Vicente Aleixandre

Vicente Aleixandre

Vicente Aleixandre fue un poeta español, figura cumbre de la Generación del 27. Su obra se caracteriza por una profunda exploración del ser humano, sus pasiones y su relación con el cosmos y la naturaleza. A través de un lenguaje rico en simbolismo y musicalidad, Aleixandre trascendió lo meramente terrenal para adentrarse en lo metafísico y lo existencial. Su poesía, a menudo marcada por la soledad y la búsqueda de la identidad, es un reflejo de su sensibilidad única ante la vida y la muerte. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977, consolidando su lugar como uno de los grandes poetas del siglo XX.

1898-04-26 Sevilha, Espanha
1984-12-14 Madrid, Espanha
34359
0
0


Algunos Poemas

Destino Trágico

Confundes ese mar silencioso que adoro
con la espuma instantánea del viento entre los árboles.

Pero el mar es distinto.
No es viento, no es su imagen.
No es el resplandor de un beso pasajero,
ni es siquiera el gemido de unas alas brillantes.

No confundáis sus plumas, sus alisadas plumas,
con el torso de una paloma.
No penséis en el pujante acero del águila.
Por el cielo las garras poderosas detienen el sol.
Las águilas oprimen a la noche que nace,
la estrujan -todo un río de último resplandor va a los
mares-
y la arrojan remota, despedida, apagada,
allí donde el sol de mañana duerme niño sin vida.

Pero el mar, no. No es piedra,
esa esmeralda que todos amasteis en las tardes sedientas.
No es piedra rutilante toda labios tendiéndose,
aunque el calor tropical haga a la playa latir,
sintiendo el rumoroso corazón que la invade.

Muchas veces pensasteis en el bosque.
Duros mástiles altos,
árboles infinitos
bajo las ondas adivinasteis poblados de unos pájaros de espumosa
blancura.
Visteis los vientos verdes
inspirados moverlos,
y escuhasteis los trinos de unas gargantas dulces:
ruiseñor de los mares, noche tenue sin luna,
fulgor bajo las ondas donde pechos heridos
cantan tibios en ramos de coral con perfume.

Ah, sí, yo sé lo que adorasteis.
Vosotros pensativos en la orilla,
con vuestra mejilla en la mano aún mojada,
mirasteis esas ondas, mientras acaso pensabais en un cuerpo:
un solo cuerpo dulce de un animal tranquilo.
Tendisteis vuestra mano y aplicasteis su calor
a la tibia tersura de una piel aplacada.
¡Oh suave tigre a vuestros pies dormido!

Sus dientes blancos visibles en las fauces doradas,
brillaban ahora en paz. Sus ojos amarillos,
minúsculas guijas casi de nácar al poniente,
cerrados, eran todo silencio ya marino.
Y el cuerpo derramado, veteado sabiamente de una onda poderosa,
era bulto entregado, caliente, dulce solo.

Pero de pronto os levantasteis.
Habíais sentido las alas oscuras,
envío mágico del fondo que llama a los corazones.
Mirasteis fijamente el empezado rumor de los abismos.
¿Qué formas contemplasteis? ¿Qué signos,
inviolados,
qué precisas palabras que la espuma decía,
dulce saliva de unos labios secretos
que se entreabren, invocan, someten, arrebatan?
El mansaje decía...

Yo os vi agitar los brazos. Un viento huracanado
movió vuestros vestidos iluminados por el poniente
trágico.
Vi vuestra cabellera alzarse traspasada de luces,
y desde lo alto de una roca instantánea
presencié vuestro cuerpo hendir los aires
y caer espumante en los senos del agua;
vi dos brazos largos surtir de la negra presencia
y vi vuestra blancura, oí el último grito,
cubierto rápidamente por los trinos alegres de los
ruiseñores del fondo.

En La Plaza

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.

No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca.
Sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.

Como ese que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por unas escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba. Pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.

Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.

Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,

no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.

Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

Ven, Siempre Ven

No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente,
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.

No quiero que vivas en mí como vive la luz,
con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,
a quien el amor se niega a través del espacio
duro y azul que separa y no une,
donde cada lucero inaccesible
es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.

La soledad destella en el mundo sin amor.
La vida es una vívida corteza,
una rugosa piel inmóvil,
donde el hombre no puede encontrar su descanso,
por más que aplique su sueño contra un astro apagado.

Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata a la propia conciencia,
duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,
de quemarme los labios con tu roce indeleble,
de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.

No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,
como el espacio que súbitamente se incendia,
éter propagador donde la destrucción de los mundos
es un único corazón que totalmente se abrasa.

Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;
ven como la noche ciega que me acerca su rostro;
ven como los dos labios marcados por el rojo,
por esa línea larga que funde los metales.

Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante
que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;
ven como dos ojos o dos profundas soledades,
dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.

¡Ven, ven, muerte, amor; ven pronto, te destruyo;
ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;
ven, que ruedas como liviana piedra,
confundida como una luna que me pide mis rayos!
Poeta español que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1977. En 1934 ya había conseguido el Premio Nacional de Literatura y desde 1949 fue miembro de la Real Academia Española. Nació en Sevilla, pasó la infancia en Málaga y a los trece años se trasladó a Madrid. Estudió Derecho y Comercio y fue profesor de Derecho Mercantil de 1920 a 1922. En 1925, durante una grave enfermedad, empezó a escribir poesía. El primer libro que publicó fue Ambito, de 1928, donde muestra interés por la naturaleza y ofrece el conocimiento que posibilita la pasión. En los siguientes, Espadas como labios, de 1932, y Pasión de la tierra, de 1935, incorpora plenamente el surrealismo a la poesía castellana y el poeta aparece como el que transmite los mensajes del cosmos. En Sombra del paraíso, de 1944, la naturaleza, asunto fundamental en su poesía hasta entonces, se tiñe con tonos elegíacos al cantar el mundo que había perdido el poeta debido a la Guerra Civil española. Mundo a solas, de 1950, y Nacimiento último, de 1953, también son mucho menos herméticos y expresan un universo dolorido, aunque equilibrado. Historia del corazón, de 1954, supuso el inicio de lo que el propio Aleixandre consideró un nuevo ciclo. El poeta vuelve a contemplar la realidad, no desde el punto de vista del cosmos, sino del hombre histórico en su poemario de 1962, titulado En un vasto dominio. Poemas de la consumación, de 1968, exalta la juventud a la que considera la única realidad valiosa de la existencia desde una vejez donde acecha la muerte. De un estilo elíptico y descarnado se puede caracterizar probablemente toda la obra de Aleixandre, que culmina en Diálogos del conocimiento, de 1974, y, póstumamente, En gran noche, de 1991, que incluye varios poemas inéditos. Su obra en prosa, Los encuentros, de 1958 y 1985, se ocupa de escritores españoles, desde Baroja y Unamuno, a sus contemporáneos y amigos más jóvenes. Aleixandre supuso una influencia capital en los poetas españoles posteriores.  
wer54w66sf32re2
New Poetic Visions: Vicente Aleixandre
Biografía de Vicente Aleixandre
La casa de Vicente Aleixandre
Vicente Aleixandre: "El más bello amor" (un poema de amor diferente)
Vicente Aleixandre. De Velintonia al cielo
Taller de poesía #LdeLírica l Vicente Aleixandre: Bio, análisis de poemas y propuestas de escritura
Lit179. VICENTE ALEIXANDRE (1de3)
Vicente Aleixandre galardonado con el Premio Nobel de Literatura - Entrevista poeta español (1977)
Interpretación del poema «El frío» de Vicente Aleixandre, en La destrucción o el amor
VICENTE ALEIXANDRE
Velintonia, la casa olvidada de Vicente Aleixandre
Interpretación del poema «La realidad» de Vicente Aleixandre, en Historia del corazón
Vicente Aleixandre con Ernesto Sábato en Velintonia (noviembre de 1977)
Vicente Aleixandre habla sobre García Lorca.flv
Vicente Aleixandre: Poesía de comunión con el Universo y de comunicación con el Hombre.
La Generación del 27 | El poeta Vicente Aleixandre, Nobel de Literatura
LA MUERTE VICENTE ALEIXANDRE por Pepe Mediavilla
Vicente Aleixandre, poeta del materialismo idealista, según la Crítica de la razón literaria
La casa olvidada de un Vicente Aleixandre, Nobel de Literatura
CEBIP VICENTE ALEIXANDRE
Vicente Aleixandre - Visitar todos los cielos. Cartas a Gregorio Prieto
CORO VICENTE ALEIXANDRE
Palladio - Orquesta Vicente Aleixandre
VICENTE ALEIXANDRE: TRES POEMAS ESCOGIDOS
Un poco sobre Vicente Aleixandre
Entrevista a Vicente Aleixandre (TVE, 1977)
Marcha turca - Orquesta Vicente Aleixandre
Lipdub Vicente Aleixandre
CORO VICENTE ALEIXANDRE VALDEMORO
Vicente Aleixandre. Poema: "La Luz"
Clasificación de la poesía de Vicente Aleixandre según la Crítica de la razón literaria
Vicente Aleixandre - romance
Vicente Aleixandre - Cobra
TEN ESPERANZA de VICENTE ALEIXANDRE por PEPE MEDIAVILLA
CORO VICENTE ALEIXANDRE
La vida breve. Orquesta Vicente Aleixandre
Orquesta Vicente Aleixandre. Canarios
Cancion a una Muchacha Muerta de Vicente Aleixandre por Pepe Mediavilla
Vídeo CEIP VICENTE ALEIXANDRE 2020
El ateísmo de Vicente Aleixandre en el poema «Primera aparición»
Interpretación del poema de «Idea» de Vicente Aleixandre, en Ámbito
FORMA de VICENTE ALEIXANDRE por PEPE MEDIAVILLA
Juego de Tronos - Orquesta Vicente Aleixandre
Cómo interpretar el surrealismo en la literatura: el poema «Noche sinfónica» de Vicente Aleixandre
TEN ESPERANZA (Vicente Aleixandre)
Introducción a Sombra del Paraíso de Vicente Aleixandre: «Los poetas»
4 VICENTE ALEIXANDRE
El 'Vicente Aleixandre' convierte Manzanera en Barrio Sésamo
Orquesta Vicente Aleixandre. Antonio Vivaldi. Invierno
Concierto en Do Mayor para Mandolina y Orquesta - Orquesta Vicente Aleixandre

Véase también

A quién le gusta

Seguidores