Lista de Poemas

Corderito

Corderito mío,
suavidad callada:
mi pecho es tu gruta
de musgo afelpada.

Carnecita blanca,
tajada de luna:
lo he olvidado todo
por hacerme cuna.

Me olvidé del mundo
y de mí no siento
más que el pecho vivo
con que te sustento.

Y sé de mí sólo
que en mí te recuestas.
Tu fiesta, hijo mío,
apagó las fiestas.
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Puertas

Entre los gestos del mundo
recibí el que me dan las puertas.
En la luz yo las he visto
o selladas o entreabiertas
y volviendo sus espaldas
del color de la vulpeja.
¿Por qué fue que las hicimos
para ser sus prisioneras?

Del gran fruto de la casa
son la cáscara avarienta.
El fuego amigo que gozan
a la ruta no lo prestan.
Canto que adentro cantamos
lo sofocan sus maderas
y a su dicha no convidan
como la granada abierta:
¡Sibilas llenas de polvo,
nunca mozas, nacidas viejas!

Parecen tristes moluscos
sin marea y sin arenas.
Parecen, en lo ceñudo,
la nube de la tormenta.
A las sayas verticales
de la Muerte se asemejan
y yo las abro y las paso
como la caña que tiembla.

«¡No!», dicen a las mañanas
aunque las bañen, las tiernas.
Dicen «¡No!» al viento marino
que en su frente palmotea
y al olor de pinos nuevos
que se viene por la Sierra.
Y lo mismo que Casandra,
no salvan aunque bien sepan:
porque mi duro destino
él también pasó mi puerta.

Cuando golpeo me turban
igual que la vez primera.
El seco dintel da luces
como la espada despierta
y los batientes se avivan
en escapadas gacelas.
Entro como quien levanta
paño de cara encubierta,
sin saber lo que me tiene
mi casa de angosta almendra
y pregunto si me aguarda
mi salvación o mi pérdida.

Ya quiero irme y dejar
el sobrehaz de la Tierra,
el horizonte que acaba
como un ciervo, de tristeza,
y las puertas de los hombres
selladas como cisternas.
Por no voltear en la mano
sus llaves de anguilas muertas
y no oírles más el crótalo
que me sigue la carrera.

Voy a cruzar sin gemido
la última vez por ellas
y a alejarme tan gloriosa
como la esclava liberta,
siguiendo el cardumen vivo
de mis muertos que me llevan.
No estarán allá rayados
por cubo y cubo de puertas
ni ofendidos por sus muros
como el herido en sus vendas.

Vendrán a mí sin embozo,
oreados de luz eterna.
Cantaremos a mitad
de los cielos y la tierra.
Con el canto apasionado
heriremos puerta y puerta
y saldrán de ellas los hombres
como niños que despiertan
al oír que se descuajan
y que van cayendo muertas.
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Dame La Mano

Dame la mano y danzaremos;
dame la mano y me amarás.
Como una sola flor seremos,
como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,
al mismo paso bailarás.
Como una espiga ondularemos,
como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;
pero tu nombre olvidarás,
porque seremos una danza
en la colina y nada más...


3.138
La experiencia es como un billete de lotería comprado después del sorteo. No creo en ella.
8
Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad.
7
En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas.
8
La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios.
8

Amor, amor

Anda libre en el surco, bate el ala en el viento,
late vivo en el sol y se prende al pinar.
No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:
¡le tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave,
ruegos tímidos, imperativos de mar.
No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:
¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas.
Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar.
No te vale decirle que albergarlo rehúsas:
¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina,
argumentos de sabio, pero en voz de mujer.
Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:
¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras.
Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir.
Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras
¡que eso para en morir!
1.219

Balada De Mi Nombre

El nombre mío que he perdido,
¿dónde vive, dónde prospera?
Nombre de infancia, gota de leche,
rama de mirto tan ligera.

De no llevarme iba dichoso
o de llevar mi adolescencia
y con él ya no camino
por campos y por praderas.

Llanto mío no conoce
y no la quemó mi salmuera;
cabellos blancos no me ha visto,
ni mi boca con acidia,
y no me habla si me encuentra.

Pero me cuentan que camina
por las quiebras de mi montaña
tarde a la tarde silencioso
y sin mi cuerpo y vuelto mi alma.
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Despertar

Dormimos, soñé la Tierra
del Sur, soñé el Valle entero,
el pastal, la viña crespa,
y la gloria de los huertos.
¿Qué soñaste tú mi Niño
con cara tan placentera?

Vamos a buscar chañares
hasta que los encontremos,
y los guillaves prendidos
a unos quioscos del infierno.
El que más coge convida
a otros dos que no cogieron.
Yo no me espino las manos
de niebla que me nacieron.
Hambre no tengo, ni sed y
sin virtud doy o cedo.
¿A qué agradecerme así
fruto que tomo y entrego?
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Identificación y contexto básico

Lucila Godoy Alcayaga, más conocida por su seudónimo Gabriela Mistral, nació en Vicuña, Chile. Fue una poeta, diplomática, educadora y feminista chilena. Es reconocida como la primera latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura en 1945.

Infancia y formación

De origen humilde, su infancia estuvo marcada por la figura de su padre, maestro de escuela, y por la naturaleza del Valle del Elqui, que la influyó profundamente. Quedó huérfana de padre a temprana edad y tuvo que asumir responsabilidades familiares. Fue en gran medida autodidacta, aunque asistió a la Escuela Normal de La Serena para formarse como maestra.

Trayectoria literaria

Comenzó a escribir desde joven, publicando sus primeros poemas en periódicos locales. Su reconocimiento literario comenzó a consolidarse tras ganar concursos poéticos y obtener el Premio Nobel de Literatura. Su obra poética, aunque no muy extensa en volumen, es de una gran profundidad y resonancia. Ejerció como maestra y posteriormente como diplomática, lo que le permitió viajar y conocer diferentes culturas.

Obra, estilo y características literarias

Sus obras más destacadas incluyen "Desolación" (1922), "Ternura" (1924), "Tala" (1938) y "Lagar" (1954). Su poesía se caracteriza por temas como el amor maternal (idealizado y trágico), la infancia, la naturaleza, la muerte, la maternidad, la educación, la identidad latinoamericana y la denuncia de la injusticia. Su estilo es lírico, emotivo y a menudo elegíaco. Utilizó tanto el verso libre como formas métricas tradicionales, adaptándolas a su expresividad. Su lenguaje es cuidado, a veces arcaizante, pero siempre directo y conmovedor. La voz poética es profunda, maternal, a veces doliente, pero siempre con un trasfondo de esperanza y fe.

Contexto cultural e histórico

Perteneció a una generación de intelectuales y artistas que buscaban definir la identidad latinoamericana en un contexto de creciente influencia estadounidense. Su obra refleja las realidades sociales y culturales de Chile y de América Latina, así como su compromiso con la educación y los derechos de los más vulnerables.

Vida personal

Su vida estuvo marcada por la pérdida temprana de su prometido, lo que influyó profundamente en su obra y en su visión del amor y la maternidad. Dedicó gran parte de su vida a la educación de niños y jóvenes, y a la promoción de la cultura.

Reconocimiento y recepción

El Premio Nobel de Literatura en 1945 la catapultó a la fama mundial. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y es estudiada y admirada en todo el mundo. Es considerada una de las figuras literarias más importantes de América Latina.

Influencias y legado

Fue influenciada por la poesía española clásica y por la tradición oral de América Latina. Su legado es inmenso, tanto en el ámbito literario como en el educativo y social. Inspiró a generaciones de poetas y escritores, y su figura es un símbolo de la lucha por la educación y los derechos humanos.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado la universalidad de sus temas, la profundidad de su lirismo y su compromiso ético. Se ha analizado su visión de la maternidad, su religiosidad y su profunda conexión con la tierra y el pueblo latinoamericano.

Infancia y formación

Además de su labor literaria y diplomática, Mistral fue una apasionada defensora de la educación y trabajó activamente en proyectos educativos para niños y mujeres en México y otros países.

Muerte y memoria

Gabriela Mistral falleció en Nueva York, Estados Unidos. Sus restos fueron repatriados a Chile y descansan en su pueblo natal de Montegrande. Su memoria perdura como un símbolo de la poesía latinoamericana y de la lucha por un mundo más justo y humano.