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Valentía y Fortaleza

Francisco Villaespesa

Francisco Villaespesa

Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo

Las Valentonas, Y Destreza Baile

Helas, helas por do vienen
La Corruja y la Carrasca,
A más no poder mujeres,
Hembros de la vida airada.

Mortales de miradura
Y ocasionadas de cara,
El andar a lo escocido,
El mirar a lo de l'Hampa.

Llevan puñazos de ayuda
Como perrazos de Irlanda,
Avantales voladores,
Chapinitos de en volandas.

Sombreros aprisionados,
Con porquerón en la falda,
Guedejitas de la tienda,
Colorcita de la plaza.

Mirándose a lo penoso,
Cercáronse a lo borrasca,
Hubo hocico retorcido,
Hubo agobiado de espaldas.

Ganaron la palmatoria
En el corral de las armas,
Y encaramando los hombros.
Avalentaron las sayas.

CORRUJA: «De las de la hoja
Soy flor y fruto,
Pues a los talegos
Tiro de puño.»

CARRASCA: «Tretas de montante
Son cuantas juego;
A diez manos tomo
Y a dos peleo.»

Luego, acedada de rostro
Y ahigadada de cara,
Un tarazón de mujer,
Una brizna de muchacha

Entró en la escuela del juego
Maripizca la Tamaña,
Por quien Ahorcaborricos
Murió de mal de garganta.

Presumida de ahorcados
Y preciada de gurapas
Por tener dos en racimo
Y tres patos en el agua,

Con valentía crecida
Y con postura bizarra
Desembrazando a los dos,
En esta manera garla:

[MARIPIZCA:] «Llamo uñas arriba
A cuantos llamo,
Y al recibo los hiero
Uñas abajo.

»Para el que me embiste
Pobre y en cueros,
Siempre es mi postura
Puerta de hierro.»

Rebosando valentía,
Entró Santurde el de Ocaña,
Zaino viene de bigotes
Y atraidorado de barba.

Un locutorio de monjas
Es guarnición de la daga,
Que en puribus trae al lado
Con más hierro que Vizcaya.

Capotico de Antemulas,
Sombrerico de la carda,
Coleto de por el vivo,
Más probado que la pava.

Entró de capa caída,
Como los valientes andan,
Azumbrada la cabeza
Y bebida la palabra:

[SANTURDE:] «Tajo no le tiro,
Menos le bebo;
Estocadas de vino
Son cuantas pego.»

Una rueda se hicieron;
¿Quién duda que de navajas?
Los codos tiraron coces,
Azogáronse las plantas;

Trastornáronse los cuerpos,
Desgoznáronse las arcas,
Los pies se volvieron locos,
Endiabláronse las plantas.

No suenan las castañetas,
Que de puro grandes, ladran,
Mientras al son se concomen,
Aunque ellos piensan que bailan.

Maripizca tornó el puesto,
Santurde tomó la espada,
Con el montante el Maestro
Dice que guarden las caras.

[MAESTRO:] «De verdadera destreza
Soy Carranza,
Pues con tocas y alfileres
Quito espadas.

»Que tengo muy buenos tajos
Es lo cierto,
Y algunos malos reveses
También tengo.
»El que quisiere triunfar,
Salga de oros,
Que el salir siempre de espadas
Es de locos.»

MAESTRO: «Siente ahora la Corruja.»
CORRUJA: «Aquesta venida vaya.»
MAESTRO: «Jueguen destreza vuarcedes.»
SANTURDE: «Somos amigos, y basta.»
MAESTRO: «No es juego limpio brazal.»
CORRUJA: «Si no es limpio que no valga.»
MAESTRO: «Siente vuarced.»
SANTURDE:
«Que ya siento,
Y siento pese a su
alma.»

Tornáronse a dividir
En diferentes escuadras,
Y denodadas de pies,
Todas juntas se barajan.

Cuchilladas no son buenas,
Puntas sí de las joyeras.

[MAESTRO:] «Entráronme con escudos,
Cansáronme con rodelas;
Cobardía es sacar pies,
Cordura sacar moneda.

»Aguardar es de valientes
Y guardar es de discretas,
La herida de conclusión
Es la de la faltriquera.»

Cuchilladas no son buenas,
Puntas sí de las joyeras.

[MAESTRO:] «Ángulo agudo es tomar;
No tomar, ángulo bestia;
Quien viene dando a mi casa,
Se viene por línea recta.

»La universal es el dar;
Cuarto círculo, cadena;
Atajo, todo dinero;
Rodeo, toda promesa.»

Cuchilladas no son buenas,
Puntas sí de las joyeras.

[MAESTRO:] «El que quisiere aprender
La destreza verdadera,
En este poco de cuerpo
Vive quien mejor la enseña.»
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Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

El Guapo

El barrio le admira. Cultor del coraje,

conquistó, a la larga, renombre de osado,

se impuso en cien riñas entre el compadraje

y de las prisiones salió consagrado.



Conoce sus triunfos y ni aún le inquieta

la gloria de otros, de muchos temida,

pues todo el Palermo de acción le respeta

y acata su fama, jamás desmentida.



Le cruzan el rostro, de estigmas violentos,

hondas cicatrices, y quizás le halaga

llevar imborrables adornos sangrientos:

caprichos de hembra que tuvo la daga.



La esquina o el patio, de alegres reuniones,

le oye contar hechos, que nadie le niega:

¡Con una guitarra de altivas canciones

él es Juan Moreira, y él es Santos Vega!



Con ese sombrero que inclinó a los ojos,

¡Con una guitarra de altivas canciones

cantando aventuras, de relatos rojos,

parece un poeta que fuese bandido!



Las mozas más lindas del baile orillero

para él no se muestran esquivas y hurañas,

tal vez orgullosas de ese compañero

que tiene aureolas de amores y hazañas.



Nada se le importa de la envidia ajena,

ni que el rival pueda tenderle algún lazo:

no es un enemigo que valga la pena

pues ya una vez lo hizo caer de un hachazo.



Gente de avería, que guardan crueles

brutales recuerdos en los costurones

que dejara el tajo, sumisos y fieles

le siguen y adulan imberbes matones.



Aunque le ocasiona muchos malos ratos,

en las elecciones es un caudillejo

que por el buen nombre de los candidatos

en los peores trances expone el pellejo



Pronto a la pelea pasión del cuchillo

que ilustra las manos por él mutiladas,

su pieza, amenaza de algún conventillo,

es una academia de ágiles visteadas.



Porque en sus impulsos de alma pendenciera

desprecia el peligro sereno y bizarro,

¡Para él la vida no vale siquiera

la sola pitada de un triste cigarro!



Y allá va pasando con aire altanero,

luciendo las prendas de su gallardía,

procaz e insolente como un mosquetero

que tiene en su guardia la chusma bravía.
503
Evaristo Carriego

Evaristo Carriego

A Juan José De Soiza Reilly

Al astrólogo ensueño, sus novias: las estrellas,
contáronle el secreto de unas cosas tan bellas
que un ruiseñor lunático, que cantaba a las rosas,
puso en sus sinfonías esas extrañas cosas.

Era un noble pronóstico, que, enigmáticamente,
irradiaba su verbo, como un límpido oriente
en gestación de soles. (Quizá una profecía
de los magos geniales en blanca Epifanía).

Eran graves promesas. Era un coro de astros
que dejaba en la pauta sus luminosos rastros:
Yo, en mi musa salvaje, los evoqué, y entonces
hablaron las estrellas con la voz de los bronces.

Y así ritmo un saludo. Si hallas la canción dura,
es porque cada estrofa tiene algo de armadura,
que al corazón resguarda de la flecha amistosa:
la que al clavarse, a veces se vuelve ponzoñosa.

Tal vez en el Envío que trabaja mi mano
me ayuda Perogrullo ¡Tan ingenioso y llano!
Son versos como zarzas, pero hay en sus rudezas
muchas síntesis bravas de temidas bellezas.

La epopeya del triunfo se ha anunciado sonora,
al galope del rojo centauro de la aurora,
que llega, como heraldo de la ciudad lejana,
precursor del saludo, del laurel y la diana.

Floraciones de músicas en un carmen de gloria
divulgan los clarines la futura victoria,
pues, sobre nidos de águilas se ha soñado la lumbre
de las teas clavadas en la más alta cumbre.

Desfilan en el biógrafo del recuerdo entusiasta,
los residuos amargos de la sufriente casta:
tus vagabundos trágicos, tus tristes heroínas:
testas de manicomios, cuellos de guillotinas,

tus perros soñadores, con nostalgias de luna,
la historia de la humana pasión donde se aduna
el delito y el beso, la amada y el suicida
que se fue de la reja y después de la vida,

tus asesinos bárbaros, apóstoles del crimen,
tus pobres Margaritas que jamás se redimen,
tus poetas borrachos, con hambres de apoteosis,
tus Nietzsches de presidios en celdas de neurosis

Y lo demás y todo La herida de la pena,
que tiene tintes rojos para cada azucena,
y el último lamento del niño moribundo
que fue como un andrajo flotando sobre el mundo.

Y lo que no harás nunca: lo que ocultó su clave,
tal alma que al cerrarse se guardara la llave,
lo que dejó la vida, por infame y monstruoso,
en una frase trunca de gesto doloroso.

Sea tu credo, hermano, mezcla de luz y acero:
el triunfador es bravo y es duro el justiciero,
porque la bondad misma, no es sino el espejismo
que esconde el burgués sello del señor Egoísmo.

Así, mantén tu lema: fuerte como la muerte,
para siempre in eternum, porque ya de esa fuerte
raza de Don Quijote vamos quedando pocos:
¡No hablaron de los vientres los Zarathustras locos!

Acometen serenos los modernos andantes,
que aún medran soberbios vestigios y gigantes.
¡Cabeza y brazo para realizar el empeño:
si Rocinante es torpe que venga Clavileño!

Den, sin temor, ejemplos de viriles acciones
delante de las jaulas de todos los leones
y el burlador cobarde que se clave en la frente
las bellezas normales que le hacen ser hiriente.

Buscando los peligros, en ignoradas sendas,
no sabrán las heridas de femeniles vendas,
pero, eso sí, las lanzas, señores caballeros,
encontrarán molinos y, aún mucho más, carneros,

entuertos y prejuicios, y otros añejos males,
bellacos, malandrines, follones, hidetales
y toda la caterva del torvo Encantamiento
que ha hecho del abdomen Ideal y Pensamiento.

Compañero: ¡Levanta, coronando imposibles,
el quijotismo, y lleva, como armas invencibles,
cuando emprendas alguna simbólica salida,
el genio por escudo, y por blasón la vida!
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Juan de Tassis y Peralta

Juan de Tassis y Peralta