A veces bastan ya unas gafas mejores para curar a un enamorado; y quien tuviese fuerza de imaginación para imaginarse un rostro, una figura, veinte años más viejos, pasaría tal vez muy tranquilo por la vida.
A veces bastan ya unas gafas mejores para curar a un enamorado; y quien tuviese fuerza de imaginación para imaginarse un rostro, una figura, veinte años más viejos, pasaría tal vez muy tranquilo por la vida.