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Dolor y Desesperación

Mario Benedetti

Mario Benedetti

Zelmar

o es que existe un territorio

donde las sangres se mezclan(de una canción de Daniel Viglietti)



Ya van días y noche que pienso pobre flaco

y no puedo ni quiero apartar el recuerdo


no el subido al cajón a la tribuna

con su palabra de espiral velocisima

que blindaba los pregones del pueblo

o encendía el futuro con unas pocas brasas

ni el cruzado sin tregua que quería

salvar la sangre prójima aferrándose

a la justicia esa pobre lisiada


no es el rostro allá arriba el que concurre

mas bien el compañero del exilio

el cálido el silencio aquel buen parroquiano

del boliche de la calle maipú

fiel al churrasco y al budín de pan

rodeado de hijos hijas yernos nietos

ese flamante abuelo con cara de muchacho

hablando del paisito con la pasión ecuánime

sin olvidar heridas

y tampoco quedándose en el barro

siempre haciendo proyectos y eran viables

ya que su vocación de abrecaminos

lo llevaba a fundar optimismos atajos

cuando alguno se daba por maltrecho


y a pesar de la turbia mescolanza

que hay en el techo gris de la derrota

nadie consiguió que tildara de enemigos

a quienes bien o mal

radiantes o borrosos

faros o farolitos

eran pueblo

como
él


y también comparece el vigilado

por esos tiras mansos con quienes conversaba

de cine libros y otras zancadillas

en el hotel o escala o nostalgia

de la calle corrientes


se que una vez el dueño que era amigo

lo reconvino porque había una cola

de cincuenta orientales nada menos

que venían con dudas, abandonos

harapos desempleos frustraciones conatos

pavores esperanzas cabalas utopías


y el escuchaba a todos

el ayudaba comprendía a todos

lo hacia cuerdamente y si algo prometía

lo iba a cumplir después con el mismo rigor

que si fuera contrato ante escribano público

no se puede agregar decia despacito

mas angustia a la angustia

no hay derecho


y trabaja siempre

noche y día

quizás para olvidar que la muerte miraba

de un solo manotazo espantaba sus miedos

como si fueran moscas o rumores

y pese a las calumnias las alarmas

su confianza era casi indestructible

llevaba la alegria siempre ilesa

de la gente que cumple con la gente


solo un imagen lo vencia

era la hija inerme

la hija en la tortura

durante quince insomnios la engañaron diciendole

que lo habian borrado en la Argentina

era un viejo proyecto por lo visto

entonces si pedia ayuda para

no caer en la desesperación

para no maldecir mas de la cuenta

ya van noches y días que pienso pobre flaco

un modo de decir pobres nosotros

que nos hemos quedado

sin su fraternidad sobre la tierra

no se me borra la sonrisa el gesto

de la ultima vez que lo vi junto a chicho

y no le dije adios sino cuidate

pero los dos sabiamos que no se iba a cuidar


por lo comun cuando cae un verdugo

un doctor en crueldad, un mitrione cualquiera

los canallas zalameros recuerdan

que deja tres cuatro

verduguitos en ciernes


ahora que problema este hombre legal

este hombre cabal acribillado

este muerto inmorible con las manos atadas

deja diez hijos tras de si

diez huellas

pienso en cecilia en chicho

en isabel margarita felipe

y los otros que siempre lo rodeaban

porque tambien a ellos inspiraba confianza

y que lindos gurises ojala

vayan poquito a poco entendiendo su duelo

resembrando a zelmar en sus diez surcos


puede que la tristeza me haga decir ahora

sin el aval de las computadoras

que era el mejor de nosotros

y era

pero nada me hará olvidar que fue

quien haciendo y rehaciendo

se purifico mas en el exilio


mañana apretaremos con los dientes

este gajo de asombro

este agrio absurdo gajo

y tragaremos

seguirá
la vida

pero hoy este horror es demasiado


que no profane el odio

a este bueno yacente este justo

que el odio quede fuera del recinto

donde estan los que quiso y que lo quieren

solo por esta noche

por esta pena apenas

para que nada tizne

esta vela de almas


pocos podran como él

caer tan generosamente

tan atrozmente ingenuos

tan limpiamente osados


mejor juntemos nuestras osadías

la generosidad mas generosa

y ademas instalemos con urgencia

fieles radares en la ingenuidad


convoquemos aquí a nuestros zelmares

esos que el mismo nos dejo en custodia

el que ayudo a cada uno en su combate

en su mas sola soledad

y hasta nos escucho los pobres sueños

él

que
siempre salía

de
alguna pesadilla

y si tendia una mano era una mano

y si daba consuelo era un consuelo

y nunca un simulacro


convoquemos aquí a nuestros zelmares

en ellos no hay ceniza

ni muerte ni derrota ni tierno descalabro

nuestros zelmares siguen tan campantes

señeros renacidos

únicos y plurales

fieles y hospitalarios

convoquemos aquí a nuestros zelmares

y si aun asi fraternos

asi reunidos en un duro abrazo


en una limpia desesperación

cada uno de esos módicos zelmares

echa de menos a zelmar

será

que el horror sigue siendo demasiado

y ya que nuestro muerte

como diria roque en plena vida

es un indócil

ya que es un difunto peliagudo

que no muere en nosotros

pero muere

que cada uno llore como pueda


a lo mejor entonces

nuestro zelmar

ese
de cada uno

ese que el mismo nos dejo en custodio

a cada uno tendera una mano

y como en tantas otras

malas suertes y noches

nos sacara del pozo

desamortajara nuestra alegría

y empezara a blindarnos los pregones

a encender el futuro con unas pocas brasas


mayo 1976.

828
Lope de Vega

Lope de Vega

A Cristo En La Cruz

¿Quién es aquel Caballero
herido por tantas partes,
que está de expirar tan cerca,
y no le socorre nadie?

«Jesús Nazareno» dice
aquel rétulo notable.
¡Ay Dios, que tan dulce nombre
no promete muerte infame!

Después del nombre y la patria,
Rey dice más adelante,
pues si es rey, ¿cuándo de espinas
han usado coronarse?

Dos cetros tiene en las manos,
mas nunca he visto que claven
a los reyes en los cetros
los vasallos desleales.

Unos dicen que si es Rey,
de la cruz descienda y baje;
y otros, que salvando a muchos,
a sí no puede salvarse.

De luto se cubre el cielo,
y el sol de sangriento esmalte,
o padece Dios, o el mundo
se disuelve y se deshace.

Al pie de la cruz, María
está en dolor constante,
mirando al Sol que se pone
entre arreboles de sangre.

Con ella su amado primo
haciendo sus ojos mares,
Cristo los pone en los dos,
más tierno porque se parte.

¡Oh lo que sienten los tres!
Juan, como primo y amante,
como madre la de Dios,
y lo que Dios, Dios lo sabe.

Alma, mirad cómo Cristo,
para partirse a su Padre,
viendo que a su Madre deja,
le dice palabras tales:

Mujer, ves ahí a tu hijo
y a Juan: Ves ahí tu Madre.
Juan queda en lugar de Cristo,
¡ay Dios, qué favor tan grande!

Viendo, pues, Jesús que todo
ya comenzaba a acabarse,
Sed tengo, dijo, que tiene
sed de que el hombre se salve.

Corrió un hombre y puso luego
a sus labios celestiales
en una caña una esponja
llena de hiel y vinagre.

¿En la boca de Jesús
pones hiel?, hombre, ¿qué haces?
Mira que por ese cielo
de Dios las palabras salen.

Advierte que en ella puso
con sus pechos virginales
una ave su blanca leche
a cuya dulzura sabe.

Alma, sus labios divinos,
cuando vamos a rogarle,
¿cómo con vinagre y hiel
darán respuesta süave?

Llegad a la Virgen bella,
y decirle con el ángel:
«Ave, quitad su amargura,
pues que de gracia sois Ave».

Sepa al vientre el fruto santo,
y a la dulce palma el dátil;
si tiene el alma a la puerta
no tengan hiel los umbrales.

Y si dais leche a Bernardo,
porque de madre os alabe,
mejor Jesús la merece,
pues Madre de Dios os hace.

Dulcísimo Cristo mío,
aunque esos labios se bañen
en hiel de mis graves culpas,
Dios sois, como Dios habladme.

Habladme, dulce Jesús,
antes que la lengua os falte,
no os desciendan de la cruz
sin hablarme y perdonarme.
622
Luis Rosales

Luis Rosales

Ascensión Hacia El Reposo

Como es misericordia la locura y el espacio nos brinda la bienaventuranza,
como es la noche viva, la lluvia silenciosa que va del corazón
del hombre hasta los ojos
en un encendimeinto de sombra y hermosura.
Como sé que al morir terminará la muerte.
Como en el corazón se derrama la sangre con un rumor de lluvia
que ilumina la niebla.
Como tengo fe de soñar que te amo,
mi carne será un día como un agua corriente
y mi cuerpo será de silencio amoroso, de cristal dolorido cuando
tú lo iluminas.

Como en la inclinación morena de tus ojos el silencio vencido
se convierte en aroma.
Como tengo una voz que se cubre de yerba donde vuelan las alondras
y palabras y lágrimas.
Y como en tu cabello despierta la agonía,
y la paciencia intacta naufragará en la sangre
porque existe la muerte,
porque la sombra clara se convierte en misterio y la quietud del mundo
colma la transparencia,
porqué el último olvido morirá con el hombre,
y tu boca de llanto y amapolas violentas,
y tus brazos de cal y niebla reclinada,
y tus manos delgadas como álamos de espuma,
y mi voz,
y mis ojos,
todo será divino al perder la memoria.

Como insiste el dolor, pero no se termina y es la lenta ascensión
de la sangre al reposo.
Como es la primavera al donaire porque llevas el alma derramada en
el paso.
Como es la caridad para mirar tu cuerpo y es la noche tranquila tu
encendida alabanza.
Como tú eres el único sufrimiento posible y la angustia
de cal que me quema los ojos,
con humildad,
buscando la palabra precisa,
yo te ofrezco la sombra, la paciencia del mundo donde olvido la espera,
donde olvido esta inmóvil angustia de ser junco y sentir en
las plantas los impulsos del río,
donde puedo creer,
donde puedo creer, porque marchamos juntos igual que dos hermanos perdidos
en la nieve.
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Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

Leandro Fernández de Moratín

A La Excma Sra Marquesa De Villafranca Con Motivo De La Muerte De Su Hijo Primogénito Silva Elegí

No siempre de las nubes abundante
lluvia baña los prados
ni siempre altera el piélago sonante
Bóreas, ni mueve los robustos pinos
sobre los montes de Pirene helados.
A los acerbos turbulentos días
otros siguen de paz, la luz de Apolo
cede a las sombras frías,
a el mal sucede el bien. En esto solo,
los aciertos divinos
el hombre ve de aquella mano eterna

que en orden admirable,
todo lo muda y todo lo gobierna.

Y tú, rendida a la aflicción y el llanto,
¿Durar podrás en luto miserable,
sensible madre, enamorada esposa?
¿Pudo en tu pecho tanto
la pérdida cruel, que a la preciosa
víctima por la muerte arrebatada,
otra añadir intentes?
Y no será que de tu ruego instada,
la prenda que llevó te restituya,
no, que la esconde en el sepulcro frío.

Esa vida fugaz no toda es tuya
es de un esposo, que el afán que sientes
sufre, y el caso impío
que de su bien le priva y su esperanza:
es de tu prole hermosa,
que mitigar intenta
con oficioso ardor tu amargo lloro;
si tanto premio su fatiga alcanza.

Sube doliente a las techumbres de oro
el gemido materno,
y en la callada noche se acrecienta.
La indócil fantasía
te muestra al hijo tierno,
como a tu lado le admiraste un día,
sensible a la amistad, y al heredado
honor: modesto en su moral austera:
al ruego de los míseros piadoso:
de obediencia filial, de amor fraterno,
de virtud verdadera
ejemplo no común. Negó al reposo
las fugitivas horas,
y al estudio las dio: sufrió constante
las iras de la suerte,
cuando no usada a tolerar cadena,
la patria alzó sus cruces vencedoras.
¡Oh! Si en edad más fuerte
se hubiese visto, y del arnés armado
en la sangrienta arena:
¡Oh, como hubiera dado
castigo a la soberbia confianza
del invasor injusto,
a su nación laureles,
gloria a su estirpe y a su rey venganza!

Tanto anunciaba el ánimo robusto,
con que en el lecho de dolor postrado,
le viste padecer ansias crueles;
cuando inútil el arte
cedió y confuso, y le cubrió funesta
sombra de muerte en torno. El arco duro
armó la inexorable, al tiro presta,
y por el viento resonando parte
la nunca incierta vira.
Él, de valor, de alta esperanza lleno,
preciando en nada el mundo que abandona,

reclinado en el seno
de la inefable Religión espira.

Ya no es mortal. Entre los suyos vive:
de fúlgido esplendor áurea corona
le circunda la frente.
El premio de sus méritos recibe
ante el solio del Padre omnipotente
de angélicos espíritus cercado
que difunden fragancias y armonía
por el inmenso Olimpo, luminoso.
Debajo de sus pies parece obscuro
el gran planeta que preside al día,
ve el giro dilatado
que dan los orbes por el éter puro,
en tardos o veloces movimientos,
verá los siglos sucederse lentos
y él en quietud segura
gozará venturoso
del sumo bien que para siempre dura.

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Luis Alberto de Cuenca

Luis Alberto de Cuenca

Gudrúnarkvida

Carmen en estos casos se supera.
Se dispone a sufrir sin una lágrima.
No se golpea el pecho con la manos,
ni gime, ni los ojos se le nublan.
A su lado se sientan sus amigas,
todas muy maquilladas, con modelos
exclusivos y oscuros, lamentando
la muerte de Ricardo entre sollozos,
Carmen está tan triste que no llora.
Tanto dolor le sube a la cabeza
que no sabe qué hacer para alojarlo.
Mientras, María rompe el fuego y dice:
«No sé si va a servirte de consuelo,
pero he sufrido mucho en esta vida.
Mi familia murió en un accidente
de coche, en pleno estado de embriaguez:
mis dos maridos, hijos, hijas, todos.
Me he quedado solísima en el mundo».
Como Carmen seguía sin llorar,
habló Julia, la de ojos transparentes,
y entre lágrimas dijo estas palabras:
«Más he sufrido yo. Mis siete hijos
murieron peleándose entre ellos
y mis padres se ahogaron en la playa
el verano pasado, uno tras otro.
Yo sola preparé los funerales
y encargué las guirnaldas de sus tumbas.
Para mí ya no existe la alegría».
Marta la triste habló, sumida en llanto:
«A mí me odia Fernando, pero teme
quedarse sin dinero si me deja.
Sale con una chica, últimamente,
que no ha cumplido aún los veinte años.
Me obliga a descalzarla cuando viene
y a servirle en la cama el desayuno.
¡No puedo más de fiestas y de drogas
y de esa horrible gente de la noche!»
Pero Carmen no llora. Se levanta,
quita la tela que cubría al muerto,
ve el pelo enmarañado por la sangre,
ve los brillantes ojos apagados,
ve el pecho roto, las mejillas frías,
los labios negros y los pies blanquísimos,
ve el despojo que ayer fuera Ricardo.
Y Carmen ya no puede seguir viendo.
Cae hacia atrás, como si aquello fuese
a desaparecer si no lo mira,
y sus amigas corren a atenderla.
Y cuando su cabeza se refugia
en un cojín que apunta al cielorraso,
no puede evitar Carmen que una lágrima,
una caliente lágrima de amor,
resbale de sus ojos.
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