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Poemas en este tema

Esperanza y Optimismo

José Angel Buesa

José Angel Buesa

Dúo De Amor

En el hondo silencio de la noche serena
se dilata un lejano perfume de azucena,
y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa,
mi corazón se ensancha como en una sonrisa...

Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo
donde palpita un eco del corazón del mundo,
un corazón inmenso que late no sé dónde,
pero que oye el latido del mío, y me responde...

El corazón que sientes latir en derredor,
es un eco del tuyo, que palpita de amor.
El corazón del mundo no es ilusorio: Existe.
Pero, para escucharlo, es preciso estar triste;

triste de esa tristeza que no tiene motivo,
en esta lenta muerte del dolor de estar vivo.
La vida es un rosal cuando el alma se alegra,
pero, cuando está triste, da una cosecha negra.

El amor es un río de luz entre la sombra,
y santifica el labio pecador que lo nombra.
Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre,
levantando el abismo para trocarlo en cumbre.

Sólo el amor nos salva del dolor de la vida,
como una flor que nace de una rama caída;
pues si la primavera da verdor a la rama,
el corazón se llena de aroma, cuando ama.

Amar es triste a veces, más triste todavía
que no amar. El amor no siempre es alegría.
Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor:
porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor.

Amar es la tristeza de aprender a morir.
Amar es renacer. No amar, es no vivir.
El amor es a veces lo mismo que una herida,
y esa herida nos duele para toda la vida.

Si cierras esa herida tu vida queda muerta.
Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta;
y si un día ella sola se cierra de repente,
tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente.

Desdichada alegría que nace del dolor.
De un dolor de la rama también nace la flor.
Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia,
y la rama se queda contraída de angustia.

Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja,
y así el amor —resumen de toda paradoja—
renace en cada muerte con vida duradera;
porque decir amor, es decir primavera.

Primavera del alma, primavera florecida
que deja un misterioso perfume en nuestra vida.
Primavera del alma, de perpetuo esplendor,
que convierte en sonrisa la mueca del dolor.

Primavera de ensueño que nos traza un camino
en la intrinca selva donde acecha el destino.
Primavera que canta si el huracán la azota
y que da nuevo aliento tras de cada derrota.

Primavera magnánima, cuyo verdor feliz
rejuvenece el árbol seco hasta la raíz...
Amor es la ley divina de plenitud humana;
dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana...

Eso es amor, y amando, también la vida es eso:
¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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José Angel Buesa

José Angel Buesa

Canción Al Olvido

CANCIÓN AL OLVIDO

A Pablo Miguel

Aquel amor que se nos fuera

no lo debemos recordar:

Árbol que muere en primavera

ya nunca vuelve a retoñar.



Perla que en el humo se disuelve,

peregrina de la emoción,

la ilusión que se va, no vuelve

jamás a nuestro corazón.


Vanamente, pretenderemos

dar a una rosa mustia color.

Así tampoco logramos

dar nueva vida a un muerto amor.


Aquel amor que se nos fuera

no lo debemos recordar:

Árbol que muere en primavera

ya nunca vuelve a retoñar.



Cuando el amor se siente extraño

en el pecho, ya no es amor,

y retenerlo es un engaño

que tortura al engañador...


Déjalo ir... deja vacío

ese hueco en tu corazón,

en las cenizas de tu hastío

pon la brasa de otra ilusión...


Aquel amor que se nos fuera

no lo debemos recordar:

Árbol que muere en primavera

ya nunca vuelve a retoñar...



Muerto está el amor al que envuelve

en llamas la imaginación:

La ilusión que se va, no vuelve

jamás a nuestro corazón.


Es ley amarga de la vida

de todo sueño despertar:

Sobre las huellas de una huida

es inútil querer soñar...


Así, triste, pero sumisa,

aceptando el dolor, mujer,

di adiós con tu mejor sonrisa

a lo que nunca ha de volver...


Enigma que si se resuelve

nos desencanta, es la pasión:

La ilusión que se va, no vuelve

jamás a nuestro corazón...


Juntemos, pues, las manos frías,

y digamos una oración

por las pasadas alegrías

y por la actual desilusión.


Y con humilde voz, pidamos

pronto consuelo a este dolor,

por lo mucho que nos amamos

en lo breve de nuestro amor...


Como la mar, no vuelve

al río su agua, la ilusión,

una vez que se va, no vuelve

jamás a nuestro corazón.


Aquel amor que se nos fuera

no lo debemos recordar:

Árbol que muere en primavera

ya nunca vuelve a retoñar!...



Hay que vivir, hay que olvidar...


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José Angel Buesa

José Angel Buesa

Anônimo

Anônimo

Romance Viii Carta De Doña Jimena Al Rey

En los solares de Burgos a su Rodrigo aguardando,
tan encinta está Jimena, que muy cedo aguarda el parto;
cuando demás dolorida una mañana en disanto,
bañada en lágrimas tiernas, escribe al rey don Fernando:
«A vos, el mi señor rey, el bueno, el aventurado,
el magno, el conquistador, el agradecido, el sabio,
la vuestra sierva Jimena, fija del conde Lozano,
desde Burgos os saluda, donde vive lacerando.
Perdonédesme señor, que no tengo pecho falso,
y si mal talante os tengo, no puedo disimulallo.
¿Qué ley de Dios vos otorga que podáis, por tiempo tanto
como ha que fincáis en lides, descasar a los casados?
¿Qué buena razón consiente que a mi marido velado
no le soltéis para mí sino una vez en el año?
Y esa vez que lo soltáis, fasta los pies del caballo
tan teñido en sangre viene, que pone pavor mirallo;
y no bien mis brazos toca cuando se duerme en mis brazos,
y en sueños gime y forcejea, que cuida que está lidiando,
y apenas el alba rompe, cuando lo están acuciando
las esculcas y adalides para que se vuelva al campo.
Llorando vos lo pedí y en mi soledad cuidando
de cobrar padre y marido, ni uno tengo, ni otro alcanzo.
Y como otro bien no tengo y me lo habedes quitado,
en guisa lo lloro vivo cual si estuviese enterrado.
Si lo facéis por honralle, asaz Rodrigo es honrado,
pues no tiene barba, y tiene reyes moros por vasallos.
Yo finco, señor, encinta, que en nueve meses he entrado
y me pueden empecer las lágrimas que derramo.
Dad este escrito a las llamas, non se fega de él palacio,
que en malos barruntadores no me será bien contado».
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