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Efraín Huerta

Efraín Huerta

Manifiesto Nalgaísta Aleluya Cocodrilos Sexuales Aleluya

MANIFIESTO NALGAÍSTA

ALELUYA COCODRILOS SEXUALES ALELUYA

Para ella que me mira morir

El gran río penetró la roca viva

y se adelgazó hasta el miedo y el estruendo

se hizo rayo se hizo ruina se hizo tonto esqueleto

y hoy padece a lo largo de pieles de tigre

a la orilla del cocodrilo que me sueña

y me hunde en el naufragio

de su carne tan blanca

oh carne nacarada en medio

de la arena


como tú

y estas dos medallas de oro que muerdo

dalias de vida y de martirio

y en ellas me retrato y consigo el descenso

al dulce infierno de tu vientre

y de nuevo los dientes


ah malditos

ah maldita tú también

larga bestia ululante despierta lengua

en aquel círculo de asesinos

(Pierde toda esperanza


amor mío)

de almas danzantes albas

cool cool cool cool jazz


¡Bríndamelo por fin!

Aleluya Aleluya magnífico Grijalva

muerto de frío de rocas y pañuelos rojos

Piérdete

adelgázate hasta la soledad

de los cocodrilos que agonizan

al pie de mi medio siglo


y de mi alcohol

cohol cohol cohol cohol jazz

cool cool cool cool jazz

marinera manía

de pintar escribir declamar pagar impuestos

luz renta etcétera


y luego abrazarte

bajo el diluvio de sones antillanos y misas lubas

y volver a abrazarte hasta el arte y el hartazgo

y aleluyarte hasta no sé cuando

dormida y abrumada purificada


putificada

¡Aleluya! ¡Aleluya!

poetas elotes tiernos calaveritas apaleadas

poetas inmensos reyes del eliotazgo

baratarios y pancistas

grandísimos quijotes de su tiznadísima chingamusa

perdónenme grandes y pequeños pequeñísimos
poetas

(Soy acaso el Hijo de Sánchez de la poesía

¿Peralvillo Tepito Incorporated?

Alors los invito a discurrir

pespunte limpio

por el nuevo Paseo la Anti-Reforma)

726
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Afrodita Morris (ceremonial De Las 13 30)

AFRODITA MORRIS

(Ceremonial de las 13.30)


On ne mesure pas le désordre

Pourtant

C’est par la femme que l’homme durePAUL ÉLUARD

Causadora de secretos yerros

Enemiga de honestad


Ligera emerges de la malvada espuma

Y zahareña pasas bajo arcos triunfales

Traspasada de luces meridianas

Pirules, marquesinas, prósperas azaleas,

Sublimada como la gran cosa grandes muslos

Sintiéndote brutalmente soñada

Cual si fueras lo exclusivo y único mineral y eléctrico


Pero así eres pues

Y algo de tu mítica presencia

Explicaré en seguida

Con licencia de castos ojos castos oídos:


A los 200 metros advertimos olemos la chamusquina

Tu breve cabellera república de abejas

Dorado vellocino

Te acercas luego luego

Deseada y amada a todo vapor

Con tus brillantes incisivos de ardilla

El busto de amazona levemente anémica

Y todo lo animal y exuberante que te circunda

Laboriosa potranca gigante brizna

Abrasadora corza purpureante blasfemia

Amazona domadora del potrillo segundo

Del minutero potro

Fulminadora de una vez por todas

Espejo espejito espejazo

De los hirientes azúcares del día

¿Quién más bella que tú?


Pasas rapiditamente por el abismo de mis tristezas

Irradiando cardillo suscitando guirnaldas

Malditamente becqueriana

Salvajemente nerudiana

Abruptamente rubendariana

Dueña y señora de las implacables exultaciones

Vegetal marmórea canela pura

Piel de adivinaciones

Pies tejedores de aullidos

Cuando un fregabundal de albañiles te miran

Y los andamios son ya castillos en ruinas

Los pasajeros de autobuses fallecen de escalofrío

Y los decesos (desexos) se suceden como un tropel de alfajores

Imposible sería, erectamente hablando,

Decir tu nombre porque nadie lo sabe y

Porque pocos conocen tu eminencia hipotenar

El aductor medio el definitivo sartorio

Los nombrados internos y externos

El crucial peroneo lateral largo

Y los delicados crural anterior, ah, y el sóleo


Después la asfáltica nube que discurre desde Morris Hnos.

(todo lo diagnosticas tú, todito, toditito,

doctora en almas herrumbrosas automóviles desbielados)

Hasta Masaryk, Horacio y Homero

Territorio de los rugidos las aromáticas mentadas de madre

Las sirenas de la Cruz Verde y la Cruz Roja

El claxon rencoroso de las damas liverpúlicas

Las solamente lindas propietarias de boutiques

(una shutique me hace merecedor de la locura)

Los vendedores de billetes de lotería

Los boleros sin ranita con mandolina,

Los vagos, los imbéciles gerentes de banco

Y sus medianamente guapotas secretarias

Las carrozas de Gayosso y Tangassi

(Cuando estrene mi pijama de madera estaré más triste)

Los camiones 60, 77, 85, 91, etcétera,

Que van y vienen como cangrejos locos

Y vas y vienes, Afrodita de tezontle,

Y entonces la avenida Mariano Escobedo
(¡Ríndete,Maximiliano!)

Es el canal donde la sangre estalla y se desparrama

Y los cínicos sicofantes la recogen con cucharitas de plata


Pero cuando ayayay no pasas

Vario coraje nos enferma y

Por absoluta mayoría se resuelve

Que simplemente seas Afroda

Afroda Pérez López González o Martínez

Y no como te llamen en tu oficina en tu alcoba

O como se llamen tu espalda y tus riñones

Tus músculos ya escritos y descritos

La dulce miniatura de tus machupechos

Nuestros ojos muertos de pena

Nuestra boca muerta de sed

Nuestra poesía tan pobremente reiterativa


Todo viene a ser atrocísimo

Ominoso guillotinesco

Oh tú arrogante y bien plantada

Epicúreo y frutal teorema

Avara y generosa

Plácidamente paladeable

Para con “los llamados etceteristas

Y también los del así sucesivamente”


Y así

Así susexyvamente

Hasta la dulce muerte por enumeración

Y la despiadada caída

Del violáceo telón de la Impudicia

Enero de 1971

645
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Juárez-loreto

JUÁREZ-LORETO


Alabados sean los ladrones...H.M.E


La del piernón bruto me rebasó por la derecha:

rozóme las regiones sagradas, me vio de arriba abajo

y se detuvo en el aire viciado: cielo sucio

de la Ruta 85, donde los ladrones

me conocen porque me roban, me pisotean

y me humillan: seguramente saben

que escribo versos: ¿Pero ella? ¿Por qué

me faulea, madruga, tumba, habita, bebe?

Tiene el pelo dorado de la madrugada

que empuña su arma y dispara sus violines.

Tiene un extraño follaje azul-morado

en unos ojos como faroles y aguardiente.

Es un jazmín angelical, maligno,

arrancado del zarzal en ruinas.

A los rateros los detesto con todo el corazón,

pero a ella, que debe llamarse Ría, Napoleona,

Bárbara o Letra Muerta o Cosa Quemada,

empiezo a amarla en la diagonal de Euler

y en la parada de Petrarca ya soy un horno

pálido de codicia, de sueños de poder,

porque como amante siempre he sido pan comido,

migaja llorona (Ay de mí, Llorona), y si ayer pasadas las diez
de la noche

fui el vivo retrato de la Novena Maravilla,

ahora sólo soy la sombra de una séptima colina desyerbada.


Alabados sean los ladrones, dice Hans Magnus.

Pues que lo sean: los veo hurtar carteras, relojes, orejas,

pies, nalgas iridiscentes, bolígrafos, anteojos,

y ella, que debe llamarse Escaldada, ni se inmuta.

Vuelve al roce, al foul, al descaro,

se alisa la dorada cabellera

(¡Coño, carajo, caballero, qué cabellera de oro!),

se marea, se hegeliza, se newtoniza,

y pasamos por donde Maimónides y Hesíodo

y pone todavía más cara de estúpida

cuando Alejandro Dumas, Poe y Molière y los cines cercanos!

Malditilla, malditita, putilla camionera,

vergüenza seas para las anchas avenidas

que son Horacio, Homero y, caray (aguas, aguas), Ejército Nacional.

Rozadora, pescadora en el río revuelto

de las horas febriles; ladrona de mi mala suerte,

abyecta cómplice del «dos de bastos», hembra de los flancos

como agua endemoniada;

cachondísima hasta la parada en seco

del autobús de la Muerte.

Alabada seas, bandida de mi lerda conmiseración.

Escorpiona te llamas, Cancerita, Cangreja,

amada hasta la terminal, hasta el infinito trasero

que me despertó imbecilizado en el boulevard

¡Miguel de Cervantes Saavedra y demás clásicos!

Porque luego de tus acuciosos frotamientos

y que cada quien llegó a donde quiso llegar

(para eso estamos y vivimos en un país libre)

hube de regresar al lugar del crimen

(así llamo a mi arruinado departamento de Lope de Vega),

y pues me vine, sí, me vine lo más pronto posible

en medio de una estruendosa rechifla celestial.


Adoro tu nalga derecha, tu pantorilla izquierda,

tus muslos enteritos, lo adivinable y calientito, tus pechitos pachones

y tu indigno, antideportivo comportamiento.

Que te asalten, te roben, burlen, violen,

Nariz de Colibrí, Doncella Serpentina,

Suripantita de Oro, Cabellitos de Elote,

porque te amo y alabo desde lo alto de mi aguda marchitez.


Hoy debo dormir como un bendito

y despertar clamando en el desierto de la ciudad

donde el Juárez-Loreto que algún día compraré

me espera, como un palacio espera, adormilado,

a su viejo-príncipe-poeta


soberbiamente idiota.

22 de octubre de 1970

676
Efraín Huerta

Efraín Huerta

órdenes De Amor

ÓRDENES DE AMOR


¡Ten piedad de nuestro amor

y cuídalo, oh Vida!
Carlos Pellicer


1


Amor mío, embellécete.

Perfecto, bajo el cielo, lámpara

de mil sueños, ilumíname.

Orquídea de mil nubes,

desnúdate, vuelve a tu origen,

agua de mis vigilias,

lluvia mía, amor mío.

Hermoso seas por siempre

en el eterno sueño

de nuestro cielo,

amor.
2


Amor mío, ampárame.

Una piedad sin sombra

de piedad es la vida. Sombra

de mi deseo, rosa de fuego.

Voy a tu lado, amor,

como un desconocido.

Y tú me das la dicha

y tú me das el pan,

la claridad del alba

y el frutal alimento,

dulce amor.
3


Amor mío, obedéceme:

ven despacio, así, lento,

sereno y persuasivo:

Sé dueño de mi alma,

cuando en todo momento

mi alma vive en tu piel.

Vive despacio, amor,

y déjame beber,

muerto de ansia,

dolorido y ardiente,

el dulce vino, el vino

de tu joven imperio,

dueño mío.
4


Amor mío, justifícame,

lléname de razón y de dolor.

Río de nardos, lléname

con tus aguas: ardor de ola,

mátame...


Amor mío.

Ahora sí, bendíceme

con tus dedos ligeros,

con tus labios de ala,

con tus ojos de aire,

con tu cuerpo invisible,

oh tú, dulce recinto

de cristal y de espuma,

verso mío tembloroso,

amor definitivo.
5


Amor mío, encuéntrame.

Aislado estoy, sediento

de tu virgen presencia,

de tus dientes de hielo.

Hállame, dócil fiera,

bajo la breve sombra de tu pecho,

y mírame morir,

contémplame desnudo

acechando tu danza,

el vuelo de tu pie,

y vuélveme a decir

las sílabas antiguas del alba:

Amor, amor-ternura,

amor-infierno,

desesperado amor.
6


Amor, despiértame

a la hora bendita, alucinada,

en que un hombre solloza

víctima de sí mismo y ábreme

las puertas de la vida.

Yo entraré silencioso

hasta tu corazón, manzana de oro,

en busca de la paz

para mi duelo. Entonces

amor mío, joven mía,

en ráfagas la dicha placentera

será nuestro universo.

Despiértame y espérame,

amoroso amor mío.

1958

978
Efraín Huerta

Efraín Huerta

Para Gozar De Tu Paz

PARA GOZAR DE TU PAZ


Como el viento agita las altas hierbas

así mis dedos vuelan sobre tu cabellera de diamantes,

y la noche de alcohol y los árboles de oro

encierran para siempre un sollozo de triunfo,

el ay de la alegría, el ah definitivo.

Como el aire de junio en la colina

mueve la dulce sombra de la nube,

así mi corazón se sacrifica

en el húmedo templo de tu pelo.


Nave sin dueño, sombra de ardorosa

violencia, ésta mi mano canta

bajo el murmullo alado de tu gloria.

Porque tienes la luz y la belleza

en el sereno estanque de tu rostro,

así el negro laurel es tu corona

y es mi fatiga y es

la sangre del insomnio.


Sólo cuando el pecado es la guirnalda

y la atadura, la cadena infinita

y el profundo latido; sólo cuando

la hora ha llegado, y tú,

joven de rosas y jazmines,

miras al horizonte del deseo

y dejas que el tesoro de seda y maravilla

sea la noche en mis manos,

sólo entonces, dorada,

todo me pertenece;

las hierbas agitadas y el viento

corriendo como el agua entre mis dedos:

agua de mi delirio, eterna fiebre,

espejismo y violencia, dura espina,

pedernal de la muerte, lento mármol,

millón de espigas negras.


Donde nace la idea,

donde tus pensamientos

—aves en dulce selva sometidas—,

donde mis labios buscan el milagro,

ahí estará mi fuerza.

Ahí estará el dolor de mi presencia:

al pie de tu dominio y tu pureza,

sin más aroma que el júbilo

y una medalla de aire,

palpitante, como el fuego

de una lágrima viva.


Crece la hierba, el río,

y el ala de la garza

es la mano de Dios que se despide.

Crece el amor en invisible grito

(quemante, activa espada),

y el corazón despierta

como herido de muerte.

Doblo la lenta hoja del silencio

y te apareces tú, página y perla,

con el cabello al viento

y una cierta sonrisa de alta luna.


Suave y veloz, como el aire de junio,

beso tu cabellera de diamantes,

el tesoro escondido de tu sueño,

y digo adión a la violencia

para gozar tu paz,

tu dulce, tu gloriosa geografía,

por siempre detenido,

por siempre enamorado.

1957

647
Efraín Huerta

Efraín Huerta

éste Es Un Amor

ÉSTE ES UN AMOR

A Rosaura Revueltas



Éste es un amor que tuvo su origen

y en un principio no era sino un poco de miedo

y una ternura que no quería nacer y hacerse fruto.


Un amor bien nacido de ese mar de sus ojos,

un amor que tiene a su voz como ángel y bandera,

un amor que huele a aire y a nardos y a cuerpo húmedo,

un amor que no tiene remedio, ni salvación,

ni vida, ni muerte, ni siquiera una pequeña agonía.


Éste es un amor rodeado de jardines y de luces

y de la nieve de una montaña de febrero

y del ansia que uno respira bajo el crepúsculo de San Ángel

y de todo lo que no se sabe, porque nunca se sabe

por qué llega el amor y luego las manos

—esas terribles manos delgadas como el pensamiento—

se entrelazan y un suave sudor de —otra vez— miedo,

brilla como las perlas abandonadas

y sigue brillando aún cuando el beso, los besos,

los miles y millones de besos se parecen al fuego

y se parecen a la derrota y al triunfo

y a todo lo que parece poesía —y es poesía.


Ésta es la historia de un amor con oscuros y tiernos orígenes:

vino como unas alas de paloma y la paloma no tenía ojos

y nosotros nos veíamos a lo largo de los ríos

y a lo ancho de los países

y las distancias eran como inmensos océanos

y tan breves como una sonrisa sin luz

y sin embargo ella me tendía la mano y yo tocaba su piel llena de gracia

y me sumergía en sus ojos en llamas

y me moría a su lado y respiraba como un árbol despedazado

y entonces me olvidaba de mi nombre

y del maldito nombre de las cosas y de las flores

y quería gritar y gritarle al lado que la amaba

y que yo ya no tenía corazón para amarla

sino tan sólo una inquietud del tamaño del cielo

y tan pequeña como la tierra que cabe en la palma de la mano.

Y yo veía que todo estaba en sus ojos —otra vez ese mar—,

ese mal, esa peligrosa bondad,

ese crimen, ese profundo espíritu que todo lo sabe

y que ya ha adivinado que estoy con el amor hasta los hombros,

hasta el alma y hasta los mustios labios.

Ya lo saben sus ojos y ya lo sabe el espléndido metal de sus muslos,

ya lo saben las fotografías y las calles

y ya lo saben las palabras —y las palabras y las calles y las fotografías

ya saben que lo saben y que ella y yo lo sabemos

y que hemos de morirnos toda la vida para no rompernos el alma

y no llorar de amor.

974
Efraín Huerta

Efraín Huerta

La Noche De La Perversión

El caracol del ansia, ansiosamente
se adhirió a las pupilas, y una especie de muerte
a latigazos creó lo inesperado.
A pausas de veneno, la desdichada flor de la miseria
nos penetró en el alma, dulcemente,
con esa lenta furia de quien sabe lo que hace.

Flor de la perversión, noche perfecta,
tantas veces deseable maravilla y tormenta.
Noche de una piedad que helaba nuestros labios.
Noche de a ciencia cierta saber por qué se ama.
Noche de ahogarme siempre en tu ola de miedo.
Noche de ahogarte siempre en mi sordo desvelo.

Noche de una lujuria de torpes niños locos.
Noche de asesinatos y sólo suave sangre.
Noche de uñas y dientes, mentes de calosfrío.
Noches de no oír nada y ser todo, imperfectos.
Hermosa y santa noche de crueles bestezuelas.

Y el caracol del ansia, obsesionante,
mataba las pupilas, y mil odiosas muertes
a golpes de milagro crearon lo más sagrado.
Fue una noche de espanto, la noche de los diablos.
Noche de corazones pobres y enloquecidos,
de espinas en los dedos y agua hirviendo en los labios.
Noche de fango y miel, de alcohol y de belleza,
de sudor como llanto y llanto como espejos.
Noche de ser dos frutos en su plena amargura:
frutos que, estremecidos, se exprimían a sí mismos.

Yo no recuerdo, amada, en qué instante de fuego
la noche fue muriendo en tus brazos de oro.
La tibia sombra huyó de tu aplastado pecho,
y eras una guitarra bellamente marchita.
Los cuchillos de frío segaron las penumbras
y en tu vientre de plata se hizo la luz del alba.
595
Efraín Huerta

Efraín Huerta

La Rosa Primitiva

Escribo bajo el ala del ángel más perverso:
la sombra de la lluvia y el sonreír de cobre de la niebla
me conducen, oh estatuas, hacia un aire maduro,
hacia donde se encierra la gran severidad de la belleza.
Escribo las palabras y el penetrante nombre del poema,
y no encuentro razón, flor que no sea
la rosa primitiva de la ciudad que habito.
Nunca el poema fue tan serio como hoy, y nunca el verso
tuvo la estatura de bronce de lo que no se oculta.
Hacia el amor, las manos, y en las manos, gimiendo,
hojas de yerba amarga del pensamiento gris,
secas raíces de una melancolía sin huesos,
la danza del deseo muerto a vuelta de esquina
y un sollozo frustrado gracias a la ternura.
Hacia el amor, sonrisas, y en ellas, como almas,
el malogrado espíritu de un mensaje que un día
cobró cierta estructura, y que hoy, entorpecido,
circula por las venas.

Nunca digas a nadie que tienes la verdad en un puño,
o que a tus plantas, quieta, perdura la virtud.
Ama con sencillez, como si nada.
Sé dueño de tu infierno, propietario absoluto
de tu deseo y tus ansias, de tu salud y tus odios.
Fabrícate, en secreto, una ciudad sagrada,
y equilibra en su centro la rosa primitiva.
Al pueblo y a la hembra que enciendan cuanto hay en ti de hermoso,
y murmuren mensajes en tus oídos frágiles,
debes verlos con santa melancolía y un aire desdeñoso,
mandarlos hacia nunca, hacia siempre,
hacia ninguna parte...

Quédate con la rosa del calosfrío,
la rosa del espanto estatuario,
la inmaculada rosa de la calle,
la rosa de los pétalos hirientes,
la rosa-herrumbre del fiero desencanto,
la primitiva rosa de carne y desaliento,
la rosa fiel, la rosa que no miente,
la rosa que en tu pecho debe ser la paloma
del latido fecundo y el vivir con un pulso
de gran deseo hirviendo a flor de labio.

La rosa, en fin, de las espinas de oro
que nuestra piel desgarran y la elevan
hacia el sereno cielo de donde la poesía
nos llega mutilada, como ruinas del alba.
906
Efraín Huerta

Efraín Huerta

La Estrella Poema De Niebla

LA ESTRELLA

poema de niebla


Para Anne Sten


Labios como el sabor del viento en el invierno,

dientes jóvenes de luna consentida en la llama del abrazo.

Se endurecía la noche en tu garganta.

Espacio duro de tus senos. Amarilla y quemada,

la inesperada sombra de tus piernas en la alas de los
pájaros

cuando tus dedos en un juego de látigos

hendían prisas de frío.

Que nos perdonen las sábanas lunares de los árboles

y el sueño arrebatado a las estatuas,

y el agua estremecida con la caída

del deseo. Tenías los ojos limpios, Andrea.

La estrella de tu frente como herida de vino,

enferma, detenida en mi boca.

Había un mundo de silencio en tu cuerpo,

como si la muerte se hubiese mirado en un espejo

o varias rosas en agonía hubieran imaginado

un paraíso de nieve o de cristales.


(Ahí perdura solamente lo desconocido

que nuestros labios apagaron.

El recuerdo es materia de belleza poseída y escrita

en páginas en las que un poco de amor pasó rozando.

Como el recuerdo gritarían las cabelleras

mojadas en acuarelas de angustia.

Así serían las voces de os aires helados
fundiéndose

en las aristas de una montaña de bronce).


Te corría por la espalda una gota de sangre

de mis venas. La noche, con la niebla

y el silencio en medio de los senos, nos veía y procuraba

cambiar su propia ruta.

Que nos perdonen las mismas pinceladas de la aurora.


Exprimidas las horas como cerezas en nuestros labios,

apenas un instante de tus hombros

se deslizó en mi sueño.

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