesano!
¡Bondad la del castellano
consumadísima es,
pues con una dama altiva
mueve altivo una querella,
por que logre el triunfo ella
de que se rinda a sus pies!
A quien vencido se aclama
con tan noble gallardía,
no tiene la musa mía
nada, señor, que añadir;
si no es que a vos mucho estima
el sacrificio costoso
del empeño generoso
que os obliga a desistir.
Tal hazaña en vos excede
a una cumplida victoria,
que a veces está la gloria
más que en triunfar, en ceder;
triunfo alcanzáis en rendiros
con galán comedimiento,
mayor que el merecimiento
que lograrais en vencer.
Básteos, señor, esto y dejo
que desdeñados garzones
formen grandes coaliciones
en sus odios contra mí,
pues el odio es tan amargo
para el alma que lo siente,
que odiándome injustamente
la pena llevan en sí.
¡Rendimiento cortesano!
¡Bondad la del castellano
consumadísima es,
pues con una dama altiva
mueve altivo una querella,
por que logre el triunfo ella
de que se rinda a sus pies!
A quien vencido se aclama
con tan noble gallardía,
no tiene la musa mía
nada, señor, que añadir;
si no es que a vos mucho estima
el sacrificio costoso
del empeño generoso
que os obliga a desistir.
Tal hazaña en vos excede
a una cumplida victoria,
que a veces está la gloria
más que en triunfar, en ceder;
triunfo alcanzáis en rendiros
con galán comedimiento,
mayor que el merecimiento
que lograrais en vencer.
Básteos, señor, esto y dejo
que desdeñados garzones
formen grandes coaliciones
en sus odios contra mí,
pues el odio es tan amargo
para el alma que lo siente,
que odiándome injustamente
la pena llevan en sí.
523
Carolina Coronado
En Un Álbum De Una Dama Descreída Nada Creo
Señora, os amo con igual ternura
que en el hora en que os dije mi deseo,
jamás, jamás hallé en mí devaneo
rival a vuestro genio y hermosura...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Alejéme de vos, mas viva y fija
tal memoria llevé en mi corazón
que pensamiento no hay que mi pasión
no anime, no sostenga, no dirija
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
—¿Qué digo? mas, mas mi cariño ahora
de vos ausente enciende mi deseo
dormido siempre en la ilusión os veo,
despierto os lloro sin cesar, señora...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Los alegres fantasmas que en el mundo
tanto halagan al joven corazón,
brillo, placeres, sueños de ambición
ceden, señora, ante mi amor profundo...
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
¿Qué es la ambición? Su más grande victoria
sacrificar a vuestros pies deseo
¿gloria sin vos? ¡ni aún en los cielos veo
arcángel, para mí sin vos la gloria!
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
Lanzar he visto llamas del amianto
al duro cuerpo incombustible y frío
y desde aquel maravilloso encanto
de los incendios, buen garzón me río:
bien derramar podéis ardiente llanto
para inquietar, ¿quién sabe? el pecho mío,
sin que del vuestro al plácido sosiego
logre inflamar, como el amianto el fuego.
Garzón, las hadas de infantiles sueños
ha largo tiempo que dejé en la nada,
ya de la clara luz mis ojos dueños
otra atmósfera ven más despejada:
cesad en los inútiles empeños
porque el lloro y el habla enamorada
y todo cuanto escucho y cuanto veo
—Será verdad garzón, mas no lo creo.
que en el hora en que os dije mi deseo,
jamás, jamás hallé en mí devaneo
rival a vuestro genio y hermosura...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Alejéme de vos, mas viva y fija
tal memoria llevé en mi corazón
que pensamiento no hay que mi pasión
no anime, no sostenga, no dirija
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
—¿Qué digo? mas, mas mi cariño ahora
de vos ausente enciende mi deseo
dormido siempre en la ilusión os veo,
despierto os lloro sin cesar, señora...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Los alegres fantasmas que en el mundo
tanto halagan al joven corazón,
brillo, placeres, sueños de ambición
ceden, señora, ante mi amor profundo...
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
¿Qué es la ambición? Su más grande victoria
sacrificar a vuestros pies deseo
¿gloria sin vos? ¡ni aún en los cielos veo
arcángel, para mí sin vos la gloria!
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
Lanzar he visto llamas del amianto
al duro cuerpo incombustible y frío
y desde aquel maravilloso encanto
de los incendios, buen garzón me río:
bien derramar podéis ardiente llanto
para inquietar, ¿quién sabe? el pecho mío,
sin que del vuestro al plácido sosiego
logre inflamar, como el amianto el fuego.
Garzón, las hadas de infantiles sueños
ha largo tiempo que dejé en la nada,
ya de la clara luz mis ojos dueños
otra atmósfera ven más despejada:
cesad en los inútiles empeños
porque el lloro y el habla enamorada
y todo cuanto escucho y cuanto veo
—Será verdad garzón, mas no lo creo.
533
Carolina Coronado
En Un Álbum De Una Dama Descreída Nada Creo
Señora, os amo con igual ternura
que en el hora en que os dije mi deseo,
jamás, jamás hallé en mí devaneo
rival a vuestro genio y hermosura...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Alejéme de vos, mas viva y fija
tal memoria llevé en mi corazón
que pensamiento no hay que mi pasión
no anime, no sostenga, no dirija
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
—¿Qué digo? mas, mas mi cariño ahora
de vos ausente enciende mi deseo
dormido siempre en la ilusión os veo,
despierto os lloro sin cesar, señora...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Los alegres fantasmas que en el mundo
tanto halagan al joven corazón,
brillo, placeres, sueños de ambición
ceden, señora, ante mi amor profundo...
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
¿Qué es la ambición? Su más grande victoria
sacrificar a vuestros pies deseo
¿gloria sin vos? ¡ni aún en los cielos veo
arcángel, para mí sin vos la gloria!
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
Lanzar he visto llamas del amianto
al duro cuerpo incombustible y frío
y desde aquel maravilloso encanto
de los incendios, buen garzón me río:
bien derramar podéis ardiente llanto
para inquietar, ¿quién sabe? el pecho mío,
sin que del vuestro al plácido sosiego
logre inflamar, como el amianto el fuego.
Garzón, las hadas de infantiles sueños
ha largo tiempo que dejé en la nada,
ya de la clara luz mis ojos dueños
otra atmósfera ven más despejada:
cesad en los inútiles empeños
porque el lloro y el habla enamorada
y todo cuanto escucho y cuanto veo
—Será verdad garzón, mas no lo creo.
que en el hora en que os dije mi deseo,
jamás, jamás hallé en mí devaneo
rival a vuestro genio y hermosura...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Alejéme de vos, mas viva y fija
tal memoria llevé en mi corazón
que pensamiento no hay que mi pasión
no anime, no sostenga, no dirija
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
—¿Qué digo? mas, mas mi cariño ahora
de vos ausente enciende mi deseo
dormido siempre en la ilusión os veo,
despierto os lloro sin cesar, señora...
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
—Los alegres fantasmas que en el mundo
tanto halagan al joven corazón,
brillo, placeres, sueños de ambición
ceden, señora, ante mi amor profundo...
—Será verdad, mas no lo creo, garzón.
¿Qué es la ambición? Su más grande victoria
sacrificar a vuestros pies deseo
¿gloria sin vos? ¡ni aún en los cielos veo
arcángel, para mí sin vos la gloria!
—Será verdad, garzón, mas no lo creo.
Lanzar he visto llamas del amianto
al duro cuerpo incombustible y frío
y desde aquel maravilloso encanto
de los incendios, buen garzón me río:
bien derramar podéis ardiente llanto
para inquietar, ¿quién sabe? el pecho mío,
sin que del vuestro al plácido sosiego
logre inflamar, como el amianto el fuego.
Garzón, las hadas de infantiles sueños
ha largo tiempo que dejé en la nada,
ya de la clara luz mis ojos dueños
otra atmósfera ven más despejada:
cesad en los inútiles empeños
porque el lloro y el habla enamorada
y todo cuanto escucho y cuanto veo
—Será verdad garzón, mas no lo creo.
533
Carolina Coronado
La Página En Blanco
Una tan sola reservó el destino
página en blanco para mí guardada;
y en dejar a mi musa limitada
la intención de los hados adivino.
Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco
siempre que de consejos necesito,
en cierto verso por su mano escrito,
principio y ceso —de lo malo poco.
Menos modesta que Hartzenbusch, acaso,
supliendo a su talento mi osadía,
seis páginas del Álbum llenaría
si no atajaran a mi musa el paso.
Basta con ésta; y aun a ser borrada
yo la condeno, por mi orgullo loco,
pues, si debe Hartzenhusch escribir poco,
yo no debo en conciencia escribir nada.
página en blanco para mí guardada;
y en dejar a mi musa limitada
la intención de los hados adivino.
Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco
siempre que de consejos necesito,
en cierto verso por su mano escrito,
principio y ceso —de lo malo poco.
Menos modesta que Hartzenbusch, acaso,
supliendo a su talento mi osadía,
seis páginas del Álbum llenaría
si no atajaran a mi musa el paso.
Basta con ésta; y aun a ser borrada
yo la condeno, por mi orgullo loco,
pues, si debe Hartzenhusch escribir poco,
yo no debo en conciencia escribir nada.
652
Carolina Coronado
La Página En Blanco
Una tan sola reservó el destino
página en blanco para mí guardada;
y en dejar a mi musa limitada
la intención de los hados adivino.
Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco
siempre que de consejos necesito,
en cierto verso por su mano escrito,
principio y ceso —de lo malo poco.
Menos modesta que Hartzenbusch, acaso,
supliendo a su talento mi osadía,
seis páginas del Álbum llenaría
si no atajaran a mi musa el paso.
Basta con ésta; y aun a ser borrada
yo la condeno, por mi orgullo loco,
pues, si debe Hartzenhusch escribir poco,
yo no debo en conciencia escribir nada.
página en blanco para mí guardada;
y en dejar a mi musa limitada
la intención de los hados adivino.
Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco
siempre que de consejos necesito,
en cierto verso por su mano escrito,
principio y ceso —de lo malo poco.
Menos modesta que Hartzenbusch, acaso,
supliendo a su talento mi osadía,
seis páginas del Álbum llenaría
si no atajaran a mi musa el paso.
Basta con ésta; y aun a ser borrada
yo la condeno, por mi orgullo loco,
pues, si debe Hartzenhusch escribir poco,
yo no debo en conciencia escribir nada.
652
Carolina Coronado
La Página En Blanco
Una tan sola reservó el destino
página en blanco para mí guardada;
y en dejar a mi musa limitada
la intención de los hados adivino.
Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco
siempre que de consejos necesito,
en cierto verso por su mano escrito,
principio y ceso —de lo malo poco.
Menos modesta que Hartzenbusch, acaso,
supliendo a su talento mi osadía,
seis páginas del Álbum llenaría
si no atajaran a mi musa el paso.
Basta con ésta; y aun a ser borrada
yo la condeno, por mi orgullo loco,
pues, si debe Hartzenhusch escribir poco,
yo no debo en conciencia escribir nada.
página en blanco para mí guardada;
y en dejar a mi musa limitada
la intención de los hados adivino.
Dice el sabio Hartzenbusch, a quien invoco
siempre que de consejos necesito,
en cierto verso por su mano escrito,
principio y ceso —de lo malo poco.
Menos modesta que Hartzenbusch, acaso,
supliendo a su talento mi osadía,
seis páginas del Álbum llenaría
si no atajaran a mi musa el paso.
Basta con ésta; y aun a ser borrada
yo la condeno, por mi orgullo loco,
pues, si debe Hartzenhusch escribir poco,
yo no debo en conciencia escribir nada.
652
Carolina Coronado
Poniendo Al Revés Un Álbum Que Principiaba Con Unos Malos Versos
Empezar por la página primera,
capricho inútil de los hombres es,
pues ha de ser del Álbum la postrera.
Si se toman los libros al revés.
El primero que el Álbum haya abierto
puede en verdad decir que lo empezó;
pero nadie dirá, con dicho cierto,
que pone fin en donde empiezo yo.
capricho inútil de los hombres es,
pues ha de ser del Álbum la postrera.
Si se toman los libros al revés.
El primero que el Álbum haya abierto
puede en verdad decir que lo empezó;
pero nadie dirá, con dicho cierto,
que pone fin en donde empiezo yo.
534
Carolina Coronado
En El Álbum De Una Señora Muy Simpática
Tiene a veces el alma un sentimiento
que sabe comprender, mas no explicar,
no es amor, no es pasión y es este afecto
más que interés y menos que amistad;
Es vaga inclinación que nos inspira
entre otros mil determinado ser,
es dulce, indefinible simpatía
que nace y muere sin razón, tal vez.
Es lo que siento yo por vos señora,
más que interés y menos que amistad
falta para amistad vuestro cariño,
sobra para interés que os quiero ya.
que sabe comprender, mas no explicar,
no es amor, no es pasión y es este afecto
más que interés y menos que amistad;
Es vaga inclinación que nos inspira
entre otros mil determinado ser,
es dulce, indefinible simpatía
que nace y muere sin razón, tal vez.
Es lo que siento yo por vos señora,
más que interés y menos que amistad
falta para amistad vuestro cariño,
sobra para interés que os quiero ya.
567
Carolina Coronado
En El Álbum De Tomasa Bretón De Los Herreros
¡Una corona y de laurel, Señora!
No fue contigo la fortuna avara
cuando te adorna la preciosa cara
con diadema tan rica y seductora.
¡Por Dios que risa te darán ahora
la pluma y cinta y flor y piedra rara!
¿Mas quién ha de ostentar igual prendido
si no hay más que un Bretón y es tu marido?
No fue contigo la fortuna avara
cuando te adorna la preciosa cara
con diadema tan rica y seductora.
¡Por Dios que risa te darán ahora
la pluma y cinta y flor y piedra rara!
¿Mas quién ha de ostentar igual prendido
si no hay más que un Bretón y es tu marido?
502
Carolina Coronado
En Otro Traducido Del Dante
¡Eh!... peregrino que por esta vía
atraviesas con planta indiferente,
¿Vienes tal vez de tan remota gente
que el duelo ignoras de la patria mía?
¿Cómo no lloras ¡ay! cuando sombría
cruzas por medio su ciudad doliente,
como quien nada sabe, nada siente
del grave luto que oscurece el día?
Si te detienes a escuchar el caso,
yo sé de cierto que llorando, amigo,
no pudieras de aquí mover el paso:
Perdió Italia a Beatriz; y cuanto dijo
a otros hombres hablando de la bella,
tiene virtud de hacer llorar por ella.
atraviesas con planta indiferente,
¿Vienes tal vez de tan remota gente
que el duelo ignoras de la patria mía?
¿Cómo no lloras ¡ay! cuando sombría
cruzas por medio su ciudad doliente,
como quien nada sabe, nada siente
del grave luto que oscurece el día?
Si te detienes a escuchar el caso,
yo sé de cierto que llorando, amigo,
no pudieras de aquí mover el paso:
Perdió Italia a Beatriz; y cuanto dijo
a otros hombres hablando de la bella,
tiene virtud de hacer llorar por ella.
575
Carolina Coronado
En Un Álbum De Una Princesa Italiana
Veggo ardente nel cielo sffolgorare
de sua corona l'ornamento chiaro,
quel chi la luce dá superbo faro
e quel chi fá le piante germinare.
Veggo in la schezzia il pianto scintillare
de la matina, che á la terra è caro,
ascolto il fiume fra l'olcandro amaro
sulla pianura herbosa mormorare:
Odo l'uccelli e la sonora aureta
chi pello azurro spazzio tende il vuolo,
ma questa bello assai ridente stuolo
L'anima mia ancor non rende lietta:
sul bracio trista e languida mi piego
ch''il mio diletto ¡aimè! mai più non veggo!
de sua corona l'ornamento chiaro,
quel chi la luce dá superbo faro
e quel chi fá le piante germinare.
Veggo in la schezzia il pianto scintillare
de la matina, che á la terra è caro,
ascolto il fiume fra l'olcandro amaro
sulla pianura herbosa mormorare:
Odo l'uccelli e la sonora aureta
chi pello azurro spazzio tende il vuolo,
ma questa bello assai ridente stuolo
L'anima mia ancor non rende lietta:
sul bracio trista e languida mi piego
ch''il mio diletto ¡aimè! mai più non veggo!
539
Carolina Coronado
En Un Álbum Donde Hallé La Firma De Hartzenbusch
Huéspeda en la risueña Andalucía,
hoy hallo con placer inesperado
tu nombre, buen maestro, aquí grabado
con el sello inmortal de tu poesía:
Y del pájaro igual no es la alegría
si solo, triste, incierto, fatigado,
por las ardientes zonas abrasado
halla una palma en la mitad del día.
Como en mi libro, protector me sea
tu nombre aquí, y en ánimo tranquilo
aguardaré al curioso que me lea:
Pues que podemos escoger asilo
entre estas hojas y a ninguno agravio,
quiero elegir la vecindad de un sabio.
hoy hallo con placer inesperado
tu nombre, buen maestro, aquí grabado
con el sello inmortal de tu poesía:
Y del pájaro igual no es la alegría
si solo, triste, incierto, fatigado,
por las ardientes zonas abrasado
halla una palma en la mitad del día.
Como en mi libro, protector me sea
tu nombre aquí, y en ánimo tranquilo
aguardaré al curioso que me lea:
Pues que podemos escoger asilo
entre estas hojas y a ninguno agravio,
quiero elegir la vecindad de un sabio.
465
Carolina Coronado
En Un Álbum Donde Hallé La Firma De Hartzenbusch
Huéspeda en la risueña Andalucía,
hoy hallo con placer inesperado
tu nombre, buen maestro, aquí grabado
con el sello inmortal de tu poesía:
Y del pájaro igual no es la alegría
si solo, triste, incierto, fatigado,
por las ardientes zonas abrasado
halla una palma en la mitad del día.
Como en mi libro, protector me sea
tu nombre aquí, y en ánimo tranquilo
aguardaré al curioso que me lea:
Pues que podemos escoger asilo
entre estas hojas y a ninguno agravio,
quiero elegir la vecindad de un sabio.
hoy hallo con placer inesperado
tu nombre, buen maestro, aquí grabado
con el sello inmortal de tu poesía:
Y del pájaro igual no es la alegría
si solo, triste, incierto, fatigado,
por las ardientes zonas abrasado
halla una palma en la mitad del día.
Como en mi libro, protector me sea
tu nombre aquí, y en ánimo tranquilo
aguardaré al curioso que me lea:
Pues que podemos escoger asilo
entre estas hojas y a ninguno agravio,
quiero elegir la vecindad de un sabio.
465
Carolina Coronado
En Un Álbum Donde Hallé La Firma De Hartzenbusch
Huéspeda en la risueña Andalucía,
hoy hallo con placer inesperado
tu nombre, buen maestro, aquí grabado
con el sello inmortal de tu poesía:
Y del pájaro igual no es la alegría
si solo, triste, incierto, fatigado,
por las ardientes zonas abrasado
halla una palma en la mitad del día.
Como en mi libro, protector me sea
tu nombre aquí, y en ánimo tranquilo
aguardaré al curioso que me lea:
Pues que podemos escoger asilo
entre estas hojas y a ninguno agravio,
quiero elegir la vecindad de un sabio.
hoy hallo con placer inesperado
tu nombre, buen maestro, aquí grabado
con el sello inmortal de tu poesía:
Y del pájaro igual no es la alegría
si solo, triste, incierto, fatigado,
por las ardientes zonas abrasado
halla una palma en la mitad del día.
Como en mi libro, protector me sea
tu nombre aquí, y en ánimo tranquilo
aguardaré al curioso que me lea:
Pues que podemos escoger asilo
entre estas hojas y a ninguno agravio,
quiero elegir la vecindad de un sabio.
465
Carolina Coronado
En Un Álbum Poético Para Una Niña Que Se Ahogó En El Mar
Tú pensaste que el mar era tu cuna
y te adormiste en él tranquilamente,
no ha sido para ti poca fortuna
despertar en la gloria de repente.
¡Hija del alma! no hay vida ninguna
que no arrostre el furor de una corriente
y si nos ha de ahogar ¡ay! la del llanto,
la del mar es mejor... ¡no amarga tanto!
y te adormiste en él tranquilamente,
no ha sido para ti poca fortuna
despertar en la gloria de repente.
¡Hija del alma! no hay vida ninguna
que no arrostre el furor de una corriente
y si nos ha de ahogar ¡ay! la del llanto,
la del mar es mejor... ¡no amarga tanto!
545
Carolina Coronado
En Un Álbum Una De Cuyas Páginas Se Representaba A La Magdalena En Actitud De Clamar Al Cielo
¡Piedad!... Virgen, arráncame y levanta
de entre estas rocas donde estoy hundida:
hieren sus filos mi desnuda planta,
no hay senda abierta y moriré en la huida.
Corrí sin tino tras lejana estrella
ansiosa de su luz brillante y pura
y osé trepar a esta eminente altura
para después precipitarme de ella.
Subí a la cumbre por camino blando
lleno de blancas perfumadas rosas
y ahora no encuentro de pavor temblando
más que pendientes altas y espantosas.
¡Piedad!... Virgen. Tu mano salvadora
las manos prenda que hacia ti levanto
y hasta los muros de tu pueblo santo
conduce el alma que tu auxilio implora.
de entre estas rocas donde estoy hundida:
hieren sus filos mi desnuda planta,
no hay senda abierta y moriré en la huida.
Corrí sin tino tras lejana estrella
ansiosa de su luz brillante y pura
y osé trepar a esta eminente altura
para después precipitarme de ella.
Subí a la cumbre por camino blando
lleno de blancas perfumadas rosas
y ahora no encuentro de pavor temblando
más que pendientes altas y espantosas.
¡Piedad!... Virgen. Tu mano salvadora
las manos prenda que hacia ti levanto
y hasta los muros de tu pueblo santo
conduce el alma que tu auxilio implora.
537
Carolina Coronado
Por Bajo De Una Lámina Que Representaba A La Virgen
Escucha, madre mía,
la de el velo de estrellas; bienhechora,
dulce y bella María.
Escucha la que implora
dolorido y mortal; madre y Señora.
Si a mi débil acento
romper los aires y turbar es dado
allá del firmamento
el azul sosegado,
escucha, virgen pura, mi cuidado.
La sola voz que el pecho
pudiera ya exhalar, a ti revela
el corazón deshecho,
que tu piedad anhela
y hasta tu trono arrebatado vuela.
¡Oh tu dulce señora
de la esfera eternal!... la tierra mira
y al infeliz que llora
y al triste que suspira
resignación y fe y amor inspira.
De tu sagrada mano
piadoso manantial brote a raudales
donde beba el humano
alivios celestiales,
donde se apague el fuego de los males.
Y lleva hacia tu seno
a los dolientes hijos que te amaron:
¡no más gima ya el bueno
en grillos que forjaron
los que rebeldes contra ti se alzaron!
la de el velo de estrellas; bienhechora,
dulce y bella María.
Escucha la que implora
dolorido y mortal; madre y Señora.
Si a mi débil acento
romper los aires y turbar es dado
allá del firmamento
el azul sosegado,
escucha, virgen pura, mi cuidado.
La sola voz que el pecho
pudiera ya exhalar, a ti revela
el corazón deshecho,
que tu piedad anhela
y hasta tu trono arrebatado vuela.
¡Oh tu dulce señora
de la esfera eternal!... la tierra mira
y al infeliz que llora
y al triste que suspira
resignación y fe y amor inspira.
De tu sagrada mano
piadoso manantial brote a raudales
donde beba el humano
alivios celestiales,
donde se apague el fuego de los males.
Y lleva hacia tu seno
a los dolientes hijos que te amaron:
¡no más gima ya el bueno
en grillos que forjaron
los que rebeldes contra ti se alzaron!
450
Carolina Coronado
En Varios Álbumes En Un Álbum Una De Cuyas Páginas Representaba El Nacimiento De Jesús
Venid, pastoras, el milagro hermoso
del niño Dios a ver; posa en el heno
tiene inclinado el rostro albo y sereno
sobre su descubierto hombro gracioso;
bajo de sus bracitos, tembloroso,
espumas miente, su desnudo seno
y hay, semejante al cerco de la luna,
un resplendor en torno de su cuna.
Junto al heno al bellísimo nacido
con amoroso afán de Virgen cela
y con sus brazos cándidos anhela
dar abrigo a su cuerpo entumecido;
así la blanca tórtola su nido
forma en las pajas y en sus bordes vela,
tendiendo entrambas alas tiernamente
para guardarle del glacial relente.
Pálidas de su rostro las colores
tiene la helada de la noche fría,
venid, el hijo amado de María,
venid, pastoras, a vestir con flores:
los divinos, dulcísimos amores
que el cielo con la tierra tuvo un día
vienen a rescatar la humana gente
del riesgo de sus culpas eminente.
Buenas pastoras, encended retama
que del santo portal deshaga el hielo
que al bendito Jesús daréis consuelo
con el calor de la amigable llama;
así al hijo de pecho que más ama
vuestro constante, maternal desvelo,
nunca les falte el seno en que adormido
posa en arrullo tierno embebecido.
del niño Dios a ver; posa en el heno
tiene inclinado el rostro albo y sereno
sobre su descubierto hombro gracioso;
bajo de sus bracitos, tembloroso,
espumas miente, su desnudo seno
y hay, semejante al cerco de la luna,
un resplendor en torno de su cuna.
Junto al heno al bellísimo nacido
con amoroso afán de Virgen cela
y con sus brazos cándidos anhela
dar abrigo a su cuerpo entumecido;
así la blanca tórtola su nido
forma en las pajas y en sus bordes vela,
tendiendo entrambas alas tiernamente
para guardarle del glacial relente.
Pálidas de su rostro las colores
tiene la helada de la noche fría,
venid, el hijo amado de María,
venid, pastoras, a vestir con flores:
los divinos, dulcísimos amores
que el cielo con la tierra tuvo un día
vienen a rescatar la humana gente
del riesgo de sus culpas eminente.
Buenas pastoras, encended retama
que del santo portal deshaga el hielo
que al bendito Jesús daréis consuelo
con el calor de la amigable llama;
así al hijo de pecho que más ama
vuestro constante, maternal desvelo,
nunca les falte el seno en que adormido
posa en arrullo tierno embebecido.
466
Carolina Coronado
Un Otro Con Igual Asunto
Abrid los ojos, célica María,
más que la luna del enero, claros,
abrid los ojos y mirad cuán raros
son los dones que Dios tierno os envía:
el serafín más bello que tenía
entre sus dulces serafines caros
coronado de rayos celestiales
coloca en vuestros brazos virginales.
¡Mirad quién se os estrecha a la garganta,
mirad qué labio os busca con anhelo,
mirad, que por el santo rey del cielo
qué gozosa estaréis con dicha tanta!
Al ser que a vuestro pecho se amamanta
velad; señora, con ardiente celo,
¡que ya desesperado y moribundo
dél solo espera salvación el mundo!
más que la luna del enero, claros,
abrid los ojos y mirad cuán raros
son los dones que Dios tierno os envía:
el serafín más bello que tenía
entre sus dulces serafines caros
coronado de rayos celestiales
coloca en vuestros brazos virginales.
¡Mirad quién se os estrecha a la garganta,
mirad qué labio os busca con anhelo,
mirad, que por el santo rey del cielo
qué gozosa estaréis con dicha tanta!
Al ser que a vuestro pecho se amamanta
velad; señora, con ardiente celo,
¡que ya desesperado y moribundo
dél solo espera salvación el mundo!
558
Carolina Coronado
La Fe Loca
Y en tanto que la turba descreída
se mofa de lo bello y de lo santo,
Mi loca fe, mi fanatismo es tanto,
que de error en error desvanecida
tomo por bella flor la hoja caída,
por diamante pulido el rudo canto,
y el lejano silbar de las serpientes
por tonos de gargantas inocentes.
No hay campiña por árida y por fría,
no hay montaña por agria y por salvaje
que no muestre un bellísimo paisaje
a la luz de mi extraña fantasía;
la inmunda tela que la araña cría,
el agua del pantano entre el celaje
miradas por mis ojos a lo lejos,
me parecieron cándidos espejos.
Virtudes hallo donde ven delitos,
inocencia y bondad donde hay maldades,
de ángeles bellos pueblos las ciudades,
que habitados están por los precitos
parécenme los buenos infinitos
en toda condición, todas edades:
y es preciso que el vicio toque y vea
para que al fin en el vicio crea.
No bien ante mis ojos ha caído
la dorada ilusión de una creencia,
cuando me lanzo con mayor demencia
otra a forjar, y el desengaño olvido;
¡ay! nada de experiencia en mí ha podido:
y así como en la infancia mi existencia
de mentira en mentira vuela errante,
ilusa, necia, crédula, ignorante.
Y es gracioso ¡por Dios! ver cómo elevo
culto divino a un ídolo de barro,
que tiene las entrañas de guijarro,
y cuya imagen con ternura llevo:
verdad es que a tocarle no me atrevo,
y se sostiene mi infeliz desbarro
hasta que el falso Dios, que así me trae,
de tan mal amasado, por sí cae.
Y es chistoso también (sábelo el cielo)
cuando el ídolo humano se arruina,
de tanta abnegación pura y divina,
de tanto ardiente amor, de tal desvelo
el premio ver que al desplomarse al suelo
aquella creación pálida y mezquina,
me da de oscuro polvo en pago justo,
de dar a un barro vil un culto augusto...
Alguna vez un alma tierna y buena,
aunque es mi suerte por demás aciaga,
¡ah! vino a iluminar con dicha vaga
el bosque de la triste Filomena:
pero sólo duró una luna llena,
y si bella ilusión aún me embriaga,
si espero algún placer, si en algo fío,
es no más por mi loco desvarío.
Donde los otros ven odio y encono,
el brillo de amistad a mí me encanta,
cada doncella imaginé una santa.
Y de cariño fiel las alcé un trono:
pagóme la mejor con abandono,
mas, rechazando su perfidia tanta,
por la dulce amistad sueño y deliro.
Como por fiel amor canto y suspiro.
La ilusión de la gloria es también mía,
nadie escucha a la oscura Filomena,
alzo la corta voz con larga pena,
y morirá conmigo mi poesía;
pero el amor de gloria me extasía:
De loca fe mi corazón se llena,
y aunque mi voz el viento rechazara,
contra los vientos sin cesar cantara.
No soy feliz —la plácida ventura
más que en mi corazón, está en la mente:
y aun pienso que he llorado amargamente
harto más que debiera un alma pura;
pero mi loca fe dichas me augura
que burla el porvenir constantemente,
y que eternas también se reproducen,
pues al par que unas cesan, otras lucen.
Es bueno Dios; pero a mi triste ruego
jamás detuvo su inflexible fallo:
ni me consuela, aunque paciente callo,
ni me serena aunque en llorar me ciego:
mas con ardiente fe a rogarle llego:
dondequiera que estoy en mí le hallo:
y aunque merezca premio por ser buena,
justo le llamaré si me condena.
También he sido amante de la luna
y tuve en los luceros amoríos:
y a mi bello ideal busqué en los ríos,
y he cifrado en las flores mi fortuna...
Amante como yo no hubo ninguna:
ninguna tuvo iguales desvaríos,
ni en loca fe jamás ninguna amante
ha sido a mis locuras semejante...
¡Inmensa confusión! ¡El mundo, el cielo,
la religión, la gloria, la poesía,
el amor, la amistad!... El alma mía
jamás reposa en su incesante vuelo;—
paso del entusiasmo al desconsuelo,
del agudo pesar a la alegría...
soy mucho para ser del hombre loco;
y para ser de Dios ¡ay! soy muy poco.
¿Qué soy sino una pobre enredadera,
que en el oscuro patio emparedada,
huye la sombra de que está cercada,
su cabeza elevando hacia la esfera?
Pero el rayo del sol, por más que quiera,
no baña su raíz al suelo atada—
huyo el pesar del mundo: aspiro al cielo;
pero el bien celestial no baja al suelo.
¿Qué soy sino una pobre enredadera
que buscando en la tierra amigos lazos,
tiende amorosa sus lozanos brazos
a la vecina planta compañera;
y porque al bronco espino los tendiera,
sus frescas hojas rompe en mil pedazos?...
Busco apoyo en las tiernas emociones,
y hallo tan sólo ingratos corazones.
¡Reíd los que cantáis la fe perdida!,
que ¡vive Dios! a resolver no oso
si es tal vez despreciar diamante hermoso
más necio que estimar piedra fingida;
si es más risible consumir su vida
por un ser ideal y artificioso
que perder por malicia o incerteza
del verdadero amante la terneza.
Y de los dos ridículos empeños,
de entrambas caprichosas necedades—,
ignoro si dudar de las verdades
es más locura que creer en sueños.
No sé si adorar cantos berroqueños,
flores, astros y ríos, cual deidades,
es pecado menor que el culto justo
negar al solo Dios digno y augusto.
Imaginad una ilusión florida:
fundad en ella un porvenir risueño,
sacrificadle la salud y el sueño,
rendidle el alma, el corazón, la vida...
y cuando más celosa y embebida,
y exaltada la améis con más empeño,
la finja más hermosa vuestra mente,
vedla desvanecerse de repente...
¡Ay! como entonces vuestra fe perdida,
incrédulos mancebos, envidiando,
las largas noches las pasé llorando,
de esta mi loca fe ya arrepentida;
pero a nadie culpé: de cada herida,
que en mi entusiasmo joven voy ahondando,
es cómplice no más la fantasía
que me deslumbra, ciega y extravía.
Defiendo, sí, mis bellas ilusiones,
las defiendo atrevida y arrogante,
y desbarato cuantas veo delante
del mundo injustas, ásperas razones...
¡batalla desigual! con mis blasones
escapo al fin, pero jamás triunfante:
¡harto fue el escapar siempre inocente,
siempre noble adalid, siempre valiente!
Vivamos ¡ay! vosotros blasfemando,
yo en cambio de vosotros bendiciendo:
vosotros, sin razón, siempre dudando,
yo también, sin razón, siempre creyendo:
vosotros a los buenos lastimando,
yo por los malos sin cesar sufriendo:
de odio vosotros abrevado el pecho,
y de tierna pasión, el mío deshecho.
Todos seremos ¡ay! muy desgraciados;
vosotros por dureza y egoísmo
solos, sin salvación, precipitados
iréis a dar del tedio en el abismo;
y mis nobles instintos fatigados,
rendida de mi inútil heroísmo,
del juicio, en mi fe loca, sin la guía
vendré a dar en mortal melancolía.
¡Dichosa el alma que lo cierto adora,
y en recompensa de su fe inmutable
tiene seguro el bien de cada hora,
su vida consagrando a lo adorable;
allí no hoy loca fe ni engañadora
duda cruel ni el desencanto es dable.
¡Oh fe de eternal sabiduría
tú sola eres el bien, tú la alegría!
se mofa de lo bello y de lo santo,
Mi loca fe, mi fanatismo es tanto,
que de error en error desvanecida
tomo por bella flor la hoja caída,
por diamante pulido el rudo canto,
y el lejano silbar de las serpientes
por tonos de gargantas inocentes.
No hay campiña por árida y por fría,
no hay montaña por agria y por salvaje
que no muestre un bellísimo paisaje
a la luz de mi extraña fantasía;
la inmunda tela que la araña cría,
el agua del pantano entre el celaje
miradas por mis ojos a lo lejos,
me parecieron cándidos espejos.
Virtudes hallo donde ven delitos,
inocencia y bondad donde hay maldades,
de ángeles bellos pueblos las ciudades,
que habitados están por los precitos
parécenme los buenos infinitos
en toda condición, todas edades:
y es preciso que el vicio toque y vea
para que al fin en el vicio crea.
No bien ante mis ojos ha caído
la dorada ilusión de una creencia,
cuando me lanzo con mayor demencia
otra a forjar, y el desengaño olvido;
¡ay! nada de experiencia en mí ha podido:
y así como en la infancia mi existencia
de mentira en mentira vuela errante,
ilusa, necia, crédula, ignorante.
Y es gracioso ¡por Dios! ver cómo elevo
culto divino a un ídolo de barro,
que tiene las entrañas de guijarro,
y cuya imagen con ternura llevo:
verdad es que a tocarle no me atrevo,
y se sostiene mi infeliz desbarro
hasta que el falso Dios, que así me trae,
de tan mal amasado, por sí cae.
Y es chistoso también (sábelo el cielo)
cuando el ídolo humano se arruina,
de tanta abnegación pura y divina,
de tanto ardiente amor, de tal desvelo
el premio ver que al desplomarse al suelo
aquella creación pálida y mezquina,
me da de oscuro polvo en pago justo,
de dar a un barro vil un culto augusto...
Alguna vez un alma tierna y buena,
aunque es mi suerte por demás aciaga,
¡ah! vino a iluminar con dicha vaga
el bosque de la triste Filomena:
pero sólo duró una luna llena,
y si bella ilusión aún me embriaga,
si espero algún placer, si en algo fío,
es no más por mi loco desvarío.
Donde los otros ven odio y encono,
el brillo de amistad a mí me encanta,
cada doncella imaginé una santa.
Y de cariño fiel las alcé un trono:
pagóme la mejor con abandono,
mas, rechazando su perfidia tanta,
por la dulce amistad sueño y deliro.
Como por fiel amor canto y suspiro.
La ilusión de la gloria es también mía,
nadie escucha a la oscura Filomena,
alzo la corta voz con larga pena,
y morirá conmigo mi poesía;
pero el amor de gloria me extasía:
De loca fe mi corazón se llena,
y aunque mi voz el viento rechazara,
contra los vientos sin cesar cantara.
No soy feliz —la plácida ventura
más que en mi corazón, está en la mente:
y aun pienso que he llorado amargamente
harto más que debiera un alma pura;
pero mi loca fe dichas me augura
que burla el porvenir constantemente,
y que eternas también se reproducen,
pues al par que unas cesan, otras lucen.
Es bueno Dios; pero a mi triste ruego
jamás detuvo su inflexible fallo:
ni me consuela, aunque paciente callo,
ni me serena aunque en llorar me ciego:
mas con ardiente fe a rogarle llego:
dondequiera que estoy en mí le hallo:
y aunque merezca premio por ser buena,
justo le llamaré si me condena.
También he sido amante de la luna
y tuve en los luceros amoríos:
y a mi bello ideal busqué en los ríos,
y he cifrado en las flores mi fortuna...
Amante como yo no hubo ninguna:
ninguna tuvo iguales desvaríos,
ni en loca fe jamás ninguna amante
ha sido a mis locuras semejante...
¡Inmensa confusión! ¡El mundo, el cielo,
la religión, la gloria, la poesía,
el amor, la amistad!... El alma mía
jamás reposa en su incesante vuelo;—
paso del entusiasmo al desconsuelo,
del agudo pesar a la alegría...
soy mucho para ser del hombre loco;
y para ser de Dios ¡ay! soy muy poco.
¿Qué soy sino una pobre enredadera,
que en el oscuro patio emparedada,
huye la sombra de que está cercada,
su cabeza elevando hacia la esfera?
Pero el rayo del sol, por más que quiera,
no baña su raíz al suelo atada—
huyo el pesar del mundo: aspiro al cielo;
pero el bien celestial no baja al suelo.
¿Qué soy sino una pobre enredadera
que buscando en la tierra amigos lazos,
tiende amorosa sus lozanos brazos
a la vecina planta compañera;
y porque al bronco espino los tendiera,
sus frescas hojas rompe en mil pedazos?...
Busco apoyo en las tiernas emociones,
y hallo tan sólo ingratos corazones.
¡Reíd los que cantáis la fe perdida!,
que ¡vive Dios! a resolver no oso
si es tal vez despreciar diamante hermoso
más necio que estimar piedra fingida;
si es más risible consumir su vida
por un ser ideal y artificioso
que perder por malicia o incerteza
del verdadero amante la terneza.
Y de los dos ridículos empeños,
de entrambas caprichosas necedades—,
ignoro si dudar de las verdades
es más locura que creer en sueños.
No sé si adorar cantos berroqueños,
flores, astros y ríos, cual deidades,
es pecado menor que el culto justo
negar al solo Dios digno y augusto.
Imaginad una ilusión florida:
fundad en ella un porvenir risueño,
sacrificadle la salud y el sueño,
rendidle el alma, el corazón, la vida...
y cuando más celosa y embebida,
y exaltada la améis con más empeño,
la finja más hermosa vuestra mente,
vedla desvanecerse de repente...
¡Ay! como entonces vuestra fe perdida,
incrédulos mancebos, envidiando,
las largas noches las pasé llorando,
de esta mi loca fe ya arrepentida;
pero a nadie culpé: de cada herida,
que en mi entusiasmo joven voy ahondando,
es cómplice no más la fantasía
que me deslumbra, ciega y extravía.
Defiendo, sí, mis bellas ilusiones,
las defiendo atrevida y arrogante,
y desbarato cuantas veo delante
del mundo injustas, ásperas razones...
¡batalla desigual! con mis blasones
escapo al fin, pero jamás triunfante:
¡harto fue el escapar siempre inocente,
siempre noble adalid, siempre valiente!
Vivamos ¡ay! vosotros blasfemando,
yo en cambio de vosotros bendiciendo:
vosotros, sin razón, siempre dudando,
yo también, sin razón, siempre creyendo:
vosotros a los buenos lastimando,
yo por los malos sin cesar sufriendo:
de odio vosotros abrevado el pecho,
y de tierna pasión, el mío deshecho.
Todos seremos ¡ay! muy desgraciados;
vosotros por dureza y egoísmo
solos, sin salvación, precipitados
iréis a dar del tedio en el abismo;
y mis nobles instintos fatigados,
rendida de mi inútil heroísmo,
del juicio, en mi fe loca, sin la guía
vendré a dar en mortal melancolía.
¡Dichosa el alma que lo cierto adora,
y en recompensa de su fe inmutable
tiene seguro el bien de cada hora,
su vida consagrando a lo adorable;
allí no hoy loca fe ni engañadora
duda cruel ni el desencanto es dable.
¡Oh fe de eternal sabiduría
tú sola eres el bien, tú la alegría!
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