Poemas en este tema
Alma
Gutierre de Cetina
Dulce, Sabrosa, Cristalina Fuente
Dulce, sabrosa, cristalina fuente,
refugio al caluroso ardiente estío,
adonde la beldad del ídol mío
hizo tu claridad más transparente,
¿qué ley permite, qué razón consiente
un pecho refrescar helado y frío,
en quien fuego de amor, fuerza ni brío
ni muestra de piedad jamás se siente?
Cuánto mejor harías si lavases
de este mi corazón tantas mancillas
y el ardor que lo abrasa mitigases.
Aquí serían, Amor, tus maravillas,
si en estas ondas un señal mostrases
de mis penas a quien no quiere oíllas.
refugio al caluroso ardiente estío,
adonde la beldad del ídol mío
hizo tu claridad más transparente,
¿qué ley permite, qué razón consiente
un pecho refrescar helado y frío,
en quien fuego de amor, fuerza ni brío
ni muestra de piedad jamás se siente?
Cuánto mejor harías si lavases
de este mi corazón tantas mancillas
y el ardor que lo abrasa mitigases.
Aquí serían, Amor, tus maravillas,
si en estas ondas un señal mostrases
de mis penas a quien no quiere oíllas.
403
Gutierre de Cetina
Aires SÜaves, Que Mirando Atentos
Aires süaves, que mirando atentos
escucháis la ocasión de mis cuidados,
mientra que la triste alma acompañados
con lágrimas os cuenta sus tormentos,
así alegres veáis los elementos,
y en lugares do estáis enamorados
las hojas y los ramos delicados
os respondan con mil dulces acentos.
De lo que he dicho aquí, palabra fuera
dentre estos valles salga, a do sospecha
pueda jamás causarme aquella fiera.
Yo deseo callar, mas ¿qué aprovecha?:
que la vida, que ya se desespera,
para tanto dolor es casa estrecha.
escucháis la ocasión de mis cuidados,
mientra que la triste alma acompañados
con lágrimas os cuenta sus tormentos,
así alegres veáis los elementos,
y en lugares do estáis enamorados
las hojas y los ramos delicados
os respondan con mil dulces acentos.
De lo que he dicho aquí, palabra fuera
dentre estos valles salga, a do sospecha
pueda jamás causarme aquella fiera.
Yo deseo callar, mas ¿qué aprovecha?:
que la vida, que ya se desespera,
para tanto dolor es casa estrecha.
693
Gutierre de Cetina
Mientra El Fiero Dolor De Su Tormento
Mientra el fiero dolor de su tormento
con mayor soledad Vandalio llora,
con voz de su morir denunciadora
dijo triste, lloroso y descontento:
«¡Oh gloria de estas selvas y ornamento,
sombras que tanto ardor templáis agora!
¡Oh tú, Eco, perpetua habitadora
del bosque que este llanto escucha atento!
»Quédese para vos sola guardado
mi tan secreto bien, mi buena suerte,
que tanto me costó por no mostralle.
»Y si tanto favor me niega el hado,
ya que a alguno contar queráis mi muerte,
dígase sólo el mal, el bien se calle».
con mayor soledad Vandalio llora,
con voz de su morir denunciadora
dijo triste, lloroso y descontento:
«¡Oh gloria de estas selvas y ornamento,
sombras que tanto ardor templáis agora!
¡Oh tú, Eco, perpetua habitadora
del bosque que este llanto escucha atento!
»Quédese para vos sola guardado
mi tan secreto bien, mi buena suerte,
que tanto me costó por no mostralle.
»Y si tanto favor me niega el hado,
ya que a alguno contar queráis mi muerte,
dígase sólo el mal, el bien se calle».
373
Gutierre de Cetina
En Cuál Región, En Cuál Parte Del Suelo
¿En cuál región, en cuál parte del suelo,
en cuál bosque, en cuál monte, en cuál poblado,
en cuál lugar remoto y apartado
puede ya mi dolor hallar consuelo?
Cuanto se puede ver debajo el cielo
todo lo tengo visto y rodeado;
y un medio que a mi mal había hallado,
hace en parte mayor mi desconsuelo.
Para curar el daño de la ausencia
píntoos cual siempre os vi, dura y proterva;
mas Amor os me muestra de otra suerte.
No queráis a mi mal más experiencia,
sino que ya, como herida cierva,
doquier que voy, conmigo va mi muerte.
en cuál bosque, en cuál monte, en cuál poblado,
en cuál lugar remoto y apartado
puede ya mi dolor hallar consuelo?
Cuanto se puede ver debajo el cielo
todo lo tengo visto y rodeado;
y un medio que a mi mal había hallado,
hace en parte mayor mi desconsuelo.
Para curar el daño de la ausencia
píntoos cual siempre os vi, dura y proterva;
mas Amor os me muestra de otra suerte.
No queráis a mi mal más experiencia,
sino que ya, como herida cierva,
doquier que voy, conmigo va mi muerte.
327
Gutierre de Cetina
Entre Armas, Guerra, Fuego, Ira Y Furores
Entre armas, guerra, fuego, ira y furores,
que al soberbio francés tienen opreso,
cuando el aire es más turbio y más espeso,
allí me aprieta el fiero ardor de amores.
Miro el cielo, los árboles, las flores,
y en ellos hallo mi dolor expreso,
que en el tiempo más frío y más avieso
nacen y reverdecen mis temores.
Digo llorando: «¡Oh dulce primavera,
cuándo será que a mi esperanza vea
ver de prestar al alma algún sosiego!»
Mas temo que mi fin mi suerte fiera
tan lejos de mi bien quiere que sea,
entre guerra y furor, ira, armas, fuego.
que al soberbio francés tienen opreso,
cuando el aire es más turbio y más espeso,
allí me aprieta el fiero ardor de amores.
Miro el cielo, los árboles, las flores,
y en ellos hallo mi dolor expreso,
que en el tiempo más frío y más avieso
nacen y reverdecen mis temores.
Digo llorando: «¡Oh dulce primavera,
cuándo será que a mi esperanza vea
ver de prestar al alma algún sosiego!»
Mas temo que mi fin mi suerte fiera
tan lejos de mi bien quiere que sea,
entre guerra y furor, ira, armas, fuego.
418
Gutierre de Cetina
Al Pie De Una Alta Haya Muy Sombrosa
Al pie de una alta haya muy sombrosa,
cuando más alto el sol mostraba el día,
mirando el agua clara que corría
por la ribera del Tesín hermosa,
pensando está Vandalio en la rabiosa
ocasión que turbó su fantasía,
tan obstinada el alma en su porfía
cuanto por la ocasión triste y cuidosa:
«¡Ay, suerte desigual! —dijo llorando—,
si está el alma de mí tan separada,
¿tan lejos della cómo o por qué vivo?
»Dolor, que sin matarme así apretando
me vas, o tu poder no puede nada
o se hace inmortal el hado esquivo».
cuando más alto el sol mostraba el día,
mirando el agua clara que corría
por la ribera del Tesín hermosa,
pensando está Vandalio en la rabiosa
ocasión que turbó su fantasía,
tan obstinada el alma en su porfía
cuanto por la ocasión triste y cuidosa:
«¡Ay, suerte desigual! —dijo llorando—,
si está el alma de mí tan separada,
¿tan lejos della cómo o por qué vivo?
»Dolor, que sin matarme así apretando
me vas, o tu poder no puede nada
o se hace inmortal el hado esquivo».
347
Gutierre de Cetina
Al Rebaño Mayor De Sus Cuidados
Al rebaño mayor de sus cuidados
que a la orilla del Po paciendo se iba,
dijo Vandalio con la mente esquiva,
los ojos de sus lágrimas bañados:
«Paced, mis ovejuelas, pues los hados,
la invidia ajena y la aspereza altiva
de la ribera de Pisuerga os priva
y de sus verdes y floridos prados.
»Si en las hierbas halláis amargo el gusto,
si el agua es menos clara que solía,
si os muestra el cielo invierno a primavera,
»no es fuera de razón, antes muy justo,
pues tan lejos estáis del alma mía,
que sea todo al revés lo que antes era».
que a la orilla del Po paciendo se iba,
dijo Vandalio con la mente esquiva,
los ojos de sus lágrimas bañados:
«Paced, mis ovejuelas, pues los hados,
la invidia ajena y la aspereza altiva
de la ribera de Pisuerga os priva
y de sus verdes y floridos prados.
»Si en las hierbas halláis amargo el gusto,
si el agua es menos clara que solía,
si os muestra el cielo invierno a primavera,
»no es fuera de razón, antes muy justo,
pues tan lejos estáis del alma mía,
que sea todo al revés lo que antes era».
353
Gutierre de Cetina
Si Jamás El Morir Se Probó En Vida
Si jamás el morir se probó en vida,
yo triste soy el que lo pruebo y siento
con extraño dolor, pena y tormento,
en esta trabajosa mi partida.
Mi alma en vuestro gesto embebecida,
mirándoos se henchía de un contento
tal, que de ufano ya mi sufrimiento
gloria le era la pena más crecida.
Mas hora que de vos me alejo tanto,
¿cuál consuelo será que me consuele,
que no sienta en partir la misma muerte,
si me muestra el temor visión de espanto,
que asombrándome hace que recele
de vos, de amor, del tiempo y de la suerte?
yo triste soy el que lo pruebo y siento
con extraño dolor, pena y tormento,
en esta trabajosa mi partida.
Mi alma en vuestro gesto embebecida,
mirándoos se henchía de un contento
tal, que de ufano ya mi sufrimiento
gloria le era la pena más crecida.
Mas hora que de vos me alejo tanto,
¿cuál consuelo será que me consuele,
que no sienta en partir la misma muerte,
si me muestra el temor visión de espanto,
que asombrándome hace que recele
de vos, de amor, del tiempo y de la suerte?
413
Gutierre de Cetina
Con Aquel Poco Espíritu Cansado
Con aquel poco espíritu cansado
que queda al que el vivir le va dejando,
en brazos de Amarílida llorando
Vandalio, de salud desconfiado:
«No me duele el morir desesperado
—dijo—, pues con mi mal se va acabando,
mas duéleme que parto y no sé cuándo.
Señora, ¿habrás dolor de mi cuidado?»
La ninfa que con lágrimas el pecho
del mísero pastor todo bañaba:
«Sin premio no será tu amor», decía.
Mas él, puesto en el paso más estrecho,
mucho más que el morir, pena le daba
no poder ya gozar del bien que oía.
que queda al que el vivir le va dejando,
en brazos de Amarílida llorando
Vandalio, de salud desconfiado:
«No me duele el morir desesperado
—dijo—, pues con mi mal se va acabando,
mas duéleme que parto y no sé cuándo.
Señora, ¿habrás dolor de mi cuidado?»
La ninfa que con lágrimas el pecho
del mísero pastor todo bañaba:
«Sin premio no será tu amor», decía.
Mas él, puesto en el paso más estrecho,
mucho más que el morir, pena le daba
no poder ya gozar del bien que oía.
328
Gutierre de Cetina
Entre Osar Y Temer, Entre Esperanza
Entre osar y temer, entre esperanza
y un triste recelar desesperado,
entre gozo y dolor, entre un cuidado
y un cierto no sé qué de confianza,
entre aquel bien que un amador alcanza
mientra espera gozar lo deseado,
y entre aquel mal que siente un desdichado
que teme de fortuna en la bonanza,
Vandalio, enamorado y temeroso,
está entre un cierto sí y un no más cierto,
no suceda a su bien fortuna aviesa,
cuando dijo: «¡Dolor fiero, rabioso!,
hoy triunfas de mi vida, hoy seré muerto
si Amarílida falta a su promesa».
y un triste recelar desesperado,
entre gozo y dolor, entre un cuidado
y un cierto no sé qué de confianza,
entre aquel bien que un amador alcanza
mientra espera gozar lo deseado,
y entre aquel mal que siente un desdichado
que teme de fortuna en la bonanza,
Vandalio, enamorado y temeroso,
está entre un cierto sí y un no más cierto,
no suceda a su bien fortuna aviesa,
cuando dijo: «¡Dolor fiero, rabioso!,
hoy triunfas de mi vida, hoy seré muerto
si Amarílida falta a su promesa».
428
Gutierre de Cetina
El Dulce Fruto En La Cobarde Mano
El dulce fruto en la cobarde mano
y casi puesto a la hambrienta boca,
de turbado lo suelta y no lo toca,
vencido de un temor bajo, villano,
Vandalio; y el Amor, fiero tirano,
que al alma asombra con sospecha loca,
mientra la vida deseando apoca,
la hambre cresce y cresce el temor vano.
En tanto, el caro fruto deseado
de la vista al pastor desaparesce,
y ni comer se deja ni tocarse;
cuando con un sospiro apasionado
dijo: «Tal sea de aquél a quien se ofresce
un bien de que no sabe aprovecharse».
y casi puesto a la hambrienta boca,
de turbado lo suelta y no lo toca,
vencido de un temor bajo, villano,
Vandalio; y el Amor, fiero tirano,
que al alma asombra con sospecha loca,
mientra la vida deseando apoca,
la hambre cresce y cresce el temor vano.
En tanto, el caro fruto deseado
de la vista al pastor desaparesce,
y ni comer se deja ni tocarse;
cuando con un sospiro apasionado
dijo: «Tal sea de aquél a quien se ofresce
un bien de que no sabe aprovecharse».
415
Gutierre de Cetina
Como El Que Enfermedad De Muerte Tiene
Como el que enfermedad de muerte tiene,
que está de su salud desconfiado,
ni se puede alegrar del mal pasado,
ni gozo entero haber del bien que viene;
pensando en el morir, si se detiene,
es porque el plazo cierto no ha llegado,
de cuya causa el mejorar de estado
ni lo asegura ya, ni lo entretiene;
tal el triste Vandalio en la estrecheza,
envuelto en un temor con mil temores,
a la bella Amarílida decía:
«Poca seguridad, menos firmeza,
no me dejan gozar vuestros favores;
que un recelo mortal me los desvía».
que está de su salud desconfiado,
ni se puede alegrar del mal pasado,
ni gozo entero haber del bien que viene;
pensando en el morir, si se detiene,
es porque el plazo cierto no ha llegado,
de cuya causa el mejorar de estado
ni lo asegura ya, ni lo entretiene;
tal el triste Vandalio en la estrecheza,
envuelto en un temor con mil temores,
a la bella Amarílida decía:
«Poca seguridad, menos firmeza,
no me dejan gozar vuestros favores;
que un recelo mortal me los desvía».
388
Gutierre de Cetina
El Dulce Fruto En La Cobarde Mano
La nueva luz en el nacer del día
al mísero Vandalio, que guiaba
sus ovejuelas, por su mal mostraba
cosa que su dolor mayor hacía.
Una avecilla que caído había
en la encubierta liga, vio que estaba,
y mientra por soltarse trabajaba,
más la enredaba el visco y la prendía.
Mirando el mal ajeno estaba atento,
y pensando hallar en él consuelo,
duro ejemplo le trajo al pensamiento.
«¡Mirad —dijo el pastor— que ha hecho el cielo
por mostrar en dibujo aquel tormento
que padece el que ha dado en un recelo!»
al mísero Vandalio, que guiaba
sus ovejuelas, por su mal mostraba
cosa que su dolor mayor hacía.
Una avecilla que caído había
en la encubierta liga, vio que estaba,
y mientra por soltarse trabajaba,
más la enredaba el visco y la prendía.
Mirando el mal ajeno estaba atento,
y pensando hallar en él consuelo,
duro ejemplo le trajo al pensamiento.
«¡Mirad —dijo el pastor— que ha hecho el cielo
por mostrar en dibujo aquel tormento
que padece el que ha dado en un recelo!»
317
Gutierre de Cetina
Fuego Queme Mi Carne Y Por Encienso
«Fuego queme mi carne y por encienso
baje el humo a las almas del infierno;
pase la mía aquel olvido eterno
de Lete porque pierda el bien que pienso;
»el fiero ardor que hora me abrasa intenso
ni melle corazón ni haga tierno;
niégueme pïedad, favor, gobierno
el mundo, Amor y el sumo Dios inmenso;
»mi vivir sea enojoso y trabajado,
en estrecha prisión dura y forzosa,
siempre de libertad desesperado,
»si viviendo no espero ya ver cosa
—dijo Vandalio, y con verdad jurado—,
que sea cual tú, Amarílida, hermosa».
baje el humo a las almas del infierno;
pase la mía aquel olvido eterno
de Lete porque pierda el bien que pienso;
»el fiero ardor que hora me abrasa intenso
ni melle corazón ni haga tierno;
niégueme pïedad, favor, gobierno
el mundo, Amor y el sumo Dios inmenso;
»mi vivir sea enojoso y trabajado,
en estrecha prisión dura y forzosa,
siempre de libertad desesperado,
»si viviendo no espero ya ver cosa
—dijo Vandalio, y con verdad jurado—,
que sea cual tú, Amarílida, hermosa».
327
Gutierre de Cetina
Como El Que Enfermedad De Muerte Tiene
El más alto y más dulce pensamiento
del cuidado mayor, que más quería,
un sospiro secreto en que abscondía
la hermosa ocasión de su tormento,
todo cuanto favor, cuanto contento
tuvo jamás, cuanto tener podría,
Vandalio, pastor bético, ofrecía
al Amor, muy lloroso y descontento.
«Señor —dijo al fin— si el sacrificio
miras cuál puede ser que mayor sea,
si a la intención tú sabes bien mi historia,
»sólo te pido, en premio del servicio,
la salud de Amarílida: no vea
el mundo así perder su mayor gloria».
del cuidado mayor, que más quería,
un sospiro secreto en que abscondía
la hermosa ocasión de su tormento,
todo cuanto favor, cuanto contento
tuvo jamás, cuanto tener podría,
Vandalio, pastor bético, ofrecía
al Amor, muy lloroso y descontento.
«Señor —dijo al fin— si el sacrificio
miras cuál puede ser que mayor sea,
si a la intención tú sabes bien mi historia,
»sólo te pido, en premio del servicio,
la salud de Amarílida: no vea
el mundo así perder su mayor gloria».
372
Gutierre de Cetina
Sin Poderse Alegrar De Cosa Alguna
Sin poderse alegrar de cosa alguna,
de invidia, de ira y rabia ardiendo el pecho,
mirando la ocasión de su despecho,
en brazos de Endimión decía la Luna:
«¡Ah, dichosa Amarílida!, fortuna
que el más fiel pastor siervo te ha hecho;
te asegura del mal, de quien sospecho
que si no tú, escapar puede ninguna.
»Tú sola vivirás leda y contenta,
de aquel desimular de amor sigura,
que en los hombres sin fe se anida y sella».
Endimión, que oyendo esto se afrenta,
responde así: «Hizo igual ventura
a la fe del pastor, la beldad della».
de invidia, de ira y rabia ardiendo el pecho,
mirando la ocasión de su despecho,
en brazos de Endimión decía la Luna:
«¡Ah, dichosa Amarílida!, fortuna
que el más fiel pastor siervo te ha hecho;
te asegura del mal, de quien sospecho
que si no tú, escapar puede ninguna.
»Tú sola vivirás leda y contenta,
de aquel desimular de amor sigura,
que en los hombres sin fe se anida y sella».
Endimión, que oyendo esto se afrenta,
responde así: «Hizo igual ventura
a la fe del pastor, la beldad della».
315
Gutierre de Cetina
Ay, Mísero Pastor!, ¿dó Voy Huyendo?
¡Ay, mísero pastor!, ¿dó voy huyendo?
¿Curar pienso un ardor con otro fuego?
¡Cuitado!, ¿adónde voy? ¿Estoy ya ciego
que ni veo mi bien ni el mal entiendo?
¿Dó me llevas, Amor? Si aquí me enciendo,
¿tendré do voy más paz o más sosiego?
Si huyo de un peligro, ¿a dó voy luego?
¿Es menor el que voy hora siguiendo?
¿Fue más ventura el Betis, por ventura,
que era agora Pisuerga? ¿Aquél no ha sido
tan triste para mí como ese agora?
Si falta en Amarílida mesura,
¿cómo la tendrá Dórida, sabido
que llevo ya en el alma otra señora?
¿Curar pienso un ardor con otro fuego?
¡Cuitado!, ¿adónde voy? ¿Estoy ya ciego
que ni veo mi bien ni el mal entiendo?
¿Dó me llevas, Amor? Si aquí me enciendo,
¿tendré do voy más paz o más sosiego?
Si huyo de un peligro, ¿a dó voy luego?
¿Es menor el que voy hora siguiendo?
¿Fue más ventura el Betis, por ventura,
que era agora Pisuerga? ¿Aquél no ha sido
tan triste para mí como ese agora?
Si falta en Amarílida mesura,
¿cómo la tendrá Dórida, sabido
que llevo ya en el alma otra señora?
373
Gutierre de Cetina
En Un Olmo Vandalio Escribió Un Día
En un olmo Vandalio escribió un día,
do la corteza estaba menos dura,
el nombre y la ocasión de su tristura;
después, mirando al cielo, así decía:
«Tanto crezcas, ¡oh bella planta mía!,
que al más alto ciprés venzas de altura,
y tanta sea mayor tu hermosura
cuanta aquella de Dórida sería.
»Crezcan a par del olmo en su grandeza
las letras del amado y dulce nombre,
y en él hagan perpetua su memoria;
»porque los que vendrán sepan que un hombre
levantó el pensamiento a tanta alteza
que es digno al menos de inmortal renombre».
do la corteza estaba menos dura,
el nombre y la ocasión de su tristura;
después, mirando al cielo, así decía:
«Tanto crezcas, ¡oh bella planta mía!,
que al más alto ciprés venzas de altura,
y tanta sea mayor tu hermosura
cuanta aquella de Dórida sería.
»Crezcan a par del olmo en su grandeza
las letras del amado y dulce nombre,
y en él hagan perpetua su memoria;
»porque los que vendrán sepan que un hombre
levantó el pensamiento a tanta alteza
que es digno al menos de inmortal renombre».
446
Gutierre de Cetina
Debajo De Un Pie Blanco Y Pequeñuelo
Debajo de un pie blanco y pequeñuelo
tenía el corazón enamorado
Vandalio, tan ufano en tal cuidado,
que tiene en poco el mayor bien del suelo.
Cuando movido Amor de un nuevo celo,
envidioso de ver tan dulce estado,
mirando el pie hermoso y delicado,
el fuego del pastor muestra de hielo.
En tanto, el corazón que contemplaba
el pie debajo el cual ledo se vía,
con lágrimas de gozo lo bañaba.
Y el alma, que mirando se sentía,
con fogosos suspiros enjugaba
las mancillas que el llanto en el ponía.
tenía el corazón enamorado
Vandalio, tan ufano en tal cuidado,
que tiene en poco el mayor bien del suelo.
Cuando movido Amor de un nuevo celo,
envidioso de ver tan dulce estado,
mirando el pie hermoso y delicado,
el fuego del pastor muestra de hielo.
En tanto, el corazón que contemplaba
el pie debajo el cual ledo se vía,
con lágrimas de gozo lo bañaba.
Y el alma, que mirando se sentía,
con fogosos suspiros enjugaba
las mancillas que el llanto en el ponía.
355
Gutierre de Cetina
Dórida, Hermosísima Pastora
Dórida, hermosísima pastora,
cortés, sabia, gentil, blanda y piadosa,
¿cuál suerte desigual, fiera, rabiosa,
pone a mi libertad nueva señora?
El corazón que te ama y que te adora,
¿quién lo puede forzar que ame otra cosa?
¿Amarílida es más sabia o hermosa
que tú? No sé. Contempla esta alma ahora.
¿Fue jamás de Amarílida tratado
tan bien como de ti, tan sin fiereza?
¿No me acordabas tú si yo te amaba?
Pues sin mudarme yo, ¿quién me ha mudado?
Respondió el eco: «Yo, que en tanta alteza
mucho tiempo tan dulce ser duraba».
cortés, sabia, gentil, blanda y piadosa,
¿cuál suerte desigual, fiera, rabiosa,
pone a mi libertad nueva señora?
El corazón que te ama y que te adora,
¿quién lo puede forzar que ame otra cosa?
¿Amarílida es más sabia o hermosa
que tú? No sé. Contempla esta alma ahora.
¿Fue jamás de Amarílida tratado
tan bien como de ti, tan sin fiereza?
¿No me acordabas tú si yo te amaba?
Pues sin mudarme yo, ¿quién me ha mudado?
Respondió el eco: «Yo, que en tanta alteza
mucho tiempo tan dulce ser duraba».
469
Gutierre de Cetina
Con Ansia Que Del Alma Le Salía
Con ansia que del alma le salía,
la mente del morir hecha adivina,
contemplando Vandalio la marina
de la ribera bética, decía:
«Pues vano desear, loca porfía,
a la rabiosa muerte me destina,
mientras la triste hora se avecina,
oye mi llanto tú, Dórida mía.
»Y si tu crüeldad contenta fuese,
por premio de esta fe firme y constante,
que sobre mi sepulcro se leyese,
»no en letras de metal, mas de diamante,
Dórida ha sido causa que muriese
el más leal y el más sufrido amante».
la mente del morir hecha adivina,
contemplando Vandalio la marina
de la ribera bética, decía:
«Pues vano desear, loca porfía,
a la rabiosa muerte me destina,
mientras la triste hora se avecina,
oye mi llanto tú, Dórida mía.
»Y si tu crüeldad contenta fuese,
por premio de esta fe firme y constante,
que sobre mi sepulcro se leyese,
»no en letras de metal, mas de diamante,
Dórida ha sido causa que muriese
el más leal y el más sufrido amante».
424
Gutierre de Cetina
Si El Justo Desear, Padre Silvano
Si el justo desear, padre Silvano,
jamás pudo moverte entre pastores,
si del rabioso mal de los amores
el corazón salvaje has hecho humano,
ruega al numen celeste que la mano
de su piedad extienda a los clamores
que Dórida le hace, en los ardores
de una fiebre crüel, llorando en vano.
Si alcanzo de los dos tanta ventura,
vuestra gloria será más verdadera,
y más para sufrir mi desventura.
Y cuando lo contrario el hado quiera,
no perezca, señor, tal hermosura:
menor mal es que yo en su lugar muera.
jamás pudo moverte entre pastores,
si del rabioso mal de los amores
el corazón salvaje has hecho humano,
ruega al numen celeste que la mano
de su piedad extienda a los clamores
que Dórida le hace, en los ardores
de una fiebre crüel, llorando en vano.
Si alcanzo de los dos tanta ventura,
vuestra gloria será más verdadera,
y más para sufrir mi desventura.
Y cuando lo contrario el hado quiera,
no perezca, señor, tal hermosura:
menor mal es que yo en su lugar muera.
431
Gutierre de Cetina
Como Al Pastor Que En La Ardiente Hora Estiva
«Como al pastor que en la ardiente hora estiva
la verde sombra, el fresco aire agrada,
y como a la sedienta su manada
alegra alguna fuente de agua viva,
»así a mi árbol do se note o escriba
mi nombre en la corteza delicada
alegra, y ruego a Amor que sea guardada
la planta porque el nombre eterno viva.
»Ni menos se deshace el hielo mío,
Vandalio, ante tu ardor, cual suele nieve
a la esfera del sol ser derretida».
Así decía Dórida en el río
mirando su beldad, y el viento leve
llevó la voz que apenas fue entendida.
la verde sombra, el fresco aire agrada,
y como a la sedienta su manada
alegra alguna fuente de agua viva,
»así a mi árbol do se note o escriba
mi nombre en la corteza delicada
alegra, y ruego a Amor que sea guardada
la planta porque el nombre eterno viva.
»Ni menos se deshace el hielo mío,
Vandalio, ante tu ardor, cual suele nieve
a la esfera del sol ser derretida».
Así decía Dórida en el río
mirando su beldad, y el viento leve
llevó la voz que apenas fue entendida.
370
Gutierre de Cetina
En Un Bastón De Acebo Que Traía
En un bastón de acebo que traía
por sostener el cuerpo trabajado,
Vandalio de su mano había entallado
la imagen que en el alma poseía.
Y como que presente la tenía,
mirando della el natural traslado,
envuelto en un suspiro apasionado,
con lágrimas llorando le decía:
«Dórida, si mirando esta figura
siento el alma encender, siento abrasarme,
piensa qué será ver tu hermosura.
»Si así puedes ver tu hermosura,
di cuándo acabará mi desventura.
Mas no querrás hablar por no hablarme».
por sostener el cuerpo trabajado,
Vandalio de su mano había entallado
la imagen que en el alma poseía.
Y como que presente la tenía,
mirando della el natural traslado,
envuelto en un suspiro apasionado,
con lágrimas llorando le decía:
«Dórida, si mirando esta figura
siento el alma encender, siento abrasarme,
piensa qué será ver tu hermosura.
»Si así puedes ver tu hermosura,
di cuándo acabará mi desventura.
Mas no querrás hablar por no hablarme».
432