Vicente Gallego

Vicente Gallego

Vicente Gallego es un poeta y ensayista español, reconocido por su obra lírica que entrelaza la reflexión existencial con una aguda observación del mundo. Su poesía se caracteriza por su densidad conceptual, su lenguaje cuidado y la exploración de temas como el tiempo, la memoria, la identidad y la naturaleza. Gallego es una voz significativa en la poesía española contemporánea.

n. , Valência

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Una Tarde Cualquiera

No hay grandeza en la tarde, ni en el ocio
que la tarde me entrega y que he gastado
en buscar algo grande en el entorno
que ahora envuelve mi tiempo. Y después de la música,
y de mucho tabaco, y de dar muchas vueltas
por mi vieja memoria y por la casa,
he encontrado en un libro algunas fotos
de una tarde tranquila como ésta
en las que estoy fumando en la terraza.
Y al mirar esas fotos todavía recientes
de un momento trivial como este mismo,
una extraña emoción adorna los objetos
que desde allí me observan, y que voy comparando
con lo que son ahora: las macetas
han cambiado de sitio, ya se han muerto las flores
que crecían entonces, y entre otros detalles
sin ninguna importancia que mi mano mudó
al correr de los días, descubro ahora que es la mano
que sostiene el cigarro y parece la misma
lo que más ha cambiado, pues pertenece a un hombre
que soñaba un futuro diferente
para el que hoy lo mira, y se sonríe,
y alimenta otros sueños, y comprende
que también pasarán los de este día,
y aún contempla la tarde que se escapa,
y en ella al fin percibe, durante un solo instante,
esa extraña grandeza
que al pasar pone el tiempo en las cosas pequeñas.
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Biografía

Identificación y contexto básico

Vicente Gallego es un poeta, ensayista y profesor español. Nació en Valencia. Su obra se ha consolidado como una de las aportaciones más relevantes a la poesía española de finales del siglo XX y principios del XXI.

Infancia y formación

Su formación se desarrolló en el ámbito académico, licenciándose en Filología Hispánica. La influencia de la literatura, la filosofía y la propia experiencia vital marcaron su acercamiento a la escritura. La ciudad de Valencia y sus alrededores, así como la profunda conexión con la tradición literaria española, han sido elementos formativos clave.

Trayectoria literaria

Gallego inició su andadura literaria en la década de 1980, publicando sus primeros poemarios. Su trayectoria se ha caracterizado por una obra coherente y madura, que ha ido evolucionando en profundidad y matices. Ha sido también un activo participante en el ámbito de la crítica literaria y la promoción de la poesía.

Obra, estilo y características literarias

La poesía de Vicente Gallego se distingue por su densidad de pensamiento, su rigor formal y la capacidad para abordar temas universales desde una perspectiva muy personal. Explora el paso del tiempo, la fugacidad de la existencia, la construcción de la identidad, la memoria colectiva e individual, y la relación con el entorno natural. Su lenguaje es preciso, a menudo conciso, y está cargado de significado. Utiliza con maestría recursos como la metáfora, la alusión y la intertextualidad. Su tono puede ser elegíaco, reflexivo o incluso aforístico.

Contexto cultural e histórico

Escribe en el contexto de la España democrática post-franquista, una época de consolidación de las instituciones culturales y de efervescencia literaria. Se inserta en la corriente de poetas que, si bien dialogan con la tradición, buscan expresar las inquietudes y complejidades del mundo contemporáneo.

Vida personal

Su faceta como docente universitario, impartiendo clases de literatura, ha compaginado con su dedicación a la escritura. Su vida personal, marcada por la reflexión y la observación atenta, se refleja en la profundidad de su obra.

Reconocimiento y recepción

Vicente Gallego ha obtenido reconocimiento en el ámbito de la poesía española, siendo considerado un poeta de referencia. Su obra ha sido objeto de estudio y ha recibido premios importantes, lo que avala su calidad literaria y su influencia en generaciones posteriores de poetas.

Influencias y legado

Influenciado por poetas de la talla de Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez y la tradición poética española en general, Gallego ha sabido forjar una voz propia. Su legado reside en la profundidad de su pensamiento poético y en su capacidad para hacer dialogar la lírica con la filosofía, ofreciendo una mirada lúcida sobre la condición humana.

Interpretación y análisis crítico

La crítica ha destacado la complejidad conceptual de su poesía, así como su habilidad para condensar significados profundos en versos aparentemente sencillos. Su obra invita a la reflexión sobre la propia existencia y la manera en que percibimos el mundo.

Infancia y formación

Como profesor de literatura, ha contribuido a la formación de numerosos estudiantes, transmitiendo su pasión por la palabra y la cultura. Su obra, aunque densa, posee una musicalidad interna que la hace accesible a lectores atentos.

Muerte y memoria

(No aplicable, ya que el autor se encuentra vivo.)

Poemas

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Una Tarde Cualquiera

No hay grandeza en la tarde, ni en el ocio
que la tarde me entrega y que he gastado
en buscar algo grande en el entorno
que ahora envuelve mi tiempo. Y después de la música,
y de mucho tabaco, y de dar muchas vueltas
por mi vieja memoria y por la casa,
he encontrado en un libro algunas fotos
de una tarde tranquila como ésta
en las que estoy fumando en la terraza.
Y al mirar esas fotos todavía recientes
de un momento trivial como este mismo,
una extraña emoción adorna los objetos
que desde allí me observan, y que voy comparando
con lo que son ahora: las macetas
han cambiado de sitio, ya se han muerto las flores
que crecían entonces, y entre otros detalles
sin ninguna importancia que mi mano mudó
al correr de los días, descubro ahora que es la mano
que sostiene el cigarro y parece la misma
lo que más ha cambiado, pues pertenece a un hombre
que soñaba un futuro diferente
para el que hoy lo mira, y se sonríe,
y alimenta otros sueños, y comprende
que también pasarán los de este día,
y aún contempla la tarde que se escapa,
y en ella al fin percibe, durante un solo instante,
esa extraña grandeza
que al pasar pone el tiempo en las cosas pequeñas.
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Una Historia Vulgar

Qué extraño es de repente todo esto
cuando te pasa a ti: que se arruine la carne,
que el entusiasmo falle, esos dos baluartes
que jamás se rindieron, ni siquiera
cuando todo tembló en algún momento.
La realidad te alcanza, y el mundo te parece
un chicle masticado que molesta
retener en la boca sin sabor. Vas llegando
donde jamás pensaste que llegaras,
porque no piensa el joven seriamente
—y ése ha sido el regalo más grande de la vida—
que su destino sea el deterioro.
Es vulgar esta historia como aquellas
que leías distante en los versos ajenos:
otro hombre comprende que ha gastado
para siempre la parte más hermosa
y también la más breve de su tiempo.
Es vulgar esta historia,
y al mundo no le importa.
Lo que tiene de nuevo es que por fin
ese hombre eres tú.
3.211

Escuchando La Música Sacra De Vivaldi

Escuchando la música sacra de Vivaldi

A Carlos Marzal y Felipe Benítez

Como agua bendita,

como santo rocío tras la noche de fiebre

lava el alma esta música con su perdón sincero,

fluyente arquitectura que en el aire vertebra

la ilusión de otra vida

salvada ya para gozar la gloria

de un magnánimo dios.


De lo terrestre naces,

del metal y la cuerda, de la madera noble,

de la humana garganta

que estremecida afirma la hora suya en el mundo;

y sin embargo vuelas, gratitud hecha música,

evanescente espíritu

que en el viento construyes tu perdurable reino.


Si algún eco de ti sonara en nuestra muerte...


En mitad de la muerte suenas hoy,

cadencioso milagro, pura ofrenda de fe

en honor de ese dios que no escucha tu ruego

o que escucha escondido, tras su silencio oscuro,

la demanda de luz con que el hombre lo abruma.


Y si no existe un dios,

¿quién inspira en tu canto tan cumplido consuelo,

extraña melodía de blasfema belleza

que a los hombres sugieres su condición divina,

para qué sordo oído

—cuando sea ya el nuestro desmemoria en el polvo—,

en mitad de la muerte, orgullosa plegaria emocionada,

celebras esa frágil plenitud

de no sé qué verano o qué huérfana espuma

feliz

de aquella ola

que en la mañana fuimos?

474

Equivalencias

Equivalencias

A Manolo Borrás y Ramírez

Un intenso desorden

de pedrería rota sangra el cielo.

Los hondos pies de adentro van pisando

desnudos el cristal del tiempo frío.

Y trae la noche negro su vendaje

para cegar la herida

de qué pasión, que nos cumpliera cuándo.


Ya todo sucedió y aguarda todo

su nuevo suceder en el futuro

maternal del olvido.


Si supieran del luto las estrellas,

si un instante pudiéramos

con sus ojos mirar el mundo nuestro,

quizá en la tierra viésemos lo mismo

que en el cielo se ve desde aquí abajo:

las altas luces mudas

de la ardiente capilla en la que yace

el maltratado cuerpo de este sueño.

497

Soliloquio

Y si no nos aguardas, dios prófugo de ti,
donde un sueño promete desde que sueña el hombre,
¿dónde el sueño del hombre purgará su
soberbia,
dónde tanta pasión
encontrará venganza para su fe humillada?

Y si no estás ahí, agazapado
en la segura tierra que seremos,
¿quién le dará consuelo a nuestra muerte,
quién un sentido al daño y la alegría,
quién al canto su entraña de esperanza?

De tu no ser la milagrosa sombra
nos mantiene a cubierto, nos edifica fuertes.
Tu indemostrable ausencia nos acoge y nos salva
en el reino sin ti del amor por lo nuestro.
535

Descabalada Ciencia

Descabalada ciencia misteriosa
nuestra felicidad:
esta brisa tranquila bajo el sol del espíritu,
breve tregua del alma con los cielos azules
que fomentan acaso el inmortal anhelo
de una alada conciencia más allá de la muerte.

Dulce engaño del cuerpo que ha gozado
su alto vuelo de sal sobre otro cuerpo,
y ligero se siente, y sus alas procuran
espantar un instante su condición orgánica
para soñarse un día
—corrompida la fruta—
sabor agradecido, aroma al menos,
ingrávida memoria de la dicha
que es ahora en la tarde.

Parece hoy suficiente salvación
albergar la esperanza
de una muerte que sea duermevela,
cansancio vespertino en el verano
satisfecho y redondo de haber sido,
contemplativo exilio, amortiguado eco
lejano y cadencioso de nosotros.

Firmamento irisado de los días felices,
quién pudiera salvarte,
como imagen cumplida del trayecto,
en la hueca retina del no ser,
o siquiera preñar el negativo
estricto de la nada que seremos
con el polen de luz de esta alegría.
518

Oda

Tú eres canto de amor
bajo la piel traslúcida del día,
circulación del alma en las vistosas alas
de las formas terrestres,
destello que delata, jubiloso,
la condición solar de la materia.
Tú has sembrado en la noche
tu plateada flor iridiscente,
y es la muerte por ti una perla negra.

Tú eres alta embajada
del subterráneo fruto,
y está arriba tu sitio, en la fugaz
superficie lograda de las cosas:
brillo eterno del mundo,
rocío del mirar enamorado.
609

En La Casa De Nadie

En la casa de nadie

A José Luis Martínez


Futuros galeotes

de este sueño engañoso, mirad a quien amáis:

mirad cómo apuntala el frágil entramado

su ser de vuestro ser.

¿Es posible que muera?


¿Y quién sabrá deciros que fue nuestra

la dicha virginal que hoy se os ofrece?

¿Quién sabrá convenceros

de que nosotros fuimos, como vosotros sois,

dueños solos del mundo, que floreció el jazmín

tan sólo por nosotros, que se inventó el amor

para nosotros sólo?


Qué milagro perverso

—¿y quién lo hizo?—,

qué lujoso derroche nuestra naturaleza:

desguarnecido pájaro de inquebrantable aliento

que su verdad le canta, despreciando la noche,

a su perfecta aurora.


Dueños solos del mundo,

como dueño del mundo

os deseo fortuna en esta casa,

esta casa de nadie donde la nada urde

vuestra luz venidera en mi balcón de sombra.

543

¿dónde?

¿Dónde?

A Franciso Díaz de Castro

Donde ya no hay palabras,

donde sopla el silencio su cristal

y lo afina en la copa del consuelo;

donde el llanto se rinde, desoído en su fe,

a su duro esqueleto de alegría;

donde el hueso y la carne,

donde el dolor y el miedo callan sordos;

donde se vio atendida

un instante en su afán nuestra plegaria.

Sobre la misma muerte,

en su podrida turba, en su fermento oscuro,

donde arraiga, carnívora,

la fiera flor solar de estar con vida.

En el ciego entusiasmo, en la pureza:

donde tan sólo fuimos


—¿dónde?—

pobres almas de dios,

sólo polvo feliz

que la tormenta eleva sobre el mundo,

suplicante


relámpago


de amor,

eléctrica belleza sin custodio.

542

El Sueño Verdadero

En el cenit del día
un derrumbe se escucha silencioso:
es el ínfimo estruendo
de la nube que quiebra su lograda figura
para ser de sí misma sólo un eco en lo alto.
Todo está en su solsticio,
en su plena apariencia mientras el sol lo abrasa.
Y a la herida del hombre su latido le presta
el frágil corazón de la que cree su hora
en la burla del tiempo.

Todo vive muriendo y, sin embargo,
qué arraigado saberse cierto y hondo
en la misma raíz del desarraigo,
qué morada a cubierto en la brusca intemperie,
qué verdad este sueño
cristalino de agosto.
693

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