El Estado puede tomar y no dar. Esto, se observa y se explica por la naturaleza porosa y absorbente de sus manos, que retienen siempre una parte y algunas veces la totalidad de lo que ellas tocan. Pero, lo que no se ha visto jamás ni jamás se verá, e incluso no se puede concebir, es que el Estado dé al público más de lo que le ha tomado. Es radicalmente imposible conferir una ventaja particular a algunos individuos que constituyen la comunidad, sin infligir un daño superior a la comunidad entera